2 posts de octubre 2010

Entrevista a Correa

Han sido días muy duros para Rafael Correa, los peores de su vida, según él mismo ha admitido. Desde que el grupo de operaciones especiales lo rescató del Hospital de la Policía, Correa vive prácticamente en el Palacio de Carondelet. Desde hace una semana, la sede del Gobierno es un hervidero: reuniones, susurros, algún que otro grito, entradas y salidas de funcionarios. Todo el mundo pendiente de una posible llamada del presidente. Correa es un trabajador compulsivo. Su nivel de exigencia es altísimo, consigo mismo y con los demás. Ése -admite- es su principal defecto, y estos días lo pueden estar pagando sus colaboradores. Las jornadas de trabajo son intensas e interminables. El presidente duerme poco y su círculo más cercano, inevitablemente, tampoco concilia demasiado el sueño. Son días difíciles, y por eso es de agradecer la gestión de sus consejeros de prensa, que han escuchado los argumentos de este periodista y han conseguido que el presidente diera su visto bueno a una entrevista en exclusiva con TVE, en momentos en los que el tiempo para la prensa escasea porque todo son reuniones políticas con sus consejeros. Correa entra en la sala algo renqueante. Viene directamente del fisioterapeuta. Hace dos semanas le operaron de una rodilla y el pasado jueves esa rodilla, como el país, también sufrió los excesos de una tensión desorbitada por una protesta policial que derivó en revuelta o en intento de golpe de Estado, según a quién se pregunte. Cojea, pero se acerca, saluda, y pregunta al periodista cómo ha visto todo lo que ha pasado en Ecuador durante la última semana. El periodista sale del paso como puede, y rápidamente le dice, con una sonrisa nerviosa, que mejor responda él a esa pregunta.

Presidente, varios días después de los violentos disturbios que se vivieron en este país… ¿Qué pasó aquí en Ecuador el pasado jueves 30 de septiembre?

Sin lugar a dudas, es un intento de desestabilización, aprovechando un descontento por la mala información de la Policía Nacional. Pero dentro de la gente que, de buena fe, a rostro descubierto, reclamaba porque supuestamente le íbamos a reducir los salarios -lo cual es falso- había un grupo que se ha caracterizado por atentar contra los derechos humanos, torturar, desaparecer personas. Nosotros estamos investigando todos esos casos. Hay una fuerte resistencia de estos grupos de torturadores, que atentan contra los derechos humanos, que se infiltró, y también pudo haber gente infiltrada dentro de la Policía, dicho sea de paso, para crear desmanes, agraviar al presidente, etc., en vinculación con grupos políticos. Cada vez tenemos más pruebas de que esto fue preparado. Si usted lee o ve los discursos del día anterior, el día miércoles, de algunos miembros de la oposición… ni Nostradamus prediciendo que iba a pasar esto. Y ese día, de mañana, uno de los asambleístas, que es una vergüenza nacional de la peor calaña de estos grupos opositores, también dice que el Presidente está preparando las maletas porque lo van a linchar, porque le quitó los juguetes a la policía, etc. Insisto, ni Nostradamus puede hacer esas premoniciones. Entonces, claramente ahí ha habido vinculaciones. Desde la Asamblea, grupos opositores, básicamente Gilmar Gutiérrez, hermano del ex presidente Gutiérrez, dirigía la escolta legislativa. Borraron los vídeos para tratar de borrar cualquier evidencia de su involucramiento, pero teníamos respaldo, y tenemos las tomas donde la escolta legislativa, la policía que da seguridad a la Asamblea, ataca a nuestros asambleístas y deja pasar como a Pedro por su casa, a los asambleístas de la oposición con sus guardaespaldas armados. Todo lo dirige Gilmar Gutiérrez. En el regimiento Quito de la policía está uno de los lugartenientes de Lucio Gutiérrez, Fidel Araújo (militar retirado que fue asesor de comunicaciones del ex presidente Lucio Gutiérrez), que en estos momentos está preso por investigaciones, dirigiendo por teléfono todo. Trataron de sacar gente a las calles para derrocar al Gobierno, pero no lograron sacar ni a su gatito, creo que salieron 30 ó 40 pelucones (ricos) nada más. Y el que dirigía todo eso es el abogado de Lucio Gutiérrez. Y si usted revisa lo que ocurrió el jueves 13 de septiembre, es perfectamente análogo a lo que se hizo el 21 de enero del 2000, cuando derrocaron al ex presidente Jamil Mahuad, con la diferencia, que ahí la gente sí salió a la calle para pedir la renuncia del presidente. Acá salieron centenares de miles de personas, a lo largo y ancho del país, para respaldar a su presidente, y por eso les falla el golpe. El plan B fue tratar de atentar contra la vida del presidente y de los miembros del gobierno. Porque muchos miembros del Gobierno trataron de ser asesinados, como el ministro del Interior, que cuando salió del hospital, los francotiradores comenzaron a dispararle.

