12 posts de febrero 2010

El Gran Hermano vigila en el cole


La semana pasada saltaba la noticia de que un instituto de Pennsylvania espiaba a sus alumnos a través de los portátiles. El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Y ésta es una de ellas. La dirección del colegio había repartido unos 2.000 macs para estimular el aprendizaje. Este tipo de ordenador lleva incorporada una cámara en la pantalla. Y los responsables de la Harriton High School aprovechaban el invento para rastrear los portátiles perdidos o robados. Dicen que activaron la webcam 42 veces en los últimos 14 meses con ese fin exclusivo.

Ya. El infierno también está plagado de estúpidos. Porque hay que ser imbécil para regañar a los padres de un estudiante - los Robbins- con el argumento de se comportaba de forma indecorosa EN CASA. ¿Y cómo lo saben? Pues el subdirector presentó una foto como prueba. Tomada en el domicilio. A través de la cámara. Y se desató el escándalo. Con investigación del FBI incluida. Los estudiantes del instituto tenían la mosca detrás de la oreja porque la lucecita verde de la webcam se iluminaba de tanto en tanto. La dirección explicaba que se trataba de un fallo. El asunto está en los tribunales.

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Un ingenuo como yo podría pensar que se trata de un incidente aislado. Pero no. Un reportaje de la PBS ilustra cómo la escuela 339 del barrio neoyorquino del Bronx ha repartido ordenadores entre los alumnos. Con mucho éxito. Académico. Lo alarmante es que el subdirector y administrador del sistema, Dan Ackerman, se pavonea de cómo controla a los estudiantes. Les toma fotos, vigila sus conexiones, espía el uso que hacen de la máquina. "Las chicas... ni siquiera se dan cuenta de que estamos mirando. Me gusta meterme y sacarles una foto", dice sin ningún rubor.

El colmo es que los reporteros de la PBS, la cadena de televisiones públicas de Estados Unidos, no lo cuestionan. Lo dan por bueno. Cierto es que a diferencia del caso de Pennsylvania, los portátiles sólo se utilizan en el colegio, no en casa. Pero la invasión o violación de la intimidad es idéntica. En el país de las libertades.

A falta de pacto, Reconciliación

Este jueves se celebra la "cumbre sanitaria" entre republicanos y demócratas para tratar de desatascar la reforma de la Sanidad. Las perspectivas de un acuerdo son mínimas. Ya expliqué las razones en el post anterior. Visto lo cual, Obama tiene dos opciones sobre la mesa. Empezar desde cero, como exige el partido de la oposición y apuntan las encuestas, o romper la baraja y sacar adelante la ley con un procedimiento llamado Reconciliación.

No tiene nada que ver con pelillos a la mar y todos amigos. Es un "truco" parlamentario, pensado para cuadrar las cuentas públicas fuera de plazo, que permite vencer el filibusterismo en el Senado. Ya no son precisos 60 votos sino que bastan 51; mayoría simple. Algo que en principio los demócratas tienen con sus 59 escaños. El problema es que no es tan sencillo. Si lo fuera, podrían haber recurrido a ella hace tiempo.

R.J. Matson, The New York Observer

Si para el pacto el obstáculo está en los republicanos, para la reconciliación las pegas vienen de las propias filas demócratas. La reconciliación exige que la Cámara Baja apruebe la versión que salió del Senado en diciembre. De antemano. Y eso es todo un acto de fe. Los diputados tendrían que tragarse varios sapos. El primero es el aborto. La reforma sanitaria salió adelante en la Cámara de Representantes gracias a la enmienda Stupak. Un compromiso que prohibía la interrupción del embarazo a todos aquellos que contrataran un seguro médico en el nuevo mercado. Esa provisión no está en la versión del Senado. Tampoco tiene la llamada opción pública, una cobertura a cargo del Estado que competiría con la empresa privada. Lo que sí contempla el Senado es prohibir que los inmigrantes irregulares contraten un seguro en ese nuevo mercado de póizas. En fin, diferencias que son intragables para muchos diputados, bien del ala más conservadora, bien los más liberales, bien los hispanos.

