15 posts de enero 2010

De colores

El portavoz -majority leader- de los Demócratas en el Senado, Harry Reid, ha pedido disculpas a Obama por unos comentarios que hizo en la campaña electoral. Según recoge el libro "Game Change", de los periodistas John Heilemann y Mark Halperin, el senador Reid predijo que Obama podría convertirse en el primer presidente afroamericano porque "tenía la piel clara y no hablaba en la jerga de los negros, salvo cuando quería hacerlo". Obama ha aceptado las disculpas sin dudarlo. Reconoce que la frase fue desafortunada pero no olvida que fue el propio senador por Nevada quien le animó a presentarse como candidato.

Consecuencias políticas al margen -los Republicanos, con su presidente Michael Steele a la cabeza, han mordido presa y ya han pedido la dimisión de Reid-, la frase de marras me recuerda dos cosas. En este país, los negros de piel clara tienen un trato preferente sobre los de piel oscura, tanto a la hora de encontrar empleo y ganar más dinero como en sus posibilidades de ser condenados a muerte. Este favoritismo hunde sus raíces en la esclavitud. La piel más clara era señal de que descendían del amo. Eso les garantizaba mejor educación, opciones a ser propietarios y en algunos casos, el ascenso social. El prejuicio, como tantos otros, permanece enquistado. Ya casi no se ve en las leyes pero persiste bajo la piel.

En inglés, la forma de hablar dice mucho más que en castellano sobre tu posición social. La película "My fair lady" es un magnífico ensayo al respecto. Apenas abres la boca, tu interlocutor tiene pistas para calar cuánto ganas, dónde has estudiado o de dónde procedes. No es sólo la elección del registro adecuado a la ocasión, también importa si utilizas la palabra de raíz anglosajona o la normanda, la claridad u oscuridad en la pronunciación de las vocales y consonantes, los modismos y frases hechas. Algo tan inocente como un phrasal verb puede traicionar tus orígenes con más precisión que una tarjeta de visita. En el caso de los negros, confieso que hay muchos a los que no entiendo una sílaba. La pronunciación me es ajena, el vocabulario desconocido. Y lo mismo, me confiesan, le pasa a los nativos blancos.

Obama es justo lo contrario. No es que se le entienda perfectamente, es que borda la expresión oral. Su inglés es de élite Ivy League. Su vocabulario, culto e impecable. El 80% de su discurso tiene la raíz en el latín, salpimentado con modismos familiares, de esos que llegan al alma de la clase media. Y sí, para ser negro, tiene la piel clara. Salvo recién llegado de vacaciones de verano. Supongo que los afroamericanos también se ponen morenos con el sol. Obama es en suma birracial y de clase alta, culturalmente hablando. Y como tal, goza de la prebendas de una sociedad tan consciente del color de la piel y el deje de la lengua como es ésta. Ignorarlo es pura ingenuidad. El tono está en el ojo que mira.

Shocking

Durante todo este jueves he estado pendiente de la comparecencia de Obama para informar por segunda vez esta semana sobre el atentado frustrado de Detroit. Había mucha expectación, dado que el máximo asesor de Seguridad Nacional, James Jones, había dicho por la mañana que el informe de los fallos escandalizaría -will feel a certain shock- a la opinión pública. Pero después de escuchar a Obama, no he oído nada llamativamente nuevo o impactante en los errores o en los remedios. Me reconforta que Obama diga que no sacrificará libertades civiles pero el diablo se esconde en los matices y habrá que esperar. No me impresiona que asuma la responsabilidad del "fallo del sistema". Es muy noble por su parte pero no va acompañado de dimisiones. De momento.

Lo que si me ha dejado estupefacto, escandalizado u horrorizado -traducciones válidas de schocked- es la respuesta del asesor de contraterrorismo, John Brennan. Le preguntaba el colega de la CNN que era lo más "shocking" que habían encontrado en la revisión de los fallos de seguridad. Y Brennan le ha respondido que es el hecho de que Al Qaeda sea capaz de actuar fuera de Pakistán, que puedan lanzar un ataque desde la Península Arábiga. La puntilla la ha dado la titular de Interior al complementar la respuesta. Se sorprendía Janet Napolitano de que Al Qaeda sea capaz de montar un atentado con un solo individuo, sin que sea necesario un complot como en el 11-S.

