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11 RELATOS SELECCIONADOS QUE OPTAN A GANAR EL PRIMER TRIMESTRE DEL 2018 DE WONDERLAND!

    viernes 23.mar.2018    por Rosa Gil    0 Comentarios

Hola Wonderlinianas i Wonderlinianos.

Estos son los 10 relatos ganadores semanales del primer trimestre del 2018. A ellos se añadirá mañana el último relato ganador. El sábado 31 sabremos quién de los 11 obtiene el premio! Aquí os los recordamos:

BARRIO, Juan Carlos Ferrer

Camina rápido, con el  saco de tela a su espalda, como un Papá Noel africano. En esa humilde mercancía está su modo de vida. En la misma acera una mujer vende plantas y flores junto a otra sentada en una silla de mimbre  ofreciendo  ajos.  Un anciano en silencio,  junto a un cartel de cartón,  pide ayuda, pensando tal vez en una infancia tan lejana como sus recuerdos felices. Hay en el mercadillo   un puesto de calendarios, con una imagen del Cristo de los pobres. Un hombre moreno ofrece pilas  baratas y una niña de ojos rasgados  lo contempla todo. 

DÍAS DE EMOCIONES, Ángel Saiz

Alberto viene a casa por primera vez. Tarda poco en congeniar con todos. Ya lo esperaba, es un encanto y el mejor a la hora de contar chistes, tanto es así que logra que el abuelo salga de la depresión. Por desgracia, su organismo no recordaba tanta hilaridad y la carcajada termina en estertor.

Al término del entierro la abuela se dirige a mi novio, que no sabe dónde meterse. El hombre a quien entregó sus mejores años está muerto. Es un instante tenso. Con lágrimas en los ojos le agradece, de corazón, haber podido volver a escuchar su risa.

POSTADOLESCENCIA, Belén Sáenz

Ir a nadar con Quique y tendernos luego sobre la arena cálida. Dos cocacolas y un cigarrillo. Besos salados. Su aliento en el borde de mi bañador mojado. El pelo en la cara, las muñecas inmovilizadas. Un no sin respuesta. Las risas de Jorge, Marcos y Nacho tras las rocas. El vaivén del pedal de la bicicleta acostada. Volver a casa con la falda llena de remordimientos. El fantasma de mamá a ambos lados de la sábana tendida en el patio. La mirada perdida de papá ante la puerta cerrada de la nevera. El verano muerto entre chillidos de gaviota.

LA ÚLTIMA COMPAÑERA, Pablo Núñez

Es el enésimo cadáver que aparece sin aparentes signos de violencia. En poco más de un año, la aldea ha perdido la mitad de sus habitantes y los que quedan comienzan a alternar sus desilusiones con el terror. Los agentes, incapaces de encontrar pruebas, viven en un perpetuo enigma ante tan extraño caso de asesinato en serie. Hoy llegará la policía científica como último recurso, pero de nada les servirá analizar los rincones de cada casa. Para atrapar a la culpable tendrían que observar los ojos de las próximas víctimas, por donde se asoma, sin ningún pudor, una inmensa soledad.  

LA PRIMERA VEZ, Josep Maria Arnau


Samantha se ríe sin parar. Él ya ha dejado de hacerle cosquillas y no entiende lo que pasa. Además, ella no deja de mirarle con los ojos muy abiertos. Cree que le va a dar algo y que va a ser irreparable. Le pide que pare y busca detrás de su cuello, pero sin éxito. La coge en brazos para salir de la habitación, tropieza y van a parar al suelo. La risa todavía taladra sus oídos cuando suena el interfono: «El botón "off" está justo detrás de la nuca. Si no lo encuentra, también puede utilizar la palabra "reset"».

CINCO SEGUNDOS, CINCO MIL AÑOS, Alberto Moreno

Que todo vuelva a ser como antes, como hace cinco segundos, cuando aún estaba cerrado el cajón de los cubiertos y Sergio dormía plácidamente en su cuna. Como antes de que corrieras como una loca a intentar llamar por teléfono, y yo recordara de nuevo que no estabas en casa cuando he llegado. O antes aún, cuando no mirabas a otros por la calle, ni tenías móvil. O como antes, incluso, de conocerte, cuando yo disfrutaba con mis amigos diciendo aquellas cosas a las chicas. Esas mismas que oía decir a mi padre y a sus amigos, mientras mamá callaba.

EXEQUIAS, Paloma Hidalgo Díez

Desde el día que murió la conversación en la cena, imaginaron que vendrían más entierros. Una mañana de sábado, descubrieron que también faltaban las miradas cómplices preparando las tostadas. Y luego el buen humor. Las manos entrelazadas viendo adormilados las películas del domingo por la noche, y las encerronas para robarse besos en el pasillo. Sepultados el deseo y sus parientes,  las ganas de ser tres,  las de envejecer juntos, y con la sinceridad en fase terminal, colocaron unas flores sobre la tumba de  lo que pudo ser una gran historia, y se repartieron condolencias. Y los álbumes de fotos.

ESPEJOS, Lola Sanabria

Su padre se mostró compasivo. «Bastante desgracia tiene el viejo profesor, Marina, hija, para echarle más encima. ¿No ves  cómo sufre? Es una enfermedad. Da pena. Tienes que ser buena chica y perdonarlo». Su padre, siempre dispuesto a la denuncia del maltrato y de la explotación del débil, debería haberla apoyado. En cambio, consintió que su hija quedara como una embustera y que la expulsaran del colegio. Durante unos días no pudo mirarlo sin deshacerse en un llanto desamparado. Con el paso del tiempo, las ojeras de su hermana mayor y su huida de la casa cobraron un nuevo significado.

LA OVEJA REBELDE, Pedro Carrasco Garijo

Las ovejas empezaron a saltar la valla de nuevo; y cuando estaba a punto de dormirse… ¡Zas! Los párpados subían como dos persianas impacientes. ¿Por qué? Pues porque la última oveja se paraba. Claro, ese flagrante incumplimiento de su obligación le hacía sobresaltarse y no pegar ojo. Así que harto y desesperado tomó las de Villadiego y se atizó una benzodiacepina a la que las ovejas, como todo el mundo sabe, son tremendamente sensibles. Pero antes de saltar obligada por la tiranía del fármaco, le dijo: es muy difícil convencerme que ser un esclavo es correcto. Mañana duplicarás la dosis.

PROPIEDAD VERTICAL, Belén Sáenz Montero

Al terminar la jornada, ante dos cortados en vaso, comentaban cómo colocarían los muebles. De la cocina valoraban su luminosidad y eran decididos enemigos del pasillo, tan desaprovechado. En el dormitorio eran permisivos y desviaban la conversación al partido del domingo. Nadie les reprocharía su derecho a opinar después de tantos años ocupándose del edificio. Habían sido testigos mudos de mudanzas, fiestas y reconciliaciones en aquel apartamento casi suyo. Le tenían cariño aunque fuera desde el otro lado de los ventanales, aunque luego tuvieran que pulsar el mando de la barquilla y bajar a limpiar los cristales del piso inferior.

Rosa Gil   23.mar.2018 16:02    

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