Supuestamente, estas desavenencias se podrían resolver después, en la reconciliación en sí. El Senado, una vez aprobado el proyecto en la Cámara de Representantes, introduciría enmiendas por la vía rápida de los 51 votos. Ya. No está claro. Según la llamada regla Byrd, esas modificaciones deben ceñirse a ingresos y gastos. Lo que en principio descartaría enmendar el aborto o la opción pública. Por no hablar de cómo cuadrar las cuentas. La reconciliación pone plazos más estrictos. Y hasta ahora, ninguna de las versiones debatidas en el Congreso ha sido capaz de cumplirlos.

La política es el arte de lo posible. Y por eso mismo, no se puede descartar nada. Especialmente si Obama se zambulle de lleno para poner firme a su partido. El riesgo es elevado, dada la creciente oposición de los estadounidenses a esta reforma sanitaria. Pero mayor puede ser el fracaso. Tanto capital político invertido para nada. Con las elecciones a la vuelta de la esquina. Quizás sea hora de pensar qué hubiera hecho Ted Kennedy.

Té con pasta en el primer debate electoral

Obama reúne este jueves a congresistas republicanos y demócratas para debatir sus propuestas de reforma sanitaria. A la luz pública; lo retransmite C-SPAN. Un esfuerzo para mostrar a los ciudadanos que debería ser posible llegar a un acuerdo, que hay puntos en común. La realidad es que el proyecto de ley está estancado desde la derrota de Massachusetts. A pesar de que ambas cámaras han aprobado su respectiva versión. Falta sólo armonizarlas. Y me temo que es misión imposible. Que la cumbre de Sanidad se quedará en lo que no quiere el Presidente: teatro político. Es sintomático que los republicanos acusen a Obama de eso precisamente. A mí me parece que será el primer debate electoral de una larga campaña.

Nate Beeler, The Washington Examiner

Mi pesimismo se basa en dos argumentos. Por fuera y desde el punto de vista práctico, la reforma es demasiado ambiciosa para un gobierno sin las mayorías necesarias. Probablemente no hay nadie en la administración Obama que conozca mejor cómo funciona Washington que su jefe de Gabinete, Rahm Emanuel. "Rahmbo" lleva años negociando apoyos a uno y otro lado para sacar las leyes adelante. Maestro del trapicheo político, calculador y con un látigo como lengua, entiende como nadie la mentalidad de los congresistas. Como recuerda otro experto en estas lides, el periodista del Washington Post, Dana Milbank, Rahmbo se opuso a cerrar Guantánamo en un año y a juzgar a Khalid Sheik Mohammed en Nueva York. Sabía que no era posible. Obama no le hizo caso y así le ha ido.

Rahmbo no es un idealista. Al contrario. Una muestra de su personalidad es el pescado podrido que envió a un analista de encuestas, Alan Secrest. No le gustaban sus sondeos. Un mensaje propio del El Padrino: "dormirás con los peces". Las formas siempre han sido el flanco débil de este judío, pero la política como arte de lo posible es su fuerte. Rahmbo aconsejó a Obama que apostara por una reforma sanitaria modesta, centrada en los aspectos más populares -extender la cobertura para niños, prohibir el rechazo por el historial médico- y si se hubiera impuesto su opinión, la reforma estaría aprobada desde hace meses. Cuando era posible. Ahora ya no lo es. Se ha perdido la supermayoría. Además, el Presidente insiste en su apuesta amplia, en lo que está dispuesto a ceder y en lo que no. Y las líneas rojas de Obama son esencialmente la versión del Senado. Inaceptable para los republicanos.

