5 posts de enero 2012

¿Cuánto dura un minuto?

Haz la prueba. Toma un cronómetro. Cierra los ojos y, cuando calcules que ha pasado el minuto, observa el reloj de nuevo. El catedrático de la Universidad Complutense Carmelo Vázquez,  a quien entrevisté recientemente, hace este experimento cada año con sus alumnos. Por lo general, los que están más ocupados -los que, por ejemplo, toman clases de idiomas extra por las tardes- abren los ojos a los 30 o 40 segundos. Los más relajados (según Vázquez, los que suelen sentarse al fondo del aula), abren los ojos bien pasado el minuto. Lo interesante de esta anécdota (por lo demás nada científica) es que la percepción de lo que dura un minuto es cada vez menor. Dicho de otra forma, un minuto cada vez dura menos.  

Sabemos que el número de personas que padecen depresión crece a pasos agigantados. Pero desconocemos cómo afecta el cambio radical en el uso de tiempo, fruto del mundo siempre conectado, a nuestro bienestar emocional.   

El libro "30 razones para vivir", elaborado por la Universidad de Cornell (en EEUU), recopila las reflexiones de más de 1.000 personas de más de 65 años de todos los estratos sociales y niveles educativos a los que se plantea la siguiente pregunta: ¿cuáles son las lecciones más importantes que has aprendido a lo largo de tu vida?

El libro, que se enmarca dentro del "Proyecto Legado", derrocha sabiduría sobre lo que nos hace o no felices, el trabajo o la familia, entre otras cosas. Es reconfortante saber, por ejemplo, que la mayoría de los entrevistados no siente miedo ante la muerte, según declara, y cree que la felicidad depende mucho más de nuestras propias decisiones que de las circunstancias que rodean nuestra vida.

En algo están todos de acuerdo: la vida es corta. Cortísima, incluso cuando se llega a los 100 años.  "No se lo parece a un veinteañero, que se cree que tiene un tiempo infinito por delante. Pero la cosa es que llegas a los 60, igual tienes 20 o incluso 30 años por delante, ¿cómo quieres vivir tu vida?", dice Karl Pillemer, el profesor de Cornell a cargo del proyecto. 

Si la vida ya es corta para ellos, ¿cómo será para nosotros? 

  Bailalento

¿Alguna vez has visto a los niños jugando?
¿O escuchado el chisporroteo de la lluvia en el suelo?
¿Alguna vez has seguido a una mariposa en su errático vuelo?
¿U observado al sol desvaneciéndose en la noche?
Mejor detente,
No bailes tan deprisa,
El tiempo es corto
La música no durará.

Texto: Pedro García Morales. Extracto de su poema Baila lento. Fotografía de Ferran Jordà
Visto en Vida Sencilla

 

Un mundo a una pantalla pegado

“Cada mañana me despierto deseando que Internet no exista”, dice un hombre que, según Cooking Ideas, perdió su negocio por culpa de la red. En días malos, yo deseo algo parecido y siento nostalgia de esos tiempos en los que recibía y escribía largas cartas a mano, participaba en conversaciones que no se interrumpían cada 30 segundos con avisos de sms, what´s app, e-mail o llamada entrante.  Érase un mundo a una pantalla pegado…   

En otros tiempos, por otra parte, no estaría aquí. Ni, por supuesto, podría establecer esa gran red de contactos a través del e-mail. En el post anterior hablábamos de lo que revela de uno mismo la forma en que se escribe un correo (esos puntos suspensivos atornillados a nuestra psique, por ejemplo). Pero no es únicamente el cómo, sino el cuánto. Al parecer una manera sencilla de conocer tu grado de proximidad con una persona es observar cuánto tiempo tardas en responder a su email.

La cosa no es baladí. Los que trabajan con información, y aquí se engloban desde los programadores informáticos hasta los abogados, dedican la mitad de su jornada al correo electrónico, de acuerdo con un estudio de la Universidad Northwestern, de EEUU, sobre cómo influye el correo electrónico en el tipo de persona con el que interactuamos. El mayor volumen de email, señala el estudio, se intercambia con personas a las que conocemos muy poco.

