14 posts de septiembre 2009

Un Macguffin para empezar el curso

Un Macguffin o Mcguffin es una expresión acuñada por Alfred Hitchcock. Algo irrelevante en una película de suspense que sólo sirve para que avance la trama. Como explicaba el maestro en el libro de Truffaut, la palabra procede del music-hall. Van dos hombres en un tren y uno de ellos le dice al otro: "¿Qué es ese paquete que hay en el maletero que tiene sobre su cabeza?". El otro contesta: "Ah, eso es un McGuffin". El primero, perplejo, insiste: "¿Y qué es un McGuffin?". Su compañero de viaje le aclara: "Un MacGuffin es un aparato para cazar leones en los Adirondacks". "Pero si en los Adirondacks no hay leones", le objeta el primero. "Entonces eso de ahí no es un MacGuffin", le responde el otro.

El inicio de curso en Camelot también tiene su Macguffin. Obama se dirige este martes a los estudiantes de toda la nación. A mediodía, dará un discurso desde el instituto Wakefield en Arlington, en Virginia, al otro lado del Potómac. Se retransmitirá en directo a través del canal político C-SPAN y, por supuesto, por internet. Del contenido, sólo se sabe que girará en torno a la importancia del trabajo duro, de responsabilizarse para tener éxito en el colegio, de no abandonar los estudios.

Así, de primeras, no parece nada polémico. Yo daba por supuesto que en un país como éste, la inmensa mayoría estaría de acuerdo con animar a los estudiantes a que se esfuercen. Me equivocaba. Desde que se supo, los más conservadores han montado en cólera y azuzan a la revuelta. Acusan a Obama de querer adoctrinar a sus hijos en el Socialismo. Una palabra muy fuerte. Equivalente a nuestro estalinismo. Herejía.

Daryl Cagle, MSNBC.com

Es curioso que toda esta controversia surja ANTES de que Obama pronuncie el discurso de marras. Nadie lo ha escuchado, pero todo el mundo está opinando sobre ello. Día tras día. Algunos padres se quejan de que no se ha purgado de contenido político ni ha sido revisado por los consejos estatales o locales de Educación, que son los que deben aprobar las materias que se enseñan en la escuela. Otros cortan por lo sano: se niegan a que el Presidente entre directamente en las tiernas almas de sus hijos. Los popes ultraconservadores, como Rush Limbaugh, echan más gasolina al fuego. Comparan a Obama con Saddam Hussein o Kim Jong-il y su culto a la personalidad.

Olvidan que no es la primera vez. El republicano Bush padre hizo un discurso similar en 1991. Animaba a los estudiantes a esforzarse y evitar las drogas. Es curioso que los Demócratas le acusaran entonces de usar el dinero de los contribuyentes para pagarse su propaganda política. Al final, muchos colegios de todo el país -Tejas, Virginia, California, Connecticut, Georgia, Utah o incluso Illinois- han optado por no retransmitir las palabras de Obama. Al menos, no en directo; quieren escrutar el contenido previamente.

Toda la polémica me recuerda en parte la que se montó en España a cuenta de la Educación para la Ciudadanía. El tema de los valores que el Estado enseña a nuestros hijos siempre es delicado. No creo que se pueda despachar la cuestión con un par de exabruptos. Hay argumentos razonables de uno y otro lado. Como casi siempre, ni tanto ni tan calvo. Pero el discurso de Obama ni siquiera es una asignatura. Tampoco es obligatorio escucharle. Al contrario. Es estrictamente voluntario. Lo dicho. Un Mcguffin para empezar el curso. Como si no hubiera ya bastantes patatas calientes.

PS. Ante la polvareda levantada, la Casa Blanca ha decidido publicar este lunes el texto del discurso de Obama. Os cuelgo el enlace tan pronto lo tenga.

La miseria engorda en Afganistán

El escándalo de las orgías de ArmorGroup en Afganistán es ante todo un pésimo ejemplo. Un ejemplo que echa por tierra la nueva estrategia de Obama para ganar la guerra "buena". Se supone que la de Irak era la "mala". En primer lugar avala el racismo -"los afganos sólo valéis para follaros"-, incontinencia, prepotencia y degradación que nos atribuyen a los occidentales Al Qaeda y sus socios. Pero destapa también el caos y la incompetencia de las subcontratas que se encargan de la seguridad.