Pero hay una razón más de fondo: los republicanos no están por la labor de conceder a Obama semejante triunfo político en pleno año electoral. Se juegan su cuello. Si alguien tiene alguna duda, la encuesta de Pew Research es reveladora de cómo está el patio. Un tercio de los estadounidenses valora positivamente el movimiento Tea Party. No me retracto de mi opinión inicial. Hay un tufo fascista en esta amalgama de gente castigada por la crisis. Se lo dan los nacionalistas, populistas, racistas y fundamentalistas religiosos que trufan sus huestes. Es lo propio del segmento sociológico -blanco, clase media baja, educación básica- que sufre antes que nadie la debacle económica. Dirigen su ira contra el Gobierno, Wall Street, los liberales y los inmigrantes. De momento, el 42% de la población no ha oído hablar de ellos o no se ha formado una opinión. Pero tal como están las cosas, es seguro que el Tea Party irá a más.

El efecto más peligroso es su influencia en el Partido Republicano. Ellos, igual que el Demócrata, son conscientes de que otro tercio de los norteamericanos -el 31%- está hasta las narices de sus representantes en el Congreso. No están dispuestos a reelegirlos. Este porcentaje se ha disparado y es similar al que se cocía en 1994 y 2006, cuando cambió la mayoría en las Cámaras. La diferencia es que ni la oposición es más valorada que el partido en el Gobierno ni goza de un apoyo mayoritario. En otras palabras. El Tea Party puede comerse las ganancias de los republicanos a costa de los demócratas. Un tercer partido en liza. Para evitarlo, el Grand Old Party coquetea con ellos para conseguir su voto.

Pero no es gratis. Exige girar más a la derecha. Acabar con "el gran gobierno y la utopía socialista". En la Conferencia de Acción Política Conservadora que ha tenido lugar este fin de semana en Washington el mensaje ha sido claro. Ni Palin ni Mitt Romney, los vencedores son Rush Limbaugh y Glenn Beck. Ambos están en el negocio audiovisual. El primero en la radio y el otro en la Fox. Y ambos han atizado contra los moderados de la oposición. Con el aplauso de los 10.000 asistentes. Como decía Beck en su acalorado discurso -tuvieron que llevarle una toalla-: "es como si alguien te metiera un destornillador en el ojo y otro te lo sacara para clavarte un alfiler". Con semejante "pescado podrido" en la mesa, es impensable que los republicanos se atrevan a pactar una reforma sanitaria. O lo que sea.

El Ala Oeste de la Casa Blanca

¡Qué pequeña es! Es lo que pensé cuando entré este miércoles en la sala de prensa del Ala Oeste de la Casa Blanca. Tengo vivo el recuerdo de la serie -una de mis favoritas- y me llamó la atención el tamaño diminuto de la realidad. No sé de qué me sorprendo. La televisión amplía el espacio. Me pasó lo mismo con la sala de prensa de Moncloa. Eso no quita para que sea un icono. Para un periodista es como el obelisco o el monumento a Lincoln. Y nos hacemos fotos como cualquier turista. Aquí estoy con la colega de Telecinco, Tatiana López. Birlándole el puesto a Robert Gibbs.

Entre bambalinas impresiona mucho más como funciona el equipo de comunicación de la Casa Blanca. Como un reloj. 24/7. Desde los responsables de protocolo a los jefes de prensa. Tardan menos de cinco minutos en responderte a un email. Y saben de lo que hablan. Que por estos pagos, incluye prácticamente todo. Tiene un precio. Ellos, como nosotros, llevan una vida monacal. Salvando las distancias, es como un sacerdocio. Buen fin de semana.

El año del Tigre

China acaba de empezar su año del Tigre. En el zodiaco oriental, es un signo propio del líder; emblema del comandante en jefe más que del emperador, ligado al dragón. El Tigre es impredecible, impulsivo, impaciente, a veces pendenciero. Su gran problema es encontrar la moderación. Su lema: "Yo gano". No creo mucho en estas cosas, pero en este caso el zodiaco viene como anillo al dedo. China me recuerda al grandullón del colegio. Ha crecido más rápido y fuerte que los demás. Como cualquier novato, explora sus habilidades recién adquiridas. Y a veces, se le va la mano.

