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Cambia, todo cambia… cuando no hay miedo

    jueves 21.may.2015    por Miguel Castro    0 Comentarios

Veía de nuevo, la semana pasada, el final de Viridiana, el que le hizo cambiar la censura franquista a Buñuel que, en un alarde de genialidad, modificó y convirtió lo que le pedían, una simple partida de cartas entre una religiosa, una criada y el señor del cortijo, en el inicio de una relación triangular.

Partida-de-cartas
Era 1961 y un director que era una adelantado a su tiempo, presentaba en Viridiana, entre otros temas,  los conflictos generados entre tradición y progreso. Son los mismos conflictos que hoy se siguen viviendo en un país dividido entre tradición y progreso, en todos los ámbitos de la sociedad.

En el coloquio sobre películas españolas en Cannes que vino detrás de Viridiana (Palma de Oro),  en una declaración de archivo, Elías Querejeta contaba como habían suspendido la proyección de Peppermint Frappé, en el festival de Cannes de 1968, Godard, Truffaut Polanski y Saura colgándose de las cortinas que hacían de telón de la pantalla del cine, donde Geraldine Chaplin y el propio Querejeta lanzaron una arenga, micro en ristre, en la que se solidarizaban con el movimiento obrero y estudiantil de mayo del 68 que pedía un profundo cambio de la sociedad francesa. Era la primera vez que alguien, seleccionado para el mejor festival de cine del mundo, renunciaba a que se viera su película. La causa: la solidaridad.

900

Los periódicos, el pasado fin de semana, han recordado el mayo español, el del 2011. El mayo que retrato Martín Patino con una imagen: un grupo de manifestantes lanzando globos a una trinchera de antidisturbios en posición de no pasarán.

Los antidisturbios querían detener a un movimiento que portaba mensajes como regeneración democrática, cambio de la ley electoral, punto final al bipartidismo y a la corrupción,  democratización de la justicia… Todo ello está en el documental de Patino, Libre te quiero. Fluía un asamblearismo que profundizaba en cambios de las estructuras jerárquicas del estado, de las empresas, de toda la sociedad. Cambios que traían conceptos tan difíciles de entender para muchos y tan aparentemente contradictorios, como el de jerarquías fluidas, o el de habitar los conflictos.  

Todo eso fue simplificado, simbolizado y desinflado a través de la idea de que una acampada de perroflautas quería acabar con los valores tradicionales de nuestro país.  Pero no era así. Hace cuatro años, la generación de jóvenes más preparada de la historia pedía, con gritos mudos, el cambio.. Y ahora lo reclaman en todo tipo de escenarios en una sociedad que, día a día, se transforma.

La semana pasada, Ashoka, prestigiosa organización internacional de emprendedores sociales, premiaba a cuatro colegios españoles con el distintivo de impulsores del cambio en el mundo de la educación. 

Celebration

Colegios que llevan décadas formando a sus alumnos a través de modelos que creen en las inteligencias múltiples, en la inteligencia emocional, en el aprendizaje colaborativo, en las nuevas tecnologías e, incluso, en algunos casos, en que sus alumnos decidan en asamblea, diariamente, lo que quieren aprender. Creen que todos estos caminos forman a ciudadanos libres, sin miedo. 

También la semana pasada, un día de mayo se convirtió en un día de agosto. Se batieron estadísticas de temperatura de tiempos remotos, y aunque un día no sea suficiente para que un científico determine su significado, los que vivimos ese bochorno pensamos, en algún momento, en el libro de Naomi Klein, Esto lo cambia todo, el capitalismo contra el clima. Nuestro modelo económico puede terminar con nuestro planeta y con nuestra especie. Y recordamos la conferencia de Al Gore que se hizo película: Una verdad incómoda. Lejos de modificar nuestra forma de vida, seguimos haciendo lo mismo: las emisiones de CO2 han aumentado en un 60% desde que se habló por primera vez de la necesidad del control de las mismas.

Esta semana estamos  escuchado discursos donde la tradición se enfrenta al progreso, y donde también, la falta de ideas ataca con el arma de costumbre, el miedo, a aquellos que buscan soluciones innovadoras a los problemas de siempre.

Con todas estas cosas fluyendo, en un estado relajadamente atento de lo que está ocurriendo, uno puede llegar a preguntarse: ¿cuántos Luis Buñuel hacen falta para que en ese combate, a tumba abierta, se atenúe el fuego, se dialogue, se razone, y la tradición más tolerante juegue al tute con el progreso más ecológicamente sostenible, dejando fuera de la partida a la picaresca? ¿Empezamos a repartir cartas para comenzar a jugar, sin trampas, la primera gran partida del siglo XXI? ¿Te atreves a ser tú el que reparte? Hazlo sin miedo. Nos jugamos mucho.

@miguelcastrou

@detrasdlatrama

detrasdelatrama@gmail.com

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Categorías: Actualidad , Ciencia , Cine

Miguel Castro   21.may.2015 12:54    

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Miguel Castro Uceda

Bio Detrás de la trama

“La cura contra el aburrimiento es la curiosidad. No busques un remedio para la curiosidad: no tiene cura.” Dorothy Parker. De esta cita nació este blog, con el propósito de poner remedio a esa curiosidad que nos hace buscar, escarbar, investigar… Una búsqueda a la que hay que intentar añadir un pequeño esfuerzo para que el trabajo no sea en balde, e intentar que surja…, de una imagen, de una palabra, de una música…, algo parecido a una idea. Y, si fuera posible, trabajar esa idea y conectarla a otras áreas del conocimiento. Un viaje que me gustaría que hiciésemos juntos. Atentos pero relajados: con el corazón y la razón dispuestos a abrir los sentidos; con la precaución necesaria para evitar que, como dice el refrán, la curiosidad mate al gato. Cuento contigo.
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