¿Quién o quiénes estuvieron detrás de ese intento de golpe de Estado? ¿Fue algo que se coció aquí en Ecuador o hubo algún tipo de injerencia externa?

No, no tenemos pruebas de que haya injerencia externa, al menos, en cuanto a política exterior de un país. Pueden ser los grupos retardatarios que siempre auspician este tipo de cosas, pero mire, hay un núcleo muy duro en la Policía Nacional, que hemos estado combatiendo en estos tres años y medio de Gobierno. La Policía Nacional era una de las instituciones más complicadas de este país, por llamarlo de alguna manera, con un historial de torturas, desapariciones, de prácticas atentatorias a los derechos humanos… todo eso lo hemos cortado de raíz, y estos grupos que han estado acostumbrados a estas prácticas en medio de una total impunidad, quieren seguirlas manteniéndolas. Y, por el contrario, nosotros hemos reabierto casos que supuestamente estaban cerrados, pero en los que no se llegó a conclusiones contundentes. Hay algunos policías presos por atentados contra los derechos humanos, y a estos grupos fascistoides, esto les molesta mucho y ése es uno de los motivos de la insubordinación. Usted puede ver en los pasquines que se nos acusa de terroristas, de guerrilleros, de Alfaro Vive, que era un grupo insurgente de los años 80, etc. Y esto, obviamente, vinculado a sectores políticos de la oposición, que quieren por todos los medios -saben que no nos pueden vencer en las urnas- tratar de desestabilizar al Gobierno. Y lo hacen, insisto, con la misma estrategia que utilizaron el 21 de enero del 2000, con la gran diferencia de que allí el pueblo salió a las calles a pedir la renuncia del presidente, y acá el pueblo salió a las calles para respaldar al presidente.

Presidente, usted, entiendo, está en contacto permanente con el Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, que el mismo día del intento de golpe dio una comparecencia pública para mostrarle su apoyo… ¿qué es lo que le cuenta él? ¿Cómo está el ánimo en los cuarteles y en los regimientos de la policía?

Mire, nosotros estamos haciendo muchos cambios, y ese es el problema. Hay una infiltración política en la fuerza pública, hablemos muy claro, no sólo en la Policía, también en las Fuerzas Armadas, y una desinformación total. Nosotros hemos tenido… yo voy a cumplir 4 años en el Gobierno… 4 años de conspiración, porque cada paso que da el Gobierno… son pasquines, desinformación… sobre todo en la fuerza pública. Saben que no nos van a vencer en las urnas, entonces tratan de sublevar a los uniformados con las armas que les dio el pueblo ecuatoriano, porque asumen que, por la fuerza, es la única manera de derrotarnos. Entonces, es un constante batallar, y obviamente, con tantos frentes, algunas veces cometemos errores. No se informa bien, por ejemplo, esta ley (La Ley de Servicio Público que originó la revuelta policial) es muy buena para los policías y militares. Nosotros, como ningún otro Gobierno, somos los que más hemos incrementado el sueldo de Fuerzas Armadas, Policía y fuerza pública en general. Hemos tratado de mejorar las condiciones de vida, la vivienda fiscal, que es donde tienen que vivir los militares y policías cuando rotan, la vivienda para ellos mismos, la particular, con ayuda del Estado, el mejoramiento de los cuarteles. En general, hemos mejorado sus condiciones de trabajo. Lamentablemente, cada vez que queremos arreglar un problema, por ejemplo, si el ISFA (el Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas) tiene algún problema y queremos intervenir, dicen que el Gobierno lo quiere desaparecer. Luego vienen los pasquines, viene la preocupación, que si vamos a acabar con la cesantía… Esto crea un clima de permanente zozobra. Yo creo que la mayoría de la fuerza pública confía en el Gobierno, pero si todos los días tienes un bombardeo de que te van a quitar tu cesantía y te van a reducir el sueldo… eso, en un momento dado, te llena de incertidumbre. El Comandante nos ha dicho que hay incertidumbre y tenemos que informar de mejor manera. Pero aquí tenemos que ser un poco caritativos con nosotros mismos: no es que al Gobierno le falte capacidad de comunicación, es que la mala fe es inmensa. Hay una desinformación permanente y es muy duro luchar contra esa desinformación.

