6 posts de junio 2012

Querida fotografía: un proyecto para frenar el tiempo

Esta semana se cerró un ciclo cuando acompañé, por última vez, a mi hija al colegio. Sumergida en ese eterno presente donde viven los niños, no es consciente de que probablemente no volverá a ver a sus compañeros de juegos tan queridos, esos niños que han sido su familia durante los últimos tres años.

A mí también me afecta, y mucho, el cambio de colegio. Supone el final de muchas relaciones entrañables con padres y madres que se han ido fraguando con el tiempo pero que no han adquirido la consistencia necesaria para convertirse en amistades verdaderas, de esas que resisten el paso de los años. 

Esta saudade impregna el proyecto querida fotografía. Esta web invita a los lectores  a enviar fotografías de fotografías: imágenes del pasado hechas en el presente. La web, que recibió miles de envíos durante un año, tuvo tal éxito que se ha convertido en un libro titulado de la misma manera. 

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He vuelto a este lugar  35 años después y todavía puedo verte, cruzando el lago en el barco después de un largo día de pesca ~ Randy

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Cuando eres un bebé, nunca sabes el impacto que alguien tendrá en tu vida (...). Todavía soy la niña pequeña que ama a su abuela más de lo que las palabras pueden expresar ~ Heather

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Así es como mi abuelo solía sostenerme... ahora yo le sostengo a él ~ Emma

"Nada aparece a menos que aparezca en el tiempo. Y la naturaleza de cualquier cosa que aparece en el tiempo es aparecer y desaparecer. El tiempo es existencia, impermanencia, cambio, pérdidas, crecimiento, desarrollo: lo peor y lo mejor simultáneamente", dice  el maestro Zen Norman Fisher. 

Como colofón, el vídeo Los días son largos, los años son cortos, para padres y madres de lágrima fácil. 

Empeorar para mejorar

Había una vez una mujer que se lamentaba constantemente de lo pequeña y caótica que era su casa. La mujer decide acudir al sabio del pueblo en busca de consejo. El hombre se mesa sus largas barbas blancas y le recomienda que meta la vaca dentro de la vivienda. La señora no entiende nada, pero al fin y al cabo es el sabio del pueblo. Así que lleva la vaca dentro de la vivienda, que se da un festín con la alfombra.

Alarmada, la mujer consulta de nuevo al hombre sabio. "Lleva a la oveja a tu casa", le dice este. La señora obedece, y la oveja se cepilla su despensa en un santiamén. La mujer no sabe qué hacer, así que vuelve a acudir al sabio que, para su desconcierto, le dice que meta la gallina. Y así sucesivamente con el caballo, la cabra, el conejo… Con cada nuevo animal, crece el caos y el desconcierto en la vivienda de la mujer. 

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"Mete dentro la gallina", dijo el hombre sabio. "¿Meter la gallina? Qué idea más rara"

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"La cabra se comió las cortinas y pisó el huevo... y después se sentó a masticar la pata de la mesa".

Absolutamente desesperada, acude al sabio una última vez. “Esto es insoportable”, explica la mujer entre lágrimas, “es imposible vivir así”. El sabio se mesa las barbas de nuevo y le aconseja que eche inmediatamente a todos los animales de la casa. La señora vuelve a su vivienda y, con cada animal que sale, recupera un poco de paz y orden. Cuando todos los animales están fuera, su casa le parece grande como una mansión, y todo es armonía y tranquilidad. La señora da las gracias al hombre sabio, y vive feliz y contenta el resto de sus días. 

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Echó a la cabra y echó al cerdo. "Mi casa comienza a parecer bastante grande".

Otro pequeño cuento protagonizado por animales. Esto es, al fin y al cabo, lo que pasa con la salud. Prueba a perderla y verás lo bien que te sientes cuando la recuperas. 

