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De Maastricht a Lisboa

    martes 17.nov.2009    por RTVE.es    7 Comentarios

El 7 de enero del 92 Europa iniciaba un camino de no retorno. El que trataba de convertir una unión económica en otra mucho más ambiciosa y con una innegable carga política. Fue en la localidad holandesa de Maastricht donde políticos como François Mitterrand, Helmut Kohl o Felipe González, junto a aquel magnífico presidente de la Comisión Europea que fue Jacques Delors, firmaron un Tratado que contemplaba el desarrollo de lo que hoy conocemos como Unión Europea.

Casi dieciocho años después, está a punto de entrar en vigor otro Tratado, el de Lisboa, que pretende dotar a Europa de los instrumentos necesarios para que pueda reconocerse, cuando se mire al espejo, como una unidad política con un peso internacional acorde con su poderío económico.

De ahí que el nuevo Tratado, nacido de las cenizas de la frustrada Constitución Europea y que ha tenido que superar no pocas penalidades para lograr su ratificación por los 27, contemple una serie de figuras políticas que aspiran a convertir a Europa en una potencia capaz de sentarse de igual a igual con Estados Unidos o China.

Estos días, los teléfonos de todas las cancillerías europeas echan humo. Se negocian a marchas forzadas consensos sobre el presidente estable de la Unión y el Alto Representante para Asuntos Exteriores y de Seguridad. Prácticamente descartado Tony Blair y autodescartado Felipe González para el primero de estos cargos, las opciones se reparten entre un grupo de políticos menores, poco conocidos más allá de sus propias fronteras.

Es lo de menos. Ni siquiera es excesivamente relevante si el elegido pertenece a la familia conservadora o a la progresista. Lo importante es el encaje que finalmente se dé a ese cargo de nueva creación en el andamiaje de poder de la Unión Europea y, sobre todo, si logra el objetivo fundamental para el que ha sido ideado, dotar a Europa de una sola voz y, en coherencia, de una sola política en asuntos de trascendencia internacional.

¿Dejará Europa de ser una banda en la que el empeño por primar los intereses nacionales convierte en irrelevante nuestro peso internacional, al presentarnos en todas partes con una alarmante falta de unidad?

Cuando la crisis económica se hizo imparable hace ahora quince meses, la primera reacción de los gobiernos europeos fue el sálvese quien pueda. Unos acudían al rescate de sus bancos sin importarles si con ello perjudicaban a los del país de al lado. Otros daban ayudas a su maltrecha industria automovilística, siempre y cuando ésta se comprometiera a no cerrar fábricas en sus límites nacionales. Nadie quería acordarse en esos momentos de las reglas del mercado único y fueron muchos los que se dejaron arrastrar por el más rancio nacionalismo económico.

Con el tiempo y mucho esfuerzo se pudieron encauzar las cosas. Un optimista diría que la crisis había unido a los europeos. Un pesimista, que todas sus vergüenzas habían quedado al descubierto. Ni tanto ni tan calvo, pero nadie puede negar que a Europa le sigue costando mucho coordinar posturas y defenderlas bajo el único prisma del interés común de sus ciudadanos. El nuevo presidente estable de la Unión tendrá un arduo trabajo por delante. Como lo tendrá el Alto Representante para conseguir que Europa tenga una sola voz en asuntos tan espinosos como Oriente Medio, las relaciones con Rusia o Afganistán.

No menos trabajo tendrá, por cierto, la presidencia española de la Unión que se estrenará el próximo uno de enero. Su mayor reto es el de desarrollar el Tratado de Lisboa y para eso necesitará buenas dosis de generosidad y acierto. Generosidad para saber renunciar a los focos en beneficio de unas instituciones de nueva creación que solo podrán consolidarse cogiendo las riendas de la Unión desde el primer día. Acierto para saber encajar los poderes de esta compleja Unión Europea que por contar cuenta con el mayor Parlamento democrático del mundo, con una Comisión Europea recelosa de las nuevas estructuras de poder que pueden mermar su capacidad ejecutiva y de un Consejo que, como si fuera un gran hermano , ha tenido hasta la fecha la última palabra en casi todo.

Si hace dieciocho años los Kohl, González, Mitterrand o Delors lograron el alumbramiento de una unidad política en Europa, ahora los Sarkozy, Zapatero, Merkel o Barroso tienen el reto de que Europa sea una y sea potencia internacional de primer orden. El tiempo lo dirá…

RTVE.es   17.nov.2009 16:25    

7 Comentarios

Felicitaciones exelente analisis. Zapatero se juega el cielo o el infierno con esta presidencia Europea, tengo la intuicion de que presentara mejores resultados que los que tiene actualmente en España.
Saludos

martes 17 nov 2009, 18:13

Me da a mí que o a) todo quedará en agua de borrajas y seguiremos yendo cada uno por nuestro lado o b) se harán tantas concesiones por aquí y por allá que al final la resistencia de la unidad será comparable a la de un castillo de arena con marea alta. Y no por nada, sino porque no me parece que los políticos actuales estén a la altura de los de hace 18 años y que se ven más presionados por una opinión pública desencantada con una idea de Europa cada vez más lejana, abstracta y que se percibe como contraria a los intereses nacionales.

