La cocina interior

 

La cocina inerior2


Hay algo en mí que desconozco. Es la parte de mí en la que se cocinan todos los líos en que me meto. Es mi cocina interior. No conozco mi cocina interior. No he estado nunca allí. No sé dónde está en mí. Y, sin embargo, me como todo lo que sale de ella. En esta ocasión, ha salido de la cocina una Expedición Africana, con 50.000 kilómetros de recorrido, una moto y mucha soledad como guarnición. Y ahora, toca zampársela.

Un día antes de que diera comienzo esta locura de viaje, mi hija Julieta, con solo siete años de edad pero provista de un cerebro brillante, me preguntó: ¿Por qué tú, Papá? No pude evitar responder de forma inconsciente y automática que yo mismo también me había hecho esa pregunta muchas veces, y no había conseguido encontrar la respuesta. Me habría gustado poder hablar a mis hijas de mi cocina interior, y de cómo ese lugar misterioso me es ajeno y desconocido, aun cuando es el lugar del que procede el alimento que me mantiene vivo. Pero no lo hice, claro. No pude hacerlo. Tienen solo 7 y 8 años. Con ellas hablo de sexo, de drogas, de prostitución, de homosexualidad, pero me pregunto si no será muy pronto para la filosofía.

Ése que fijó nítidamente Julieta en su relación conmigo, fue un momento que no se podía dejar pasar por alto. Fue uno de esos momentos en que muy fácilmente un padre pierde la oportunidad de serlo, y una hija siente a su padre un poco más lejos aun cuando esté a su lado. Julieta nos metió en uno de esos momentos de los que ninguno iba a salir indemne; tal vez más unidos, quizá menos, pero no como llegamos a él. Fue uno de esos momentos que pasan pero que, suceda lo que suceda en el tiempo que duren, no se olvidan jamás. 

Después de pensarlo un momento y ordenar las ideas en mi cabeza, traté de explicarles a las dos, a Julieta y a Jimena, por qué estábamos los tres metidos en este lío; por qué yo me iba a ausentar durante tanto tiempo y por qué ellas se iban a ver obligadas a soportarlo. Hacía una tarde espléndida, y paseábamos por la playa de Sitges, donde viven con su madre. En un lenguaje comprensible para ellas les expuse las razones de nuestra inminente separación.

Traté de explicarles como mejor pude que no sé de dónde me viene la necesidad ineludible de hacer ciertas cosas, pero que podría explicar perfectamente por qué las hago. Les dije que la Expedición Africana estaba relacionada con ellas mucho más de lo que les podría parecer, hasta el punto de que todo cuanto tenía que ver con la Expedición giraba, de una forma u otra, a su alrededor. Las dos, Julieta y su hermana un año mayor, Jimena, me miraron sin comprender.

En primer lugar, ellas son el verdadero motor de la Expedición. Lo creo profundamente. Creo que no es posible ser padre y no desarrollar conciencia de Infancia, aunque la realidad muchas veces muestre lo contrario. Escuché en una ocasión a Alejandro Sanz mencionar a este respecto la opinión de un poeta cuyo nombre no me viene ahora a la memoria. Decía este poeta que quien es padre de un niño lo es de todos los niños. Es a eso a lo que me refiero con conciencia de Infancia. Y desde que Jimena y Julieta existen veo en ellas a todos los niños. Pero cuando digo conciencia de Infancia no me refiero exactamente a una idea, sino más bien a un sentimiento hacia los niños que no son mis hijos. Albergar ese sentimiento me hace más humano, más consciente de la vida, de las cosas y, por tanto, de mí. Pero poder reconocer en mí ese sentimiento no es un logro que me pertenezca, sino un regalo que me hicieron mis hijas al nacer. Un regalo que acepté en el momento de ser padre y frente al que adquirí una responsabilidad con la que se debe cumplir. Esto no quiere decir que quienes no sean padres no tengan ninguna responsabilidad hacia las personas que se encuentren abocadas a cualquier tipo de riesgo, en particular los niños, por ser más vulnerables y frágiles. Lo que esto quiere decir es que la responsabilidad de los padres hacia los hijos que no son suyos no es solo ética, sino también moral. Es mi opinión. Y ese es mi caso.

Traté de explicarles después que nosotros tres compartimos un vínculo que se encuentra muy cerca de ser indestructible, pero que una de las amenazas que más daño podría hacer a lo que nos une es el miedo. El miedo a decir lo que pensamos. El miedo a mostrarnos como somos. El miedo a tomar nuestras propias decisiones, las que nos definen como individuos y con las que construimos lo que verdaderamente, en lo profundo de nuestro ser, somos. Traté de explicarles que en multitud de ocasiones en su vida sentirán un miedo atroz, como el que yo sentía en ese momento, un miedo paralizante que deberán superar para poder seguir siendo ellas mismas y no vivir al final de la vida o de las ideas de otros. Un miedo que deberán superar para, desde su propia identidad, tener algo que ofrecer a los demás, y a sus hijos.