La denuncia de POGO, la organización que ha levantado la liebre, pone en solfa ese cometido: pocos empleados, la mayoría no entienden el inglés, sufren jornadas abusivas, se les asignan tareas impropias, y como consecuencia lógica, rotación excesiva y seguridad comprometida. Y por último, siembra la duda sobre la actuación del departamento de Estado, el que dirige ahora Merlín-Clinton. Estaban avisados desde hace dos años. Repetidamente, pero eso no les ha impedido renovar en julio el contrato a ArmorGroup, absorbida por G4S/Wackenhut, la mayor empresa mundial del sector.

Un pan como unas tortas. Y más en un país que es como el Viejo Testamento. El comportamiento de los agentes de ArmorGroup se lleva por delante los esfuerzos de las tropas de la OTAN: cerca de 110.000, 68.000 americanos, 1.250 españoles en la actualidad. Muchos se dejan la piel, literalmente, ayudando a la población civil. Una labor idealista más propia de una ONG, pero estamos en guerra. Tampoco ayudan los errores, como esos bombardeos que arrasan aldeas, niños y mujeres y ancianos. Otra muestra de incompetencia. Si Bin Laden sigue vivo, se debe estar frotando las manos.

Obama tendrá que decidir cómo lidia el toro. Tiene sobre la mesa dos estrategias. Una amplia, que además de combatir a los insurgentes, apuesta por la estabilidad del país a largo plazo. Y eso requiere proteger a la población civil, impulsar el desarrollo, fomentar la democracia y los derechos civiles, sostener un gobierno central fuerte. Pero Afganistán no lo ha tenido nunca. Sólo Somalia tiene un estado más débil. Su PIB es ridículo, 26.000 millones de dólares, y la economía se basa en el contrabando y el cultivo de opio. El candidato vicepresidencial de Karzai es un traficante de drogas. La corrupción y el abuso son la tónica. Las mujeres siguen sometidas al varón, encerradas dentro de un burka. Y las recientes elecciones sólo han servido para demostrar más fraude y más violencia. Sea como sea, esa es la estrategia por la que apuesta el general McChrystal y aunque sus recomendaciones son todavía secretas, es casi seguro que requerirá más tropas y quedarse durante más años.

La otra opción es más modesta y barata. La defienden el vicepresidente Biden y muchos congresistas. Beben del fracaso del imperio Británico y de la Unión Soviética, que no consiguieron someter a los afganos. Apuestan por el contraterrorismo clásico y la alta tecnología para machacar a Al Qaeda en sus refugios. Para eso no es necesario seguir en Afganistán. Bastan misiles desde un barco, buenos servicios de inteligencia y un puñado de soldados de élite. Mientras Obama se lo piensa, el 57% de Camelot está ya en contra de esta guerra, que amenaza con convertirse en su Vietnam particular y eclipsar cualquier otro logro de su presidencia. A Lyndon B. Johnson le paso exactamente eso .

"La definición de demencia es hacer la misma cosa una y otra vez, esperando que el resultado sea diferente". Jimmy Margulies.

La Piedra de Rosetta

La Historia no se repite, tartamudea. He citado otras veces lo que creo que es un proverbio vasco; el problema es descubrir en qué sílaba nos atascamos. Hay una gráfica que lleva circulando años y que no deja de sorprenderme. Compara la evolución de dos índices bursátiles: el Dow Jones, que refleja cómo se comportan los precios de las acciones de las 30 compañías industriales más importantes de Estados Unidos; y el Nasdaq, que incluye más empresas pero sólo de nuevas tecnologías, desde la informática y las telecomunicaciones a la bioingeniería. La gracia es que la comparación no es simultánea, sino que liga el Dow desde el crack del 29 con el Nasdaq a partir del batacazo de las puntocom y los atentados del 11-S en 2001. El paralelismo es intrigante.

La correlación entre ambas historias es alta, no hay más que verlo, pero no alcanzo a comprender el porqué. Es como encontrar la Piedra de Rosetta, intuir que es importante, pero ser incapaz de traducir los jeroglíficos. No consigo pasar de la similitud inicial. Burbujas alimentadas por una esperanza desmedida en los beneficios que iban a traer las nuevas tecnologías; la radio o el coche como artículo de consumo masivo entonces, internet con el cambio de siglo.

Si el paralelismo se mantiene, y no tiene por qué hacerlo, nos esperan todavía unas cuantas caídas bursátiles. Por lo menos hasta 2013. Y puede, sólo puede, que reflejen caídas en el conjunto de la economía. La comparación histórica las descartaría. Pero ya no me fío. ¿Y si Obama no pasa a los libros como el segundo Roosevelt sino como una réplica de Hoover o de Lyndon B. Johnson?

De momento, los brotes verdes -el último es el repunte de la producción industrial- se multiplican, aunque sigue habiendo muchas dudas. Pero sospecho que el G-20 de Pittsburgh va a celebrar una recuperación adelantada. Es la ocasión perfecta.

