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La boda de Abimael

La prisión de la Base Naval del Callao, en Lima, no es el mejor lugar para casarse. Hay pocas cosas románticas en un recinto con muros de cuarenta centímetros de espesor hechos de cemento armado resistente a explosivos. Esa cárcel, una de las más seguras del mundo, fue construida específicamente para alojar a su huésped principal: Abimael Guzmán. Guzmán fue el líder de Sendero Luminoso, el grupo terrorista que desafió al Estado con una guerra que dejó 70 mil muertos y desaparecidos desde principios de los 80 hasta su captura, en 1992.

A buen seguro, al Presidente Gonzalo (su nombre de guerra) no le consultaron los detalles de su nueva “vivienda”. No le dijeron que entre su celda y la calle median esos muros de cemento, siete puertas metálicas custodiadas y otro muro de ocho metros rematado con alambre de espinos y vigilado por los hombres más armados de Perú. Eso, sin contar el campo minado que domina el perímetro exterior y los doscientos metros de pantanos que separan ese espacio del mar. Definitivamente esa cárcel no es el mejor lugar para fugarse, así que Abimael ha pensado otro plan. Guzmán quiere casarse allí, en su pequeña celda de 2x3 metros, con su compañera sentimental, Elena Iparraguirre, otra destacada dirigente de Sendero. En realidad no tienen otra opción, porque a Guzmán y a Iparraguirre los condenaron en 2006 a cadena perpetua por delitos de terrorismo y violación de los derechos humanos.

Guzmán e Iparraguirre se conocieron jóvenes. Las lecturas universitarias de Marx, Lenin o Mao derivaron luego en su cruzada contra el Estado, en esa guerra popular que pretendía tomar el poder desde el campo a la ciudad, porque en el campo estaban las clases sometidas por el yugo de la burguesía y el capitalismo. Nadie tosía sus decisiones en Sendero. Supongo que entre el fragor de la lucha armada, entre las lecturas marxistas-leninistas y las líneas finalmente torcidas de la Revolución Cultural, encontraron tiempo para el amor. Las malas lenguas dicen incluso que Iparraguirre ordenó deshacerse de la primera mujer de Guzmán, otra destacada militante de Sendero.

Tras varios meses de seguimientos, a Guzmán y a Iparraguirre los detuvo la policía en un modesto apartamento de Lima, en 1992. Desde ese día compartieron pena en la cárcel de la Base Naval de Callao, y el amor que se fraguó en la lucha armada y en la clandestinidad, prosiguió luego entre rejas. Ambos compartieron penal hasta que en 2006 el Gobierno decidió separarlos. La cárcel tiene pocos momentos para el esparcimiento. Guzmán está en régimen de aislamiento total. Legalmente apenas pueden verlo sus familiares, pero sus familiares han renegado de Guzmán. Así que el líder de Sendero Luminoso sólo conversa con su abogado o con los delegados de la Cruz Roja Internacional. El resto del tiempo lo pasa leyendo o paseando por un patio de diez metros cuadrados, pensado, supongo, en su boda con Elena mientras contempla las nubes grises de Lima.

Hace unas semanas, Abimael y Elena se declararon en huelga de hambre porque el Estado al que combatieron no permite que se casen. Eso al menos dicen sus abogados, convencidos de que tanta burocracia y tanto papeleo sólo tiene como objetivo retrasar su pacto de amor. Y sin embargo, el presidente Alan García dice que no, que ellos tienen tanto derecho a contraer matrimonio como cualquier otro ciudadano, que cuando se resuelvan los trámites serán marido y mujer. Hace unos días le pregunté al presidente García por Guzmán durante una entrevista en Lima. Básicamente me dijo que es un ser que le da “asco”, pero que tiene sus derechos y puede casarse. Eso sí, será un amor a distancia porque las leyes peruanas son claras. Los condenados a cadena perpetua pueden recibir visitas de sus cónyuges… siempre que esos cónyuges no cumplan condenas de cadena perpetua. Así que Elena y Abimael deberán contentarse con cartas de amor, y con el recuerdo de aquellos días de juventud en los que soñaron con cambiar Perú con una guerra popular que, desgraciadamente, defendía la violencia como el primer paso para la verdadera transformación. La jugada les salió mal. La boda les puede salir peor.