Patrick Chappatte

Este jueves, China tiene una oportunidad de oro para probar su fuerza o templar su ánimo. Obama recibe al Dalai Lama en la Casa Blanca. De momento, a Pekín no le gusta un pelo que den cancha a lo que consideran un separatista. El Presidente ya aplazó el encuentro con el líder tibetano con la excusa del viaje a China. Allí le explicó personalmente a su homólogo, Hu Jintao, que la reunión era inevitable. También le anticipó la venta armas a Taiwan, por importe de de 6.300 millones de dólares. Una operación aprobada por la administración Bush. Y mira la que se ha montado. A pesar de que Obama ha frenado el punto más polémico, la venta de aviones F-16.

Lo cierto es que la fortaleza adolescente de China tantea al imperio: 800.000 millones de dólares en bonos y letras del Tesoro de EE.UU., más o menos lo mismo que tienen los propios norteamericanos. Y Pekín se atreve a discrepar o incluso humillar al Comandante en Jefe. En la cumbre de Copenhague, el primer ministro chino, Wen Jiabao, envió a un segundón a reunirse con Obama. Dos veces. A la tercera, el Presidente de EE.UU. abordó por sorpresa a Jiabao a la salida de un encuentro con Brasil, Sudáfrica e India. El resultado fue que Pekín impuso su criterio y deslavazó el acuerdo para luchar contra el cambio climático. Cuando una táctica sale bien, lo lógico es repetirla. Y China ha torpedeado hasta ahora las sanciones contra Irán con el mismo recurso. Envió a un técnico a la reunión de las potencias en Naciones Unidas.

Así que no es extraño que la Casa Blanca haya rebajado el nivel del encuentro con el Dalai Lama. Obama le recibirá en la Sala de Mapas, no en el Despacho Oval. De hecho, sigue la senda de todos su predecesores. En principio no habrá imágenes de televisión. Sólo una foto oficial. Ni siquiera Bush, que es Cáncer como el Océano de Sabiduría, tuvo arrestos para romper la norma. Doble regla que caracteriza a una visita privada y no oficial. Aún así, está por ver que el desagrado de Pekín se traduzca en represalias más concretas. De momento, Hu Jintao no ha cancelado su viaje a Washington, previsto para el próximo mes de abril. Y China autorizó ayer el atraque de cinco barcos de guerra estadounidenses en Hong Kong, como recuerda Foster Klug. No parece que la sangre llegue al río. Por mucho que Obama muestres sus simpatías por la causa tibetana. Bueno, es Leo.

PS. Tal como estaba previsto, Obama ha recibido al Dalai Lama en la Sala de Mapas y sólo hay la foto oficial de la Casa Blanca. He chequeado algunos diarios chinos y no hay turbulencias.

PS2. La reacción de Pekín ha sido "moderada" finalmente. Urge a EE.UU. a "tomar medidas concretas para desarrollar los lazos bilaterales", según el comunicado del portavoz de Exteriores, Ma Zhaoxu. Califica, eso sí, el encuentro de Obama con el Dalai Lama de "violación grosera de las normas que rigen las relaciones internacionales" y va "en contra de las repetidas manifestaciones de Washington de que no apoya la independencia tibetana". El contenido, la ausencia de amenazas concretas y el nivel -modesto- del comunicado no auguran ruido de sables ni represalias de calado. Creo.

PS3. Mientras dormíamos en Camelot, China ha convocado este viernes al embajador de EE.UU. para presentarle una protesta formal por la reunión con el Dalai Lama. Esto es más serio, pero sigue sin haber represalias concretas. A modo de comparación, Washington amenazó con protesta formal cuando el escándalo de Google. Al final no la hubo. A la espera de novedades, me sigue pareciendo más sólido el permiso de atraque del portaaviones Nimitz en Hong Kong, el plan de Pekín de 60.000 millones para desarrollar Tíbet o la ronda -sin resultados- de conversaciones con los tibetanos en el exilio. En todo caso, es interesante conocer el punto de vista del otro lado.

