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Ecuador y la guerra de los Correa

Fabricio y rafael correa  El presidente Rafael Correa y su hermano, el empresario Fabricio Correa

 

Primero fueron amigos y enemigos íntimos,  y compartieron secretos y correrías  en la ciudad costera de Guayaquil. Como dos buenos hermanos,  riñeron y pelearon, se quisieron y se odiaron. Pero siempre volvieron al redil de la confianza infantil y a la necesidad imperiosa del calor de un hermano para que todo aquello nunca fuera a mayores. A Fabricio, el mayor de los Correa Delgado, le tocó madurar pronto.  Su papá fue encarcelado por narcotráfico en Estados Unidos y el primogénito  se vio en la imperiosa necesidad de ocupar su papel y ayudar en la casa. Rafael, el pequeño, vio en él un referente, como lo vemos en algún momento  de nuestras vidas todos los que tenemos algún hermano mayor. Luego cada uno tomó su rumbo: Fabricio, la ingeniería y las empresas; Rafael,  la economía  y la política.

El camino siguió y volvió a cruzar sus vidas antes de las elecciones de 2006, cuando Rafael, el hermano pequeño, se postuló a Presidente. Por esas fechas Fabricio, el hermano mayor, decidió aparcar sus negocios y preparar la campaña del futuro presidente. La campaña les acercó y la victoria del actual mandatario estrechó de nuevo su relación. Les unió tanto que,  voluntaria o involuntariamente, vinculó  a las empresas de Fabricio con el Gobierno de Rafael. Y esa unión, legal pero poco ética, fue también la causa de la desunión, del divorcio definitivo  y el distanciamiento entre Fabricio y Rafael.

Hace casi dos años, una investigación periodística comenzó a desvelar los negocios turbios del poder. Juan Carlos Calderón y Christian Zurita recogieron toda esa trama en “El Gran Hermano”, el relato detallado de acuerdos y contratos por obras que sigue vendiendo ejemplares y  ya va por su tercera edición. Su tesis desnuda la peligrosa cercanía de Fabricio con los despachos de la sede de Gobierno, el Palacio de Carondelet: empresas supuestamente vinculadas a Fabricio Correa firmaron contratos con el Gobierno ecuatoriano que ascendieron a cientos de millones de dólares. El nombre de Fabricio no aparece en ninguna de esas empresas, porque muchas de ellas eran firmas subcontratadas con sede en Panamá. Las concesiones -cuenta Fabricio- fueron legales, y de momento nadie ha podido ganarle un juicio cuya sentencia diga lo contrario. El escándalo siguió creciendo y a Rafael, que al principio defendió a su hermano, finalmente le pesó más la ética que la legalidad, así que terminó cancelando todos los contratos del Gobierno con empresas vinculadas a Fabricio. Eso sí, admitiendo que él jamás supo que su Gobierno firmaba contratos con empresas cercanas a su hermano.

Y ahí se produjo la ruptura total. Lo de mezclar la familia y los negocios fue como soltar a un toro en una tienda de jarrones chinos. Los hermanos contaron en público los trapos sucios que normalmente se lavan en privado. Fabricio habló de la corrupción en el Gobierno, del círculo de narcisistas que rodean a su hermano, de la deriva totalitaria del mandatario, de las ofertas de las FARC para financiar la campaña del presidente, del narcotráfico que corrompe el país. Rafael fustigó sin miramientos a su hermano. Lo hizo en privado pero sobre todo en público, en las cadenas televisadas de cada sábado, que en Ecuador conocen como “sabatinas”. Allí habló de la voracidad de Fabricio con los negocios, de su amor por el dinero, de su histórica pasión por el poder. Tanta, que Fabricio nunca le perdonó –dice Rafael- que lo alejara de su círculo de Gobierno.

La batalla entre los hermanos ha tenido estos días su penúltimo episodio. Fabricio ha pedido el NO en un referéndum en el que su hermano solicitaba el SI sobre 10 cuestiones que planteaba a los ciudadanos. Fabricio actúa hoy, y no lo esconde, como un político más de la oposición. Lo hace –admite- por el bien de su hermano y del país. Y tanto amor tiene al país que no descarta presentarse a las elecciones presidenciales de 2013. Nadie sabe qué pasará en esas fechas. Y nadie descarta un episodio final de ese enfrentamiento, esta vez, luchando frente a frente por el puesto que da más poder. Y eso, la carrera por la Presidencia de la República, no es la mejor manera de acercar posturas entre dos hermanos que ni se hablan, ni pierden tiempo en intentarlo. Más bien parece que  guardan fuerzas para librar la batalla final de un culebrón que engancha a los ecuatorianos, aunque  la Guerra de los Correa tenga muy poco de Falcon Crest.

3 Comentarios

Luis, todo esto se veía venir desde hace un tiempo. Todos conocemos desde hace mucho la voracidad de Fabricio y la soberbia de Rafael, así que no me extraña que todo esto haya terminado como ha terminado, dos hermanos sin hablars y dos familias separadas por la ambición del poder

El señor Fabricio se ha montado un show para desprestigiar a su hermano, el presidente legítimo de los ecuatorianos. Cómo puede pretender que al enterarse el presidente de sus chanchullos no cancele sus contratos? Aquí andamos preoucpados por todo este asunto, porque Ecuador es un país experto en crear inestabilidad y sacar presidentes de buenas a primeras. Ojalá que no pase nada y que nuestro presidente pueda concluir el proyecto que inició con Alianza País.

la tensión se palpa en el país, no sólo por la lucha familair de los correa, sino por el fraude tremendo del pasado referendum. Hay que esperar lops resultados, pero no descarten otra revuelta contra correa porque no se puede permitir que se engañe al pueblo con unas encuestas tan descaradamente falsificadas

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Luis Pérez


Hace ya casi dos siglos que el gran sueño de Simón Bolívar se fraguó por estas tierras. La Gran Colombia, una nación compuesta por varias repúblicas recién independizadas de España, echó a andar en 1819. Moriría doce años después, en 1831, víctima de revueltas internas y del desencanto con un Libertador que terminó pervirtiendo ese proyecto de unión suramericana con un Gobierno muy parecido a una dictadura. La Gran Colombia agrupaba varios países.
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