 Esta es la manera en que yo entiendo la educación de mis hijas. Trato, en la medida de mis posibilidades, de hacer de ellas individuos autónomos, independientes y emocional e intelectualmente libres. Y la consecución de tal objetivo se hace del todo imposible si no actúo en consecuencia.

Les dije también que con miedo no es posible creer. El miedo aniquila la noción de uno mismo, y sin saber quién se es no es posible saber en qué se cree. Yo creo en muy pocas cosas. Quizá porque aún no tengo muy claro quién soy, o tal vez porque sé a ciencia cierta que soy muy poca cosa. Creo en el amor, en la belleza y en la libertad. Eso es todo. Y nada menos. Me llevaría un libro explicar qué entiendo yo por amor, por belleza y por libertad. Y no es el momento. Creo en la libertad en sentido geográfico, por supuesto. Pero creo en otras formas de libertad mucho más importantes. Creo en la libertad intelectual, en la libertad emocional y en la libertad moral. Cualquiera de estas tres formas de libertad tienen su origen en la capacidad del ser humano para cultivar su mente y su espíritu. El único camino posible para hacer de uno mismo un ser libre es mediante la relación con el conocimiento, y para eso es imprescindible saber leer y escribir. Y con la voluntad de enseñar a niños en riesgo de exclusión a leer y escribir nació Escritores Sin Fronteras. Poder creer en uno mismo pasa por no tener miedo o, mejor expresado, por tratar al miedo con el respeto pero con la distancia que merece, y por saber quién se es, y para eso, en el mundo en que vivimos y hacia el que vamos, es imperativo saber leer y escribir. Mis hijas comprendieron esta idea con la facilidad con que los niños entienden las cuestiones más complejas. Comprendieron que hay que ayudar a que determinadas comunidades infantiles en verdadero riesgo de exclusión aprendan a leer y escribir, se adueñen de su futuro y sus destinos, y consigan ser libres. Muy posiblemente no fueran ahora capaces de enunciar la idea de nuevo, pero no me cabe duda de que su esencia anida ya y para siempre en sus pequeños corazones. 

Hay una razón más, les conté, para comerme todo lo que sale de mi cocina interior sin hacer demasiadas preguntas: Los sueños. Y me explico. Los sueños son los ingredientes con lo que se prepara lo que sale de la cocina interior de cada cual. No me refiero a soñar con poseer cosas, o con disfrutar del tiempo de cualquier forma imaginable. Por favor, seamos intelectual y emocionalmente ambiciosos. Me refiero a llevar a cabo proyectos personales que de una forma u otra nos conducirán a un conocimiento propio y a una relación con uno mismo superiores y, en el mejor de los casos, a una relación con el planeta y con los otros nueva y más rica e intensa. Sí, hablamos del alma. Los sueños son al alma lo que las ideas a la mente. Son su alimento. Y su razón de ser. No hay alma sin sueños. O no debería haberla. Una persona que no sueña es una persona vacía. Y una persona vacía no es del todo una persona. Creo que todos albergamos sueños en algún lugar de nuestro ser, aunque nos asuste reconocer su existencia. Porque reconocerla implicaría quizá la necesidad de tomar la decisión de pasar a la acción, o de lo contrario el desastre estaría servido. Es lo que tienen los sueños. O cumples con ellos o te pasan factura. Y gravada con intereses de usurero fenicio cuando llegue el momento en que cumplir con los sueños se haga imposible aunque exista entonces la voluntad de hacerlo. Estoy convencido de que el valor de lo que uno tiene se mide por el valor de los sueños que alberga su espíritu. Sí, para mi las personas valen lo que valen sus sueños, y su coraje para llevarlos a cabo. Eso trato de enseñarles a mis hijas.

