7 posts de abril 2010

Cortar por lo sano II

Hay que cortar por lo sano. Como con el chapapote. La marea negra ya ha tocado la costa de Luisiana y amenaza otros cuatro estados del Golfo de México. Estados Unidos se ha movilizado para atajar la peor catástrofe medioambiental desde el Exxon Valdez. De momento, ni las barreras ni los incendios controlados ni los productos químicos han contenido la extensión de la mancha de petróleo. Y lo peor es que el crudo sigue manando a razón de 5.000 barriles al día. La boca del pozo está a 1.500 metros de profundidad. El tubo que lo conectaba a la plataforma se agita como una serpiente y suelta veneno descontrolado.

El desastre ilustra perfectamente lo que nos pasa con el sistema financiero. Sus operaciones especulativas arrasan las costas de Europa. Grecia está enfangada en el chapapote de la deuda. La marea negra de los CDS y las agencias de rating amenaza al Club Med. Los gobernadores declaran el estado de emergencia y anuncian recortes en el gasto público. Los anglosajones, que defendían las prospecciones petrolíferas frente a la costa como Obama hace un mes, se caen del guindo y empiezan a cambiar el discurso. Ellos también están en peligro. La administración central, Alemania y Francia, se sacude el estupor de diez días y por fin toma medidas para contener la catástrofe. Pero el petróleo financiero sigue manando. Y a diferencia de lo que ocurre en el Golfo de México, ni siquiera se sabe cuando se va a taponar la boca de la serpiente.


Os proponía en el último post averiguar las razones del valle de placidez en la gráfica. ¿Por qué entre 1950 y 1970 no hubo crisis financieras? En vuestra opinión se debe a la reconstrucción después de la segunda Guerra Mundial, la política de bloques de la Guerra Fría y su proteccionismo, la primacía del interés común frente al individual, la ausencia de fantasías dinerarias... O como resumía Lobo, (en la teoría de ciclos económicos de) Kondrátiev. Y todo eso es cierto. Sin embargo, es necesario pero no suficiente. Si sólo se debiera a ciclos de crecimiento y recesión, habría picos y valles en ese periodo. Más pequeños, vale, pero el trecho no sería plano. Falta un elemento esencial. Según los autores, Reinhart y Rogoff, la ausencia de crisis se debe más a "la represión de los mercados financieros locales, en diferentes grados, y al uso de controles de capital opresivos".

En otras palabras, la desregulación y la liberalización global del movimiento de capitales a partir de los años 70 han abierto la puerta a las crisis financieras. La liberalización permite que las operaciones especulativas se ejecuten a la velocidad de la luz. Literalmente. Las plagas de langosta se trasladan de un país a otro como el rayo. La desregulación quita los frenos y barreras que contenían a los "listos". Porque a pesar de lo que diga Carlomagno, hay inversores y hay especuladores en el mercado. No todos los actores cuentan con la misma información o el mismo músculo. No es lo mismo doña Paca que Goldman Sachs. No es casual que S&P rebaje la calificación a España en el momento preciso. No es gratuito que el rebaño siga la estela y se desboque en estampida porque unos azuzan el pánico.

Y tampoco es verdad que todos los activos financieros sean al fin y al cabo apuestas. Hay apuestas y apuestas. Las hay que buscan cubrirse contra posibles pérdidas en el negocio -como futuros y opciones- o las que creen en el futuro de una compañía -como las acciones-. Pero también existen las que sólo buscan sacar dinero a costa del vecino, engañándole, conscientes de que las consecuencias serán terribles para un montón de gente. Por eso mismo, la Justicia en EE.UU. baraja una demanda criminal contra Goldman Sachs. Ya dije que la civil no impedía la otra.

R.J. Matson, New York Observer

Y por todo esto, es preciso una reforma financiera ya. No sólo la de Obama. Tiene que ser planetaria. Una reforma que prohiba los derivados tóxicos, que desmantele a los gigantes cuyo tamaño compite con los gobiernos, que nacionalice a las agencias de rating, que penalice el movimiento especulativo de capitales, que recupere el dinero de los contribuyentes. Una reforma que tapone de una vez la espita de esta locura. Se acaba el tiempo.

