11 posts de diciembre 2009

En perspectiva navideña

Me he ido a ver el estreno de Avatar en 3D y sesión de medianoche, que aquí es como las tres de la madrugada. No os la voy a destripar. Yo he disfrutado como un niño. La guinda de un buen día. Vuelvo a casa por Navidad. Haidar regresa a su tierra. Hay una posibilidad de que se haga algo por curar el planeta en Copenhague. Quizás se apruebe la reforma sanitaria; quizás remita pronto el paro; tal vez acaben las malditas guerras. Pero conviene poner las cosas en perspectiva. Como este vídeo del Planetario Hayden y el museo de Historia de Natural. Una buena ilustración de hasta qué punto somos insignificantes. Una especie recién nacida en un rincón remoto del Universo. Y aún así, capaces de engendrar los sueños más hermosos. Y las peores pesadillas. Quizás se imponga lo mejor de nosotros mismos. Que es lo que se suele desear por estas fechas. Hasta la vuelta.

.


Obama y los gatos de Cheshire

Obama no se corta un pelo y llama "gatos gordos" a los banqueros de Wall Street. Lo hizo antes de convocarles a la Casa Blanca para pedirles que presten más dinero. Los pequeños negocios se asfixian por la sequía de crédito, y como son la cantera del empleo en Estados Unidos -y en cualquier parte-, el Presidente quiere aflojar la soga para atajar el paro. Algunas vagas promesas ha conseguido en este sentido .

A pesar del tópico, los banqueros que acudieron a la llamada de Obama están más bien delgados. A mí me recuerdan al gato de Cheshire, el de Alicia, el que desaparecía dejando una sonrisa colgada en el aire. Era un tramposo, un tahúr como Bernie Madoff, pero Alicia le necesitaba para salir del atolladero. Un símbolo de las veleidades del ser humano. ¿Se puede decapitar a alguien que carece de cuerpo? Buena pregunta. La misma Reina de Corazones, tan aficionada a cortar cabezas, estaba perpleja con aquel gato que se esfumaba a su antojo y por partes.

Nobles y sensatas las intenciones de Obama con los gatos que escurren el bulto. Más que justificada la colleja al capital. Pero puede que llegue tarde para ser efectiva. Ya no les tiene cogidos por la entrepierna para que cumplan sus deseos. La mayoría de los grandes bancos rescatados han devuelto los préstamos de los contribuyentes. O están a punto de hacerlo. El dinero, siempre el dinero, es el collar más corto para domesticar a la fiera. Una vez sueltos, ahora sí, engordan sin freno. Bank of America, Wells Fargo y JP Morgan eran tres buenos ejemplos de "too big to fail", demasiado grandes para dejarles caer. Los billones de dólares públicos les han permitido crecer aún mas a costa de Merril Lynch, Wachovia y Bear Stearns.

Si vuelven a acercarse al precipicio, algo casi seguro según la Historia, será más caro rescatarlos. Mucho más. Quizás sea imposible incluso con el beneplácito de las agencias de rating. El proyecto de reforma financiera que acaba de aprobar la Cámara de Representantes trata de cerrar resquicios. Exige más reservas de capital, permite desmantelar las compañías al borde del colapso y les obliga a aparcar 150.000 millones en un fondo para lidiar con el desastre. Habrá que ver qué hace el Senado, mucho más conservador y sensible a los lobbies. Eso será el año que viene. Ya puede ser tarde.

Los muchos porqués del caso Haidar

Este lunes, viene a Washington el ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos. Se entrevista con la secretaria de Estado, Hillary Clinton. Damos por sentado que hablarán del caso de Aminatu Haidar. Lo he seguido desde hace semanas y debo confesar que no entiendo nada. No tengo respuesta para los numerosos porqués de este embrollo. Me he puesto las pilas este fin de semana, y sigo sin entenderlo. Dado que en la rueda de prensa conjunta sólo admitirán cuatro preguntas -dos de medios españoles y dos de medios estadounidenses-, no me hago muchas ilusiones. Pero ahí va.

