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Guerra Fría en la frontera

Con las primeras luces del día comenzó el tránsito en la frontera. Treinta mil colombianos se remangaron los pantalones y cruzaron hacia Venezuela. Es lo que hacen todos los días, poner el pie en el país vecino, completar su jornada de trabajo, y regresar. Sólo que esta vez se saltaron el control policial y la aduana y emprendieron el camino descalzos y a pie, aprovechando que el río bajaba lo suficientemente vacío como para no interrumpir su marcha ni poner en peligro sus vidas.

La escena se produce a diario estos días en ambos lados de la frontera, en esa línea difusa que separa el Departamento de Norte de Santander (Colombia) y el Estado de Táchira (Venezuela). Evidentemente los colombianos ya tienen suficientes problemas para jugarse el tipo cruzando un río. Pero de momento ha sido la única manera de llegar al trabajo, porque varios días de esta semana Venezuela ha cerrado la frontera en los tres puentes que unen los dos territorios.

La decisión de Hugo Chávez, que amenaza con cerrar los pasos definitivamente, no se produjo de un día para otro. Desde hace un par de semanas, las relaciones entre Caracas y Bogotá, que ya estaban bastante mal, han tocado casi fondo. Y todo a cuenta de oscuros episodios dignos de los mejores tiempos de la Guerra Fría. Primero, el asesinato en Táchira (Venezuela) de un grupo de 11 personas, entre ellas, ocho colombianos. Según los testigos y sus propias familias, eran vendedores de maní. Según el gobierno venezolano, eran paramilitares que se habían infiltrado desde Colombia y tenían oscuros planes contra el gobierno de Hugo Chávez. Todavía se investiga quién los mató. Hace unos días, también en Táchira, dos miembros de la Guardia Nacional venezolana fueron tiroteados por un grupo de sicarios. Según Caracas, fueron asesinados por paramilitares.

Y en medio de todo esto, cómo no, la guerra de espías. Venezuela anuncia la detención de tres miembros del DAS, el Departamento Administrativo de Seguridad, que aquí en Colombia viene a ser como el servicio secreto. Y días después Bogotá hace lo propio con un miembro de la Guardia Nacional venezolana que al parecer espiaba en el país vecino.

¿Qué está pasando en la frontera? Nadie lo sabe a ciencia cierta, pero parece claro que los dos países están jugando peligrosamente a la guerra en un territorio demasiado complejo. Colombia y Venezuela comparten más de dos mil doscientos kilómetros de una frontera que parece fuera de control. En primer lugar porque buena parte del territorio que une a los dos países es una zona boscosa y de difícil acceso, y ni la policía colombiana ni la venezolana pueden (o quieren) echar un ojo a todo lo que pasa por allí.

Y lo que pasa por allí es mucho, porque esa frontera ha estado históricamente marcada por el conflicto. Por allí se mueven, de un lado a otro, grupos guerrilleros, paramilitares, narcotraficantes y temibles bandas de delincuentes. Y en ese caldo de cultivo no faltan acusaciones. Bogotá acusa a Caracas de hacer la vista gorda y permitir que las FARC y el ELN encuentren refugio seguro en su territorio. Y el gobierno de Chávez responde que la guerra viene de Colombia, y que ni la guerrilla ni los paras nacieron en Venezuela.

La situación es tan tensa que el ex presidente colombiano Ernesto Samper dice abiertamente que los dos países viven “en un estado de preguerra”. Nadie sabe si la sangre llegará al río, pero los que sí sangran desde hace tiempo, ajenos a las decisiones de sus políticos, son los comerciantes de ambos lados de la frontera. Cada día de bloqueo se pierden más de 6 millones de dólares, y el intercambio comercial entre los dos países, que el año pasado superó los 7 mil millones de dólares, sigue cayendo en picado.

Y mientras la gente se moja los pies para no perder el trabajo, son muchos los que se preguntan qué hacen los dos mandatarios. Y más de uno piensa que Chávez y Uribe son listos, muy listos, y que a ambos les interesa llenar titulares con tensiones fronterizas. Porque mientras la frontera hierva sus problemas internos se congelan. A Chávez le interesa que suenen tambores de guerra con el vecino de al lado, la nación traidora –dice- que le puso una alfombra roja a las tropas yankees con el reciente acuerdo sobre el uso de las bases militares. Tal vez así se hable menos de la criminalidad en Caracas, donde cada fin de semana las morgues se llenan con los cuerpos sin vida de unos 50 adolescentes. Tal vez así se hable menos de los cortes de agua y luz que desde esta semana y durante seis meses sufrirán los venezolanos, algo paradójico en un país con los segundos recursos hídricos más grandes del continente.

