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De un hombre bueno y tantas mujeres violadas. Premio Nobel de la Paz 2018.

    viernes 5.oct.2018    por Anna Bosch    2 Comentarios

A principios de 2017, Paco Magallón, camarógrafo compañero en Televisión Española (TVE) y fotógrafo con un don especial para los retratos, se acercó a mi sitio en la redacción del Telediario y me propuso participar en un libro que iba a publicar con ACNUR. Se trataba de escribir textos que acompañaran los 37 retratos que había hecho a mujeres en sus viajes. El propósito del libro, segunda fase de una exposición anterior, era denunciar la violencia contra las mujeres en distintos lugares del mundo. 

"Elige una mujer, un retrato, un país y a partir de ahí escribes un relato corto. Puede ser de algo que hayas vivido o no". Me explicó.

Le pedí que me dejara mirar los retratos. Me fijé en los países y en cuanto vi una mujer de la República Democrática del Congo me decidí. "Será ficción, pero basado en hechos reales. ¿Encaja en el proyecto?" le consulté. Me dijo que adelante.

Unos dos años antes, en noviembre de 2014, había escuchado con lágrimas en los ojos, la piel erizada y el estómago encogido el discurso de aceptación del Premio Sájarov en el Parlamento Europeo. El doctor Denis Mukwege recogía el premio y aprovechaba el honor para denunciar las atrocidades que se cometen en el Congo contra mujeres, niñas e incluso... bebés. Atrocidades de las que él es testigo directo porque pone toda su ciencia y su corazón para salvar la vida a esas mujeres. En el discurso puso ejemplos concretos espeluznantes y lo resumió con una sentencia:   "El cuerpo de la mujer se ha convertido en campo de batalla y la violación, en un arma de guerra".

Inspirada por el testimonio del doctor Mugwege y los que había leído de mujeres víctimas escribí el texto para el libro "Mujer, todos somos una". 

Monólogo imaginario basado en testimonios reales:

 Dejé de sentirme un ser humano y olvidé que era una mujer. Me convirtieron en un trozo de carne. Un trozo de carne con un orificio. Dos orificios. Tres. Un trozo de carne contra el que soltar su fuerza animal y desparramar su violencia, ebrios de odio. No tienen bastante con matarnos; a las mujeres, además, nos violan. Una, dos, tres, cuatro veces… Uno a uno o en grupo. Con su cuerpo o con armas peores. En el bosque a solas o con testigos, con nuestra familia, con nuestros maridos, con nuestros hijos delante. A veces obligan a los familiares a violarnos y, si se niegan, los matan. Cuanto más gritamos, arañamos, pataleamos, lloramos, más se ensañan con nosotras. Somos el máximo trofeo porque somos la máxima humillación para nuestro grupo. Para sus enemigos, para el otro. Cuando nos violan matan el honor de los nuestros, humillando a una de nosotras nos humillan a todos. Porque somos mujeres. Y les da igual la edad. Desgarran la vagina y el alma de niñas y hasta de bebés de meses.

 Lo cuento y ya ni lloro. Me arrancaron mi alma de persona, de mujer, y soy un trozo de carne seco. Sin lágrimas.

 Y supongo que debo dar gracias por estar viva y poderlo contar. Y denunciar, por si puede servir para algo. Otras murieron. En el mismo momento de esa tortura o más tarde por las heridas o las infecciones. Yo tuve suerte. A mí no me violaron con botellas ni cuchillos ni me quemaron por dentro con líquidos extraños. Sangré. Perdí la conciencia, estuve días con dolores terribles, no podré tener hijos y no sé si algún día podré amar. Pero he sobrevivido.

 Lo cuento y ya ni lloro.

 Me dicen que hay, en este país tan grande, tan bonito, tan rico y tan cruel, un hombre bueno. Un médico. Me cuentan que se ha hecho célebre y que lo han premiado en Europa, que es un hombre bueno que llora por lo que nos hacen. Un hombre bueno que nos cura, nos salva la vida y denuncia -si alguien quiere escucharlo- a esos otros hombres que no son buenos.  

Alguien me dijo que ese doctor lo describió como yo lo siento: “El cuerpo de la mujer se ha convertido en un campo de batalla y la violación, en un arma de guerra”. Ese hombre bueno tiene un nombre: Denis Mukwege.

