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Hugo Chávez: tiempos de resurrección

 Chávez y maría

 

La cadena nacional estaba cantada. Hugo Chávez subía las escalerillas del avión, rumbo a Cuba, de la mano de su hija María. Y el “hasta pronto” del presidente se coló en las casas de todos los venezolanos que tenían prendido el televisor… más allá de que veneren esa revolución bolivariana o pregonen enojados las razones de su fracaso.  Chávez se fue, sin fecha definida de regreso, para iniciar la nueva fase de su tratamiento contra el cáncer. Habrá quimioterapia, y eso al menos lo supimos por boca del mandatario, ahora que su enfermedad dejó de ser un tabú tras un silencio incómodo sobre el tema que duró casi un mes y desató un vendaval de rumores sobre su vida, su muerte y su resurrección.

Chávez deja Venezuela como un presidente mortal. Digamos que se ha humanizado, que ha bajado a la tierra, que ha caído en la cuenta de que igual que vino se puede ir, porque aquí abajo a todos nos llega la hora. Se ha roto, de alguna manera, el mito de su invulnerabilidad, de esa fuente inagotable de energía que le permitía dormir apenas cuatro horas al día y trabajar jornadas interminables, en la soledad de un despacho o en la inmensidad en un Aló Presidente frente a las cámaras de televisión.  Estos días lo hemos visto rezando, comulgando, porque Chávez es creyente y siempre dijo que Cristo fue el primer revolucionario. Así que el líder bolivariano se ha puesto en varias manos: en las de Cristo, en las de la ciencia y los doctores cubanos, y en las de Fidel, consciente como está el Comandante cubano de que un cambio en Venezuela cortaría el chorro de dinero que alimenta a la Revolución Cubana cruzando el Caribe desde Caracas hasta La Habana. Y se ha puesto en manos, también, de su propio pueblo. Porque el calor del pueblo venezolano(del pueblo chavista, el que sale a la calle a despedirlo, el que reza para su salvación y su permanencia en el poder) es fundamental para el presidente. Lo dice él mismo, consciente de que esa simbiosis, el ver un pueblo que lo apoya y el que sus seguidores lo vean casi como el principio y el fin de la revolución, como un elemento insustituible, le transmite fuerzas para salir adelante y profundizar el camino que emprendió con aquel triunfo electoral a finales de 1998.

La enfermedad, sin embargo, deja detalles. Antes de partir de nuevo hacia La Habana, Chávez delegó parte de sus poderes al vicepresidente, Elías Jaua, y al ministro de Economía, Jorge Giordani. Es la primera vez que entrega parte de su poder en sus doce años de Gobierno. Pero por si acaso ha dejado claro que seguirá mandando desde Cuba, mal que le pese a la oposición, y hasta allí se ha llevado una especie de tarjeta electrónica que estampará su firma en cualquier documento que la necesite. Nadie sabe qué pasará con Chávez, cómo evolucionará su salud. Sin embargo, nadie cuestiona su liderazgo. No hay voces en el oficialismo que lo pongan en entredicho. Ahora, más que nunca, todos entienden que no hay chavismo sin Chávez, como si al reafirmar su liderazgo le inyectaran otra enorme dosis de moral para afrontar los días largos y duros que le provoca su enfermedad. Se acabó el debate sobre su sucesión. Se da por sentado que el presidente saldrá de ésta. Dentro del partido no se habla del asunto. Únicamente los medios críticos y los analistas sacan a relucir posibles sucesores (su hermano Adán, el canciller Maduro, el vicepresidente Jaua…) en caso de que la cosa se ponga fea y haga falta otro capitán que coja el timón y el mando revolucionario.

El cáncer de Chávez cogió a todos por sorpresa: al paciente, al oficialismo, pero también a la oposición, que no parece tener claro cómo manejar este escenario. Por delante, dos fechas importantes: en febrero de 2012 la oposición elegirá en primarias a su candidato a presidente; y a finales de ese año el país entero decide quién le gobernará durante los próximos seis años. La oposición, que por primera vez en muchos años parece unida para derrotar a Chávez, corre el riesgo de volver a dividirse. Contra el candidato Chávez no hay otra opción que la unión de todos los sectores: los desprestigiados ADECO y COPEI, y también los nuevos partidos de jóvenes que no tuvieron vínculos con aquella época de corruptelas y robos a mansalva que facilitaron la llegada del comandante al poder. Pero, ¿y en un escenario electoral sin Chávez? Los analistas dicen que aumentarían considerablemente las opciones de triunfo de la oposición y que eso, precisamente, abriría el apetito de candidatos opositores, que finalmente actuarían por su cuenta y presentarían su candidatura aunque perdieran en las primarias.

Falta todavía mucho tiempo para ese escenario electoral. Pero la clave será, sin duda,  la presencia o no de Hugo Chávez. De cómo evolucione su enfermedad dependerá también el futuro de Venezuela. Con Chávez -dicen sus seguidores-  se profundizará esa revolución que redujo los niveles de pobreza y analfabetismo, que llevó alimentos y medicina gratis a los más pobres y que puso a soñar, que dio una identidad a una parte de la población marginada históricamente en Venezuela. Con Chávez, dicen sus críticos, seguirán los problemas de un país fracturado ideológicamente como nunca lo había estado, con la inflación más alta del continente, la industria nacional por los suelos,  la criminalidad por las nubes, la fuga de empresarios por la inseguridad jurídica y las nacionalizaciones de empresas, o una crisis energética que pocos entienden en un país rico en recursos, en el que sólo el petróleo deja cada año 50 mil millones de dólares en la caja del Estado.

Nadie conoce el escenario, nadie tiene la bola de cristal. Pero Chávez ya ha superado el susto,   ha asumido su papel de persona mortal, y ha partido hacia Cuba con la moral reforzada, sin duda, el mejor capital para afrontar la nueva fase de su enfermedad.  Le bastaron cuatro verbos para resumir lo que viene a partir de ahora con ese viaje a La habana: “Voy, estaré, vendré y seguiré”. Y otra frase del presidente: “Son tiempos de resurrección”. La mejor manera de aclarar, por si alguien tenía dudas, que Chávez está de vuelta, si es que alguna vez se fue.



4 Comentarios

pinta bien el culebrón, habría que ver cuánta popularidad tiene ahora mismo el presidente Chávez ¿alguien lo sabe? Ahor,a muy mal , pero muy mal tendría que estar Hugo Chávez para que no se presente a las elecciones. Fidel se encargará de cuidarlo bien, por la cuenta que le trae. ¿Se imaginan cómo se las arreglaría la cuba de los castro para suplir los 3 mil millones de dólares anuales de intercambios comerciales con Venezuela, su principal socio comercial?

La enfermedad se crea donde falta el amor

La enfermedad tiene ésa particularidad, pone los pies en el suelo a quien se crea invencible o semi dios.
De acuerdo con anónimo, eso és hipocondría, enfermos imaginarios, van de victimas porqué les reporta grandes beneficios con el mínimo esfuerzo.

Solo el tiempo lo dira.
Dicen por ahi que yerba mala nunca muere...
Claro que tambien dicen por ahi que a cada marrano le llega su San Martin...

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Luis Pérez


Hace ya casi dos siglos que el gran sueño de Simón Bolívar se fraguó por estas tierras. La Gran Colombia, una nación compuesta por varias repúblicas recién independizadas de España, echó a andar en 1819. Moriría doce años después, en 1831, víctima de revueltas internas y del desencanto con un Libertador que terminó pervirtiendo ese proyecto de unión suramericana con un Gobierno muy parecido a una dictadura. La Gran Colombia agrupaba varios países.
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