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El ocaso de Ingrid

Ingrid 

Hay quien dice que la vida de Ingrid, como su popularidad, transcurre por una montaña rusa, con picos y valles, pero siempre en un extremo, como si no supiera manejarse en el término medio después de haber sentido el vértigo del filo de la navaja. Ingrid Betancourt nació en una familia acomodada. Cuando abrió los ojos en la cuna vio a un Ministro y a una Reina de la belleza. Eran sus padres. Cuatro décadas después, cuando la secuestró la guerrilla aquel 23 de febrero de 2002, Ingrid era candidata a la Presidencia de Colombia por una formación minoritaria, el Partido Oxígeno Verde. Su popularidad no era demasiado alta, pero fue creciendo con intervenciones críticas y duras en el Congreso.  Desde su atril atizaba sin piedad a los corruptos y abogaba por una salida pacífica al conflicto colombiano. Todos recuerdan aún aquella charla entre Ingrid y los jefes de las FARC, los mismos que luego dieron la orden de mantenerla cautiva mientras se pudría en las entrañas de la selva. Poco antes de que la capturaran, Ingrid se sentó a la mesa con los jefes de la guerrilla. Fue en el Caguán,  la zona que despejó el presidente Andrés Pastrana para negociar la paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Allí estaba Ingrid con su camiseta informal y su pelo recogido, recriminando a la insurgencia por haberse metido en el negocio de la cocaína.

Su popularidad dio un salto exponencial con las primeras imágenes de su cautiverio. Con sólo un par de caminatas por el suelo enfangado de la selva, por aquellas trochas intransitables, con las manos atadas y las cadenas al cuello, Ingrid dejó de ser, de la noche a la mañana,  candidata a presidenta. Para la guerrilla se convirtió en el mayor rehén político, el botín perfecto para negociar con el Gobierno en condiciones ventajosas. Para el pueblo colombiano se convirtió en el símbolo de una lucha abnegada por la libertad, para escarnio de la guerrilla, desde los jefes del Secretariado hasta sus carceleros. Las imágenes de Ingrid, las cartas de su mamá, la voz quebrada de doña Yolanda Pulecio pidiendo su libertad en los programas de radio dedicados a las familias de los secuestrados, aumentaron su popularidad hasta cotas insospechadas. El momento álgido, el día que Ingrid salió del infierno y acarició el cielo,  fue la Operación Jaque, el operativo militar que la rescató junto a otros 14 rehenes, y que narra la miniserie que estrena esta semana la Primera de TVE.  Ingrid captó todos los focos, apareció abrazada al Presidente Santos, por aquel entonces, ministro de Defensa. Habló en nombre de todos los secuestrados y dio gracias a Dios, al Gobierno del Presidente Álvaro Uribe, al Ejército colombiano y a todo el pueblo que escuchaba impávido sus primeras palabras en libertad. Su rostro pálido y débil se coló en las pantallas de muchas casas y en las de todas las redacciones. Su sufrimiento, su valentía y su tesón la convirtieron en símbolo de la libertad. Le llovieron los premios, los homenajes. Los presidentes le abrieron las puertas y le tendieron la alfombra roja en cada país que pisaba.

