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LA ELIPSIS SE PUEDE ADUEÑAR DE NUESTRAS VIDAS?

    sábado 17.jun.2017    por Rosa Gil    0 Comentarios

Muchísimas felicidades al ganador de esta semana: Sergi Cambrils por "Elipsis" y  felicidades a los 6 finalistas.

L'ART D'ESCRIURE 17 JUNY

GANADOR

ELIPSIS, Sergi Cambrils

Los fabricantes de elipsis, tras un largo periodo investigando en sus laboratorios, al fin han encontrado la ansiada fórmula que les permite eliminar las partes superfluas o de tránsito de la vida real. Su alquimia ha replanteado un mundo donde ya no es necesario vivir con continuidad cada segundo ni considerar el «Carpe diem» tan valorado por la sociedad. Ahora podemos saltar en el tiempo y vivir como en las novelas o el cine. Sin embargo, los más aprensivos no son partidarios de borrar algunas de sus vivencias. Yo, en cambio, lo tengo muy claro. Esta semana me toca hospital.

FINALISTAS

IMPACTO, Calamanda Nevado

Basta de sacar brillo al baño.  En cuestión de dos horas  vendrá mi hijo a   pasar conmigo el fin   de semana, y me queda por    prepararle sábanas limpias, toallas,   albornoz, las zapatillas para andar por casa, su Osito Feliz y el comic de Platero. 

 Llegará con   un dibujo en la mano marcando sus huellas en el camino. Tejerá calceta de preguntas con el trino de pájaros de su voz, y con el resplandor de su risa me contará que no soy príncipe valiente, ni payaso; mejor me pega ser burro.

Lo quiero y rebuznaré al aire puro con desesperada insistencia. 

PASIÓN MATEMÁTICA, Manuel Bocanegra

Cateto mayor y cateto menor, se aman. El cateto A (Antonio) forma vértice abierto con el cateto B (Belén) y disfrutan uno de otro gozando juntos en los límites de su coqueta región angular. No obstante, no hace mucho, una noche de marcha, conocieron casualmente a la hipotenusa C (Celeste), una recta lánguida y sensual, que elevó la suma del deseo de los catetos al excitado exponente de su cuadrado. Esa misma noche, presos de los axiomas de una exacta pasión matemática, triangularon, ávidos, vértices y cuerpos y se disfrutaron en trío. Hoy, su relación pitagórica, es ya, teorema demostrado. 

Ruidos, Elisa Armas

Subir de nuevo a la habitación con pasos sigilosos. Abrir la puerta de repente. Encontrarla otra vez abandonada al sueño, con la respiración plácida, cubierta hasta los hombros por una sábana impoluta, como recién planchada. Iniciar el descenso y, a mitad de la escalera, recomenzar a oírlos: el choque de los cuerpos al embestirse, el somier que chirría, sus gemidos apenas ahogados por la mano mordaza del amante. Girarse. Volver al dormitorio y, apretando el mango de la navaja hasta hacerse sangre, admitir que esa necesidad suya de sorprenderlos in fraganti antes de actuar no es más que puta cobardía.

Dos bodas desemejantes, Mª del Rosario Val

Elisa cree que esta vez es la definitiva. Después de cinco desengaños amorosos, dos pedidas de mano y las incontables cantinelas de sus padres —-advirtiéndole que se le está pasando el arroz—, ha encontrado en Antonio, un compañero de su trabajo, a su otra mitad.

Indira no sabe muy bien lo que es estar enamorada, pero le gusta mucho Batuk, un chico que vive en su misma calle. Su madre le advierte que no se ilusione que para ella ya tiene otros planes. Desde que su padre y su hermano mayor desaparecieron, también lo hacen los últimos granos de arroz.

MOTIVOS DE PESO, Ángel Saiz 

Tú me miraste con tu único ojo y yo caí en tus redes. Llevarte a casa fue un error, aunque tardé tiempo en darme cuenta de tu juego. Primero simulabas estar a mis pies. Luego venía ese estremecimiento tuyo cuando acogías mi cuerpo, para después humillarme sin compasión, con una sinceridad que me hizo mucho daño. Todas las mañanas lo mismo. A nadie le divierte que le echen en cara su fracaso.

Hoy celebro tu marcha en la mejor cafetería. Que corran chocolate y bollería variada entre los parroquianos, yo invito. Todos aplauden cuando digo que he destruido mi báscula.

SALTO, Lola Sanabria

Yo tenía un saltador y muchos papás. Mamá solía mandarme a la calle cuando alguno de ellos entraba en casa. Me hice una experta en saltar a la comba. Todos dejaban una moneda en mi mano cuando se iban. Mamá me regaló una hucha con cara de cerdo para que las fuera guardando allí. Si ahorras, tendrás una buena vida, me decía, no como yo. Pronto comencé a ganar dinero en las plazas, con el saltador y un sombrero hongo. De mayor creé un espectáculo para la televisión. Yo también tuve una hija de muchos padres.  Los que elegí yo

 

Rosa Gil   17.jun.2017 16:05    

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