13 Comentarios

Y sí , cedemos y cambiamos derechos humanos por ¿deberes humanos? Un saludo Luis.

A esto he de añadir no hay que irse para estar cada cual que lo interprete como quiera ;)

No entiendo la polémica es un extracto de Dragó sin ninguna doble intención pero es cierto, probad a leerle.

Pues nada procuraré no citarle más

os pido perdón

vamos a ver a lo que quiero decir es que meditando se está sin irte eso es.

Y ya pido perdón no se cuantas veces más

Guzman fue un criminal q hundio a peru en el terror y no merece ningun tipo d beneficio penitenciario

Hola. Tus derechos terminan donde empiezan los mios. Esta persona que en un momento de su vida o de la historia cometio tales delitos y atrocidades, violo todos los derechos de los demas. Por que yo tengo que velar por los tuyos, si tu no velastes por los otros. Tiene derecho al matrimonio, pero que esto sea a traves de Poderes Legales, en representacion de Abogados. No una ceremonia religiosa ni en persona. Muy buen articulo

Guzmán tiene lo que se merece, cárcel de por vida, y ha tenido suerte porque en este país no hay pena de muerte. Fue un criminal, y debe respetar el régimen penitenciario que establece la ley para los terroristas más peligrosos, es decir, máximo aislamiento. Buen artículo

Saben la saca barata Abimael, si el fuera el presidente y garcia el detenido, veriamos que hace con la solicitud de matrinomio. Pero debemos y repito, debemos respetar los derechos de todos sino nuestras sociedades peligrarian.

No hay amor que justifique el incumplimiento de las leyes o de una condena, pero la historia es perturbadora. Muy buen post. Me encanta tu forma de ver y contar las cosas.

“…Como sucedió en varios otros momentos de nuestra historia militar, la logística y el comando y control de la Fuerza Armada fueron más bien débiles en la relación entre las grandes y las pequeñas unidades. Por eso, la capacidad de iniciativa que tenía cada joven teniente o capitán que se hacía cargo de un distrito, era muy grande. Con muy pocos medios, tenía que alimentar, cuidar y mantener la disciplina de su tropa. A la vez, debía operar y, finalmente, proteger a la población local. Para los jóvenes, inicialmente inexpertos oficiales, al mando de muchachos casi adolescentes, generalmente foráneos (casi siempre llegaban de otras provincias), el desafío era inmenso y las instrucciones mínimas o inútiles.
Por eso, hay veteranos que sostienen que la guerra con Sendero Luminoso fue una guerra de tenientes y de capitanes. En esa situación de responsabilidad e inexperiencia, las diferencias individuales afloraron y fueron decisivas. Muchos jóvenes oficiales se identificaron profundamente con la población que les tocaba defender y se convirtieron en líderes comunales en tiempos de guerra.
En otros, sin embargo, el poder, la distancia cultural, la sospecha y el miedo, los convirtieron en tiranos impredecibles. A veces un tipo de oficiales sucedió al otro de un año al siguiente. Para los comarcanos, sobrevivir no solo suponía enfrentar a Sendero.
Claudio Montoya fue un joven teniente de ingeniería en el Ejército durante los años duros de la guerra. Ingeniero o no, le tocó actuar como infante una y otra vez, en increíbles marchas y misiones entre descabelladas, cómicas, heroicas y muchas veces trágicas. Años después, retirado , escribió una novela en primera persona(1) sobre sus días de campaña, y su lectura enseña más que la mayoría de análisis…”
Gustavo Gorriti, Revista Caretas 2131
(1) La Guerra de los Tenientes, Memorias de la Guerra con Sendero Luminoso. Claudio Montoya Marallano (2008)

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Luis Pérez


Hace ya casi dos siglos que el gran sueño de Simón Bolívar se fraguó por estas tierras. La Gran Colombia, una nación compuesta por varias repúblicas recién independizadas de España, echó a andar en 1819. Moriría doce años después, en 1831, víctima de revueltas internas y del desencanto con un Libertador que terminó pervirtiendo ese proyecto de unión suramericana con un Gobierno muy parecido a una dictadura. La Gran Colombia agrupaba varios países.
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