¿Por qué Clinton alabó la política de Derechos Humanos del rey Mohamed VI el pasado 3 de noviembre, menos de dos semanas antes de que expatriaran a Aminatu Haidar? ¿Por qué expresó su aprecio por los cambios acometidos en Marruecos? Estaba avisada de las violaciones. Y aún así, subrayó la relación bilateral "sin problemas desde hace 220 años" (¿!) con Marruecos y la cooperación en la lucha contra Al Qaeda.

En esa entrevista con la agencia magrebí MAP y la televisión Al Oula, Clinton matuvo que la política de la administración Obama sobre el Sahara Occidental seguía siendo la misma que con Bush, o ya que estamos, con su marido, el ex presidente, Bill Clinton. Sin embargo, una semana después, el rey Mohamed VI dio un discurso extraordinariamente duro contra los "adversarios de la integridad territorial", a los que calificó de traidores. Esta diatriba influyó, supongo, en que la policía de fronteras de El Aaiún no pasara por alto que Haidar pusiera "saharaui" en el formulario de entrada.

Pero ¿por qué decidieron quitarle su pasaporte marroquí y meterla en un avión español? Una violación flagrante de la Alianza Internacional de los Derechos Políticos y Civiles que Marruecos suscribió en 1979. Y para enredar aún más la madeja, ¿por qué el comandante del vuelo NT 6100 aceptó transportar a Haidar, según consta en la denuncia, a pesar de carecer de pasaporte y, sobre todo, en contra de su voluntad expresa?

La siguiente pregunta es más de lo mismo, ¿por qué la policía española de fronteras interpreta las leyes de forma nada habitual y permite la entrada en Lanzarote de Haidar? Insisto, Aminatu carecía de pasaporte y visado aunque tuviera permiso de residencia -otorgado por razones humanitarias-. Pero la cuestión es, si es "legal" admitir a un ciudadano extranjero en contra de su voluntad y con los papeles, cuando menos, en dudosa regla.

Hay muchos más flecos en la historia de Haidar: el dilema moral de permitir a la Gandhi saharaui continuar su huelga de hambre hasta la muerte, las siempre conflictivas relaciones con Marruecos, la tibieza en la mediación de Estados Unidos, el papel de nuestro rey y el Ejecutivo, el papel de España en el Sahara... Demasiados. Pero la pregunta que siempre me tortura, por qué, sigue sin contestarse. Y la respuesta, estoy seguro, requiere una buena dosis de magia de Merlín.

Guerra y paz

Obama, el Comandante en Jefe, ha defendido la guerra "justa" al recibir el Nobel de la Paz. Es lo que los ingleses llaman un oximorón. Una contradicción flagrante en pocas palabras. Una incoherencia que pone de manifiesto el desprestigio en el que ha caído el premio. No hacen falta tantas florituras para pasar el mal trago. Los romanos, un pueblo práctico, lo resumían con absoluta crudeza: si vis pacem, para bellum. Si quieres la paz, prepara la guerra.

El adjetivo justo es como el chicle. Depende de quién lo masca y se puede estirar tanto como venga en gana. ¿Es justa la guerra de Afganistán ahora? ¿Es el último recurso para la autodefensa? Comprende Obama que la guerra sea impopular, pero defiende que "la creencia en que la paz es deseable, rara vez es suficiente para conseguirla". ¿De veras? ¿No será que se prostituye por otros intereses? ¿Lo desea el complejo militar industrial? ¿Es honrosa la retirada sin victoria?

Cita el Comandante en Jefe a Luther King y Gandhi. King, que también recibió el Nobel, decía que "la guerra nunca trae una paz permanente". Gandhi fue más lejos: predicó siempre la no violencia. Y con ella ganó la independencia del Imperio Británico. Pero Obama asegura que ese credo no siempre es posible o práctico. Quizás por eso él recibe el Nobel y a Gandhi nunca se lo dieron, aunque fuera nominado cinco veces. "No hay camino para la paz, la paz es el camino", decía el Mahatma. Pero no queda sitio para las almas grandes. Nuestro tiempo sólo alienta las pequeñas. Y así nos va. Con la cabeza gacha.