Pero todavía hay una última razón para hacer esto que hago. Esta es muy sencilla de enunciar, pero no tan fácil de explicar. Se trata de que la idea es mía. Julieta podría haberme contestado que uno debe ser generoso con las ideas, y ceder su ejecución a otros, incluso más capaces para llevarlas a cabo. Y yo estaría de acuerdo con ella. Pero en esta ocasión no había nadie más que quisiera sustituirme y marcharse en mi lugar. Y no me extraña, porque resolver esta idea pinta un panorama cuando menos duro y difícil. En esa tesitura, sólo me quedaba engañarme a mí mismo, diciéndome que era una mala idea, que no valía el esfuerzo de intentarlo, que mejor olvidarse del asunto. O aceptar que era una de las ideas más potentes que he tenido nunca y dedicarme a ella a pesar incluso de mi ausencia. Un psicólogo me dijo en una ocasión que lo mejor que se podía hacer conmigo era encerrarme en un cuarto a pensar -porque se me da bien, se entiende, no porque sea un incapaz para otras cosas, lo que es posible-. Quiero creer que eso tiene que ver con lo de tener ideas. Yo tengo ideas. Muchas. Permanentemente. Unas buenas y otras no tanto. Es consustancial a Nacho Gasulla. Es parte de mi manera de existir. Quizá por eso le doy tanta importancia a las ideas. Considero que tener ideas es, sobre todo, un acto de responsabilidad. No solo por el contenido de la idea en sí o sus implicaciones, sino en lo tocante a su ejecución y sus consecuencias. Creo que las buenas ideas, cuando lo son, trascienden por completo a quien las ha tenido, y éste se convierte en mero pero obligado ejecutor. Y porque creo que el mundo avanza gracias a las ideas, no me podría perdonar haber tenido una que considero buena, útil y beneficiosa, y dejarla morir. No podría mirarme al espejo sin pensar que ese cuyo reflejo me observa fue el cobarde y egoísta que no tuvo lo que había que tener para cumplir con su idea ¿Cómo podría mirar a la cara a mis hijas? ¿Que me quedaría para enseñarles? ¿Con qué autoridad moral pretendería inculcarles la necesidad de defender apasionadamente las ideas en las que uno cree? 

Cosa distinta es cómo haremos mis hijas y yo para convertir esta experiencia en un aprendizaje para ellas. Tenemos un plan al respecto, pero reservo su contenido para nosotros. De lo que a ellas no les cabe resquicio de duda ahora es que son la pieza angular en este despropósito de viaje, y que sin su apoyo no tendré oportunidad de llegar al final.

Y quizá a lo largo de este largo y solitario viaje consiga descubrir por qué soy como soy, y qué es lo que me mueve a hacer las cosas que hago. Tal vez me sea desvelado el lugar en que se encuentra mi cocina interior. Eso me ayudaría a comprenderme, y a estar algo más en paz conmigo.

 

Preparación

La moto y su preparación  Preparación 5

Desde el momento en que un plan toma forma, uno procura dotarse de los medios mejor adaptados para la realización de ese plan y que mejor contribuyan a garantizar el éxito de lo que uno se propone. Sobre todo si en la empresa que se acomete se han depositado tantas expectativas relacionadas con el trabajo que se pretende hacer y para quien pretendemos hacerlo. Éste viaje, más que cualquier otro, debe salir bien o, dicho de otro modo, fallar no es una opción. Si la Expedición Africana se va a caracterizar por la acumulación de gran cantidad de kilómetros diarios, la mayor parte de ellos por pistas de tierra, sometiendo a la moto a un uso muy intensivo, con considerable carga, puntos de abastecimiento de combustible (llamarlo gasolineras puede resultar en muchos casos un eufemismo) a gran distancia a veces entre sí, y prácticamente inexistentes puntos de asistencia mecánica en la mayor parte de la ruta, entonces la mejor opción posible es la BMW R1200GS Adventure. 

La R1200GS Adventure se caracteriza por su motor Boxer, su autonomía y el uso de cardan. Además, la versión Adventure de la GS equipa barras de protección, plato de protección del cárter, pareja de luces adicionales, parabrisas más grande y elevado, llantas de radios con cubiertas de tacos, y una distancia entre ejes algo más corta que en la versión menos aventurera que la hacen más manejable. Adicionalmente, esta moto equipa ABS desconectable, puños calefactados y GPS.

 

Además de todo el equipamiento BMW posible, le han sido instalados algunos elementos para protegerla aún más de posibles golpes y caídas. Es el caso de los protectores del Telelever, radiador de aceite, faro, potenciómetro de mariposa o cardan. Para hacer más cómodo el manejo de la moto se ha elevado el manillar, y  le ha sido ampliada la bandeja del caballete.  En la parte exterior de las maletas laterales han sido instalados porta botellas, que permiten transportar hasta cuatro botellas de litro y medio de líquidos durante el viaje (agua, aceite motor, etc.), pero bien separados del equipaje. Y para proteger los inyectores de la baja calidad de la gasolina africana se ha montado un filtro adicional de gasolina.

El top case ha sido sustituido por otro más grande, instalado de forma artesanal sobre el soporte original, y compartimentado en su interior para albergar equipo de fotografía, vídeo y ordenadores por separado. Uno de los compartimentos contiene una batería auxiliar idéntica a la principal. Hace las funciones de batería de repuesto, pero conectada a la principal alimenta dos transformadores de corriente de 12 voltios de entrada, cada uno de ellos con una toma de enchufe de salida a 230 voltios a los que poder conectar los cargadores de baterías para las cámaras y ordenadores, y otra salida de USB a 5 voltios a las que conectar iPhone e iPad. Sendos interruptores instalados en el manillar permiten activar o desconectar la alimentación de los transformadores, y un relé instalado entre las dos baterías las desconecta entre sí cuando la moto no está en funcionamiento, evitando su descarga.