Hace unos meses entrevisté a un monje Zen que se refería a la arraigada tendencia de darlo todo por hecho. "Abres el grifo y sale agua caliente, por ejemplo, pero el día que se produce una avería, nos subimos por las paredes. La atención plena te ayuda a romper con esa manera de ver tan rutinaria, a apreciar el agua caliente cada vez que abres el grifo. Así puedes disfrutar de cada acto, por sencillo que sea, hasta de atarte los zapatos. Piensa que llegará el día en que no podrás agacharte con tanta agilidad”, decía el monje.

De modo que, crisis o no crisis, siempre podremos llenar la casa de animales. 

(Las imágenes pertenecen a Squash and Squeeze, deliciosa versión infantil del cuento popular).

¿Cuántas vacas tienes en este momento? (O cómo ser más feliz)

Hay un cuento en la tradición budista que dice así:

Buda está sentado en un bosque en compañía de sus monjes cuando llega un campesino con aspecto muy apenado. Los monjes le preguntan qué le ocurre, y el hombre responde: “Soy muy desgraciado, he perdido mis 12 vacas. ¿Las habéis  visto?”

Los monjes responden negativamente y el granjero continúa en su busca.

“Amigos”, dice el Buda a sus discípulos cuando el campesino  se ha marchado. “Sois afortunados; no tenéis ninguna vaca”.

 “Cuantas más cosas hayamos de cuidar, cuantas más  preocupaciones y proyectos tengamos en marcha, menos espacio habrá en nuestra vida para relajarnos y ser felices”, dice Ben Curtis en su blog Beinghappiness, de donde tomé esta pequeña historia.

Cada cierto tiempo, Curtis hace el ejercicio ¿cuántas vacas tengo en este momento? A pesar de que su lista es escueta (comienza por “ser un buen padre y un buen marido”, lo que le honra, e incluye artículos tan de andar por casa como pasar la ITV del coche) Curtis concluye que estaría mucho más relajado y feliz si esta lista adelgazase.

¿Acaso hay demasiadas vacas en tu vida? 

Por mi parte, hoy es uno de esos días en los que observo que entre mi felicidad y yo se interpone un rancho de ganadería intensiva. Pero ya sé por experiencia que muchos proyectos en apariencia importantísimos y cruciales se desmoronan rápidamente cuando consultas tu corazón y los colocas en su verdadero lugar. Dicho de otra forma: en el contexto de una vida de 70, 80 o, con suerte, 90 años, ¿cuáles son las vacas que merece la pena alimentar?  

 

   Karma

Mira que si, al  final, todo se reduce a esto...  

¿A qué sabe una tarántula?

Es más fácil tropezarse con buenas ideas cuando uno deja que la mente deambule. Esta es la tesis del artículo de portada de New Scientist. Una feliz lectura para los que tendemos a despistarnos de más. O sea, casi todos: se calcula que pasamos en torno al 50 por ciento de nuestras vidas en nuestra cabeza en lugar de en el momento presente. Es posible que en el transcurso de los 10 o 20 segundos que llevas leyendo este post se te hayan cruzado dos o tres pensamientos ajenos al texto. Y es prácticamente seguro que no llegarás al final sin haberte salido por la tangente mental varias veces.

Este divagar, dice el artículo, es señal de una mente sana. Entre otras cosas, nos permite planear el futuro imaginando diferentes eventos. Dejar que la atención vaya a la deriva indica que nuestra creatividad está en marcha. “Cuando se trata de tener ideas brillantes, la capacidad para concentrarse está sobrevalorada. Si ha de resolver tareas que implican flashes de inspiración o comprensión, la mente de una persona que divaga funciona mejor”, dice el artículo. Por eso las mejores ideas llegan en la ducha, o fregando los platos. Es decir: la mejor manera de resolver un problema es, precisamente, no centrarse en él.  

Las limitaciones de una mente muy concentrada podrían explicar por qué las buenas ideas parecen inalcanzables cuando uno está bajo presión. Numerosas investigaciones prueban que la ansiedad es tu peor enemigo cuando necesitas que se te ocurra algo original. Los estudios que cita este artículo muestran que, tras ver a un comediante de humor, la gente resuelve mejor puzles mentales. Si, por el contrario, se proyecta una película de terror (que induce a la ansiedad y aprensión), el efecto es el contrario.