Un mal trago

Obama recoge este jueves su premio Nobel. De la Paz. Lo hace una semana después de enviar 30.000 soldados más a su guerra, la de Afganistán. Ha triplicado los efectivos desde que tomó posesión. Curiosas las encuestas. Ha crecido el apoyo a la guerra en Estados Unidos. Al fin y al cabo, la inmensa mayoría de la población no hace ningún sacrificio. O al menos eso creen. A diferencia de Vietnam, no hay levas. A Afganistán van los profesionales. Pero la factura lleva la misma letra: sangre, dólares y secuelas.

"Francamente, prefería la indecisión". Sack, Star Tribune.

Obama no es de los que se achantan. Al contrario, se crece con las dificultades. Cogerá el toro por los cuernos cuando acepte el galardón. Según uno de sus asesores, "es perfectamente consciente del interesante contexto en que recibirá el premio". Y piensa encarar la "coincidencia" en su discurso. Fidel Castro lo llama cinismo. Obama, supongo, dirá que su primera obligación es velar por la seguridad de su pueblo. Y que no puede permitir que una banda de asesinos, Al Qaeda y asociados, siga amenazando su paz doméstica y la seguridad del mundo. Claro que sólo hay un centenar de terroristas operando en Afganistán. La mayoría están en Pakistán. Y la CIA presiona a ese lado de la frontera para que Islamabad se deje de cuentos. O eso, o más drones.

Ya que hablamos de contextos, Obama tiene preocupaciones más urgentes que el mal trago de Oslo. Hay más de 15 millones de parados, el Senado zangolotea con la reforma sanitaria, y las agencias de rating, una vez rescatados y saneados sus terminales, amenazan con bajar la calificación de la deuda. Ahora; no antes. Hace un año no había problema, entonces era bendecido el gasto público. Tiene bemoles, no es lo mismo el caviar que las lentejas. En fin, que al Presidente no le quita el sueño si el Nobel es inmerecido o prematuro. Eso se zanja con un toque de humildad y unas puntas de retórica bien engrasada. Liderazgo pragmático. Y con un poco de suerte, lo borda con el nuevo tratado de reducción de armas estratégicas, el START. El ministro ruso de Exteriores, Sergei Lavrov, ha dicho que se firmará pronto. Reuters me lo recuerda desde hace una semana en sus previsiones diarias.

Mike Keefe, Denver Post.

Más leña al fuego

He encontrado este resumen de los argumentos a favor y en contra de la teoría del cambio climático. Podéis pinchar en el link de arriba o descargar la imagen para verla en todo su esplendor. El autor, David McCandless, ha limitado deliberadamente sus fuentes a lo que se puede encontrar en la red. No ha entrevistado a científicos o expertos. Quiere simular el acceso a la información que tiene el ciudadano de a pie. La mayor parte de los datos provienen de RealClimate, un blog cuidado por climatólogos.

Os hago una pequeña traducción. En el registro histórico, el nivel de CO2 no precede a los aumentos de temperatura, lo que cuestiona que sea la causa. Y eso cuando lo hace; en el Ártico, los dos factores ni siquiera van parejos. Los defensores del cambio argumentan que una zona no representa todo el mundo y que el CO2 agrava el calentamiento.

Los escépticos dicen que el 90% de las medidas se han realizado en tierra, a pesar de que el 70% del planeta es océano. Además, las temperaturas están distorsionadas porque la mayoría de los termómetros están cerca de las ciudades. Los defensores del cambio dicen que se utilizan filtros para corregir la desviación y cancelar el sesgo.

Durante la Edad Media, las temperaturas eran más altas que ahora. Entre los años 800 y 1300, se cultivaba la vid en Inglaterra y los vikingos colonizaron Groenlandia. Y entonces, la actividad humana no inyectaba CO2, otra prueba de que el gas y la temperatura no están ligados. La ONU minimiza este hecho sistemáticamente. Los defensores del cambio dicen que se trató de un calentamiento local y no global. No hay pruebas de que ocurriera en el hemisferio sur.