Memoria para encontrar el rastro

Ella escribe mucho mejor que yo. Ana García Negrete es capaz de poner palabras a lo que se nos escapa como arena entre los dedos. Y por eso tomo prestados dos poemas de su último libro, "Memoria para seguir un rastro". Para encontrar la pausa en tiempos revueltos, para recordar lo que de verdad importa, más allá de las deudas.

Edward Hopper, Rooms by the Sea, 1951

PARÉNTESIS


Algunos días queda una huella de paréntesis;
el tiempo perdió el hilo de sus cosas,
se aquietó el ánimo, desagitado
igual que el mar se paraliza
en su necesidad de cambio hacia la calma.
La tregua en ese caso, nos sorprende;
inesperada estación de la que desconoces
horario y destino de su ruta.
Lejos te llevará, muy lejos,
y eso será lo único que esperes.

Edward Hopper, Pennsylvania Coal Town, 1947

SHADRACH

A Rodolfo Plana desde Styron

Un hombre fue esclavo gran parte de su vida.
Después, le dijeron libre, resolvieron su deuda.

Sin tierra ni hogar, sin libro ni pistola,
insostenible ausente marchó afligido,
arrebatado el resto de su vida
para llegar a ser un viejo pobre y solo.

Un hombre recuerda mientras muere
la alberca del molino y su sombra
donde fue feliz una mañana.
Vuelve al solo instante de la infancia;
huella y aliento de vida en fuga
transparencia en evasión de su eco.

Un hombre atravesó millones de kilómetros
–porque la libertad no sabe de distancias–
para llevar su cuerpo al único momento,
al brillo del agua en la alberca,
con sus inocentes ojos de niño esclavo
que reclama la vida sin apelar a nadie.


Paul Klee, Blossoms and Grains, 1920

Tú la llevas

Mi admirado Krugman vuelve a hincarle el diente a la crisis en la eurozona. El título de su última columna, "la creación del eurolío", lo dice todo. Defiende el premio Nobel de Economía que el problema de Grecia y su repercusión en la Unión Monetaria no es sólo una cuestión de falta de disciplina fiscal sino de "arrogancia de las élites". Una soberbia que les llevó a adoptar la moneda única antes de que el continente estuviera listo para el experimento.

Krugman ilustra su tesis con un ejemplo: España no es Florida porque la eurozona no es EE.UU. Si lo fuéramos, la movilidad laboral desde otros estados habría impedido que nuestro país sufriera un 35% de inflación entre 2000 y 2008, más del triple que Alemania, con la consiguiente pérdida de competitividad, agravada ahora por la imposibilidad de devaluar nuestra moneda. Tampoco padeceríamos los mismos problemas en las cuentas públicas, debido al apoyo automático de Washington, que seguiría enviando los cheques para pagar la Seguridad Social y la Sanidad. En suma, la inflexibilidad del euro y la falta de unión política detrás de la moneda son la raíz de nuestras desventuras, y no el déficit y la deuda. Y el corolario es que Estados Unidos está mucho mejor que nosotros.

Tengo algunas dudas. Para empezar, la situación fiscal de los 50 estados de la Unión es penosa. 48 sufren déficits muy abultados debido a las mismas razones que en Europa: la crisis ha hundido la recaudación de impuestos y ha disparado los gastos.

Los agujeros representan el 28% de las cuentas, según el Center on Budget and Policies Priorities. Todo un récord. Tomemos como ejemplo a California, el Estado más rico y poblado de la Unión. Su PIB -1,8 billones- casi duplica el de España. Es la séptima economía del planeta. Y a pesar de ello, está hecha un asco. El paro es del 12,4%, superando en casi tres puntos la media nacional. Es el dato oficial, pero si incluimos a los que han tirado la toalla y los que están subempleados -la tasa conocida como U6, que muchos economistas creen que representa mejor el desempleo- el paro alcanza a un 21% de la población. Más que en España.