 

 

 

   El Premio Nobel de la Paz tiene un historial largo de polémicas, pero este año no ha lugar. El Nobel ha ido para el doctor Denis Mukwege y para Nadia Murad, la mujer yazidí iraquí, víctima del Daesh y portavoz de tantas mujeres violadas y usadas como esclavas. Ella es la protagonista del reportaje de En Portada: Esclavas del Daesh, emitido en TVE el 5 de mayo de 2016.   

 

 

         

Anna Bosch    5.oct.2018 16:32    

2 Comentarios

;)

sábado 6 oct 2018, 08:06

UN CANTO A LA MUJER, .. UNO POR LA VIDA.

La mujer siempre ha sido la víctima débil principal en todos los conflictos internos de un país o cuando estos acontecieron contra terceros países.Cuanto más atrás nos sumergimos en la historia de los pueblos, sociedades ( ..en conflicto o sin él ), ...ELL@S siempre han sido las peor paradas; ..a veces; incluso , mucho peor que la suerte que les espera a cualquier animal doméstico que , por no decir siempre, pasan más desapercibidos que estas en conflictos de guerra o de terrorismo bélico.
Cuando vemos lo que les ocurre en continentes conflictivos como África o paises aledaños,(.. con o sin cédulas terroristas), nos damos cuenta de lo poco que ha cambiado en siglos la condición de ser mujer. Parece mentira que existan todavía zonas calientes en el globo, donde sus vidas valgan menos que las de las ratas. Al tiempo que también en países ricos o desarrollados existen campos o áreas de rango negativo, donde todavía ellas se ven inmersas, ( ..como en la violencia de género que deja por el camino tantas cientos de vidas cada año en nuestro existir ), ...en países todavía con guerras civiles, países donde no existe siquiera definida una forma política de gobierno, mandan las armas y los conflictos entre seres humanos.En estos, las mujeres sufren tremendas aberraciones, ...son el resarcimiento de poblaciones que se odian a muerte; en ese trance de lucha y de dualismo de poder que mientras dura no existe un orden social y las guerras mantienen sus brasas y heridas encendidas. Es triste, ... pero ....¡ que muy triste ! .Porque sin mujeres, no hay ningún futuro posible para la humanidad como tal. El hombre sigue ciego ante las atrocidades que está realizando con sus propias madres, porque ellas son las madres de esos hijos que pronto se harán hombres y se auto involucrarán en un bucle sin fin, en el cual serán dañadas y sometidas las mismas personas que les engendraron o vieron nacer. El hombre se convierte en animal, ...cuando su vida de conflictos y ofuscación no le deja ver el valle y .... percatarse que la debilidad fisica de una mujer, no debe ser vista ni considerada para someterla y patalear a su gusto; sino para percibir en ellas todo lo bueno que su propia naturaleza depositó en ellas mismas. La mujer como generadora de vida, ...el premio de sensibilidad y belleza que la propia naturaleza, Dios o la propia Vida depositan ....delante de los ojos del hombre para respetarla, admirarla y considerarla en lo mucho que vale y nunca para odiarla, incomprenderla , perseguirla, someterla a sus caprichos, etc...etc...etc.
Hay que poner fin a TODO esto lo antes posible.Los gobiernos de los países desarrollados tienen como DEBER HISTÓRICO ...una gran deuda con la humanidad. Hay que obligar a estos países en vías de desarrollo y/o conflictivos a que se sometan a los auspicios de las directrices de asociaciones de derechos humanos u organismos como la O.N.U. y otros. Que las respeten al 100% y que dejen realizar inspecciones periódicas que demuestren y certifiquen año a año que los maltratos a mujeres y niñ@s desaparecen.
Terminar con la VIDA que ...da VIDA, ....es muy mala política de VIDA.

...besos y mucho ánimo ( jabatas de la VIDA .... y de las de TOD@S ).

sábado 13 oct 2018, 12:10

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Anna Bosch

Bio A propósito de...

Anna Bosch lleva más de 20 años cubriendo información internacional. Ha sido corresponsal de TVE en Moscú, Washington y Londres. En la actualidad es redactora en el área de internacional.
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