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Made in Germany 2015, el año del cambio

    miércoles 21.oct.2015    por Miguel-Ángel-Berlin    5 Comentarios

El año 2015 pasará a la historia de Alemania. Los alemanes llaman a 1989, el año de la caída del muro, “Das Jahr der Wende”, el año del cambio. Pero 1989 fue en verdad un año de cambio para la DDR (RDA, República Democrática Alemana), no para la BRD (RFA, República Federal Alemana), que, simplemente, se hizo más grande. Cambiar, lo que es cambiar, en la RFA no cambió nada.

Pero 2015 ha sido el año en que van a empezar muchos cambios en Alemania. No serán tan vertiginosos, y vistosos, como los cambios que vimos entre Noviembre de 1989 y Octubre de 1990, cuando se consumó la unificación alemana. Pero, a largo plazo, puede que sean más profundos, porque van a afectar no al sistema político o económico de este país, sino a la esencia, al sustrato ideológico, político, económico, social y sicológico sobre el que se sustenta Alemania y que se puede resumir en la etiqueta “Made in Germany”.
El año 2015 será recordado por dos acontecimientos que marcarán un antes y un después.
Uno de esos acontecimientos es el escándalo de Volkswagen, el otro, el de la crisis de los refugiados. Al lado de ellos, la crisis griega es un tema menor.
Primero, unos pequeños apuntes de historia en plan “¿Sabías que…?”
¿Sabías que el término “Made in Germany” no lo inventó Alemania para resaltar la calidad de sus productos?
En realidad, fue todo lo contrario. El término fue un invento de los responsables de la aduana británica a finales del Siglo XIX para marcar aquellos productos de baja calidad que se importaban desde Alemania, falsificaciones de los productos de buena calidad de las fábricas inglesas.
Pero, gracias a las llamadas “virtudes alemanas”, laboriosidad, puntualidad, precisión, fiabilidad, en los años 60 del siglo XX se dio la vuelta a la tortilla y el “Made in Germany” vale hoy más que cualquier campaña de publicidad por millonaria que sea.
En los beneficios que reporta el “Made in Germany” está comprendida toda la prosperidad de este país y sustentado el estado del bienestar de últimos 50 años.
No le quita mérito que ese milagro estuviera cimentado, primero en el perdón de las deudas de guerra, después en la laboriosidad y fiabilidad de los “Gastarbeiter”, los emigrantes turcos, españoles, italianos, griegos…
Pero, con razón, los alemanes se apropiaron de esas virtudes y no hay nada de lo que los alemanes estén más orgullosos. Y convencidos.
Y lo que es muy importante: han logrado convencer a todo el mundo.
Se suele decir que los alemanes no saben hacer “marketing” como los italianos. Pero si eso es no saber “marketing”, que me expliquen lo que es el “marketing”.
En realidad, no necesitan campañas de publicidad para sus productos. Con el “Made in Germany” basta. Las virtudes se dan por sobreentendidas.
Hasta ahora, a mi me había costado mucho explicar el “Pero…” de mis respuestas a la pregunta de si los alemanes son tan virtuosos como se cree.
Presumo que, a partir de ahora, me costará mucho menos. Vw-kfer-05