No es extraño que "governator Schwarzenegger" tenga que lidiar con un déficit presupuestario de 26.000 millones de dólares, casi un tercio del presupuesto para el próximo año fiscal. Ríete de los números rojos de Grecia. Como los estados están obligados por ley a cerrar el agujero y no pueden emitir deuda para enjugarlo, no queda otra que meter la tijera. Más de 200.000 niños pueden perder la cobertura sanitaria. Igual que los presos. O las ayudas a los inmigrantes y minusválidos. O la financiación de los colegios. O la del transporte público. Y sí, Washington ayuda pero no paga toda la factura. Ejemplo: el Medicaid va a pachas. De hecho, los demócratas en el Congreso ya le avisan a Schwarzenegger que pensar que el gobierno federal va a poner todos los fondos es "wishfull thinking", buenos deseos, irreales.

California ilustra a la perfección el dilema al que se enfrentan en estos momentos los países. Todos los países. Al menos, los industrializados de Occidente. La crisis financiera ha obligado a los Gobiernos a endeudarse hasta las cejas para salvar a los culpables y paliar el daño que han provocado en las economías. Una versión infernal del "Tú la llevas". El problema es que los mercados dicen que ya no juegan y no están dispuestos a financiar más letras sin condiciones. Ahora exigen ajustes, los que no se aplicaron a sí mismos. Si tomamos como ejemplo el que quieren imponer a Grecia, la medicina es de caballo. Es como si obligaran a Obama a recortar medio billón de su presupuesto. Con semejante hachazo, están garantizados unos cuantos años de depresión económica y furia social. ¿Quienes son estos mercados? Os podéis hacer una idea con el debate entre Joseph Stieglitz, el embajador español en Londres, Carles Casajuana, y el broker de Eclectica Asset Management, Hugh Hendry. Observad cómo se le muda la cara cuando le preguntan si los hedge funds se están beneficiando de la eurocrisis.
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Así las cosas, creo que sólo es cuestión de tiempo -poco- para que Estados Unidos se enfrente a la misma tijera que nos quieren meter a nosotros. Por mucho que su moneda sea la reserva mundial. Con todo, es obvio que la zona dólar tiene ventajas comparativas sobre la zona euro. Para empezar, llevan más tiempo ensayando que nosotros. Y eso cuenta, como señala Riholtz. William Faulkner decía que "el pasado no está muerto, ni siquiera es pasado". Faulkner era de Mississippi, uno de los ochos estados que suspendieron pagos en 1841-42. Entonces, EE.UU. se parecía mucho a nuestra unión monetaria y la mora en las deudas soberanas no supuso la fragmentación ni la debacle de la nación. La realidad es que han sido las crisis las que han forzado esa política económica y monetaria común de la que presume Krugman. De hecho, gran parte de esa unidad es producto de la Gran Depresión.

Y conviene no olvidar que la Unión Europea también se ha construido a golpe de crisis. Ahora tenemos una excelente oportunidad para avanzar. Más que nada porque la deuda griega está sobre todo en manos de europeos: los últimos datos que he podido recoger son 73.000 millones en Francia, 59.000 millones en Suiza y 44.000 millones en Alemania. Apenas el uno por ciento para Berlín. Calderilla si se compara con sus posiciones en Irlanda, Portugal y España. Todo está cruzado pues, y a la fuerza ahorcan.

Whiteout

Ya es oficial: es la mayor acumulación de nieve desde que hay registros en Camelot. El metro cuarenta supera el récord de 1898. Por no hablar del metro ochenta que se ha medido en Bethesda. En fin, todo es histórico desde que he llegado a estas tierras. Un tiempo de pájaros, dice mi amiga Amy. Un whiteout como Dios manda. Mi estreno en ese blanco total. No ves a diez metros.

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La novedad en esta segunda nevada ha sido la ventisca polar. Las temperaturas han caído hasta los diez grados bajo cero. Pero las rachas de 80 km/h bajan la sensación térmica otros diez.