El palo de hockey en la curva de temperaturas -que hizo famoso Al Gore-, muestra un alarmante aumento a finales del s.XX pero depende del método estadístico según los escépticos. Dicen que el palo es tan poco fiable que el IPCC lo retiró de su informe. Los defensores del cambio replican que el palo ya es viejo. Que ahora existen registros más actualizados y detallados, que todos muestran que el siglo pasado es el más cálido y que el ascenso dramático comienza en 1920, cuando la industria empieza a verter CO2 a la atmósfera.

Los núcleos de hielo suministran buena parte de los registros de temperatura. Los escépticos dicen que no son fiables porque no son sistemas aislados: las presiones pueden expulsar los gases, el agua puede absorberlos y el aire puede entrar y salir, alterando el registro. De hecho, las muestras de Siple, en el Ártico, dicen que la concentración de CO2 en 1890 era de 328 ppm., un nivel que sólo se alcanzaría en 1927 según el IPCC. Para arreglarlo, los científicos desplazaron los datos 83 años a la derecha. Los defensores del cambio replican que ningún otro registro mundial de los últimos 650.000 años supera las 290 ppm. Dicen que los núcleos de hielo son fiables porque se toman muchas muestras para minimizar estos errores y además se combinan con otros datos como los anillos de los árboles o las lecturas de los termómetros.

Los escépticos dicen que el CO2 se queda en la atmósfera 5 ó 10 años, antes de que el mar lo absorba. Y los océanos son tan vastos que pueden absorber hasta 50 veces el nivel de CO2 actual. Los defensores del cambio dicen que eso es cierto en las aguas superficiales, pero en las profundidades marinas, la absorción tarda entre 50 y 200 años. Y además, el proceso no es ilimitado. Hay un momento en que se satura.

Los escépticos destacan un e-mail del climagate. "Acabo de completar el truco de Mike. Sumo las temperaturas reales a cada serie de los últimos 20 años para ocultar el descenso". Los defensores del cambio dice que truco se refiere a técnica. Los escépticos que el truco consiste en disimular los datos de los anillos de los árboles desde 1960, que no muestran un calentamiento sino un descenso en las temperaturas. Los defensores del cambio dicen que los datos de los anillos se acaban en 1980. Desde entonces, se utilizan registros más recientes. Ambas curvas están identificadas. Admiten que sí se refleja un descenso en un tipo de datos de anillos, en los de latitudes altas. Se desconoce la causa. Pero como no concuerdan con los registros termométricos y con otros registros de anillos, se considera que estos datos no son fiables a partir de 1960.

Vosotros mismos.

Pymes y 2.000 vatios para salir del agujero

Hay una crítica que no puedo hacer a Obama: que no escucha. Al revés. Su equipo de comunicación es el más brillante que conozco. Rastrean todos los medios, incluido internet y sus blogs, para modular su política. A veces, el resultado no es el que desearía. Ahí está la nueva estrategia para Afganistán. El Presidente anunció que la retirada empezaría en julio de 2011, pero los estadounidenses consideraron que era imprudente dar una fecha de salida. Escuchado y hecho. Vino un aluvión de matices. Primero que dependería de las condiciones sobre el terreno, luego que lo que empezaría sería el traspaso de poderes y al final, que habrá que ver si el gobierno afgano estará en condiciones de asumir la responsabilidad.

Pero en otras ocasiones, el teléfono rojo con el Pueblo hace justicia. La recuperación económica se consolida y los bancos devuelven las ayudas públicas antes de lo previsto. Hablamos de los 700.000 millones de rescate financiero que se aprobaron cuando todavía gobernaba Bush, no confundirlos con los 787.000 millones del plan de estímulo. La cosa va tan bien que el Estado recibe intereses por sus préstamos y se encuentra con 200.000 millones más de lo previsto. Un dinero, recordemos, que se utilizó para salvar el cuello a los responsables de la crisis, Wall Street y sus mariachis. Obama ha decidido que es hora de utilizar ese capital para rescatar a los paganos del entuerto: los trabajadores.

