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Budapest

"He sobrevivido dos dictaduras,la nazi y la comunista...no sé si tendré que vivir una tercera". Sería de desear que las palabras del escritor e intelectual húngaro György Konrád (77 años de edad) no se convirtieran en un augurio muy real.Pero,después de pasar tres días en Budapest,una ciudad que he visitado con bastante frecuencia por razones de trabajo desde 1989, creo que hay razones más que suficientes para sentirse, cuando menos, muy inquieto.Creo que se está empezando a desarrollar un claro despotismo democrático en Hungría

Y digo democrático porque ha surgido de unas elecciones-el pasado mes de abril- en las que no hubo pucherazo y en las que los húngaros dieron por completo la espalda a unos socialistas que aplicaron un plan de ajuste salvaje y que permitieron casos clamorosos de corrupción.El país, además, estuvo al borde de la bancarrota hace dos años obligando a intervenir al Fondo Monetario internacional con un paquete de ayuda por valor de 20.000 millones de euros.

Ganó Viktor Orban y su partido, Fidesz, se hizo con dos tercios de los escaños del Parlamento. Empezó lo que Orban ha definido como "la revolución", diferente de la que tuvo lugar hace 21 años y que supuso el principio del fin del comunismo y el Telón de Acero.Esta nueva revolución es 'nacional' porque vuelve a sacar los demonios del pasado.Porque estimula el revanchismo y el complejo de víctima.Porque de nuevo pone en cuestión del Tratado de Trianon de 1920 (tras la derrota en la Primera Guerra Mundial y la descomposición del Imperio Austrohúngaro) y que supuso la pérdida de dos tercios del territorio de entonces. Ahora Orban ofrece el pasaporte a esos húngaros residentes en Rumanía,Eslovaquia y Serbia y habla de nuevo de 'la Gran Hungría' creando tensiones innecesarias con los países vecinos.

Pero es 'nacional' porque excluye a quienes no comparten esa ideología."Quien se coloca en el lado equivocado, advierte Kónrad, debe asumir las consecuencias". Por ejemplo, perder su trabajo. Pero no sólo los afectados los altos cargos nombrados por el anterior gobierno socialista-liberal, o los embajadores del anterior equipo (se ha cambiado,sin ir más lejos, al de Bruselas muy pocos meses antes de que Hungría asuma, en enero, la presidencia rotatoria de la Unión Europea). También los profesores universitarios (Lászlo Kéri,investigador del Instituto de Ciencias Políticas,profesor del primer ministro en su época de estudiante universitario, ha sido cesado fulminantemente.La razón oficial es que es muy mayor -de nuevo,"zu alt": 59 años de edad).Y también los funcionarios y los empleados públicos.A partir de ahora,se les puede cesar y mandar a casa sin alegar ninguna razón específica.(Veamos si no se sigue el ejemplo en el futuro en España: cuando Orban se hizo con el poder la primera vez,en 1998,se le llamaba "El Aznar húngaro")


Sin oposición prácticamente en el Parlamento y con los socialistas lamiéndose aún sus heridas el partido conservador Fidesz puede hacer lo que le plazca. Ocupar todos los puestos del recientemente creado Consejo de Control de la Radiotelevisión pública y de la agencia de noticias MTI. Nombrar un Presidente del país afín que firmará cualquier decreto que se le ponga sobre la mesa. Designar jueces, colocar comisarios políticos en las oficinas estatales y en los ministerios a la caza de disidentes. Incluso negarse a cumplir las exigencias del Fondo Monetario Internacional y a la Unión Europea de continuar la política de austeridad que puso en marcha el anterior gobierno.Orban dice que quiere introducir un impuesto a los bancos y a las grandes empresas eléctricas y de comunicaciones,y la gente está ya aterrada pensando que al final serán ellos,a través de las subidas de tarifas,quienes cargarán con la factura final.

Todo marchaba viento en popa para Orban hasta que surgió la catástrofe del barro rojo hace un par de semanas.Una catástrofe que el gobierno no vió llegar y que no piensa asumir,a pesar de que ya en el mes de junio los ecologistas le habían advertido de que habría grietas en el depósito de residuos de aluminio en Kolontar.Aquí sí que el orgulloso primer ministro tuvo que pedir ayuda a Bruselas...

Pero la gente pronto se olvida de todo y el Aznar húngaro tiene mucho por delante. En enero, la presidencia de la Unión Europea (aunque las presidencias rotatorias ya no son lo que eran) en la que quiere que se hable mucho del Danubio y del problema de los gitanos en Centroeuropa. Y, después, un cambio en la Constitución de 1949 que se ha ido remendando durante los veinte años de reformas post-comunistas. Al parecer, entre las ideas que se barajan está la reinstauración de la monarquía. Palacios hay de sobra,y en el de Budapest todavía flota el fantasma de Sissy, la Emperatriz austríaca y también Reina de Hungría.La leyenda dice que vivió en ese palacio de Buda un apasionado romance con el atractivo conde húngaro Gyula Andrássy...y que incluso tuvo una hija con él.A toda revolución le puede ayudar un buen mito..aunque en este caso roce lo kitsch (=cursi).

2 Comentarios

Sie meinten, sie hätten mich nicht verstanden

Esto es más de lo mismo que está pasando en toda Europa. A este país se le prestó el Banco Mundial, el FMI y la UE 20.000 millones de euros en 2008. Recientemente se ha sabido que ha falseado los datos económicos y que su situación es muy grave. Sin embargo siguen los mismos que pidieron, mintieron y engañaron. ¿Pero esto no es lo que ocurre en casi toda Europa? No hay que irse a Hungría para comprobar como los funcionarios terminan "pagando el pato". España es también una Hungría en este sentido, sin citar los casos de corrupción, abusos, distorsiones, falsedades que desde muchas administraciones, locales, autonómicas y nacionales se han descubierto.

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Aurora Mínguez


Soy Aurora Mínguez y actualmente soy la corresponsal de Radio Nacional en Alemania. Empecé a estudiar alemán hace treinta años porque me enamoré de la ciudad de Viena y de la cultura centroeuropea. Luego visité Berlín y me quedé colgada de las consecuencias de la guerra fría y de un país marcado por un Muro. Para aprender alemán hay que estar muy motivado. Para entender este país, y esta Mitteleuropa, también y, además, amar lo que uno hace.
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