4 posts de junio 2010

La vida sin Pedro

La vida sin Pedro Cárdenas no es fácil para su familia. A la ausencia personal, irreparable, se une la delicada situación económica en la que quedan su esposa y sus hijos. La revista de Pedro era su único ingreso. Sin Pedro y sin la revista se fueron sus pocos recursos. Marlene, Nancy y Pedrito no lo están pasando bien. No es fácil pedir ayuda cuando faltan medios, incluso para pagar el entierro de Pedro. No escribiría estas líneas sin la autorización expresa de los tres. Y estas líneas son simplemente para que, quien quiera ayudarles, pueda hacerlo. Hay una cuenta abierta en una sucursal del Banco de Santander, en Bogotá. Está abierta a nombre de Eduardo Márquez. Eduardo es la persona que más tiempo ha dedicado al caso de Pedro, y el que más pendiente ha estado de su familia. Él es el director del Centro de Solidaridad de la Federación Internacional de Periodistas y presidente de la Federación Colombiana de Periodistas. La familia de Pedro os da mil gracias, de corazón, por vuestra colaboración. Éste es el número de cuenta donde podemos echarles una mano con lo que buenamente podamos:

BSCHCOBB 041003944

La urna y el balón

Faltaba una semana para que empezara el Mundial, pero los restaurantes y las cafeterías pensaban ya en cómo hacer su agosto en pleno mes de junio. Ofertas de desayunos, sorteos de televisores, buen ambiente y mejores productos para sentir más viva que nunca la pasión por el fútbol. Desde las 6 de la mañana, hora colombiana, rueda el balón. Y con cada balón que rueda se agitan las almas de las aficiones. El Mundial paraliza a Colombia, un país donde el fútbol es una religión, y donde los feligreses futboleros dejan todo lo que tienen entre manos para ver cómo en Sudáfrica se patea una bola de cuero, sin importar que la selección de Colombia duerma el sueño de los justos porque no está jugando el Mundial.



El destino ha querido, por tercera vez en la historia, que la mayor fiesta del fútbol coincida con la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en las tierras de Macondo. Ya lo hizo en el 94, cuando Brasil derribaba al muro italiano desde la tanda de penalties, cuando Roberto Baggio elevaba el esférico por encima del larguero y casi lo saca del Rose Bowl de Pasadena, mientras aquí el liberal Ernesto Samper ejercía de Romario y derrotaba al conservador Andrés Pastrana. Ya lo hizo en el 98, cuando Pastrana se tomó la revancha frente a otro liberal, Horacio Serpa, mientras Zidane y compañía se bebían toda la caipirinha del mundo para celebrar aquel 3 a 0 con el que Brasil mordió la hierba del Stade de France en Saint Denis.



El fútbol y la política vuelven a mezclarse otra vez en Colombia. Esta vez son Juan Manuel Santos y Antanas Mockus quieren se juegan la presidencia del país, a la misma hora en que Brasil, por ejemplo, intentará doblegar a Didier Drogba y a sus guerreros de Costa de Marfil. Santos y Mockus jugarán su partido este domingo y probablemente sean los dos únicos colombianos que pondrán su mirada en las urnas y apagarán el televisor. Y sin embargo, un día antes de los comicios, Santos y Mockus hablaron de nuevo de lo que pasa en Sudáfrica, como si fueran ellos quienes se disponen a gobernar ese país. Santos repite que Brasil ganará el Mundial, Mockus… que ganará España. Pero el último llamamiento de ambos tenía la religiosidad del ruego, porque pedían a los colombianos, casi de rodillas, que olviden el fútbol por un día y decidan con juicio quién será el presidente, casi el director técnico, de 44 millones de colombianos.

Porque mientras Robinho y Kaká intentarán batir al portero del combinado africano, Santos y Mockus harán un llamamiento público para que Colombia sacuda su pereza y le meta un gol a la abstención. La clase política teme, y con razón, que la participación en estas elecciones no supere las expectativas. Históricamente este es un país abstencionista, y en cada elección más de la mitad de los electores prefiere quedarse en casa que acudir a votar. Con un Mundial de por medio, todo el mundo teme lo peor. Más aún teniendo en cuenta que todo parece cantado en esta segunda vuelta. Santos sacó a Mockus 25 puntos en la primera vuelta, y las últimas encuestas ampliaban su ventaja a casi 40 puntos en esta nueva elección. Todo parece cantado, se sabe de antemano el resultado, así que muchos preferirán ver a la canarihna batirse el cobre en televisión.