¿ Usted cree que la situación está controlada, o todavía puede quedar algún elemento incontrolado dentro de las Fuerzas Armadas o de la Policía que pueda intentar de nuevo desestabilizar el país?.

Dentro de la policía hay elementos incontrolados, o sea, mire lo que pasó el día jueves 30 de septiembre… francotiradores disparando a matar contra sus compañeros policías, contra militares, contra ciudadanos… a esa gente no se la ha logrado identificar en su totalidad, y esa gente es capaz de cualquier cosa. A mí me recordaba, el salvajismo con que yo fui atacado, el salvajismo con que esta muerte reprimió, los escuadrones de la muerte en Centroamérica, la triple A argentina, esos grupos de extrema derecha sin límites ni escrúpulos. Lo que quiero decir es que, esa gente por definición, es incontrolable, y sigue suelta. Tenemos que hacer una tarea investigativa muy grande y no puedo yo garantizar que no ocurra un nuevo intento de insubordinación Lo que es claro, y esta gente tal vez ya lo tiene claro, es que no van a llegar a ningún lado por ese medio. Porque se demostró, el jueves 30 de septiembre, que con nuestro Gobierno, por el diálogo todo, por la fuerza, nada. Y se demostró también que nunca más en América Latina, sobre todo a través de la increíble y eficaz acción de UNASUR, se va a permitir que se desestabilice a un Gobierno legítimo y constitucional.

Presidente entiendo que el pasado jueves fue un día larguísimo para usted (interrumpe: “más que todo tristísimo, triste , muy triste, porque… algunos dicen que fue una victoria política del Gobierno, pero los 5 muertos y las decenas de heridos, son irreversibles, a mi esto me tiene, muy golpeado”). Durante esas 7 u 8 horas que pasó en el interior del hospital de la Policía, ¿Cuáles fueron los momentos de mayor tensión?

Hubo tres momentos de mucha tensión. Cuando estos grupos que estaban fuera de sí, cuando yo había rechazado firmar cualquier cosa en esas condiciones, me mandaron dos delegaciones muy educadas, se les explicó la ley y salieron agradeciendo, pidiendo disculpas. Pero esta gente quería que yo firmara la revocatoria de la ley, de la supuesta ley que los perjudicaba. Entonces, al rechazar eso, hubo un momento en que trataron de tumbar la puerta de vidrio del tercer piso donde me encontraba. Ese fue un momento de mucha tensión, y ahí las enfermeras se portaron muy valientes y gritaron que aquí hay pacientes. Entonces se calmaron un rato y después pudo entrar el GOE, un grupo de élite policial leal al gobierno, que nos dio protección dentro del hospital. El segundo momento pudo ser cuando ya empieza el tiroteo. Yo creo que todos guardamos la calma y le pedimos al grupo que rezara un Padre Nuestro, y lo que hicimos fue acostarnos en la habitación mientras volaban balas por todos lados, no sabíamos si íbamos a salir de ahí vivos. Y un tercer momento ya fue mi salida, cuando me dijeron “salga, presidente”. Eso fue en dos etapas: tratamos de salir y alguien ahí mismo nos traicionó y votó una bomba lacrimógena en las escaleras. Entonces tuvieron que cambiar el plan inicial, que era llevarme por la puerta principal donde estaba la caravana presidencial. Tuvimos que permanecer en un cuarto, creo que era neonatología, a oscuras, con una pequeña protección, seis u ocho personas, y sin saber si llegaban a por nosotros. Después nos dieron otra orden, nos dijeron “salgan”, y cogimos otra ruta, pudimos salir por emergencias. Cuando salimos por emergencias nos llenan a balazos, me meten en el vehículo, se tiran dos miembros de seguridad encima de mí para protegerme con sus cuerpos, y salimos a toda velocidad. Entonces también fue un momento de mucha tensión porque las balas volaban por todos lados.

¿Usted llegó a temer en algún momento por su vida?