Hasta hace poco, se consideraba que el pensamiento inteligente siempre viene acompañado de la habilidad para filtrar distracciones y centrarse en una tarea (lo que los científicos llaman “control ejecutivo”). Sin embargo, parece que la gente con un alto nivel de memoria de trabajo (memoria a corto plazo, lo que da fuelle a ese “control ejecutivo”) se le da bien resolver problemas analíticos, pero no tanto tareas que requieren inspiración. 

¿Por qué tendemos a evadirnos del presente con tanta frecuencia? Todas las investigaciones apuntan en esta dirección: para pensar creativamente, más allá de los rígidos límites impuestos por ese “control ejecutivo”. Se producen más revelaciones cuando uno sueña despierto que cuando está concentrado. 

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"Las estanterías de los supermercados americanos ofrecen sólo una pequeña porción de todo lo que ofrece el mundo", dicen los autores de Man Eating Bugs, el libro de donde está tomada esta fotografía. ¿Como la mente cuando se concentra demasiado? 

Me encanta pensar que el "multitasking"del que soy víctima, tiene alguna ventaja. Desde que comencé este artículo hasta ahora me he enterado de que una tarántula sabe como un pollo recién nacido pero sin huesos; he cruzado varios correos con una amiga que se dedica a la terapia sexual para obesos y he hecho publicidad de Yikmik, una interesante iniciativa que lanzan hoy unos amigos.

Pero la falta concentración que observo a mi alrededor, empezando por la que suscribe, canta y baila, me parece excesiva. Quizá, entre medias, uno haya tenido alguna idea brillante. Pero es probable que no nos enteremos porque, por falta de concentración, no la habrá llevado a término.

Todavía más importante: ¿cuál el precio que pagamos por distraernos? Ni más ni menos que nuestra felicidad: está más que comprobado que una mente que divaga –que no está anclada en el presente– es una mente infeliz.

PS. ¿A qué sabe una tarántula?

"Las tarántulas son grasientas, pero buenas. Las patas son crujientes, y cada uno de esos grandes y peludos cuerpos son un bocado decente (...)  No hay en inglés palabras para definirlo. Si los pollos de un día no tuvieran huesos, tuvieran pelos en lugar de plumas y fueran del tamaño de un gorrión recién nacido, podrían saber como las tarántulas". 

(extraído de Man Eating Bugs, Hombre comiendo insectos).  

Vivir sin dinero

El alemán Raphael Fellmer, de 28 años, y su pareja, la española Nieves Palmer, de 26 -más el bebé de ambos- llevan dos años y medio en huelga de dinero, alimentándose exclusivamente de productos desechados y “rescatados”. La familia, que hablará de su experiencia el jueves en Madrid (más detalles aquí), vive en Alemania, en la casa museo del pacifista Martin Niemöller Haus, a cambio de ayuda en las tareas domésticas. “Crees que con el dinero se puede vivir más independiente de los demás, ya que puedes pagar desde una mudanza hasta una prostituta, pero en realidad eres dependiente de toda la gente que opera en la creación de esos productos y ya no socializas con los humanos de tu entorno”, señala Fellmer

Es un ejemplo extremo y difícilmente practicable para la mayoría de nosotros, especialmente los urbanitas, que prácticamente pagamos por respirar (seguramente en los planes de Esperanza Aguirre). Pero reconforta saber que existe gente así. Que se puede. La sangre estará en venta y los vientres en alquiler, pero esta familia apunta hacia otra forma de hacer las cosas que raramente aparece en los medios de comunicación.  

Además de cuestionar el papel que el dinero juega en nuestra vida, Fellmer llama la atención sobre el tremendo derroche de alimentos y otros bienes que se descartan cuando todavía se pueden consumir. Sólo un detalle: la cantidad de pan que se tira en Viena cada día podría alimentar a la segunda ciudad de Austria, Graz, como recoge el documental “Nosotros alimentamos al mundo”.            