¿Y han necesitado todo este embrollo para darse cuenta? ¿Habrían cambiado la estrategia en Afganistán de haberlo sabido antes? Parece que se caen del guindo sólo cuando la bomba entra en casa. No sé si la administración Obama se mira demasiado el ombligo, tratan de hacernos comulgar con piedras de molino o es una cortina de humo. En este sentido, es significativo que la comparecencia de Obama se retrasara dos horas, debido, dicen mis fuentes, a que era preciso seleccionar cuidadosamente qué se contaba del informe y qué no. Al fin y al cabo, es información sensible, mucha de ella clasificada. Y no se trata de dar pistas al enemigo sino de minimizar el daño político y tratar de tranquilizar a la opinión pública. Apunta el NYT que el documento secreto es mucho más estremecedor. Pero eso ya lo sospechábamos. Y no se ha acabado. Buen fin de semana.

Obama, a la defensiva

Las vacaciones le sientan mal a Obama. Le pasó en verano, cuando dejó que los críticos a la reforma sanitaria tomaran la iniciativa y le comieran el terreno. Le ha vuelto a suceder en Navidades. Calló durante tres días después del atentado frustrado de Detroit. Luego fue tibio en su reacción, aunque peor imagen dio su ministra de Interior, Janet Napolitano, quitando hierro a los fallos de seguridad y asegurando que el sistema funcionó. Y por último, algo recurrente, se muestra indignado, resuelto y dispuesto a coger el toro por los cuernos. Tarde, me temo.

Ayer martes, Obama compareció en el Grand Foyer de la Casa Blanca para dar explicaciones, tras leer la cartilla a su equipo de seguridad nacional. La pega es que no admitió preguntas. Nueve minutos de discurso para reconocer lo que era evidente: "el sistema ha fallado de forma potencialmente desastrosa". El agujero, dice, no estuvo en la información recopilada por los servicios de Inteligencia sino en el cruce de datos. La brecha en la seguridad permitió que el nigeriano Umar Farouk Abdulmutallab se metiera en el vuelo Northwest 253 con explosivos ocultos en los calzoncillos.

"Después del terrorista del zapato nos hicieron quitarnos los zapatos... Imagino que sólo era cuestión de tiempo". Joe Heller, The Green Bay Press Gazette de Wisconsin.

Esos polvos y el retraso presidencial traen nuevos lodos. Para empezar, Estados Unidos no repatriará de momento a los detenidos yemeníes en Guantánamo. No está el horno para bollos teniendo en cuenta que el tal Umar actuaba al servicio de Al Qaeda en Yemen y que algunos de los ya liberados se han reincorporado a las filas terroristas. Obama asegura que cerrará Guantánamo, pero de forma que se salvaguarde la seguridad del pueblo americano. Ad calendas grecas, decían los romanos. Si los republicanos y la mayoría de la población se oponían al cierre, el atentado frustrado les da munición de sobra.

Me sorprende que Obama no corte cabezas, especialmente cuando proclama a los cuatro vientos que lo sucedido "no es aceptable y no lo toleraré". Su portavoz, Robert Gibbs, dice que no es momento de apuntar culpables con el dedo. Hombre, esto empieza a recordar a la administración Bush tras el 11-S. Tantas agencias, tantos responsables, tantos fallos y ninguna dimisión. ¿Por qué no ataja el Presidente la bicefalia en Inteligencia? ¿Quién es el responsable, el director de la CIA, Leon Panetta, o el director de Inteligencia Nacional, Dennis Blair? Y no deja de rondarme la cabeza otra pregunta: la escalada en Afganistán, ¿no servía para desmantelar, derrotar y desbaratar Al Qaeda? ¿Es sensato gastar alli diez veces más que en la seguridad de los transportes?