Permanentemente, o sea, sabíamos que podíamos salir de ahí muertos, esa fue siempre una posibilidad. Nos informaban de que esta gente había puesto francotiradores en las terrazas, lo cual era verdad. La seguridad nos decía que habían interceptado comunicaciones del tipo “maten al presidente, maten a este hijo de tal, llévenlo a nono” que es, en la jerga policial, “desaparézcanlo”. Sabíamos que nos jugábamos la vida. Ahora, sinceramente, yo no quiero ser ni héroe ni mártir, quiero tan sólo servir al pueblo ecuatoriano. Jamás sentimos miedo, había una enorme paz y serenidad, lo que sí sentíamos fue indignación por los abusos de esta gente, por la ingratitud, porque pocos gobiernos han hecho tanto por la Policía Nacional como nuestro gobierno. Y también un poco de tristeza porque yo, lo único que temo de la muerte es dejar sólo a mi familia, y si no salíamos de ahí vivos, separarme de mi familia era duro.

¿Qué le dice un presidente a su familia en esos momentos en los que no sabe qué va a pasar con su vida?

Se lo dije. Ese rato nos comunicamos con Ecuador TV y me hicieron una entrevista vía telefónica. Entonces les dije que yo no iba a negociar absolutamente nada. Les dije que si no salíamos de ahí vivos… que tuvieran la seguridad del infinito amor que siempre tuve por mi patria y mi familia, que donde estuviera la seguiría amando siempre.

Presidente, mucha gente se pregunta también, qué va a pasar a partir de ahora, si el Gobierno va a profundizar de alguna manera su revolución, o si va a iniciar algún tipo de acercamiento con la oposición. ¿Cuál va a ser el camino que seguirá su Gobierno?

Pero hoy más que nunca, ni un paso atrás, hay que fortalecer y radicalizar la revolución, porque esta es, en parte, la razón de ser de la Revolución: acabar con este viejo país, con estas prácticas… Ahora me hablan de reconciliación, pero vaya a ver el apoyo popular que tiene el gobierno, el país está reconciliado. Pero qué se puede reconciliar con estos grupos dispuestos a matar. A estos grupos, hay que sancionarlos, con firmeza, con estricto apego a la ley, pero hay que controlarlos. Porque olvídese que esto fue una reivindicación salarial, ni mucho menos. No puede ser que los grupos policiales, acostumbrados a torturar –ciertos grupos- a torturar, a desaparecer personas, a atentar contra los derechos humanos por medio de las armas, quieran seguir imponiéndose. Y pensar que por medio de la expresión de fuerza que dieron el jueves 30 de septiembre, cobarde, abusiva, con las armas que les dio el pueblo ecuatoriano, nosotros nos sentemos a dialogar, sería una claudicación, sería deshonrar la memoria de los muertos, de los héroes que tuvimos ese jueves 30 de septiembre. Hoy más que nunca, ni un paso atrás.

Presidente, una última pregunta, ¿qué mensaje trasladaría a la amplísima comunidad ecuatoriana que reside en España y que ha vivido con inquietud todo lo que ha pasado en su país en los últimos días?.

(Mira de frente a la cámara) Que guardemos la cama, compañeros. No hay revolución sin contrarrevolución. Esto ha sido muy doloroso. Yo hubiera preferido morir antes de ver morir a esos 5 jóvenes ecuatorianos, dos policías, dos militares, un estudiante que recibió un balazo en la cabeza por parte de estos irresponsables e insensatos, por la brutalidad de esta gente. Pero sabíamos que el camino no estaba lleno de rosas. Algo bueno, dentro de todo este dolor, es que ya sabemos que están ahí, que está ahí esa gente sin límites ni escrúpulos, que quieren mantener el viejo país a toda costa, que quieren seguir con sus prácticas dentro de la policía, la tortura, la desaparición, etc., que quieren mantener la partidocracia, la politiquería de siempre. Sabíamos que el camino no estaba lleno de rosas. Tal vez no esperábamos que fuera tan duro, pero hoy más que nunca vamos a mantener la fe, vamos a mantener la esperanza y a seguir adelante, compañeros. Sería, insisto, una deshonra a los caídos ese 30 de septiembre, dar marcha atrás, por la brutalidad de unos cuantos. Precisamente, por la brutalidad de esos cuantos, tenemos hoy que seguir adelante con el paso más firme que nunca. Así que, a mantener la esperanza y la unión, unidos somos invencibles, compatriotas.