Como todo, tiene matices. Para empezar, no depende sólo de Obama. Tendrá que negociar su propuesta con el Congreso. En principio, los 200.000 millones se deberían dedicar a enjugar el déficit, pero a ver quién es valiente que se opone a la idea. El año que viene hay elecciones. El paro es la principal preocupación de los estadounidenses y el rescate de Wall Street a costa de Main Street todavía levanta ampollas. Al final, es probable que se llegue a un compromiso. Parte para saldar el agujero, parte para crear puestos de trabajo. Dos, como esto es capitalismo, no se trata de que el Gobierno cree los empleos directamente. Socialismo, clamarían los críticos. La solución que propone Obama es aceptable y factible: utilizar las pequeñas empresas como palanca. Son las más castigadas por la sequía de crédito y son la cantera de empleo. En este país y en el nuestro. La receta no es nueva, se trata de ayudas en forma de incentivos fiscales. A la inversión y la contratación.

Larry Wright, Detroit News.

El nuevo plan de estímulo de Obama tiene otras dos patas. Una es la clásica: inversión en infraestructuras. Crean empleo directamente, multiplican el dinero metido y potencian la productividad a largo plazo. La segunda consiste en dar más incentivos a la eficiencia energética y las renovables.

Tiene sentido. Y más, ahora. Uno de los obstáculos para reducir los gases de efecto invernadero es que la parte fácil ya está superada: la reconversión de las industrias más contaminantes. Ahora viene la difícil: nosotros. La mayoría de la gente no está dispuesta a asumir sacrificios en su calidad de vida. Aunque sea para salvar el planeta y su propio cuello. Todos contra el cambio climático pero no a costa de mi bolsillo.

Para solventarlo, los científicos suizos han propuesto la idea de "sociedad de 2.000 vatios". De entrada, bajar el consumo a ese nivel significa un ahorro considerable. Los europeos gastamos 6.000 w. por cabeza, EE.UU. se come más de 10.000.
Pero además, se trata de conseguirlo sin sacrificios, sin renunciar a ninguna de nuestras comodidades. Se logra acondicionando los hogares y las oficinas, usando coches más eficientes como los híbridos, iluminando con bombillas fluorescentes o LED, tirando de electricidad eólica y solar... Lo bueno es que la tecnología necesaria ya está en nuestras manos. Hay que incentivar que la usemos en casa. En eso está Obama. Después de lo de la EPA, esto parece que va en serio.

Cambio, ¿qué cambio?

Empieza la cumbre para luchar contra el cambio climático en Copenhague y me preguntan cómo lo ven en Estados Unidos. El titular es que crece el escepticismo. Hace dos meses, el prestigioso Instituto Pew publicó un sondeo sobre la cuestión. Un 57% de la población cree que existen sólidas pruebas de que la temperatura media ha aumentado en las últimas décadas. En abril del año pasado, el porcentaje era del 71%. Y dos años antes, rozaba el 77%. El declive es de unos diez puntos cuando se pregunta si la causa es la actividad humana -sólo el 36% lo cree- o si el problema es muy serio -el 35%-.

Quizás influya el hecho de que el verano ha sido más suave de lo normal en muchas partes del país. Creo que tiene que ver con el ciclo de manchas solares. Pero lo cierto es que la tendencia viene de lejos. Según Gallup, desde 2006 crece el número de personas que creen que se exagera la amenaza del cambio climático: ya son el 41%. Y aunque la posición personal tiene que ver con la ideología política, es sorprendente que el sondeo de la ultraconservadora cadena Fox muestre más de lo mismo: el porcentaje de creyentes en el calentamiento global ha caído del 82% a principios de 2007 al 69% el pasado mes de mayo.

Influye también la crisis económica. Con la que está cayendo, son menos los que consideran una prioridad la lucha contra el cambio climático. Sobre todo si supone sacrificios en el propio bolsillo, en el crecimiento económico o en la creación de empleo. Es ilustrativo de todo esto otra encuesta de Pew. Pero seamos justos, el 83% de los norteamericanos apoyan leyes más estrictas para proteger el medio ambiente.