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El temporal ha sido de tal calibre que las quitanieves no podían limpiar las calles. No hay colegio hasta el lunes. Las oficinas federales, cerradas. Bernanke ha optado por publicar el discurso que iba a dar y se ha quedado en casa. No hay prisa, la subida de tipos tardará unos meses. La señal la dará el paro. Pero a lo que iba, nada de correo, ni recogida de basura, ni aeropuertos, ni reparaciones, ni restaurantes, ni gente en la calle... Camelot hiberna.

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Tengo amigos que llevan sin luz desde el sábado. Les han acogido los vecinos de al lado. Los míos, en cuanto se han enterado de que estaba con fiebre, no han dudado en coger la pala y limpiarnos nuestro trozo de acera. Aquí estás obligado a despejar no sólo tu jardín sino la parte pública colindante. Sé que debería estarme quieto en la cama y no haciendo fotos, pero ya me han echado la bronca.

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Y la solidaridad me recuerda la reacción en Europa al ataque de los tiburones. ¡Bravo! Así se hace. Gobierno, sindicatos, patronal, medios -no todos, pero los temerarios que van a lo suyo han quedado en evidencia-, oposición -de aquella manera, pero hay que valorar de dónde venían-, BCE y Unión Europea han hecho honor a este último nombre. Unión. Esa es la clave. Así se fumiga a las plagas de langosta monetarias, que decía Stieglitz. Espero que las pérdidas que hayan sufrido les quiten las ganas de volver en mucho tiempo.

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Pero conviene subrayar algo fundamental. Después de la mayor crisis financiera desde la Gran Depresión, después de haberles salvado el cuello, estos insensatos siguen jugando al mismo juego. Les importa un bledo las consecuencias. De ahí la importancia de que se apruebe la reforma financiera y se corte las alas al apalancamiento. Como mínimo. Se impone la castración genética. De momento, es un placer decir que Schiller estaba equivocado. "Mit der dummheit kämpfen, die Götter selbst vergeben". Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano. Bueno, pues no es verdad. No siempre.

Nieve

Vaya nevada en Camelot. Los de aquí no recuerdan nada igual. 80 cm. en Bethesda. Empezó el viernes a mediodía. Me dio tiempo a comprar víveres. Lo que quedaba. Los supermercados estaban esquilmados. Luego, dos paletadas. Si no limpias enseguida, el peso y el frío la endurecen y cuesta mucho más quitarla. A la mañana siguiente, su mejor cara. Blanco inmaculado. Silencio.


La foto está hecha desde el deck, la terraza de la corresponsalía. La nieve ha tumbado los abetos. Los del vecino, como suele pasar, son más grandes.


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Tenemos luz y gas. El teléfono e internet fallan. Es la cara oscura, la que no sale en las postales. La nieve ha cubierto la toma de aire de la calefacción. Hay que ponerse a trabajar.


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Han declarado el estado de emergencia en Maryland. La ventisca sigue.


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Después de estar todo el sábado dándole a la pala, hemos conseguido abrir un camino hasta la calle. Hemos levantado unas 30 toneladas de nieve, 50 metros cúbicos.


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Los niños han disfrutado todo el día. Bajaban en trineo. Incluso algún vecino se ha dedicado a esquiar. Estoy molido. Me duele todo el cuerpo. He descubierto músculos que había olvidado hace décadas. Es hora de tomarse un whisky junto a la chimenea. La nieve siempre me hace pensar en Monet. Buen fin de semana.

Todos locos

Se avecina tormenta. Caen los primeros copos en Camelot, aperitivo de lo que puede ser la nevada del siglo. Los supermercados se han quedado vacíos. El colegio termina antes. Algunos colegas que han venido a seguir a Zapatero pueden quedarse colgados en el aeropuerto. Otro largo invierno, otra metáfora de cómo van las cosas, porque en los mercados se ha desatado otra ventisca.