Lo que significó para el “Made in Germany” la salida del primer “Käfer” (el “escarabajo”), puede significar en sentido contrario, 73 años después, el fraude del software en los motores de Volkswagen. Ese fraude es el mayor ataque que se podía concebir no sólo a la industria alemana, sino a la conciencia alemana.
Creo que no es necesario insistir en lo que este escándalo significa: la negación de todas las supuestas virtudes alemanas.
Hay otra fecha de la que los alemanes están muy orgullosos: el Campeonato del Mundo de 2006. No lo ganaron, pero aquel año los alemanes recuperaron el orgullo de ser alemanes, dejaron de pasar vergüenza y blandieron la bandera alemana como símbolo del país reunificado, fuerte, redimido de sus culpas pasadas, un país de nacionalistas sin nacionalismo.
Ahora sabemos que Alemania consiguió aquel mundial a base de engrasar a la los de la FIFA con dinero del magnate (que no me traicione el orden de las letras) de Adidas Robert Louis-Dreyfus.
Automóviles y fútbol. ¿Hay algo más que identifique a los alemanes? Sí, Goethe, por ejemplo, pero también están los innumerables premios Nobel, las salchichas, las sandalias con calcetines…y Beckenbauer.
Aunque una encuesta reciente revela que los alemanes identifican a su país antes con Volkswagen que con Goethe y sospecho que pasaría lo mismo con otro de los iconos de la Alemania actual Franz Beckenbauer.
El “Kaiser” era el Jefe del Comité para la candidatura al Mundial de Fútbol 2006 y el que, al parecer, consiguió que su amigo de Adidas pusiera unos cuantos millones de marcos para asegurarse los votos de un puñado de funcionarios de la Fifa. Se sospecha que, además de pagar para que el mundial viniera a Alemania, cobró por dar el mundial a Moscú y Qatar.
El, el “Káiser”, la quintaesencia del orgullo alemán, el “Volkswagen” del Fúbtol.

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Lo que ha pasado en Volkswagen y parece que ha pasado en el fútbol y Beckenbauer es como si se descubriera que Goethe o alguno de los Nobel hubiera cometido plagio.
¿He dicho “plagio”? Ya cuesta hacer la lista de los que han perdido su título de “Doctor”, que aquí se pone en las tarjetas de visita, en las placas de los buzones de las casas, en la correspondencia normal y en las presentaciones, por haber plagiado la tesis doctoral.
La última que puede perderlo es la que, hasta ahora, era tenida por la posible sucesora de Merkel como candidata a la cancillería, la Ministra de Defensa, Úrsula von der Leyen, médica, o sea doctora, de profesión.
Ya he comentado alguna vez que en la prensa alemana jamás se ve la palabra “Korruption” asociada a Alemania.
Aquí la prensa denuncia casos de “fraude de software”, evasión de impuestos, soborno, economía sumergida, ingresos adicionales de diputados (que en España consideraríamos pura y simple corrupción), subida desmesurada de costes en obras públicas, plagio, etc…
Con cada una de esas expresiones, si se habla de Grecia, España o Portugal, leeríamos en cada párrafo la palabra corrupción, un término inevitablemente ligado a los llamados “Sudländer” (países del Sur) que también están ligados a “Schuldländer (países endeudados).
Jamás aparecerá la palabra “Korruption” para hablar del escándalo Volkswagen, de la evasión de impuestos de Uli Hoenes, de los supuestos sobornos de ida y vuelta en el caso Beckenbauer.
Una de las preguntas recurrentes con las que tengo que enfrentarme cuando me encuentro con algún español es “¿Y los alemanes, son tan trabajadores y tan cumplidores como dice su fama?”
Automáticamente ya sé que tengo que tener cuidado con lo que digo, porque los españoles tendemos a sacar conclusiones con las primeras palabras, sin esperar al final de la frase, como inevitablemente tienen que hacer los alemanes por culpa de la enrevesada gramática de su lengua. Ya sabemos que, con frecuencia se hacen preguntas para reafirmarnos en nuestras creencias, más que por ampliar nuestra visión.
Así que, si digo, “Sí, son trabajadores y cumplidores, serios y legales, decentes y de fiar, pero…”, mi interlocutor seguramente ya no llegará al “pero”, se quedará con el “Sí” y pensará que soy uno más de los abducidos por la hegemonía alemana.
Si digo, “No, en realidad no son tan trabajadores, ni cumplidores, ni legales, ni de fiar, pero…”, mi interlocutor seguramente se habrá quedado con el No y me habrá catalogado en el grupo de los “no integrados”, de los que odian a Alemania por su hegemonía.
Llegados a este punto, que cada cual saque sus conclusiones.
Lo que 2015 ha puesto definitivamente en tela de juicio es la “deutsche Scheinheiligkeit”, la “hipocresía alemana”.
Este país tiene una habilidad innata para vivir de las apariencias, para tapar con un manto de buenas maneras y convencionalismo la corrupción que anida en la sociedad. En toda sociedad. Porque tampoco digo que aquí haya más corrupción que en otros lugares, de ninguna manera. Incluso afirmo que hay menos corrupción que en otros lugares, mucha menos.
Mientras en España nos damos de garrotazos todos los días, al estilo del cuadro de Goya, en Alemania todos se preocupen que la corrupción de unos pocos no se suponga generalizada a todos.
En este país todo es “super”, “prima”, “wunderbar”, “ideal”, me decía el otro día una amiga, “…y luego te das cuenta de que es todo pura mentira y apariencia”.
Desde luego, este país vive de las apariencias, lo cual, como los datos demuestran, reporta muchos beneficios. Es una campaña de publicidad permanente. Y hablar bien de uno es la primera de las reglas de toda campaña de publicidad. No como los españoles, que estamos todo el día poniéndonos a parir unos a otros.
Quizá sea la hipocresía consustancial al luteranismo, donde la clave de la fe no es la plasmación en buenas obras, sino, simplemente, tener éxito en la vida, ya que eso es una señal de bendición divina. La confesión de los pecados ante otro humano no está en el catecismo protestante.
O quizá tengan suficiente con la inmensa culpa del Nazismo y el Holocausto. Quizá ese peso es tan grande que ya no están dispuestos a aceptar más pecados colectivos.
El año 2015 han salido a la luz demonios que en Alemania parecían definitivamente arrojados a las tinieblas: los demonios del nazismo.
Neonazis ha habido siempre en Alemania en estas décadas. Pero han sido una minoría ejemplarmente ignorada, despreciada y condenada por las fuerzas políticas y por una inmensa mayoría de la sociedad alemana.
Pero en 2015 miles de personas han acudido a marchas y concentraciones de Pegida, promovidas por conocidos neonazis, que se atreven incluso a disfrazarse de Hitler, para denunciar la “descristianización, la islamización, de Occidente”.
Como si Hitler y el Nazismo hubieran sido ejemplos de cristianismo. Arga