El escándalo del "climagate" no parece que vaya a invertir la tendencia. Al contrario. Los e-mails del departamento de Investigación Climática de la Universidad de East Anglia ha puesto de manifiesto la manipulación de los datos y la censura a los críticos. Artimañas para respaldar que es la actividad humana la que provoca el calentamiento global. Eso no es ciencia. Se parece más al proceso que le hicieron a Galileo. Todavía me parto de risa cuando recuerdo el informe del IPCC: "estimamos que la probabilidad de que el hombre sea responsable del cambio climático es del 95%". Caray, qué precisión, qué exactitud en el estudio de un sistema caótico. Deberían contratarlos en la bolsa. Mejor no, ya lo hicieron en LTMC y casi hunden el sistema financiero. El año pasado, los aprendices de brujo estuvieron a punto de lograrlo. El deshielo del Ártico -eso es un hecho- es otro ejemplo. Los expertos en este tema subrayan la cantidad de cosas que desconocemos sobre las corrientes y vientos polares. Los profetas del cambio lo ponen como prueba de su apocalipsis. Se olvidan de que sus "modelos" no predijeron la magnitud ni el calendario. En fin, es otro síntoma. Se confunde el teorema con el modelo informático, la hipótesis con la certeza, un tramo de la curva con la tendencia permanente, la teoría con la Verdad Revelada.

Ya hay gente que quiere quitarle el oscar a Al Gore por su "verdad incómoda", pero la consecuencia política de todo esto es que los republicanos arriman el ascua a su sardina y utilizan los errores para torpedear la agenda medioambiental de Obama. El proyecto para reducir los gases de efecto invernadero se tramita en el Senado y el GOP se opone al sistema de derechos de emisión. Los e-mails les han dado munición. Como decía el miércoles el diputado John Shadegg, "cualquiera que piense que son insignificantes, que no dañan la credibilidad del movimiento, es un ingenuo". Los demócratas, como es natural, minimizan el escándalo. El senador Sheldon Whitehouse lo ha calificado de "pequeña riña". Y mientras tanto, Obama ha cambiado de opinión y ha decidido que irá a la jornada de clausura de la cumbre de Copenhague. El análisis mayoritario es que lo hace porque hay posibilidades de que se llegue a un acuerdo sustancial. Al fin y al cabo, tanto China como EE.UU. -responsables del 40% de las emisiones- están dispuestos a un compromiso mínimo no vinculante.

.


Personalmente creo que no hace falta ninguna teoría del cambio climático para ver que estamos emponzoñando el planeta, envenenando sus aguas, esquilmando sus especies, arrasando sus bosques. Y no tenemos nave espacial de recambio. No me hago demasiadas ilusiones; las medidas no serán suficientes ni inmediatas. Me consuela pensar que a los políticos no les gusta un pelo nuestra dependencia del petróleo. El crudo lo exportan países tan próximos a nuestros valores como Arabia Saudí, Irán o Rusia. Eso sí que es un acicate para impulsar las energías alternativas y reducir la contaminación de los combustibles fósiles. A la fuerza ahorcan.

Cañones o mantequilla

El dato de paro de noviembre en EE.UU. ha sido inesperadamente bueno. "Sólo" se han perdido 11.000 empleos y la tasa baja dos décimas al 10%. La cifra es la más baja desde que comenzó la recesión en diciembre de 2007. Es sensiblemente mejor de lo que esperaban los analistas y dejamos atrás los seis dígitos. Por fin. Aún así, es un magro consuelo para los 15,4 millones de personas que están sin trabajo. Uno de cada seis, si incluimos a los que han tirado la toalla o están subempleados .

Son algo más que cifras en una estadística. Hay muchas tragedias personales detrás de ella. Como recordaba Elisabeth Warren, la congresista que supervisa los rescates financieros, una de cada nueve familias no pueden pagar el mínimo de su tarjeta de crédito. Una de cada ocho hipotecas está en mora o desahucio. Uno de cada ocho americanos tiene que recurrir a los cupones de alimentos. Más de 120.000 familias se declaran en quiebra cada mes. Todo esto sucede la misma semana que Obama decide enviar 30.000 soldados más a Afganistán, la misma semana que ha celebrado una cumbre sobre empleo en la Casa Blanca. Ha reunido a 130 empresarios, sindicalistas y académicos para buscar ideas que creen puestos de trabajo.