El equipo  Preparación 8 

La moto se ha elegido y se ha equipado para poder llegar a cualquiera de los lugares a los que debemos ir y hacer allí lo que tenemos que hacer, dependiendo de los elementos lo menos posible. El resto de material con que se ha cargado la moto responde al mismo criterio. Por esa razón, el equipo lo forma lo necesario para poder trabajar, comer y dormir dondequiera que me encuentre.

El material de trabajo está compuesto de lo necesario para escribir, hacer fotos, y grabar vídeo. El equipo de fotografía consta de: Canon 5D Mark II, Canon G11, tres lentes (17/35mm 2.8, 50mm 1.2, 70/200 2.8), filtros polarizadores y transparentes, unidad de flash, varias baterías extra, tarjetas de memoria SanDisk de 64 GB, cables, kit de limpieza, trípode plegable Benro). El equipo de vídeo, además de la Canon 5D utilizada en modo vídeo, se compone de: Canon Legria HRF21, GoPro instalada en el casco, rótula de vídeo Manfrotto para el trípode, micro de ambiente Senheiser MKE 400, visor de enfoque Hofman para 5D, baterías de repuesto, cables de conexión, tarjetas de memoria SanDisk también de hasta 64 GB de memoria y lector de tarjetas SanDisk Extreme. El equipo lo completa un MacBook Pro de 13” y un iPad de 64 GB y 3G, teclado inalámbrico  y ratón magic mouse. Para almacenar gran cantidad de información se utilizará un disco duro externo La Cie de 2 TB.

Lo más valioso de cuanto se carga en este viaje es el material que se va a obtener, tanto textos como fotografías o imágenes de vídeo. El disco duro externo (modelo diseñado para el ejército de los Estados Unidos), se utilizará como copia de seguridad, pero una doble copia de todo del material se enviará periódicamente a Madrid contenida en las tarjetas de memoria de 64GB. Sólo cuando todo el material se haya puesto a salvo en Madrid se reiniciará el disco duro externo para utilizar de nuevo toda su capacidad.

Debo poder descansar razonablemente bien en cualquier circunstancia, por eso cargaré con una ligera tienda de campaña con espacio para tres plazas (nada debe quedar fuera de la tienda, no tanto por los ladrones como por los insectos) de 2,8 kilos de peso. Llevaré conmigo una colchoneta y una almohada realmente hinchables pero de gran resistencia al mismo tiempo, y un confortable saco de dormir elegido para temperaturas entre 15ºC y 5ºC. Para incrementar 5º la temperatura del saco en las pocas ocasiones en que se prevé que el frío arrecie, o para utilizarla cuando la temperatura ambiente supere los 15º, se ha incorporado un saco-sábana de seda al equipo. Pesa poco más de100 gramos y cabe en un bolsillo.

La moto carga con lo necesario para calentar comida y bebida, así como los utensilios para comer cómodamente. Pero no es un equipo pensado para cocinar. Deberé prever esta circunstancia y hacer acopio de comida preparada, precocinada o de muy fácil preparación antes de adentrarme en una zona en que comer con seguridad pueda no estar garantizado. Todo peso cuenta, y se ha elegido unos resistentes cubiertos de titanio que pesan 30 gramos. Eso da una idea de la obsesión por el peso que se vive en la Expedición.

 Documentación  Material y equipo 2

Para llevar a cabo la Expedición Africana se precisa una importante cantidad de documentación, y hace falta algo de tiempo para obtenerla. Deberé llevar conmigo el pasaporte, cartilla de vacunaciones, carnet de conducir español, carnet de conducir internacional (lo expide Tráfico presentando el español y una foto, y es válido por un año), seguro de, al menos, asistencia médica y repatriación, y lo que se precise para obtener dinero durante el viaje; normalmente una tarjeta de crédito y, en este caso, algunos cheques de viaje que poder canjear en hoteles cualquier día a cualquier hora en caso de emergencia.

Los visados no tienen que ser un problema. Todo país tiene legación diplomática en sus países vecinos, y lo normal es obtenerlos por el camino (por supuesto, hay excepciones como la de Marruecos con Argelia pero, aunque la situación puede cambiar en cualquier momento, no afectan a la Expedición). Pueden tardar hasta tres días en emitirlos, por lo que conviene juntar la solicitud de un par de visados o tres en una misma capital cuando el trabajo a hacer allí nos va a retener por más de tres días. En todo caso, lo primero que hay que hacer al llegar a una capital es solicitar visados.