Esta investigación compara 1,5 millones de mensajes enviados por más de 1.000 empleados a lo largo de seis meses con un detallado mapa de sus relaciones sociales. De esta comparación surge un algoritmo que permite predecir la naturaleza de una relación basándose solamente en el intercambio de emails. “Con mirar a la velocidad a la que se responde es suficiente”, señala  Brian Uzzi, uno de los responsables del estudio. ¿Así de predecibles somos?

La gente responde a sus amigos cercanos siete horas después de recibir su correo, como media. La espera se alarga a 11 horas cuando se trata de un contacto profesional. Si es alguien a quien no conocemos apenas, un amigo de un amigo, por ejemplo, lleva 50 horas dar al botón de responder.

“Aunque los mensajes de personas a las que apenas conocemos son mayoría, la gente tarda mucho más en responder. Damos clara prioridad a nuestros amigos, como en la vida real”, dice Uzzi.  (Si se han tomado la molestia en llevar a cabo un estudio de esta magnitud supongo que será porque cabía la posibilidad de obtener un resultado diferente; esto en sí ya es sorprendente).

Con las redes sociales ocurre lo mismo. El usuario tipo de Facebook tiene más de 130 “amigos”, pero sus amistades con el mundo real siguen igual que antes. Aquellos con el mayor número de contactos en Facebook mantienen, como media, el mismo número de relaciones estrechas que los demás.

He dado un gran rodeo para llegar hasta aquí. Pero, además de cerrar negocios y consumir nuestro tiempo, ¿la red nos ha cambiado tanto?

Puzle

 Edificio de Hong Kong

La rutina produce tedio. Imprime esta foto, recórtala y fabrica un puzle. Cuando hayas recompuesto el puzle, tendrás de nuevo la monotonía de lo simétrico al alcance de tu mano. Tú eliges.
(Foto y texto de Tilomilo. Visto en Vida Sencilla).  

Cómo abrir una puerta y escribir un e-mail

"Es posible saber el estado de ánimo de una persona por el modo en que abre y cierra una puerta", dice Phap Dung, un monje budista Zen al que tuve la suerte de entrevistar hace poco. 

Quien dice abrir una puerta dice guardar tu turno en la frutería, dirigirte a un camarero en el restaurante o escribir un correo electrónico. Pero tomemos el ejemplo de la puerta y tomemos mi caso: soy de las que nunca jamás tiene a mano las llaves de casa; todavía confundo la llave del portal con la de mi vivienda; con frecuencia me adelanto para pasar delante de los vecinos, en especial los lentos, esos que tardan horas en llegar a la puerta del portal; de vez en cuando se me escapa un portazo... Además de hablar bastante mal de mi capacidad organizativa, estos detalles seguro que revelan algo importante. 

Es curioso cómo, con un poco de experiencia, puedes adivinar un montón de cosas de una persona sólo con observar cómo interactúa con su cuerpo. Lo tengo comprobado en las clases de yoga, aunque imagino que en otras disciplinas sucede igual. En cuestión de minutos, excepciones aparte, sabes si la persona es tirando a vaga o, por el contrario, se esfuerza más de lo que debería. Si te fijas bien, también puedes adivinar si alguien es tímido o extrovertido; si ha tenido un buen día o está triste; si está relajado o preocupado y, en general, su forma de desenvolverse te da una idea de cómo se valora a sí mismo. Todo ello independientemente de que sea capaz de retorcerse como un espagueti cocido o esté tieso como un palo. A la mente, cuando se lo propone, se le da bien mentir. Al cuerpo, no tanto. 

Y digo cuando se lo propone porque, en cuanto se descuida, es igual de torpe. Me refería antes a la tarea de escribir un email; quizá existan ya investigaciones al respecto. En caso contrario, creo que pronto se harán estudios de personalidad a partir de los mensajes que enviamos en el día a día. Esas personas que invariablemente escriben sáltandose lassletrss... juntando palavras, abusando de los....  y, por descuudo, que no por ignoranncia, haciendo caso omiso a la ortografía osintactica. Luego están los que siempre se saltan cualquier preámbulo cordial, tipo hola qué tal, buen fin de semana, etc... O los que te atizan largas parrafadas sin puntos y aparte.  También hay quien nunca responde, y punto. O quien te envía cinco correos seguidos con el mismo mensaje. 