El Presidente dice que su margen de actuación está limitado por un déficit descomunal de 1,4 billones de dólares. La solución más obvia, la que predican liberales como Krugman, es que el Gobierno cree empleos directamente. Como en la Gran Depresión. No es posible, replica Obama. A la espera de conocer qué ideas ha recogido para poner en marcha, todo parece indicar que será más de lo mismo: incentivos fiscales a las pymes que contraten, ayudas a la exportación, impulso a las renovables y la eficiencia energética.

R.J. Matson, The New York Observer y Roll Call

El problema de Obama es el dilema entre cañones y mantequilla. Una de las primeras lecciones del manual de Samuelson. La economía es la ciencia de los recursos limitados. No se puede tener más de todo. Hay que escoger. Obama ya lo ha hecho. Está dispuesto a enterrar 100.000 millones más en la guerra de Afganistán el año que viene. Es cierto que el dilema es una simplificación. La industria militar también crea empleo y "riqueza". Aunque sea I+D para la destrucción. Pero también es verdad que esta crisis ha dejado al desnudo las prioridades. El Estado está dispuesto a meter billones para rescatar al sistema financiero. Era preciso evitar la catástrofe; de acuerdo. Pero cuando se trata de proporcionar trabajo a millones de ciudadanos, la respuesta es mucho más tibia, menos urgente. "No hay dinero, la respuesta ha de venir del sector privado", dice Obama. El año que viene hay elecciones.

Tres ideas de resaca

Hecho: Obama envía 30.000 soldados más a Afganistán. Intención: las tropas empezarán a volver a casa en año y medio. Hecho: el gobierno de Karzai es corrupto, las tropas afganas están mal pagadas, poco motivadas y una parte significativa son analfabetos que desconocen el inglés. Intención: Obama quiere entrenarlas para que tomen el relevo a partir de julio de 2011. Hecho: Pakistán no se fía un pelo del amigo americano y la guerra contra los talibanes le ha supuesto cientos de miles de refugiados. Intención: Obama quiere estrechar la relación estratégica y garantizar la estabilidad de un Estado nuclear cuya bomba ambicionan los terroristas. En suma, como dice el Wall Street Journal, Obama apuesta fuerte en el incremento de tropas. Ya es su guerra.

Traducción libre: si ya estás en un agujero, no dejes que te lleven a un callejón sin salida.

Lo que sí es impresionante es la estrategia de comunicación de la Casa Blanca. Han conseguido que todos los medios hablen del discurso de Obama desde hace una semana. Han organizado una cuidadosa serie de filtraciones. Cada uno ha recibido su pequeña ración de información privilegiada. No todas correctas. Casi todos han tenido que rectificar en mayor o menor medida sus "exclusivas". En el número de soldados, en el plazo de retirada, en la estrategia. Pero el resultado es que el Comandante en Jefe ha copado las portadas. Hay un trabajo continuo detrás. Hay una estrategia medida al milímetro que rinde lo suyo.

Y tres. Obama ha pedido la colaboración de los aliados para salir del embrollo de Afganistán. Hay distingos. Ha hablado personalmente con Gordon Brown, Sarkozy, Berlusconi, Medvédev y Merkel. También con Karzai y Zardari. Incluso con el premier polaco, Donald Tusk. Pero no con Zapatero. De eso se ha encargado el vicepresidente Biden a última hora. Ya sé que no somos una potencia, que nuestra presencia en Afganistán es modesta -mil soldados- y limitada -no ofensiva-. Pero es significativo que Obama se haya olvidado de citar en su discurso los atentados de Al Qaeda en Madrid. En cambio, sí que ha tenido palabras de recuerdo para Londres y Bali. Pone las cosas en su sitio, en el lugar que ocupamos en el imaginario de Camelot.

Gabriel Herrero


Los periodistas tenemos que contestar al menos cinco preguntas: Qué, Quién, Dónde, Cuándo y Por qué. La última es mi favorita.
Ver perfil »

Síguenos en...

Últimos comentarios