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La Madre Covadonga

Aquella mañana de 1950, la Madre Covadonga cogió a su madre del brazo a la salida de misa. Sin pensarlo se acercó a su oído y le dijo: “Mamá, me tengo que ir lejos, a las misiones”. Era la tercera vez que esta asturiana de Campomanes escuchaba la voz interior que le pedía que dejara su tierra y cruzara el Atlántico para entregar su tiempo y su vida a los pobres de Perú. La madre le respondió que se preparase para sufrir. Pero desde que pisó tierra Inca, a mediados del siglo pasado, la Madre Covadonga se ha dedicado, más que a sufrir, a aliviar el sufrimiento de los desamparados.

Uno puede creer en Dios o no, pero más allá de la religión y las creencias personales, uno siempre debería creer en personas como esta monja, por ser como es, y sobre todo, por su compromiso y por su acción. La Madre lleva más de 60 años combatiendo la pobreza y la injusticia, luchando contra el analfabetismo y contra el olvido de los más olvidados del país. Lo hizo en Cañete, recién llegada de España, cuando atendía a los criados de las grandes haciendas de los criollos. Y desde principios de los 80 lo hace en Ayacucho, al este de Perú, un lugar que intenta erguir la cabeza tras los años plomo de la guerra.

Ayacucho fue el escenario de las peores matanzas que ha vivido Perú en su historia reciente. Los crímenes atroces de la guerrilla maoísta Sendero Luminoso, las salvajadas sin nombre del Ejército que la combatía. En Ayacucho todavía buscan a miles de víctimas de aquel conflicto que cazó de lleno a los más débiles, en su mayoría, paupérrimos campesinos quechuas.



Como si el destino hubiera escuchado a su madre, la monja española llegó a Ayacucho preparada para sufrir. Porque su arribo coincidió con la peor época de la guerra. Matanzas, desapariciones, cuerpos descuartizados por senderistas, cuerpos torturados y ajusticiados con un tiro de gracia por el Ejército. Y en medio de la desgracia, la Madre Covadonga siempre asistió a las víctimas y a sus familiares sin preguntar de qué bando eran, sin preguntar si creían en Dios o no. Iba a los entierros, a los duelos, a los funerales y a los velorios. Escuchaba el llanto desconsolado de unos y otros, de las víctimas de los “terrucos” (como llamaban a los senderistas), y de las víctimas de la Marina de Guerra peruana, que en su misión de acabar con los terroristas se llevó por delante a miles de campesinos inocentes a los que vinculó injustamente con los maoístas.



Pero si en algún lugar es famosa la Madre Covadonga es en el penal de máxima seguridad de Ayacucho. La cárcel se fue llenando de presos según avanzaba la guerra. Y junto a los delincuentes comunes, matones, ladrones o violadores, fueron llegando los presos de Sendero Luminoso. Las condiciones de la prisión eran pésimas, la Madre lo sabía por sus conversaciones con las familias de los reclusos. Y por eso un día de 1982 decidió entrar al recinto, a sabiendas de que entrar, en aquella época, significaba no volver a salir.



Pero salieron, y desde ese día volvieron a entrar casi a diario para escuchar lo que tenían que contar los presos. La monja se ganó su confianza porque simplemente les prestó su oído, atendió sus quejas y prestó auxilio espiritual a quien lo necesitaba y quería. Hablar fue una terapia para la Madre y una especie de catársis para los internos. Ella escuchaba, apuntaba y sugería. Y cualquier reclamación ante la dirección del penal llegaba hasta la mesa del alcaide a través de esta asturiana que roza ya los 90 años.

Tres décadas después de aquellas primeras visitas, la rutina sigue igual. La Madre entra como y cuando quiere al penal, los presos se acercan, le hablan. Ella escucha, asiente, desliza las palabras y toma nota. Y sobre todo ejerce de hilo conductor entre los presos y sus familias. Es ella quien más lucha por mejorar la situación de los habitantes del penal. Se planta ante el alcaide y reclama un techo cubierto para el patio donde los reclusos trabajan para reducir sus penas. O le cuenta que ya no caben más presos, que el hacinamiento empeora las condiciones de vida tras las rejas del penal.


Así es la Madre Covadonga, una mujer comprometida; una mujer que pasó miedo y sufrió en la peor etapa de la guerra, cuando los tiros cruzaban las calles e impactaban casi a diario frente a su hogar; una mujer que denuncia que la pobreza y la desigualdad en Perú están peor que nunca, pese a las cifras macroeconómicas que presenta el Gobierno de Alan García; una mujer que no se olvida de su Asturias natal… aunque sabe que, si un día ha de morir, lo hará en Ayacucho, el lugar donde tenderá por última vez su mano a los pobres... y a los presos.