martes 17 nov 2009, 18:23

Hola Alvaro. Voy a animarme a hacer por primera vez, aúnque breve, un comentario en tu blog.
Creo que has pasado por alto, en éste difícil "deambular" por el proceso de de la Unión Europea, Niza. Es verdad que, lejos de ser algo memorable, no se puede desligar del mismo frracaso constitucional al que aludes en el post. Siendo el momento más oportuno cuando tuvo lugar, sin embargo los protagonistas, evidentemente, eran los menos adecuados. Hoy, con los nuevos altos cargos ya elegídos, no hay porqué escatimar nombres: Blair, Chirac, Aznar.... . Resultó pura obsesión por el reparto de poder y dejaron fuera la Carta de Derechos redactada, entre otros, por el Parlamento Europeo. Esto lo resume todo a mi entender: Unión, sí, pero sin contenido. Reparto, tambien, pero finalmente hubo que corregirlo. Lo más lamentable es que algunos de aquellos líderes pretendían cerrar el Proceso de la Unión y que esas fueran las bases definitivas para un proceso constitucional. La que finalmente no fué, y que en realidad fué el único resquicio que dejaron a la presionadisima representación alemana, el temido "gigante europeo", para clarificar y dar contenido realmente político, avanzado y social a la Unión Europea. Niza fué tan necesaria, sin embargo, como bronca y desairada resultó. Si se hubiera desarrollado con más honestidad, dignidad y afecto hacia la ídea de Europa, quizás no se hubieran perdido cuatro preciosos años por el camino.
Yo tambien me temí la "espantá" de la que tu hablas al inicio de la crisis mundial. Pero como tú dices, pronto no tuvimos más remedio que mirarnos unos a otros, los europeos, y vimos algo...jó!¿Y si es un poco al menos de confianza?.
Saludos.
p.s. El que sea la primera vez que comento no quiere decir que sea la primera que te leo, Álvaro.

sábado 21 nov 2009, 19:23

Espero, Javi-avi, que la crisis al menos haya servido para que los europeos dejemos de mirarnos con desconfianza y seamos conscientes de que seremos más fuertes cuanto más unidos estemos. Pero no las tengo todas conmigo. La primera reacción de muchos países, en el otoño de 2008, fue inyectar dinero a sus bancos sin importarles lo más mínimo lo que pasaba con los del país de al lado. Recuerda lo que ocurrió en Irlanda...
Hace bien poco, la Comisión Europea ha sacado los colores a Alemania a cuenta de la Opel. Angela Merkel estaba dispuesta a aportar 4.500 millones de euros a la opción Magna...¿Por qué será? Igual tenía algo que ver el que Magna no contemplara cierres en Alemania y sí en Amberes (Bélgica) o que los recortes de plantilla afectaran sobre todo a trabajadores polacos, belgas o españoles...
No sé donde está ahora mismo Alemania. Tengo dudas de que conserve el ímpetu europeísta de hace unos años. Van Rompuy es, no cabe duda, una idea de Merkel. Sólo el tiempo dirá si buena o mala. De momento, lo único que sabemos es que hace un año presidía el Parlamento belga y escribía haikús...
Niza fue lo que fue pero más allá de los acuerdos está la voluntad de quienes los firman y la voluntad de estos para llegar a determinadas orillas. La actual de Europa es el mínimo común denominador. Ahora mismo no da para más.

lunes 23 nov 2009, 13:00

Es dificil no estar de acuerdo contigo, Alvaro. Pero cómo a veces suele decirse, un poco puede ser mucho, sobre todo si es lo que funciona. El ejemplo puede ser la misma Unión. El consenso es lo que le permite hacerse grande, que es lo mismo que la entorpece cada vez que hay que tomar decisiones, por nimias que sean estas. Por otra parte, no podría ser de otra manera. Yo entiendo pués que, tanto el Presidente Permanente como la Alta Representante para el Exterior y la Seguridad, serán, casi nada, depositarios del consenso del Consejo de la Unión. Y recuerdo que, en principio, son "designados" para el cargo, ya que volveran a someterse, aúnque ya se haya tenido en cuenta esta provisión, a la aprobación del Parlamento. Es decir, habrá que entender que el consenso queda establecido, ó en todo caso "medio establecido", de antemano para los siguientes dos años y medio. Y aún entiendo más, cómo que en pocos meses terminaran siendo una especie de "confesor" político de todos y cada uno de los componentes del Consejo y sus respectivos cancilleres. Tengo que decirlo, me ha gustado poco que se confundiera la DISCRECCIÓN con la falta de "perfil" ó "nivel" mediático. Puede que los movimientos y procedimientos que se adoptan en Bruselas a veces resulten poco serios, pero eso exigiría una crítica directa. Y aparte.

lunes 23 nov 2009, 17:40

Si sálvese quién pueda dependiendo de Bruselas para poder producir cine de calidad aunque sea de bajo presupuesto, por poner un ejemplo candente ,"La soledad"...a dónde vamos a llegar Gonzalez Sinde y el gremio de actores tienen que estar pues eso !sálvese quién pueda!

miércoles 25 nov 2009, 06:39

Mucha col de bruselas saludos Álvaro.

miércoles 25 nov 2009, 06:40

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Álvaro López de Goikoetxea

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Álvaro López de Goikoetxea es el corresponsal de TVE en Bruselas, donde atiende, sobre todo, asuntos económicos y comunitarios.
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