Algunos países tienen normas para la emisión de visados a extranjeros que sí son un verdadero inconveniente y cuya solución hay que prever. Es el caso de Angola, por ejemplo, pues la entrada en el país debe ser efectiva en un plazo inferior a dos meses desde la emisión del visado (la Expedición tardará cuatro meses en llegar a Angola) y el visado debe ser solicitado en el país de origen del viajero. Afortunadamente, en este caso el visado lo puede pedir una persona distinta del titular del pasaporte. Lo importante es tratar de tener claro dónde se van a presentar los problemas para anticiparnos a ellos, y para eso es necesario contactar en España con las embajadas de los países a visitar e informarnos, aunque no vayamos a solicitar el visado todavía.

Para la moto es necesaria una cantidad de documentación similar. El documento más importante, que hace las veces de pasaporte para vehículos de motor, es el “Carnet de Passages en Douane”. Su razón de ser responde a un convenio internacional promovido por la Federación Internacional de Automovilismo para facilitar el tránsito de vehículos entre países, evitando de esa forma trámites aduaneros a veces imposibles. En España lo expide el Real Automóvil Club de España (RACE, en Eloy Gonzalo, 32 de Madrid, teléfono 915947245). Antes era suficiente con un depósito que garantizara el regreso del vehículo, pero ahora es necesario aportar un aval bancario equivalente a un porcentaje del valor venal del vehículo. Para ese trámite habrá que visitar, desde luego, al notario.  Además, es imprescindible la Carta Verde, que emite sin coste la compañía de seguros de cada cual. Además, es necesaria la ficha técnica. Si el titular de la moto y el conductor no responden al mismo nombre, hay que llevar una autorización escrita del propietario de la moto (aunque sea una empresa) con tantos sellos como nos sea posible. Si añadimos uno del club de fans de la tortilla de patata pues mejor. Imagino que se entiende la idea.

Hay que tener en cuenta que toda la documentación deberá estar en vigor por un plazo superior al que se prevé el regreso, con un margen de seguridad amplio. Y de toda la documentación se debe hacer una copia escaneada que uno se envía a sí mismo por Internet para tenerlo todo disponible en caso de pérdida o robo.

Sanidad y prevención  Material y equipo 10 

La Expedición Africana no se debe poner en peligro porque la persona que la lleva a cabo no disfrute de un estado de forma física suficiente, o porque no se hayan tenido en cuenta las eventualidades que sí se pueden anticipar. Otra cosa es lo que no se puede prever, y los accidentes. 

Las vacunas y los tratamientos preventivos o profilácticos a que me he sometido están relacionados no sólo con los países a visitar, sino con la climatología que se da en esos países en el momento en que los visitaré. Algún tratamiento es tan agresivo para el cuerpo (ocurre con el tratamiento en versión profilaxis para la malaria tomando Lariam) que puede resultar peor el remedio que la enfermedad. Lo recomendable es contactar con el Centro de Vacunación Internacional (si llamas de desde Madrid, 010, y si lo haces desde fuera de Madrid 915298210) y que nos digan ellos qué es obligatorio y qué solo es recomendable y puede quedar a nuestro criterio.

En el caso de la Expedición Africana no ha habido que sopesar gran cosa. Baste decir que sumadas a las vacunas que ya figuraban en mi cartilla de vacunación, ha sido necesaria una segunda cartilla para poder reflejar todas, y deberé viajar con dos cartillas complementarias entre sí. En ellas aparecen vacunas para enfermedades de las que uno no tenía ni noticia, como la encefalitis japonesa (sólo necesaria en Asia). Lo normal para África son las vacunas contra la Fiebre Amarilla (obligatoria para poder entrar en casi todos los países africanos), Rabia (si se va a estar en contacto con animales), Meningitis, Tifus, Cólera y Tétanos.

El proceso para la vacunación contra la Rabia es el más largo debido a que se administra en tres dosis separadas entre sí un par de semanas en el tiempo, así que conviene ser previsor con las fechas del viaje.

Quien no conozca su grupo sanguíneo debe necesariamente hacerse un análisis de sangre y obtenerlo. Mejor si finalmente ha sido para nada, pero en caso de resultar necesario es lógico pensar que no habrá tiempo que perder. Hablamos de África.

Con la colaboración de nuestro médico de cabecera podremos componer un botiquín suficiente, en el que no falte nada de lo realmente necesario. Se diría que existe una cierta tendencia a la hipocondría entre los médicos de cabecera, pero manejan toda variable posible aunque remota es su obligación, y su punto de vista debe marcar el criterio general en la composición del botiquín.

Consejos útiles

Hay una máxima que leí de Miguel de la Quadra Salcedo y que aplico a mi vida cotidiana desde entonces. Decía así: “Si puedes dormir, duerme. Si puedes comer, come, si puedes cagar, caga”. Esta frase resume muy bien la idea de anticipación. La clave para el éxito de la Expedición se resume en esa palabra: ANTICIPACIÓN. Y esa debe ser la constante. 