Hemos visto pancartas y oído frases pronunciadas en tribunas públicas que ponen los pelos de punta. Ejemplo: “…lástima que los campos de concentración ya no estén en funcionamiento”.
Y lo más inquietante es que esas marchas no sólo hay neonazis, sino ciudadanos que nunca se reconocerían como tales, ciudadanos “inofensivos” que creen que la patria, su patria, está en peligro.

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Nunca, desde la postguerra, había habido tal sustrato de mensajes nazis calando de forma natural en amplias capas de la sociedad alemana. Hasta dónde va a llegar eso, nadie se atreve a afirmarlo. Pero, probablemente veremos en las próximas elecciones a un partido con mensajes claramente xenófobos con unos cuantos escaños en el Bundestag, por primera vez en la historia de Alemania tras la guerra.
Lo que no consiguió la crisis del Euro lo va a conseguir la crisis de los refugiados.
La llegada de cientos de miles de refugiados a Alemania será un acontecimiento que marcará la historia de este país. No sólo por el desafío logístico, económico, que significa. Lo será, fundamentalmente, por el desafío social que significará manejar la integración o “desintegración” de toda esa gente. Angela-merkel-ist


Cuando a primeros de Septiembre, en la rueda de prensa del verano aplazada por la crisis griega, oí a Angela Merkel decir su famosa frase: “ ¡Lo conseguiremos!”, casi no podía creérmelo. Acababa de lanzar la mayor operación de cambio de imagen de la historia de Alemania. De repente, este país, el policía de la austeridad, el país de los soberbios, arrogantes, impertinentes e implacables alemanes, pasaba a ser el país de la gente con corazón, tolerantes, solidarios.
Angela Merkel, y con ella la mayor parte de la sociedad alemana –hasta ahora- ha dado una lección de humanidad a Europa y al mundo.
Por desgracia, apenas un mes después, el escándalo Volkswagen arrojaba una mancha tan gigantesca sobre la imagen del “Made in Germany”, que probablemente Alemania no será capaz de rentabilizar en todo lo que vale su solidaridad con los refugiados.
Todavía no me atrevo a pronosticar qué va a pasar con el asunto de los refugiados, si “lo vamos a conseguir”, o si Alemania acabará por levantar una valla como Hungría. Tampoco si los políticos alemanes conseguirán convencer a los indignados “ciudadanos inofensivos” de que no se unan al flautista de Hamelín con bigote de Hitler. Y tampoco cómo gestionará Volkswagen el gigantesco escándalo que tiene encima.
De lo que sí estoy convencido es de que el año 2015 es el verdadero “año del cambio” en Alemania, el año en que Alemania ha despertado de su hipócrita somnolencia.
El año del examen de conciencia y confesión de los pecados, el año en que los sepulcros blanqueados dejan al descubierto los cadáveres putrefactos, el año de la humildad, el año en que el nazismo se huele otra vez en las calles de la Alemania oscura…
Pero también el año en que otra ha surgido otra Alemania, luminosa, abierta, generosa y liberada de culpas, miedos y complejos. Un país del que todos los alemanes pueden sentirse orgullosos, una nación sin nacionalismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Miguel-Ángel-Berlin   21.oct.2015 14:26    