Al final y a la espera de que Obama anuncie nuevas medidas en los próximos días, los aspavientos se quedan en lo conocido: ampliación de la base de datos de terroristas y más controles en los aeropuertos. A un precio que también empieza a ser recurrente. Cuando Obama era senador por Illinois, abogaba por acabar con la legislación que discriminara según la raza, etnia o religión. Ahora ha impuesto controles exhaustivos y corporales a los ciudadanos de 14 países, todos musulmanes salvo Cuba. Vale, se supone que Al Qaeda se refugia en ellos, salvo Cuba, pero ¿meter a todos sus ciudadanos en el mismo saco? Eso se llama ser selectivo y coherente. Seamos justos. A ver quién es el valiente que se desmarca con la psicosis desatada en Camelot y la ofensiva de la oposición a cuenta de ello. Espero que no tengamos que lamentar lo que advertía Benjamin Franklin: "aquellos que sacrifican libertades esenciales para obtener una seguridad temporal, no merecen ni la libertad ni la seguridad".

Carta a los Reyes Magos

Pasado el estupor doble cero de la década perdida, y en vísperas de Reyes, es una buena ocasión para pedir a los dioses y conformar el futuro. Es gratis. Y si me equivoco, dentro de un año nos podremos reír de las tonterías escritas. Ánimo, os podéis sumar. Ahí van mis deseos-predicciones.

Economía: EE.UU. crece más del 5% en el 2010 y el paro baja del 9%. La cumbre de primavera del FMI certifica la recuperación mundial. Bernanke tira de su prestigio como experto en la Gran Depresión y lidera la cautela en la política monetaria. Los estímulos se retiran muy gradualmente, en una nueva versión stop and go. El año se cierra con los tipos de interés en el 1% en Estados Unidos y medio punto más en la eurozona. España se beneficia del tirón mundial y consolida el repunte del primer trimestre. Aún así, el empuje del sector exterior no es suficiente para compensar la debilidad de la demanda y la inversión y el crecimiento no llega al 2%. A esa tasa, el paro remite muy lentamente. El Gobierno rectifica y lanza un nuevo plan de estímulo fiscal.

Política: La recuperación económica y la reforma sanitaria dan un balón de oxígeno a Obama. El partido Demócrata sólo pierde 17 escaños en noviembre. Los republicanos no consiguen recuperar el control de la Cámara de Representantes. El Presidente se siente reforzado y revisa su política en Afganistán. El Gobierno de Kabul solicita que las tropas de Estados Unidos abandonen el país. Obama pone en marcha una nueva estrategia para acabar con Al Qaeda. Nada de invasiones o grandes guerras; ataques selectivos. La CIA ve triplicado su presupuesto. China, Brasil e India apoyan los cambios desde su nuevo papel en las instituciones internacionales.

Sociedad: La OMS alerta de un nuevo virus potencialmente catastrófico. La población no hace ni caso. Un periodista del Huffington Post revela que se trata de una maniobra orquestada por las farmacéuticas. Recibe el Pulitzer.
Los nuevos descubrimientos del LHC permiten a los científicos crear pares partícula-antipartícula de forma estable a partir del vacío. Se revisa la ley de la Conservación de la Energía. Se hunden las acciones de las petroleras. Dos monarquías del Golfo caen víctimas de una revolución popular. Dick Cheney se declara en bancarrota. El anuncio del IPCC de que 2010 ha sido el año más frío de las tres últimas décadas pasa desapercibido.
El 28 de diciembre, los científicos del CERN descubren que el nuevo flujo energético del vacío está modulado en amplitud. Es la serie de los cien primeros números primos.

Controles descontrolados

Son las siete de la mañana y estoy perdido en medio de Massachusetts. Nieva mansamente. El paisaje es como un cuadro de la serie témpanos de Monet. Blancos, negros y todos los matices del gris. Difuminados como si tuviera cataratas. El paisaje ideal para la calma zen del año nuevo. Pero no. Estoy que fumo en pipa. Hace 30 horas que salí de España y todavía me quedan 600 kilómetros para llegar a casa. Si es que lo consigo, porque la nevada amenaza con cerrar la carretera.