En todo caso y si así fuera, supone un balón de oxígeno para Obama. Empieza el curso con suspenso. Menos del 50% de los ciudadanos aprueban ya su labor, según la media de encuestas que elabora Pollster. Es el tercer presidente que más rápido ha perdido esa cota de popularidad, sólo por detrás de Ford y Clinton.

Y no es sólo el desgaste al que somete la crisis económica a todos los gobiernos. En el caso de Obama, pesa y mucho su falta de liderazgo y claridad en la reforma sanitaria, el tema que más preocupa en Camelot según el prestigioso instituto Pew. También está la cuestión de Afganistán, una guerra a la que se oponen el 57% de los ciudadanos según la CNN. De ahí que el Presidente eche toda la carne en el asador a partir del martes. El lunes es del día del Trabajo, fiesta en Estados Unidos. Espero que haya encontrado su Piedra de Rosetta. Y que sea capaz de leerla.

Gripe A

Me envía un amigo un vídeo muy crítico sobre el tratamiento mediático de la gripe A, porcina o H1N1. Dada la "viralidad" de internet y el interés por el tema, supongo que habrá muchas personas que lo hayan visto. Vaya por delante que no suscribo todo lo que dice o da a entender el autor, Julián Alterini. Pero plantea algunos puntos que merecen una reflexión. Primero el vídeo.

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He contrastado los datos que aporta y en su mayoría son correctos. Con algunas excepciones. Es cierto que prácticamente ya nadie habla de la gripe aviar. Desgraciadamente, sí que sigue activa. Los dos últimos casos en Egipto, y de los 85 confirmados en ese país, 27 han sido mortales.

Sobre la gripe A, sus cifras son bastante precisas. La última actualización de la OMS ha registrado casi 210.000 casos en todo el mundo, de los que 2.185 han sido mortales. No parecen muchos, cierto. Pero supone una tasa de mortalidad de cerca del 1%. Altísima: diez veces más alta que la de la gripe estacional -0,1%-, aunque diez veces menor que la de la gripe española, que infectó a un tercio de la población mundial de entonces y se cobró entre 50 y 100 millones de víctimas.

Sin embargo, esos datos de la OMS, así, sin purgar, engañan. El número real de infectados por gripe A supera con creces a los casos registrados, como reconoce la propia organización. Según el New York Times, en Estados Unidos más de un millón de personas han pilado ya el virus y sólo han fallecido unas 300. El CDC habla de 800.000 infectados sólo en Nueva York la pasada primavera. Así las cosas, el porcentaje de muertos es sensiblemente menor, en línea con lo habitual en esta enfermedad.

De hecho, el CDC asegura que la tasa de hospitalización y la tasa de mortalidad son similares o inferiores a las de la gripe estacional. Y por no ser locales, el estudio de Vaillant que recoge el CIDRAP estima que a nivel mundial, la tasa de mortalidad sería como mucho del 0,4%. Además, la mayoría de las víctimas ya padecían complicaciones previas, obesidad y diabetes, por ejemplo. El problema, como señala la OMS , es que la gripe A afecte a una gran parte de la población y desborde el sistema sanitario.

Es interesante también la cuestión del negocio con los antivirales. La OMS prescribe dos: oseltamivir (con el nombre comercial de Tamiflu o Tazamir) y zanamivir (Relenza). Lo curioso es que es el oseltamivir el que más aparece en la literatura de la organización, y en general, en los medios. El segundo se ignora. Es cierto que el ex secretario de Defensa, Ronald Rumsfeld, presidió Gilead, el laboratorio que lo patentó. Es cierto que el oseltamivir tiene efectos secundarios. Y es cierto que lo comercializa la farmacéutica Hoffmann La Roche. Desde que se detectó el virus H1N1, las acciones de la compañía se han revalorizado cerca de un 25%. Con una tendencia al alza constante. En cambio, las de Gilead se han depreciado ligeramente. Con muchos altibajos especulativos.

En suma: ni tanto ni tan calvo. No comparto ni de lejos la alarma que sienten algunos. Pero tampoco creo que sea sensato despreciarlo sin más, como paranoia inducida por intereses comerciales. Lo razonable es que las autoridades se preparen por si las moscas. Lo razonable es tomar precauciones de puro sentido común, como extremar la higiene o perdonar los besos. Y si no les convence nada de lo dicho, consulte con su médico. Él es el experto.

Gabriel Herrero


Los periodistas tenemos que contestar al menos cinco preguntas: Qué, Quién, Dónde, Cuándo y Por qué. La última es mi favorita.
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