5 Comentarios

Primero, lo primero...mis disculpas por ser reiterativo, la calidad de sus comentarios se merecen la editorial de mucha prensa en castellano...por fortuna se publican en esta bitácora y podemos leer y comprender un poco mas y ,mejor una sociedad compleja y valiosa.

De la nota, las frases
"laboriosidad y fiabilidad de los “Gastarbeiter”,
"¡Lo conseguiremos!”
alientan a esperar, que repitan el éxito anterior y logren integrar de manera efectiva y eficiente muchos trabajadores de todos los niveles sociales que intentan renacer en Alemania, después de un viaje horripilante por tierra y mar en busca de la paz y el futuro de sus niños se merecen la oportunidad y el éxito.

De las maneras calvinistas y de la ilusión de "vive de las apariencias" se advierten costumbres tan extendidas en todas las sociedades que nos cuesta identificar la virtud del pecado...

Rescato el mensaje de esperanza... la base es solida, las opciones variadas
y solo queda confiar en que las minorías, presas del temor que intentan revivir imágenes trasnochadas, crueles e inútiles que terminan en catástrofes bíblicas sean controladas por el sentido común y la justa valoración de las dolorosas experiencias de otras generaciones que en la memoria frágil de la gleba suelen aflorar al ruido de muy lejanos cañones pero tan estridentes y atemorizantes como todos.

miércoles 21 oct 2015, 15:45

Su comentario me parece muy acertado tanto en sus consideraciones político-económicas, como en el análisis psicológico que hace de la sociedad alemana.
Justo es, sin embargo, reconocer que vivimos tanto en la época de la "deutsche Scheinheiligkeit" como en la del "postureo espanol"; aunque quizás después de todo no se trate de un defecto (pecado) histórico sino más bien de un rasgo constitutivo del ser humano. Reconocer esto me supone un gran esfuerzo, no crea. De algún modo todos los espanoles cuando llegamos a Alemania nos sentimos deslumbrados por esa "Scheinheiligkeit" de la que al principio sólo vemos la segunda parte del vocablo: "Heiligkeit". La primera parte, tardamos, para nuestro pesar, más tiempo en descubrirla.

En cualquier caso es igualmente cierto que la lucha contra la corrupción, sobre todo la corrupción política, es constante. El simple hecho de utilizar un coche oficial para un asunto privado -aunque sea combinado con una cuestión oficial- le costó el puesto a una ministra (de sanidad, creo recordar). Y lo mismo en lo que al fraude social se refiere. El ciudadano alemán paga sus impuestos pero a continuación quiere saber exactamente adónde va a parar su dinero y desde luego, no está dispuesto a que el vecino de enfrente lo dilapide a costa de pedir una ayuda social, mucho menos aún cuando no la necesita. El trabajo sigue siendo, hoy como ayer, una de las virtudes capitales del país. El trabajo no es un castigo del cielo. El trabajo honra. Otra cosa, claro, es que hay quienes a caminar 50 metros le llamen correr 500 y otros a correr 5000 Kilómetros le denominen "dar un paseo por el mundo".