Pero en Colombia algo empezaba a cambiar. Para empezar, no gustó que Ingrid se marchara del país, rumbo a Francia, pocas horas después de que el ejército colombiano culminara con éxito el operativo de rescate más arriesgado de su historia. Le recriminaron, por ejemplo, que ni siquiera se hiciera aquí el reconocimiento médico. Luego vinieron los libros, las historias personales de los cautivos. Primero, el de los tres agentes antidrogas de Estados Unidos que compartieron con Ingrid noches largas, sueños cortos, y un cambuche cercado con alambre de espinos con guerrilleros armados en cada esquina. El libro es, probablemente, el peor escrito de cuántos han publicado los secuestrados. Pero también es, probablemente, el que más detalles cuenta sobre la convivencia en la selva. Y en ese terreno, Ingrid no sale muy bien parada. Luego vino el libro de Clara Rojas, la candidata a vicepresidenta que acompañaba a Ingrid en el momento de su secuestro. Todo el mundo sabe que la amistad entre las dos se hundió en el lodo de la selva por razones que muchos sospechan, pero que sólo ellas conocen. Ingrid capeó el temporal, calló mientras le llovían críticas sobre su comportamiento en aquella cárcel de estacas y alambre de espinos, vigilada por guerrilleros con muchas armas y poca compasión. Ingrid ha sido la última en hablar, y ha dado su verdad en un libro bastante mejor escrito que el de sus compañeros de cautiverio. Alguien puede pensar que cuando estás seis años buscando la libertad, cuando escuchas cada noche los mensajes de tu familia y no tienes cómo responder a esas palabras tiernas que llegan a través de las ondas, cuando sueñas cada noche con reencuentros que no llegan, un día sí y otro también, tienes derecho a cometer errores. Por supuesto que sí. Ingrid los cometió, como probablemente los cometieron todos quienes sufrieron aquel calvario.

Ingrid decidió evadirse, y estaba en su completo derecho. Se marchó a Francia, donde estaban sus hijos, y luego se recluyó durante varios meses para escribir su libro, su verdad de la historia. Pasó, tal vez, mucho tiempo sin pisar Colombia. Y el pueblo colombiano vio esa distancia como algo insalvable. Su popularidad cayó a medida que se conocían detalles del cautiverio. Y siguió cayendo cada vez que Ingrid decía que no volvía a Colombia porque se sentía una incomprendida en su propio país. Pasó el tiempo, y de repente vimos a la franco-colombiana pisar suelo patrio, bogotano, para conmemorar junto al ejército y a otros liberados el segundo aniversario de la Operación Jaque. No hubo demasiado revuelo, pareció que Colombia la perdonaba. Pero llegó el momento en que Ingrid cavó su propia tumba. De buenas a primeras, el país despierta con esta noticia: “Ingrid Betancourt reclama al Estado una indemnización millonaria”. No recuerdo la cantidad, eran muchos millones. Probablemente había tantos ceros en esa cifra como millones de colombianos indignados con su antigua heroína. Ni el Gobierno, ni el Ejército, ni el pueblo le perdonaron a Ingrid ese acto de ingratitud, de cobardía. Y esas, “ingratitud” y “cobardía”, entre otras, fueron las palabras textuales que utilizó la prensa para hablar del asunto. ¿Por qué tanta ira con la ex candidata presidencial? Probablemente porque cayeron muchos hombres (nunca lo sabremos) intentando dar con su paradero en los intentos fracasados por liberarla. Y probablemente, también, porque es un hecho conocido que a Ingrid, el día de su secuestro, le dijeron que no hiciera ese camino por carretera, que la guerrilla estaba en la zona y que no podían garantizar su seguridad. El resto ya lo sabemos, Ingrid hizo caso omiso, saltó el retén policial, siguió adelante y pocas horas después inició un viaje a ninguna parte del que afortunadamente salió con vida seis años, cuatro meses y nueve días después.  

13 Comentarios

su fama ocultó el drama de otros secuestrados, que sufrieron como ella y que, además, jamás pensaron en abandonar Colombia cuando recuperaron su libertad

esa señora viv{ia en un mundo irreal, se creyó la princesa coronada de Colombia y en realidad su mal gesto de marcharse despertó del sueño a la princesa y al pueblo, ninguno estaba hecho para el otro.

Qué buen post, Luis. Muchas gracias, como siempre un trabajo excepcional, en la tele y en por estos lares. La historia de Ingrid Betancourt está repleta de luces y sombras, de momentos de gloria y otros menos esplendorosos que han hecho que sus compatriotas se avergüencen, como cuando pidió la indemnización al Estado. Para mí es una persona con contradicciones como todos y que ha cometido errores, como todos, lo que pasa es que en su caso para lo bueno y lo malo todo ha ocurrido delante delante del público que te da la gloria pero que también castiga y duro.

