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Criaturas sociales, d'Ana Lopez, primer guanyador d'abril

    sábado 2.abr.2016    por Rosa Gil    0 Comentarios

Diuen que la primavera inspira. Què ens depararà, doncs, aquest mes d'abril? De moment, tenim com a guanyador un relat 2.0.

 

Escolteu la secció i llegiu els relats!

L'ART D'ESCRIURE 2 ABRIL

 

Guanyador:

Criaturas sociales, Ana Lopez

El día que nací, nadie pareció prestarme demasiada atención. Mi madre no creyó necesario avisar a la partera ni molestar a mi padre —que dormía como un bendito —para alumbrar a su quinto hijo; apartó las sábanas y, con un par de empujones, me echó al mundo. Después se durmió.
No fue hasta oír el sonido vibrante del móvil que alargó la mano hasta la mesilla: el tuit “a este mundo venimos solos y si no que se lo digan a mi madre” era trending topic. Mamá me miró con ternura, me tomó en brazos y me marcó como favorito.


Finalistes:


Cálculos, Belen Saenz.
En el carromato de los Volantini todos estamos pendientes del estirón de Piccoló; aún le faltan dos centímetros para alcanzar la barra del trapecio. Papá saca el listón de medir y nos coloca por altura mientras hace y rehace sus cálculos. Sueña con el número más fabuloso de todos los tiempos: Siete hermanos bajo la carpa, sin red, volando sobre el público boquiabierto. Pero el canijo no crece. Papá se desespera y le atiborra del tónico milagroso de Madame Zaira. Mamá también cuenta y recuenta frente al calendario, y se pone colorada cuando nos cruzamos con Chicco, el payaso enano.

Ciclo de lavado, Javier Ximens.
María saca la ropa de la lavadora, la tiende en las cuerdas del patio, en el extremo está María que recoge las prendas secas y las lleva al cesto de mimbre donde está María, que las plancha, las dobla y las traslada al dormitorio donde está María haciendo el amor con su marido, que insatisfecha se dirige al cuarto de aseo donde está María bañando a los niños, que recoge la ropa sucia y la acarrea a la cocina donde está María, que deja de guisar para portarla a la terraza donde está María, que la introduce en la lavadora.

Maternidad subrogada, Plácido Romero.
Como marido no me gustó que mi mujer alquilara su vientre. María, que siempre ha sido muy religiosa, trató de convencerme; me dijo que estaba haciendo la voluntad de Dios. Sin embargo, me resultaba irritante pensar que dentro de ella crecía una criatura extraña. Le hice prometer que no lo haría más, que ya sólo tendría hijos míos.
Respiré aliviado cuando María dio a luz. Sorprendentemente, ella lloró desconsolada cuando Dios vino a recoger el fruto de su vientre. Estaba tan loco con su Hijo que no nos dio ni las gracias. Al parecer, Dios tenía grandes planes para Él.

Otro día menos, Paloma Hidalgo.
La cuchara gira mezclando en la sartén la carne con el picado de cebolla, la pulpa de tomate maduro, y alguna lágrima. En la radio suenan las señales horarias que preludian las noticias. Saca otro pañuelo de papel del bolsillo del delantal. Mientras se cuece la pasta, tiende las sábanas que huelen a limpio, y escucha que el sábado volverá a llover. Los macarrones al dente, el queso rallado, el orégano. Extiende los platos sobre el mantel, y antes de poner los dos vasos, vuelve a leer el informe del obstetra, en busca de esa coma que lo cambiaría todo.

Refugiados, Juan Carlos Ferrer.
Desde su despacho gestiona la situación. Actualiza los datos. Se trata de un asunto complicado. En la frontera, muchas personas resisten con lluvia, frio y hambre. Desde la ventana del rascacielos no ve nada, tampoco ningún sentimiento aflora en su corazón. La llamada del presidente es taxativa. Da la orden. Inmediatamente decenas de funcionarios de seguridad se dirigen al campamento. Nadie piensa dar un paso atrás. Han sufrido mucho para llegar hasta allí. Cuando llega a casa, su mujer le pregunta que tal el día, aunque no dice nada, está avergonzado, sabe que el viejo continente está herido de muerte.

Una nueva forma de expresión, Gabriel Pérez.
Nada tuvo que ver ninguna inoportuna enfermedad -¿acaso alguna es oportuna?-. De golpe y porrazo se le olvidaron las palabras. Era incapaz de reconocer letras y, menos aún, de construir frases con ellas. Para comunicarse, recurrió a la invención de monosílabos de frecuencia constante. Sin pretenderlo, se convirtió en un líder de masas. Mujeres, niños y hombres comenzaron a seguirlo allá donde sus ondas cadenciosas llegaban. Seducidos por conjunciones condicionales, adjetivos posesivos, artículos determinados o estrellas luminosas que entremezclaba como cuerpos enamorados copulando, logró transmitirles lo que nunca pudo con su docta elocuencia de antaño. Si, mi, la, sol,…: música.

Rosa Gil    2.abr.2016 16:00    

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