1 posts de julio 2009

Teléfono rojo, volamos hacia Moscú

Más que el doctor Strangelove, es la bomba atómica la que ha marcado mi vida. La de toda mi generación. Somos de los que nacieron con polvo radiactivo en el aire. PostHiroshima. Tenía poco más de un año cuando el mundo estuvo al borde de la catástrofe. Como Obama. Crecimos con el miedo en el cuerpo. Él, con los ensayos de "fallout" en el cole, debajo de los pupitres. Yo, escuchando a mis padres barajar hipótesis espeluznantes. Invierno nuclear, cuarta guerra mundial con piedras, mutantes.

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Las pesadillas infantiles dieron paso a los análisis de "Investigación y Ciencia". No se puede volver a encerrar los males en la caja de Pandora. La destrucción mutua está asegurada. Es un juego en el que nadie gana. Y a Obama le toca bajar la apuesta. Es consciente de que no vivirá para ver un mundo sin bombas termonucleares. Pero hará lo posible para que sean menos. De momento, algunas menos. No hay mucha diferencia entre 2.200 y 1.500 cabezas. Siguen siendo suficientes para incinerar varias veces a la humanidad. Pero por algo se empieza. START, principio. También poniendo coto al selecto y maldito club. Aunque sea a costa del escudo de misiles de Bush. Teherán bien vale unas cuantas lanzaderas.

Robert McNamara, The New York Times

Parece que las muertes este verano las tercian conjunciones planetarias. Se nos fue Robert McNamara. Un personaje brillante y complejo dónde los haya. En Camelot le recuerdan como el arquitecto de Vietnam, la "guerra de McNamara". Fue mucho más: como presidente del Banco Mundial, se entregó a la lucha contra la pobreza y el hambre. Sabía de que hablaba. Pilló la polio en Calcuta. En vano, el resto de su vida le persiguieron los fantasmas de aquella guerra, la que perdieron contra un puñado de campesinos, la que partió la sociedad americana en dos. Días de vino y rosas. Hay mucho que hablar sobre McNamara, uno de los "mejores y más brillantes" de Kennedy. El complejo militar-industrial lo devoró. Casi. Si él no hubiera sido secretario de Defensa, probablemente yo no estaría escribiendo este post. Sería polvo. Y no precisamente enamorado sino radiactivo.

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Gabriel Herrero


Los periodistas tenemos que contestar al menos cinco preguntas: Qué, Quién, Dónde, Cuándo y Por qué. La última es mi favorita.
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