Se supone que debería haber llegado en avión, no en coche. Es lo que se suele hacer cuando se cruza el Atlántico. Pero el sector aéreo ha decidido obsequiarme con nuevas emociones. Gentileza de los controladores aéreos, terroristas de Al Qaeda y la colaboración inestimable del necio. Siempre hay uno. Es el que pone la guinda.

Me presenté en el aeropuerto de Barajas con cuatro horas de antelación. Margen suficiente para pasar los nuevos controles. El habitual y el adicional a pie de puerta de embarque. En este último te cachean, te registran a conciencia el equipaje de mano y te birlan el mechero, no vaya a ser que lo uses como lanzallamas. Vale, se ha desatado la psicosis por el atentado frustrado de Navidad y el agujero manifiesto en la seguridad aeroportuaria. Y puedo dar gracias de no ser yemení. Me ahorra la exploración rectal.

Una vez en el avión, el comandante nos avisa que saldremos con hora y media de retraso. Los controladores aéreos están en huelga de celo. Quieren un aumento de sueldo. Ganan 300.000 euros de media al año. El triple que un ministro. Diez veces más que un médico residente. Se embolsan al mes lo que la mayoría no consigue en un año. Maldigo y pienso en la receta AIG: publicar su nombre, apellido y dirección. Someterles al escarnio público, que sus vecinos sepan con quién viven. Pero eso ya no impedirá que pierda la conexión en Boston para Washington.

Después de recoger el equipaje en Boston -da igual a dónde hayas facturado, en EE.UU. debes hacerlo en la entrada-, paso el control de inmigración. Recuerdo a Anna Bosch. El agente me dice "welcome back". Bienvenido de vuelta. A casa. Y me acerco al mostrador de Iberia. Lo tienen perfectamente organizado. Hay una vale de hotel, cena y reserva de vuelo a mi nombre. Salgo a las siete de la mañana siguiente. Me levanto a las tres de la madrugada y vuelvo al aeropuerto Logan.

Y entonces es cuando amanece en todo su esplendor la conjura. A cargo de Maureen Gauthier, lead agent de la compañía Delta Air Lines. Efectivamente, Iberia ha reservado los pasajes pero, según ella, no ha emitido los billetes y por tanto no puedo volar. No atiende a razones. Si la reserva está ok y se ha pagado el importe, qué necesidad hay de billete, le pregunto. Se supone que es la ventaja de la informatización. Da igual, no vuelo. Es evidente que Maureen disfruta como sólo puede hacerlo un burócrata que te tiene en sus garras. Insensible a las consecuencias. Indiferente al daño que provoca. Son las cinco y cuarto y la oficina de Iberia no abre hasta las ocho. Tiro por la calle de en medio y me alquilo un coche. Me siento liberado. De los aeropuertos, de los controladores, de los controles, de los retrasos, de que me vapuleen a su antojo.

Viene de lejos. Ya me costó tres días salir de Washington a cuenta de la gran nevada. El aeropuerto Ronald Reagan estaba colapsado. Era la viva imagen del caos. Colas kilométricas sin orden ni concierto, sin nadie que informara de nada. Peor, las pantallas aseguraban que mi vuelo estaba ok. Tres horas después descubría que había sido cancelado mucho antes. Pero recuerdo la profesionalidad de Mark. Trató pacientemente de conseguirme una alternativa. Sin perder la sonrisa. Comprensivo, incluso después de atender a tantos cientos. Justo lo contrario de Maureen. No es pequeño consuelo. Son las siete de la mañana y estoy perdido en Massachusetts. Y me siento afortunado. No soy pasajero del vuelo 815 de Oceanic. Tampoco cliente de Air Comet o de Easyjet. He conseguido pasar las navidades en casa. Con mis amigos, con la familia, en mi tierra. Ha valido la pena. Aunque éste sea el precio. Feliz año nuevo.

Gabriel Herrero


Los periodistas tenemos que contestar al menos cinco preguntas: Qué, Quién, Dónde, Cuándo y Por qué. La última es mi favorita.
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