11 Comentarios

;)

El otro día en el programa de las mañanas de RNE, "En días como hoy" la conductora del programa atribuyó el último coche bomba de Bogota a la guerrilla de las FARC, no citó fuentes, ni nada similar que puediera avalar tal afirmación.
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Aún así, a continuación dió paso al sr. Pérez, corresponsal de RTVE en Colombia, que indicó claramente que hasta el momento no había ninguna autoría del atentado.
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Hasta el día de hoy no se ha vuelta a hablar del turbio atentado, ni de sus autores, aunque algunas fuentes, incluídas oficiales colombianas, lo achacan a la oscura narcopolítica de siempre, que no quiere perder sus priviligios, y seguir en la etapa de Santos, igual que estuvieron en la de Uribe.
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Sería interesante conocer la opinión del sr. Pérez sobre el tratamiento que se ha hecho en la radio pública, de la noticia antes comentada.
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Hasta el momento nadie en RNE ha realizado un desmentido o pedido disculpas a los oyentes por vertir una opinión personal dentro de una opinión.

me gusta que en los telediarios entren historias de este tipo, relatos humanos que poco tienen que ver con el politiqueo de turno.

UNo debería siempre creer en personas como esta monja. Sí.

Conocí la historia de la madre covadonga hace tiempo, y realmente tenía ganas de saber cómo era. Gracias por mostrarnos ese submundo de las prisiones y la generosidad sin límites de esta monja.

Sr. Pérez, no se si le llegarán a usted todos los comentarios que llegan a su blog.
!
En cualquier caso protestar por la censura cometida por la no publicación de mi comentario, que en ningún caso imcumple las normas de particiapación establecidas por RTVE.es, ni es ofensivo hacia nadie.
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Penoso y lamentable del papel que tiene a bien realizar la persona, que no periodista, que se encarga de censurar los comentarios.
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Espero que por lo menos no realice su cometido con la conciencia tranquila, ni tampoco lo justifique por todo por la pasta.
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No se preocupen más por mis comentarios, pues a partir de ahora dejaré de visitar este blog.
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Ahora, censor/a tiene otro comentario más que eliminar en defensa del buen nombre corporativo y de la libertad de expresión.

increíble historia la de la madre covadonga. gracias luis por acercarnos su relato, y por enseñarnos parte de la historia de este perú tan querido

y gracias también por acercarnos las vidas de esos seres anónimos y de enorme grandeza que tenemos regados por ahí

Bonito historia, como de costumbre. Estoy de acuerdo en que personas como la Madre Covadonga están por encima de la religión. Además, devuelven la fe en el ser humano.
Me alegro de que estés de vuelta.

La otra noche vi de forma casual en Asturianos por el mundo a la madre Covadonga en Ayacucho. Solo decir que me emociono muchísimo su fuerza, su ilusión por hacer cosas, por ayudar a los demás. Hablaba y no parecía tener mas de 20 años, me hizo llorar y sentí que el mundo sería muy diferente si sus valores fueran los de todos. Si me pueden facilitar su dirección de correos en Perú les estaría agradecida, quisiera escribirle dándole las gracias por todo su amor al prójimo.
Desde su tierra Asturias.
Maria

Conocí muy de cerca a la madre COVADONGA "Covita", estar cerca de ella te impregna, fortaleza, seriedad, justicia, respeto, solidaridad y una gran admiración.
En los años 2005 al 2011,que trabajé en ayuda psicológica a quienes había sufrido de la violencia política de los año 1980-1990 era visitada por personas muy humildes que buscaban justicia y si ella tenía que mover cielo y tierra para buscar a las personas indicadas (altas autoridades) lo hacía de día o de noche y conseguía ser escuchada.
En Ayacucho todos la respetan es una autoridad.
MADRE COVITA ANTES DE DEJAR ESTE MUNDO DEJA TU CLON.
GRACIAS

Sus palabras cuelan tus fibras las mas duras que puedas poseer y ella las hace flexibles y te vuelves un o una mansa criatura

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Luis Pérez


Hace ya casi dos siglos que el gran sueño de Simón Bolívar se fraguó por estas tierras. La Gran Colombia, una nación compuesta por varias repúblicas recién independizadas de España, echó a andar en 1819. Moriría doce años después, en 1831, víctima de revueltas internas y del desencanto con un Libertador que terminó pervirtiendo ese proyecto de unión suramericana con un Gobierno muy parecido a una dictadura. La Gran Colombia agrupaba varios países.
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