Reflexiona un momento, ¿cómo se comportan estas personas en otros aspectos de su vida?

Y, si te apetece, nos lo cuentas. 

Ejercicios de agudeza visual

Hay tantas cosas que la publicidad podría hacer y no hace. Como el vídeo de aquí arriba, por ejemplo, o este  otro. Claro que en lugar de canal transmisor y magnificador de los innumerables miedos y desgracias que acechan a la humanidad el periodismo también podría reflejar aquellos aspectos de la realidad que ayudan a no perder la esperanza en los seres humanos. Como ese reportaje que pone lado a lado el terrible Ébola con la generosidad inmensa del equipo de Médicos Sin Fronteras que deja de lado su vida cómoda, la ducha calentita y la tostada por la mañana para combatir el terrible virus.

La versión metafísica supongo que está en el dicho "Dios está en los detalles". La versión light podermos encontrarla en, por ejemplo, esos ejercicios de agudeja visual que acostumbraba dibujar Forges. Y la versión de andar por casa yo me la encuentro en casi cualquier elemento de mi cotidianidad, que por arte de magia suele ser susceptible de transformarse en su contrario o, al menos, en otra cosa.  Ya lo dice la canción:  depende. Todo depende.

Distraccion3

La primera de las diez estrategias de manipulación mediática atribuidas a Noam Chomsky. 

Y, por cierto, al hilo del post anterior: Fraga y Garzón,  ¿pato/conejo?

¿Pato o conejo?

Una fuente constante de bienestar en mi vida procede de las lecturas de mi hija de cinco años.  Un mal día con frecuencia se transforma en una buena noche después de leerle un cuento. Ayer, sin embargo, discutimos. Donde ella veía un conejo, yo veía un pato.

Ocurre a menudo. Donde unos ven progreso, otros ven retroceso.  Donde unos ven un hombre, otros ven una lagartija. Y así. Sólo decir que está bien empezar el año viendo lo que a uno le dé la gana; aquí un pato, allá una lagartija.   Pato_conejo

De la foto se deduce que no pretendo ponerme sesuda en mi primer post del año.

Pero me he topado con un artículo de un catedrático de fisiología que se pregunta (a raíz de la misma imagen pero en versión aburrida) qué poderoso mecanismo del cerebro nos permite tener conciencia de cuanto vemos. Para encontrar la respuesta a esa pregunta, puedes leer su texto. A mí lo que realmente me interesa no es tanto lo que vemos como lo que NO vemos.

Igual que mi hija no es capaz de ver el pato y yo sólo adiviné el conejo cuando le vi con la zanahoria en la boca, me pregunto cuántas otras cosas importantes se me escapan. Como el héroe de la película de John Carpenter Están vivos, que por casualidad encuentra una caja repleta de gafas de sol que le permiten ver el mundo tal como es. Los anuncios en las paredes o las revistas esconden, en la película, un mensaje subliminal de servidumbre en el que se nos ordena reproducirnos, obedecer, dormir, comprar compulsivamente, no cuestionar la autoridad. Un anuncio de un nuevo televisor, por ejemplo, en realidad dice "¡No penséis, consumid!". Entre nosotros hay seres con apariencia humana pero de verdadera apariencia alienígena, reptiloide, y son los ricos y poderosos y las fuerzas del orden: las gafas permiten ver el verdadero mensaje por debajo de la superficie.

También funcionarían, digo yo, en el otro sentido: estas gafas descubrirían a ese viejecito amable que siempre nos abre la puerta; al compañero que nos trae un café con la medida justa de azúcar cada mañana; a la buena gente que tan a menudo pasa desapercibida. En conclusión: yo, para los Reyes próximos, me pido unas de esas. Pato conejo pato conejo pato conejo lagartija.