Además, hay algunos consejos útiles que conviene tener en cuenta. Lo resumo así: 

-       Llevar copia de todas las llaves oculta en algún lugar de la moto.

-       Esconder algo de dinero de emergencia “cosido” a la moto.

-       Placa “militar” metálica con datos personales, grupo sanguíneo, alergias y teléfono de contacto colgada al cuello (las venden en tiendas de efectos militares).

-       Llevar siempre fotografías tamaño carnet para visados de emergencia.

-       Llevar film transparente (el que se utiliza para conservar alimentos en la nevera) para poder utilizar cámara y ordenadores protegidos del polvo del desierto o la humedad de la selva.

-       Llevar encima lista de contactos (embajadas, médico, abogado…).

-       Designar una persona en “casa” a quien tendremos informada de nuestros pasos, y con quien habremos diseñado un plan de contingencia que deberá ser puesto en marcha si algo no sale como durante el viaje se ha anunciado que debe suceder (ejemplo: Cruzo Sur de Sudán. Si en cuatro días no tienes noticias, pon en marcha el plan de emergencia). Eso incluye viaje a la zona, contacto con Medios de Comunicación, contacto con embajadas…).

-       En cualquier lugar, la mejor información la proporcionan los locales. Preguntar siempre, aún cuando uno crea no tener nada que preguntar.

-       Si viajas en solitario, espera en lugar seguro el paso de otros vehículos para atravesar zonas peligrosas (Mauritania, Nigeria…).

-       Esperar a otro vehículo antes de cruzar una frontera que se sospecha conflictiva. No cruzar solo nunca.

-       Paciencia, flexibilidad, buen humor y talante negociador. No levantar la voz.

-       No perder de vista jamás, en cualquier circunstancia, el hecho de que nosotros somos los extranjeros: respeto por la cultura, tradiciones, normas y costumbres.

-       Sentido común y prudencia. Asumir riesgos siempre un poco por debajo de lo que cada cual considere aceptable según su preparación. No confiar de más en uno mismo. Un ligero exceso puede poner en riesgo la expedición y a nosotros.

Por último, quien quiera embarcarse en una aventura similar a la Expedición Africana, de la forma en que yo lo hago (diez meses de vuelta a África en solitario y en moto), debe estar dispuesto también a esperar lo peor. Es una posibilidad remota, francamente difícil de que ocurra, pero no por eso se puede obviar. Si el menos deseado de los sucesos tuviera lugar, bastante será con privar a nuestros seres queridos de nuestra compañía. No sería justo cargarles además con los problemas y quebraderos de cabeza que nuestra repentina ausencia pueda llegar a ocasionar. Por eso es recomendable -y es lo que he hecho- visitar al notario y dejar las cosas bien atadas y resueltas por si este viaje tuviera que ser el más largo.

 

 

Me voy a África

Se acabó. No hay más sobre lo que pensar que no haya sido tenido en cuenta. Ni falta nada por planificar que no haya sido programado. Cuanto había que hacer, se ha hecho. Y cuanto había que preparar, está listo. Todo está a punto. Salvo yo.

Material y equipo 7

En el trajín de convertir la Expedición Africana en algo real casi había llegado a olvidar que ocurriría, y que yo sería el responsable de llevarla a cabo. Han transcurrido siete meses en los que me he hartado de hablar sobre lo que iba a hacer. Tantas veces y durante tanto tiempo lo he hecho que había llegado a sentir que Escritores Sin Fronteras y la Expedición Africana consistían nada más que en contarlo y prepararlo. Y ahora, que ha llegado el momento de dejar de hablar y hacer eso con lo que tantas veces se me ha llenado la boca, me doy perfecta cuenta de que iba en serio.

Juro ser sincero al afirmar que no sé muy bien cómo he llegado hasta aquí. Una mañana cualquiera, al final del pasado verano, encontré sobre la mesilla un cuaderno de apuntes en el que había tomado algunas notas. Me había despertado en mitad de la noche en un estado de lucidez que me sobrecoge recordar. Supe quién era yo, cuál era mi espacio en el universo y hacia qué punto del infinito horizonte debía dirigirme. Y tomé aquellas notas convencido de que eso que allí ponía era lo que debía hacer con mi vida. Desde aquella mañana no he hecho otra cosa que seguir al dictado lo que yo mismo había escrito, pero de tal forma que bien podría parecer que me he comportado como un autómata al servicio de una voluntad ajena a mí, como si hubiera sido abducido por una fuerza superior que me hubiera desposeído de la capacidad de razonar, sentir o padecer, entregado a la locura de dar vida a un plan imposible.