Aquí se esconde, además, una receta infalible contra la crisis. Recordemos la frase del premio nobel Paul Krugman: “Si quieres saber de dónde procede la crisis global, piensa en que procede de la venganza del exceso”

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Sí, son de carne y hueso (sobre todo lo segundo).
@nataliamartin está en Twitter, que no cuesta dinero pero sí mucho, mucho tiempo.

70 reflexiones para seguir el camino adecuado

¿Cómo quiero vivir? ¿Qué deseo para los míos? ¿Cuál es mi trabajo ideal? ¿Qué me hace feliz? En su libro  ¿A o B? Depende – 70 reflexiones para elegir el camino adecuado  Ángel González, el cofundador de El Blog Alternativo, ofrece reflexiones sobre estas y otras cuestiones importantes.

Es natural que una indecisa empedernida, como la que suscribe, se sienta atraída hacia este título como la mosca a la miel. Pero la propuesta de González va más allá. “Hasta los más reacios a los cambios están siendo empujados a elegir entre diferentes opciones”, señala. “Algo negativo, como ser despedido o una enfermedad, debemos tomarlo como la puerta de entrada a algo mejor. En estos tiempos de profunda crisis y de grandes cambios muchas personas no saben qué camino tomar”.

¿Qué le llevó a escribir este libro?

Muchas personas no se sienten a gusto consigo mismas porque sólo toman decisiones que tienen que ver con las pequeñas cosas, como dónde hacer la compra o qué película ver después de cenar. En cambio no reflexionan sobre las grandes decisiones y acaban viviendo la vida que les marcan los otros o las circunstancias.

No pretendo ofrecer soluciones mágicas, creo que no existen, sino que me gustaría que el lector de mi libro tenga un punto de partida para pensar, decidir y actuar en consecuencia. La vida está repleta de decisiones que debemos tomar. Algunas son de gran transcendencia y otras no tanto. Vivir en un pueblo o en una ciudad, trabajar para vivir o vivir para trabajar, decidir ser feliz o no, son sólo algunas de las 70 cuestiones sobre las que he reflexionado.

¿Cuál es la relevancia de este planteamiento en estos tiempos de crisis?

Hoy más que nunca es importante tomar las riendas de la vida. Trabajar en lo que realmente te apasiona es importantísimo. Aferrarse a un puesto de trabajo que no te llena sólo por la seguridad de un sueldo resulta ser realmente inseguro, en un minuto puedes estar en la calle y sin saber qué hacer. También hemos de pensar si son obligatorias determinadas cosas como consumir sin demasiado control, ir de vacaciones a países lejanos o comprar un coche más bien grande y potente. ¿Realmente hay que hacer lo que está considerado como "normal"?

De todas las cuestiones que plantea, ¿cuáles  le han producido mayores quebraderos de cabeza personalmente?

En una de las reflexiones hablo de ser una persona rígida o flexible. Yo soy una persona racional que se siente segura haciendo una determinada cosa siempre de la misma manera. Por otro lado sé que las circunstancias nunca son exactamente iguales, por ello es importante la flexibilidad. Pero pienso que siendo flexible es fácil caer en el desorden y en el todo vale. En el difícil punto medio está la virtud.

Otro tema que trato es seguir a la razón o al corazón. Resulta que soy racional, tal como ya he comentado antes, pero a la vez pienso que es bueno seguir los impulsos del corazón, aunque esto es algo a lo que se resiste mi tozuda parte racional.

Quizá la respuesta a estos dilemas pasa por conocerse a uno mismo. Puede que, entremezclada con el exceso de información, esta sea una de las grandes carencias en la sociedad de hoy.  

Sí, creo que en nuestra sociedad corremos sin saber adónde vamos. No nos permitimos parar y averiguar quiénes somos, qué deseamos, como queremos vivir. En definitiva, cada uno debería conocerse a sí mismo y escuchar los anhelos de su corazón.

A-o-b
¿Twitter sí o no? @nataliamartin

Natalia Martín Cantero


Este blog ha dado tantas vueltas como su autora. Ahora, en China.
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