Ecuador, en perspectiva

¿Qué pasó el pasado jueves en Ecuador? La realidad es que varios días después, ése sigue siendo el gran debate en este país, porque ni la clase política ni los medios de comunicación coinciden al analizar los violentos disturbios que casi le cuestan el cargo al presidente Correa.

Por partes: para el Gobierno y los medios oficiales, lo que ocurrió en la capital ecuatoriana fue un intento de golpe de estado en toda regla, un nuevo capítulo de las asonadas militares que vivió esta región en los 70 y 80, que ya se creían olvidadas hasta que Honduras, hace un año, las sacó del olvido. Los policías que protestaban por la ley que les quita beneficios e incentivos, no sólo se amotinaron. Coordinadamente, mientras ellos tomaban el regimiento número uno de la policía, otra parte de la tropa tomó el aeropuerto de Quitó, en un ejercicio de manual sobre cómo se coordina un golpe de estado.

Al presidente además, le zarandearon y le arrojaron gases lacrimógenos cuando acudió al regimiento para hablar con los sublevados y contarles las bondades de su ley. Allí, en medio de la protesta –argumenta el Gobierno-, se encontraba Fidel Araújo, un militar en retiro que fue el asesor de comunicaciones del principal líder de la oposición y enemigo público número uno de Correa, el coronel y ex presidente Lucio Gutiérrez. A Araújo lo captaron las cámaras hablando por un teléfono móvil. Según el Gobierno, estaba coordinando la sublevación y manejando los hilos del golpe.

A Correa, además, siempre según la versión oficial, lo secuestraron en el hospital de la policía, al que acudió para recuperarse de sus heridas (apenas una semana antes le habían operado de una rodilla) y ser atendido por la inhalación de gases. Y para rescatarlo, el ejército y los grupos especiales de la policía tuvieron literalmente que asaltar el hospital, porque el centro estaba rodeado por decenas de policías rebeldes. Aquella noche, el coche en el que salió Correa recibió diecisiete impactos de bala.

Todo eso parece un golpe de manual, pero la oposición y los medios críticos cuestionan varias cosas. No hablan de golpe, sino de insubordinación o revuelta policial por el reclamo de mejoras laborales. Y aunque reconocen que a los agentes sublevados se les fue la mano en la protesta, y que deberán pagar por ello, argumentan varias cosas. Dicen, por ejemplo, que los golpes de estado se dan para quitar a un presidente y poner a otro. Y que aquí no hubo tal intención, porque desde primera hora del jueves, el jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas habló al país para mostrar su lealtad al presidente Correa. Y dicen, también, que si el plan de los rebeldes fuera matar al presidente, habrían tenido la ocasión perfecta cuando el líder ecuatoriano se presentó en el regimiento policial, en un acto, además, por el que sus asesores han sido muy criticados al exponer a Correa a un peligro innecesario.

Si el objetivo fuera matar al presidente, aseguran, lo hubieran hecho sin problemas cuando el propio Correa se les puso a tiro en el balcón, se soltó el nudo de la corbata y se desabrochó un botón de la camisa para mostrar que dentro no llevaba chaleco antibalas ni protección, sólo el alma de un revolucionario. Y añaden que en el interior del hospital (y esto lo sostienen los médicos que le atendieron) Correa ni estuvo secuestrado ni siquiera amenazado. Recibió todas las atenciones, despachó, concedió entrevistas por radio y recibió el trato que se merece el primer mandatario del país.

Y en eso anda hoy Ecuador, debatiendo todavía si lo del jueves fue un golpe de estado o una insurrección policial. Y en ese debate cada vez se oyen opiniones más extremas, adelantando de alguna manera que el intento de golpe, la revuelta o que lo fuera que ocurrió aquel día, en vez de tender puentes, vuelve a tensar la cuerda entre el Gobierno y la oposición.

Luis Pérez


Hace ya casi dos siglos que el gran sueño de Simón Bolívar se fraguó por estas tierras. La Gran Colombia, una nación compuesta por varias repúblicas recién independizadas de España, echó a andar en 1819. Moriría doce años después, en 1831, víctima de revueltas internas y del desencanto con un Libertador que terminó pervirtiendo ese proyecto de unión suramericana con un Gobierno muy parecido a una dictadura. La Gran Colombia agrupaba varios países.
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