 De pronto se impone el hecho cierto de que me voy, de que ha llegado el momento de partir. Y regreso a mi ser desde ese ignoto lugar en el que parezco haber habitado estos meses. Y tomo conciencia de la realidad: Me voy. Y la realidad me sobrepasa. Me supera cien veces. Me voy a África, solo, en moto, durante al menos ocho meses y con la inmensa responsabilidad de hacer bien el trabajo que debo llevar a cabo. Y entonces ocurre que el Nacho que yo conozco desde el mismísimo momento en que nació se presenta ante mis ojos tal cual es.

 Y siento miedo. Mucho miedo. También miedo a la soledad, al dolor físico, a lo desconocido, o a no volver. Pero estos miedos los reconozco en mí. Nos conocemos bien. Ya nos hemos encontrado otras veces en el pasado y hemos aprendido a respetarnos y a permanecer cada cual en su lugar sin invadir el espacio del otro. En esta ocasión son otros los miedos que me atosigan.  Me refiero al miedo a no ser capaz. El miedo a decepcionar a los demás. El miedo a no estar a la altura. El miedo a fallar y a fallarme.

Comprendo la necesidad de sentir miedo. Entiendo que no puede haber peor miedo que el miedo a no sentir miedo. Pero detesto el miedo. Es un compañero de viaje incómodo y maleducado. Es mezquino, tramposo y egoísta. Es mediocre, feo y vulgar. No quiero miedo. No me gusta. Lo detesto. Y sin embargo convivo con él bien pegado a mi piel.

Me conozco. Sé que sentir ese miedo atroz es lo que me salva de mí mismo, de mis defectos y de mis debilidades, de todo cuanto podría dar al traste con este gran viaje. Sé que ese miedo es lo que me mantendrá permanentemente alerta, atento al momento en que podría llegar a fallar, víctima de mis limitaciones. Pero no por eso me cuesta menos convivir con él. No por eso las dudas son más pequeñas. No por eso consigo dormir mejor.

No puedo evitar preguntarme cómo me he metido en este enorme lío. Por qué siempre tengo que ser yo el que da la nota. Por qué no puede ser otro el que se líe a machetazos y yo el que camine detrás sobre terreno despejado. Por qué tengo siempre la sensación de calzarme zapatos que me quedan doce tallas grandes. Se diría que con todo lo vivido y todo lo conocido aún no he aprendido nada. Todavía no ha comenzado el viaje y ya me pregunto qué cojones estoy yo haciendo aquí. Qué pinto en esta historia. Por qué me complico la vida de tal forma que a poco que me descuido mi propia vida escapa a mi control.

Es entonces cuando me digo que lo que me sucede me ocurre por ser como soy, y que las cosas que me pasan son el legítimo efecto de su causa, y que todo tiene más sentido de lo que parece. De otra forma no se entendería que me proponga llevar a cabo algo que en apariencia está fuera de mi alcance, o que lo haga sin haber prestado suficiente atención a mis miedos hasta casi faltarles al respeto, o que ahora tenga la sensación de no haber medido las consecuencias que lo que voy a hacer me puede acarrear.

Me voy solo, a África, en moto,  durante al menos doce meses, para llevar a cabo lo que para mí es un importantísimo trabajo, porque un día soñé que lo haría. Eso es: Un día soñé. Y ahora lo hago. Porque los sueños se tienen para cumplir con ellos. Y porque, de no hacerlo, uno se verá abocado al desastre. Uno es, como escribió Shakespeare, aquello de lo que están hechos sus sueños. Y sin sueños, uno no es nada. Por eso, renegar de los propios sueños me parece un imperdonable acto de irresponsabilidad.

Entonces, esta aberración de plan que me he propuesto cobra todo el sentido del mundo. Y no me veo haciendo otra cosa. Ni deseo estar en otro lugar. Ni quiero habitar otro cuerpo. Yo soy yo. Así de imperfecto. Así de miedica. Pero provisto de sueños que pesan lo que pesa una vida. Mi vida. Y dotado de la irreductible voluntad de llevarlos a cabo aunque el precio pagadero por ellos sea el más alto.

Preparación 6

Me voy a África. Porque un día soñé que lo haría. Y ni yo mismo lo voy a poder impedir.


 

1ª EXPEDICIÓN AFRICANA DE ESCRITORES SIN FRONTERAS

El Making Off

En 2010 se fundó la ONG Escritores Sin Fronteras. Con su existencia pretendemos proporcionar a aquellos que hacen de escribir su forma de vida un medio por el que dirigir su capacidad de cooperar. El fin último, que todos juntos perseguimos, consiste en proporcionar las herramientas y la oportunidad de aprender a leer y escribir a niños de comunidades desfavorecidas del continente africano.