Ahora le toca a Portugal, Irlanda, Grecia y España. Se siembran dudas sobre su capacidad para pagar la deuda soberana. Argumentan que las finanzas públicas están hechas un asco. Conviene recordar la razón: la crisis financiera sigue pasando factura. Ya comenté esta semana que siempre hay clases. Y distingos. En particular, en el caso español. No es lo mismo entrar en el temporal con las finanzas saneadas -gracias a Solbes- que hacerlo con las manos vacías. No es lo mismo una crisis por exceso de inversión -en vivienda- que por la locura y avaricia de los banqueros. Cierto es que no hay gobierno que aguante más de cuatro millones de parados mucho tiempo. A medio plazo. Insisto, no es inmediato. Pero sí muy serio. Son tres millones de personas cobrando prestaciones por desempleo. Y eso vacía las arcas como una hemorragia. Que la amenaza se materialice dependerá de la evolución económica. Sigo siendo optimista. Como los grandes. Y en economía, la psicología de masas es fundamental para salir del agujero.

Dice Zapatero en Washington que detrás del ataque hay especulación, búsqueda de beneficios a corto plazo. Que las voces alarmistas vienen de fuera de la eurozona. Estoy de acuerdo. No hay más que ver que no sucede lo mismo con EE.UU. Pero me temo que el análisis público es incompleto. Desventajas de ser presidente. Yo, que no lo soy, confieso que no doy crédito a lo que está pasando. No me sorprende que el FMI eche leña al fuego con sus previsiones -como siempre desfasadas- y sus opiniones inoportunas. Pero lo que no es de recibo es que el comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, el español y socialista Joaquín Almunia, meta en el mismo saco a Grecia y España y juegue a ser pirómano. No es de recibo que el presidente del BCE, Jean Claude Trichet, ahonde en la herida diciendo que España no es Alemania, colando a Grecia en la misma frase. Echo en falta la prudencia y la responsabilidad de aparejan estos altos cargos. Es el momento de cerrar filas, que para eso es una Unión Económica y Monetaria.

John Sherffius

Y tampoco es de recibo la conducta en terreno propio. El Gobierno ha planteado la reforma de las pensiones -necesaria- de la peor manera posible. Así no se hacen las cosas. Esto se pergeña en el Pacto de Toledo, entre todos, con el consenso de los partidos políticos y los agentes sociales. Si pretendían colgarse la medalla, les ha salido el tiro por la culata. Como era previsible. Es inconcebible que un gobierno en su segunda legislatura, donde no vale ya la bisoñez, asuma de entrada y por voluntad propia el coste político de una reforma necesariamente impopular. Y es aberrante que recule por partida doble, llegando al punto de borrar un párrafo del programa de Estabilidad. El de ampliar la base de cálculo de la cotización a 25 años, nada menos. Y ya que estamos, hay que apretarse el cinturón, ahora desgraciadamente no queda otra, pero no me convence que se recorte en Fomento -inversión productiva- y en cambio no se eliminen dos ministerios claramente superfluos: Vivienda e Igualdad. Basta con una Secretaria de Estado. Es una opinión.

En fin, no acaba aquí la cosa. Me asusta que algunos medios busquen el titular fácil y alarmista, que no responde a todos los matices y correcciones que se esconden en el cuerpo de la noticia. O que directamente no den las que llevan la contraria, como la defensa de España que ha hecho Jean-Claude Junker. Me preocupa que el partido mayoritario de la oposición, la derecha democrática, la alternativa legítima, no arrime el hombro para afrontar la crisis. En España y en Estados Unidos. Al contrario. Si piensan que "cuánto peor, mejor", me temo que están equivocados. No heredarán la tierra mucho tiempo. Si se hunde el barco, lo que quede será pasto de los tiburones. Pasó en la Alemania nazi y en la Italia fascista. Y puede volver a ocurrir. El último sondeo del CIS es un toque de atención. Hay un déficit de confianza en los políticos, va a más y eso siempre se ha saldado de la misma manera.

Steve Sack, Star Tribune

Gabriel Herrero


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