Y mientras la frontera echa humo y los medios colombianos miran a Chávez como al mismísimo diablo, esos mismos medios dedican menos tiempo a los escándalos que rodean a Uribe: a su enfrentamiento con la Corte Suprema de Justicia, que se niega a dar el visto bueno a los candidatos a fiscal del estado que propuso el gobierno porque no los considera aptos para el puesto; al escandaloso reparto de subvenciones agrarias a multimillonarios hacendados de la costa; y sobre todo, a esa “encrucijada del alma” que tiene Uribe sobre si se presenta o no a una segunda reelección, y que cada día le genera más críticas dentro y fuera del país porque la Constitución colombiana lo prohíbe de manera expresa.

Y así, mientras los dos presidentes utilizan la crisis en beneficio propio, a los colombianos y a los venezolanos de a pie sólo les queda rezar para nunca se levante aquí un muro de Berlín… a ambos lados de la frontera.

13 Comentarios


Lo que nos cuentas es gravísimo y los perjudicados los de siempre: esos compatriotas, los administrados, por los que esos presidentes dicen que trabajan, mientras sus comportamientos dicen otra cosa, evidentemente. Es lo que hay, por desgracia, cuando dos impresentables de cuidado hacen la papelada de ser presidentes y por salir en una foto hacen cualquier cosa. ¡Qué cruz llevan en Sudamérica!, donde no parece que hay un presidente en condiciones y los que están pretenden perpetuarse en el cargo todo lo que puedan: reformando la Constitución en beneficio propio(Venezuela), intentando saltársela a la torera (Colombia), con una asonada o a como dé lugar, que dicen por allí.

Lo mismo de siempre, don presidentes que anteponen sus intereses personales a los de sus respectivas ciudadanías...

totalmente de acuerdo con DAN Y MZ
tanto Chávez com Uribe son los propios HDGP.

Es síntoma de inmadurez y atraso de dos estados fallidos con lo peor de lo peor y más corrupto de los líderes de Suramérica.

siempre el mismo egoísmo de los mandatarios, que anteponen sus intereses espúreos al interés general. y claramente no creo que la población colombiano ni la venezolana se merezcan los presidentes que tienen.

ya lo dejas caer, acertadamente, tú mismo, luis. Ni Colombiani Venezuela semerecen los presidentes que tienen. Todo el día echándose los trastos a la cabeza y al final son idénticos, porque los dos no buscan otra cosa que perpetuarse enel poder.un abrazo

Por cierto, coincido también contigo y con los colegas de los comentarios en que la población, por su puesto, les importa bastante poco. Siempre antepondrán sus intereses personales. Qué asco de presidentes.

Uribe y Chávez, Chávez y Uribe, tanto monta monta tanto, creo que los dos son tan egocéntricos que podrían gobernar perfectamente el país del otro con tal de permanecer en el poder. Buen artículo

Es una montañita de tierra, con un leve parecido a volcán. Los escandalos suceden, se hacen públicos, nos horrorizamos y luego le echamos el montocito de tierra porque "hay asuntos más importantes que están sucediendo". El hecho de que dos insituciones estén enfrentadas es un horror y estamos con la venda puesta, tal vez esperando que alguien más nos resuleva el asunto de la manera en que mejor le parezca.
Y en cuanto a la situación con Venezuela, la verdad es que uno no sabe muy bien quién tiene la razón aquí. Eso sí, el muro de guerra fría ya está bien cimentado. Habrá que ver quien lo va a construir.

Saludos,

Paz

Y mientras EEUU frotándose las manos. Nunca va a haber un presidente en condiciones en ningún país de suramérica. Todas las veces que ha aparecido uno bueno, ha desaparecido trágicamente al poco tiempo. Mientras se tiren los trastos a la cabeza los unos a los otros y dejen que sus países se hundan más si cabe, nadie se fija en lo que realmente está pasando en suramérica, en lo que está haciendo EEUU.

Ya conoces la idiosincracia colombiana.

mmmmmmmmm kisiera conoser colombia pero no puedo
bueno te lo deseo toda la bendision de nuestro Dios y sigue adelante conosiendo colombia

es trite ber es tas cosas pero mas triste es leer apersonas como ustedes que lo que acen es alimentar las patrañas de uribes los venezolanos cienpre emos cido un puevlo pasifico pero tanbien tenemos que acer rrespetar nuestro de rechos ceaquin cea caiga quien caiga volibar lo dijo un dia a usa i el pueblo venezolano lo rrespalda hoi no aceptaremos nin guna ofensa venga de dondebenga por que la verguensa no ce conpra ni la patria se rregala si es to pasara entre usa i canada que crees tu que pasaria pues usa de clarari ala gerra a canada ono lo inbadiria ono rronperia rrelaciones ono

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Luis Pérez


Hace ya casi dos siglos que el gran sueño de Simón Bolívar se fraguó por estas tierras. La Gran Colombia, una nación compuesta por varias repúblicas recién independizadas de España, echó a andar en 1819. Moriría doce años después, en 1831, víctima de revueltas internas y del desencanto con un Libertador que terminó pervirtiendo ese proyecto de unión suramericana con un Gobierno muy parecido a una dictadura. La Gran Colombia agrupaba varios países.
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