En cuanto E.S.F. se hubo convertido en una realidad jurídica y fiscal, nos planteamos el siguiente paso: ¿Por dónde empezar? Se nos ocurrió entonces que la mejor forma de incorporar escritores a la causa, obtener material para la publicación de los primeros libros con que obtener fondos, y además conocer sobre el terreno los proyectos de cooperación, orientados a la alimentación y sanidad infantiles, a los que nos uniríamos con alfabetización y educación, sería organizar un viaje a África. Sólo un par de días después, sin dejar de darle vueltas a la idea ni para dormir, la idea apenas hilvanada de un viaje a África se había convertido en la primera Expedición Africana de Escritores Sin Fronteras.

Un continente, 28 países, 50.000 kilómetros, diez meses, una persona y una moto. Esas son las cifras con que se dota de un aspecto concreto a la aventura. Pero este largo, duro y prometedor viaje no representa un fin en sí mismo, sino que se trata más bien de una herramienta al servicio de un fin superior. La Expedición Africana, en su diseño, trazado, organización y dotación de medios y recursos, es el resultado de obcecarse en realizar una determinada tarea. Todo, absolutamente todo cuanto hay alrededor este viaje, está al servicio del trabajo que deberé llevar a cabo.

A lo largo de este viaje obtendremos el material con que publicar tres libros. En el primero de ellos participarán 28 escritores a los que visitaré personalmente, uno por país, para que me hagan entrega del relato con el que cada uno contribuye a la construcción de libro. Todos los relatos estarán relacionados con la infancia como hilo conductor, y la esperanza como escenario. En el segundo de los libros participarán 28 niños, que nos transmitirán un cuento infantil tradicional de su país. Y el tercero será un compendio de relatos relacionados con la alimentación, la comida y el hecho social de comer en África.

Además, visitaré 25 proyectos de cooperación, repartidos en 18 países y gestionados por 17 organizaciones diferentes. Entre ellos serán seleccionados después aquellos proyectos a los que uniremos los esfuerzos y recursos de E.S.F. aportando educación.

Una vez decidido qué era lo que nos proponíamos y dónde debíamos ir para conseguirlo, el trazado de la ruta no fue sino el resultado de conectar los puntos señalados sobre un mapa. La línea roja que resultó de unir los tramos que los separaba, y que sobre la mesa del estudio no mediría más que un puñado de centímetros, fue lo que acabó midiendo 50.000 kilómetros y dando la vuelta a nada más y nada menos que el continente africano.

 Hemos investigado el asunto, y no hemos sido capaces de encontrar referencia de cuándo fue la última vez que un español dio la vuelta completa a África. Menos aún en moto. Y mucho menos en solitario. Y eso nos inquieta. Porque nos produce la incómoda sensación de que los demás saben algo respecto de lo que nos proponemos hacer que nosotros desconocemos, y que es precisamente por esa razón por la que otros compatriotas no lo han hecho antes.

Sea como sea, la vuelta a África se llevará a cabo siguiendo el sentido opuesto al de las agujas del reloj, empezando en Marruecos para terminar en Argelia, pero eligiendo el camino más largo para llegar de un país a otro, y recorriendo otros 26 hasta llegar al destino final. La razón de organizar la ruta de esa forma es, principalmente, climatológica. Se trata de alcanzar el ecuador antes de que llegue el verano, llegar a Sudáfrica hacia el final de su otoño austral, y cruzar Sudán y Egipto cuando de nuevo haya comenzado nuestro otoño. El agua será inevitable, pero de esta forma también evitaremos las épocas de más lluvia sobre los dos pasos del ecuador (primero hacia el sur, y después en dirección norte desde Sudáfrica). Podría decirse que el viaje durará una larga primavera de diez meses, que nos ha de ser propicia para realizar nuestro trabajo en ese plazo de tiempo.

Visto de otra forma, el diseño de la ruta nos ha de llevar a cruzar el Sáhara por sus extremos occidental y oriental; a conducir por el altiplano etíope recorriendo los lugares en que todo empezó para la raza humana; a adentrarnos en la sabana; a perfilar la falda del Kilimanjaro, la montaña más alta de África; a recorrer el desierto del Namib y fotografiar el mundo desde la Duna 5 al amanecer; a visitar los lugares que habitan los bosquimanos, los masai, los himba, los turkana o los pigmeos; a acompañar al Nilo en un su recorrido, desde sus fuentes hasta su desembocadura; o a adentrarnos en la selva tropical congoleña tras los pasos de Conrad. Pero, más importante que todo eso, cada kilómetro nos ha de acercar mil metros a los objetivos que nos mueven a recorrer África.

Imagen NUEZ

 

Nacho Gasulla


Nacho Gasulla pertenece al a ONG 'Escritores sin fronteras', y lleva a cabo un proyecto apasionante: un viaje de 45.000 kilómetros a lo largo de 28 países de África. El objetivo: proporcionar las herramientas y la oportunidad de aprender a leer y escribir a niños de comunidades desfavorecidas del continente africano. Este es el cuaderno de bitácora de ese viaje fascinante.
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