Muy buen post. Me ha faltado conocer tu opinión sobre por qué se resquebrajo la amistad entre Ingrid y Clara Rojas. La petición de una indemnización al Estado fue lo peor que se le pudo pasar por la cabeza. Su imagen pública ya nunca será la misma y mira que podía haber sacado tanto o más dinero "explotando" su papel de víctima por todo el mundo...

La Sra. Betancour es como el perro que muerde la mano al que le da de comer. Que se cree la Doña, que la operación que montó el Gobierno colombiano costó par de pesetas?. Esa operación de rescate costó algunos millones de dolares. Sra. Betancour, dese por bien pagada y dele gracias al Gobierno de Uribe y a los cientos de soldados que expusieron sus vidas.

Sólo puedo añadir que liberada esta señora se desvaneció el foco mediático que había sobre los secuestrados; recordemos que todavía hay cautivos con más de 10 años y sin saber de sus condiciones de salud. Por lo demás todo el espectáculo que montó Ingrid y su familia permitieron ver a los colombianos la madera de la que estaba echa y del porque no tenía las condiciones para llegar a ser presidenta.

La mamá de la Sra Betancour puso al mundo en contra del gobierno Colombiano que finalmente fue quien rescató a su hija. Ojala la hija hubiese aprovechado su buen momento después de su liberacion para asegurar que el mundo entero se uniera por la liberación de las otras víctimas que siguen en manos de los bandidos pero que no tienen quien los represente en Francia. Ella solo se hizo publicidad por donde pasó.

Muy bien dicho y escrito, estoy de acuerdo con la mayoria de los que han opinado anteriormente, cada punto es una realidad de lo que paso antes, durante y en el rescate mismo. Siempre he dicho que en este mundo a las personas gratas se las cuenta con los dedos de una mano, lA COMPARO A UNA NINA (a la Sra.Betancourt)afrancesada y poco realista de lo que en realidad sucedia y sucede por esas generosas tierras Suramericanas, me parece que como resultado de las controverciales opiniones, la mini serie de la Tv publica Es. no me interes verla y asi lo presiento que pensaran muchos, estamos saturados de tanto problema mundial que esto es un pequeno mojito.

un buen texto!

y una mini serie muy bien actuada y realizada... pero para que?

como es posible que, con todo el dinero que se tenia para invertir en la realizacion de "algo bueno", de algo critico, se insistiera en contar una historia espectacular mas, y ademas, tan poco profunda?

que le pasa a rtve por la cabeza?...

porque, en los textos al final de la miniserie, cuando se cuenta lo que paso con los protagonistas, no contaron que Ingrid Betancourt se planteo la posibilidad de demandar al estado colombiano por su secuestro?

una muy buena serie basada en la realidad faltaron muchas cosas pero creo que fue falta detiempo

Normalmente el ocaso de Ingrid, se deba a estar fuera de la realidad en la selva, hace que al regreso, todo resulte confuso.
Huir indefinidamente no es solución, ni viable. Las facturas de nuestros actos se pagan, cuestión detiempo, hice oposiciones en el ramo

creo que la condicion fundamental de un politico es que tenga una identidad nacional "solida"; el caso de ingrid es un ejemplo de esa "identidad liquida" e indeterminada que sufimos los emigrantes. que en el caso de colombia somos muchos.

No olvidemos que ella es politico y como tal se comporta! saludos

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Luis Pérez


Hace ya casi dos siglos que el gran sueño de Simón Bolívar se fraguó por estas tierras. La Gran Colombia, una nación compuesta por varias repúblicas recién independizadas de España, echó a andar en 1819. Moriría doce años después, en 1831, víctima de revueltas internas y del desencanto con un Libertador que terminó pervirtiendo ese proyecto de unión suramericana con un Gobierno muy parecido a una dictadura. La Gran Colombia agrupaba varios países.
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