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    lunes 21.mar.2016    por Rosa Gil    0 Comentarios

Y aquí van los relatos Finalistas de este sábado 19 de marzo:

COMODINES, de Paloma Hidalgo

Como sombras disipadas por un nuevo amanecer, los barquitos de pan hundiéndose en el plato de sopa. Como huellas borradas por las olas, las manos colocando la servilleta al cuello. Como el humo de la chimenea bailando con el viento, la cuchara en dirección a la boca. Después, un poco de pescado hervido, sin espinas y con mucha paciencia, y quizás media manzana.También un lavado de dientes con pasta mentolada, y dos pastillas de valeriana antes de acostarse en el sitio de su mujer, para evitar verlo vacío al despertar, como un solar abandonado en medio de la ciudad.

CAMBIO DRÁSTICO, de Óscar Quijada

Era de los pocos detectives honrados que quedaban en la ciudad, o al menos eso esperaba encontrar el señor Rangel. Sin embargo, algunos valores cambian con la edad y la observación de las aparentes injusticias. Primero, exigió una serie de anticipos por cifras exorbitantes. Después se dio cuenta de que la esposa de su cliente era muy hermosa y una buena mujer. Hizo trizas la palabra ética y decidió conseguir pruebas de las infidelidades de Rangel mientras él cortejaba a la bella dama. Parece que pensó en dejar de hacerse el tonto y adueñarse de la mujer y la fortuna.

LECCIONES DE ANATOMIA, Arantza Portabales

Ayer encontré tu carta de despedida. Tras leerla cuidadosamente, la mastiqué y me la tragué para digerir bien la ruptura. Ahora, todas sus palabras circulan libremente por mi organismo, con resultados contradictorios. Tu nombre vive ahora en mis cuerdas vocales, así que de cada tres palabras que digo, una es Fernando. Tus amargos reproches habitan en mi estómago. Pronto desaparecerán. Pero lo mejor, sin duda, es ese “te quiero” que se ha posado en mi ventrículo izquierdo, aunque el “ya no” que le precedía ha subido hasta mis ojos y desde entonces los muy idiotas no han parado de llorar.

TE CUENTO, Sergi Cambrils

En principio, lamer un sapo no es nada agradable. No es como lamer un helado. Pero si en el laboratorio donde trabajas estás rodeada de estos anfibios porque investigas con ellos, alguna vez te ves tentada (como ha sido mi caso) en ir más allá y barajar otras opciones que no sean sacar las típicas muestras de ADN y otras mandangas de índole científica. Desde hace unos días, además de lametones, también acaricio sus cuerpos rechonchos y doy besos a sus gruesas pieles verrugosas; sin esperar resultados ni transformaciones ni nada. Solo por probar. Hace demasiado tiempo que vivo sola.

TODA UNA VIDA. LA HISTORIA DE AVELINO FERNÁNDEZ, de Juan Carlos Ferrer

Piedra a piedra construyeron sus manos aquellas cuatro paredes, colocaron una uralita como tejado y extendieron un colchón en el suelo. Lejos de su tierra, llegaron las duras jornadas en la fábrica, luchas vecinales para conseguir agua potable y electricidad, manifestaciones para defender sus derechos. El barrio cobraba vida, como su esfuerzo por conseguir un país en libertad. En ese mismo lugar nacieron sus hijos, después llegaron los nietos. Sentado desde el mirador contempla la ciudad, apoyado en su bastón de boj; fija sus ojos en esa línea entre el cielo y el mar. Como si fuese aquel mismo día.

TRANCE LIBERTADOR, Anna Jorba

Lo último que haré por ti será pagar tu esquela para que salga publicada en el periódico. Crecí rodeada de un rancio legado de hambre, de racionamiento, de estraperlo y miseria. Sin oportunidad para estudiar. A las niñas de entonces nos enseñaban a bordar, a esperar a un buen hombre, no como tú, criar hijos y poco más. He sido esposa y madre. Desterrada con resignación a un cuadrilátero con paredes de azulejo, en cuyo suelo voy a poner bajo mis pies, ese periódico, para que recoja las salpicaduras del aceite al freír. Hoy, pescado fresco para celebrar tu ausencia.

Y DE NUEVO ESPERA, de Estíbaliz Dilla

Aparcar las zapatillas al lado de la cama, retirar la colcha, ahuecar las almohadas. Dejar el pelo libre de horquillas, sentir que la epidermis se eriza al desprotegerla de la ropa. Comprobar que en el primer cajón de la mesilla siguen las pastillas para dormir. Apagar el aplique situado encima del cabecero y a oscuras adentrarse entre las sábanas frías y quedarse muy quieta esperando que otro cuerpo le cambie la temperatura. Observar el transcurrir de los minutos, las veintitrés cuarenta y cinco, las doce y diez, la una y media y seguir vacío el otro lado de la cama.

Rosa Gil   21.mar.2016 12:05    

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