En cualquier caso, lo que más me preocupa es que el tema de los refugiados haya terminado por convertirse en un problema alemán y no en lo que debería ser: un problema europeo. El número de personas que llegan todos los días al país germano supera en creces a las posibilidades de ayuda real. El agotamiento de los voluntarios (y de los donantes) es un riesgo a tener en cuenta. No sólo Alemania, también Suecia está empezando a presentar síntomas de cansancio. Un hombre extenuado, igual que una sociedad extenuada, es un hombre cuyas reacciones son difíciles de prever. Alemania lleva acogiendo desde hace décadas a los refugiados de la antigua Yugoslavia, a los emigrantes rusos, a los trabajadores polacos y turcos, ha tenido que enfrentarse al hecho de que la integración ha fracasado en muchos sectores de la sociedad y ha tenido que implantar nuevas reformas en la educación, ha debido hacer frente a una reunificación de la nación que no ha resultado tan fácil como ellos se imaginaron, además de poner en marcha un rígido plan de austeridad, que ha mermado la economía de muchas familias. Reconozcámoslo: la situación no ha sido fácil.

En el tema de los refugiados, la mayor parte de los alemanes han demostrado su buena voluntad. La mentablemente la buena voluntad no siempre es suficiente. Estoy firmemente convencida de que este problema no puede ser trasladado enteramente a los alemanes, por muy cómodo que ello resulte. Es necesario, fundamental, convertirlo en una cuestión europea. Hasta ahora, los diferentes países de la UE han demostrado tener grandes dificultades para alcanzar un acuerdo acerca de las cuotas de refugiados a admitir dentro de sus respectivas fronteras, dan cuenta de que la hipocresía es algo generalizado cuando los esfuerzos han de ser reales y auténticos.

No sé, ojalá me equivoque, pero a veces tengo la impresión de que muchas naciones europeas están aguardando a que Alemania tire la toalla para hacer ellas lo mismo aún antes incluso de haber utilizado dicha toalla.

Un saludo. Pido disculpas por haberme alargado tanto en mi comentario, producto de la emoción que causa el leer un artículo inteligente como es el suyo.

miércoles 4 nov 2015, 10:02


No sé si comentar la entrada, porque mi opinión en la del 21 de septiembre ayer (cuando cogí un rato para la escritura) estaba y hoy aparece borrada. En fin.
¿De verdad han hecho examen de conciencia y han confesado los pecados?. Les han -como se decía- pillao con el carrito del helao; y claro no han podido negar las evidencias en el tema Volkswagen; en el que qué menos que devolver las ayudas que recibieron, revisar los automóviles y el resto de asuntos que tengan que acometer.
Y los otros dos casos, el de la evasión de impuestos y el de la Fifa, quedarán -supongo- en poco o nada después del flu inicial, del escándalo ¿fingido?, con un@s abogad@s que acaben por presentar a l@s implicad@s como varios pobres que no sabían que lo que estaban haciendo no está bien; pero ell@s, l@s que están en el ajo, seguirán saliendo a la calle como si el tema no fuera con sus personas. Y mira en el caso de Franz eso va a permitir que no nos quedemos sin ver esa mirada, porque la sigue teniendo bonita si "olvidamos" que no es muy ¿limpia?.


martes 10 nov 2015, 20:57

Hola MZ. Me sorprende tu comentario de que se ha borrado.
He comprobado que estaba. Supongo te refieres al del 22 de Septiembre. Un saludo

miércoles 11 nov 2015, 10:15


Buenas tardes, Miguel Ángel. No era el del día 22, sino el del 16, (me equivoqué con la fecha), el que en el título lleva lo de la canción aquella de la película Cabaret; pero hoy vuelve a estar.
Un saludo.

miércoles 11 nov 2015, 20:32

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Miguel Ángel García

Bio Ich bin

“Soy un ciudadano de Berlín”. JFK llevaba apenas unas horas en Berlín Oeste cuando se declaró berlinés. Al otro lado del muro, un hombrecillo verde, con un impecable sombrero ya pasado de moda, cruzaba airoso las calles del Berlín Este, por aquel entonces apenas habitadas por tranvías llenos de proletarios.
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