Y todo esto, repito, con la selección colombiana fuera del Mundial. Trato de imaginar estos días cómo estaría el país si once muchachos colombianos saltaran a la cancha estos días en la lejana Sudáfrica. Trato de imaginar cómo se celebró en el 90 aquel postrero gol de Freddy Rincón frente Alemania que dio el pase a la segunda fase ( http://www.youtube.com/watch?v=u4tdxu6e-pw&feature=related ) .Trato de imaginar cuánto se lloró días después aquel error de René Higuita frente al Camerún de Roger Milla, aquel chaval de 38 años que despertó a Colombia del sueño mundialista y devolvió a los muchachos a casa ( http://www.youtube.com/watch?v=COOpbHKWp28 ). Desde entonces poco se ha celebrado en Colombia. Apenas aquella tarde gloriosa del 5 de septiembre de 1993, cuando el Tino Asprilla se elevó a los cielos con tres goles y llevó de la mano al Tren Valencia, a Carlitos “el Pibe” Valderrama, a Leonel Álvarez o a Óscar Córdoba, protagonistas todos de aquel histórico 0 a 5 frente a Argentina ( http://www.youtube.com/watch?v=MyvnXemunk0 ) . El estadio Monumental de River enmudeció al mismo tiempo que empezaba a correr el trago en Colombia, protagonista aquella noche de una rumba nacional que ha pasado a los anales de la historia.

Así que pensar que la política pueda desatar todas esas pasiones, para bien o para mal, es algo tan impensable como colar el balón en la urna y lograr, así, la cuadratura del círculo.

El sindicalista, la muerte y el libre comercio

No me pasa a menudo, pero me pasa. Llego al trabajo por la mañana, leo la prensa colombiana, y de repente empiezo a comprender por qué es tan importante el realismo mágico en este enorme país que se llama Macondo. Sin aceptar el realismo mágico sería imposible entender muchas de las cosas que ocurren aquí, muchas de ellas disparatadas y fuera de toda lógica. Un ejemplo, la situación del sindicalismo en Colombia. Hoy he leído tres noticias que tienen que ver con el tema. Por partes:



Leo que el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, está muy contento con un informe que acaba de publicar la Organización Internacional del Trabajo. La O.I.T. ha excluido a Colombia, por tercer año consecutivo, de la lista de naciones examinadas por incumplir convenios sobre protección laboral. Hablando en plata, la O.I.T. considera que no ha de observar o sancionar a Colombia porque aquí las cosas van bien, porque aquí se protege a los trabajadores y se trata de maravilla a los sindicalistas.



Luego leo en otro periódico que Colombia fue el país con más líderes sindicales asesinados en 2009. Sólo el año pasado murieron 101 representantes de los trabajadores en todo el mundo. Casi la mitad, 48, perdieron la vida en Macondo. De ellos, 22 eran reconocidos líderes sindicales, y 5 de ellos, mujeres. En lo que va de 2010 ya han matado a otros 15. Lo dice el informe anual de la Confederación Sindical Internacional (C.S.I), que añade esto: "Colombia ha vuelto a ser el país donde defender los derechos fundamentales de los trabajadores significa, con mayor probabilidad que en ningún otro país, sentencia de muerte, a pesar de la campaña de relaciones públicas del Gobierno colombiano en el sentido contrario”.

Finalmente leo en todos los periódicos que hoy llega a Colombia Hillary Clinton, la secretaria de Estado de Estados Unidos. Y leo también que uno de los temas fundamentales del encuentro será el Tratado de Libre Comercio entre Washington y Bogotá. El TLC ya está firmado, pero la mayoría demócrata en el Congreso de EEUU se ha negado a ratificarlo por las continuas violaciones de los derechos humanos que sufren los trabajadores colombianos, especialmente, los sindicalistas.



Leo todo esto y luego pienso qué le dirá Uribe a Hillary cuando se sienten hoy alrededor de un café para hablar del tema. Y pienso también con qué versión de lo ocurrido se quedará la Secretaria de Estado, y si no tendrá que tirar del realismo mágico para evitar marcharse de aquí sin entender un carajo de lo que pasa en Colombia con quienes defienden los derechos de los trabajadores.

Adiós, Pedrito, adiós

Querido Pedro:

Nunca pensé que un día te escribiría horas después de conocer tu muerte. En realidad escribo sin asumirlo, pensando todavía en aquella conversación que mantuvimos hace apenas tres días. Me sorprendiste de madrugada con aquella llamada intempestiva. Me contaste lo de tu caída, la fractura, las magulladuras. Hablabas como asustado pero los dos intuimos que de ésta… también saldrías.



La vida a veces es demasiado ingrata. Contigo sin duda lo ha sido. Escapaste durante años a las amenazas de los paramilitares, de los mafiosos, de los políticos corruptos metidos en negocios demasiado turbios. Te pusieron en la diana por contar la verdad, por airear los bajos fondos de la parapolítica, por desvelar de dónde venía el dinero ilegal de las mafias o quién se lucraba con el dinero público. Ningún Capo pudo contigo, ningún Patrón pudo sobornarte pese a que siempre fuiste un blanco fácil, pasando hambre como pasaste por sacar una revista sin tirada y sin precio, sobreviviendo apenas con las propinas de la gente allí donde alzabas la voz y sellabas con tinta cualquier denuncia.

Ningún sicario pudo matarte, y eso que tú, como los grandes futbolistas, arriesgabas al máximo en cada jugada, buscabas el gol del siglo cada vez que repartías tu revista en zonas del enemigo, en las ciudades y pueblos donde políticos y paramilitares amañaban los negocios ilícitos que luego tú desnudabas. Alguna vez te pregunté si todo esto merecía la pena, si tenía sentido pasar hambre y poner en riesgo a tu familia para que el vecino de al lado conociera la verdad. Y me contaste que difundir la verdad era el mejor oficio del mundo, aún a costa de las amenazas recibidas, de los atentados contra tu casa, de las palizas que recibieron tus hijos para secar tu pluma y enterrar tus verdades con el manto del olvido.



Y tú nunca te callaste, tal vez porque tenías en casa el motor que te movía. Fueron tus hijos y tu esposa quienes más te animaron a seguir el camino. Marlene y Nancy siempre hablaron con admiración de ti. Cuando las conocí me dijeron que si alguna vez te ibas habría que inventarte. Y en eso estamos ahora, buscando cómo reinventarte antes incluso de acudir a tu entierro. Y asumiendo que Pedro Cárdenas, como Maradona o Pelé, sólo hubo uno. Te fuiste sin tiempo de ver tu trabajo, sin tiempo de sentarte un rato y observar el retrato del oficio maldito que hicieron Guardiola y sus chicos de En Portada en ese “Maldito oficio” que se emitió hace apenas una semana. Guardiola está triste y jodido, como lo estamos quienes te conocimos. Jodido porque pensaba que ver tu curro podría animarte. Ese trabajo quedará en manos de tu mujer y de tus hijos. Porque cuando tu féretro emprenda el camino a Mariquita, un avión cruzará el Atlántico siguiendo tu estela y llevará una copia del programa para tu familia. Sólo podemos darles eso, demasiado poco para lo que mereces, demasiado poco para la historia maravillosa que nos brindaste y la amistad generosa que nos diste. Pero será un buen recuerdo para los tuyos y podrán comprobar lo que ya saben: que Pedro Cárdenas era un buen periodista y, por encima de todo, una buena persona.

El infarto cerebral que te sacó de este mundo te sorprendió en Mariquita. Allí investigabas, de nuevo, las conexiones perversas de políticos y paramilitares. Te desplomaste, te llevaron a Bogotá, y allí te fuiste, sin tiempo de tintos ni despedidas. Y sin embargo tu mujer y tu hija volverán a llevarte a ese pueblo del Tolima, porque esa era tu voluntad. Tu familia te tendrá cerca. Tus enemigos, también. Ojalá te levantes como el Cid y ahuyentes con tu figura los viejos hábitos de políticos, mafias y grupos armados que siguen gobernando en muchas zonas de tu país. Te fuiste, repito, sin despedirte, pero quienes te conocimos aprendimos que en Colombia existe el periodismo libre, ajeno a intereses empresariales o a decisiones “de arriba”. Ese periodismo te hizo pasar hambre y te llevó a la ruina. Viviste mucho peor que cualquiera de nosotros, pero te fuiste con la cabeza erguida y dando ejemplo a tu familia, y eso es algo que no se paga con dinero y que no todos podremos hacer… ni en ésta, ni en muchas vidas.

P.D. Pedro Cárdenas, uno de los protagonistas del programa de En Portada "Maldito oficio", murió ayer en Bogotá. No lo mataron las balas de quienes siempre le apuntaron por contar la verdad. Se lo llevó un maldito infarto cerebral cuando investigaba el enésimo caso de corrupción. Pedro fue un periodista valiente y honesto. Su mujer y sus hijos le ayudaban con su revista y hoy están llorando su muerte. Pero dentro de poco se levantarán y saldrán adelante, porque si algo les enseño Pedro es que en esta vida no hay nada que te detenga si crees en lo que haces y confías en ti mismo, por muy grande que sea el adversario... o la adversidad.

Luis Pérez


Hace ya casi dos siglos que el gran sueño de Simón Bolívar se fraguó por estas tierras. La Gran Colombia, una nación compuesta por varias repúblicas recién independizadas de España, echó a andar en 1819. Moriría doce años después, en 1831, víctima de revueltas internas y del desencanto con un Libertador que terminó pervirtiendo ese proyecto de unión suramericana con un Gobierno muy parecido a una dictadura. La Gran Colombia agrupaba varios países.
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