Cortar por lo sano

Como era previsible, los republicanos no han aguantado la presión y han reculado. Finalmente, la reforma financiera de Obama se debatirá en el Senado. Los que hayáis seguido los comentarios del anterior post, sabéis por dónde iba la cosa. La estrategia de los demócratas consistía en arrinconar a la oposición con una votación de procedimiento. El resultado de la negativa de los republicanos era que quedaban ante la opinión pública como defensores de Wall Street. Basta ver el anuncio que han pergeñado los demócratas para la ocasión.

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Después de tres votaciones, la amenaza de sesión nocturna y el espectáculo del interrogatorio a los ejecutivos de Goldman Sachs en el Senado, los dos partidos han llegado a un principio de acuerdo. Habrá debate, como digo. Los republicanos podrán introducir enmiendas como es debido. Faltan muchos detalles, pero parece que se cae el fondo de 50.000 millones de dólares a cargo de las entidades financieras para evitar que los rescates corran a cuenta del contribuyente. Menos claro aún es el futuro de las "too big to fail", aquellos gigantes financieros cuya quiebra arrastraría a todo el sistema. Hay discrepancias también en la regulación de los derivados y la agencia de protección al consumidor. Es decir, falta poner negro sobre blanco todo lo importante. Pero se mueve. Y dado que en Illinois, Obama se ha mostrado satisfecho con el avance, cabe pensar que no se va a deslavazar la reforma. Era su línea roja.

Un poco de alivio pues en estos días, sacudidos por la crisis del euro, la impresentabilidad de los políticos europeos y la desfachatez de los de siempre: los bancos de inversión, las agencias de rating, los especuladores varios y asociados. Cuando me doy cuenta de que echo demasiados espumarajos por la boca, me refugio en la pureza académica. Buscar consuelo en los buenos libros me sirve de calmante. Llevo unas semanas con una joya: "This time is different", las cuatro palabras más caras de la historia de la humanidad. Está escrito por dos viejos conocidos, Carmen Reinhardt y Kenneth Rogoff. A cuenta de sus hallazgos, os propongo un juego.

El gráfico muestra en esencia la gravedad de las crisis financieras desde principios del siglo pasado. Cuantos más altos son los picos, más países están afectados y mayor es la repercusión global. El máximo se encuentra en 1932, en la Gran Depresión. En el extremo derecho, está lo que los autores llaman la Segunda Gran Contracción. Es la crisis que vivimos en estos momentos. Llama la atención el valle de placidez que se extiende entre 1950 y 1970. El desafío que os dejo es averiguar por qué. Cuáles son las razones que explican la ausencia de crisis financieras en esos años. Pista, tiene que ver con el título del post. Incentivo, quizás ahí esté la solución para salir del entuerto en el que estamos metidos.

Perder hasta la camisa

"Aquellos que apuestan que Grecia va a suspender pagos, van a perder hasta la camisa". Ojalá. Lo dijo el domingo en Washington el ministro griego de Finanzas Yorgos Papaconstantinou. Claro, que la afirmación es de parte interesada. La más débil. Algo más de confianza da que la vicepresidenta económica española, Elena Salgado, dijera que "no es una buena apuesta" la que hacen los especuladores. Más comedida, como es su estilo, menos inclinado a la declaración impactante. Pero tiene su valor: la declaración es de prestamista, España aporta casi 4.000 millones al rescate de Grecia.

Y más tranquilizador incluso es que Salgado respaldara en términos rotundos que "en absoluto" se ha barajado la reestructuración de la deuda griega. Ni en el Eurogrupo ni en el FMI. Reestructuración es el término "polite" para la suspensión de pagos. La diferencia fundamental es que se trata de un acuerdo voluntario entre prestamistas y prestatario para salvar parte de los muebles. En este caso, Grecia pagaría sus deudas pero a un plazo más largo: en vez de cinco, a 25 años. Todo tiene un precio, habría una rebaja, "haircut", en el principal.

Mucho se está hablando en Camelot de esta posibilidad. Hay razones objetivas. Grecia tiene que hacer frente a 240.000 millones de euros en el próximo lustro. 90.000 millones en intereses. Hablamos de una carga anual del 20% de su PIB. Que no es moco de pavo. Según el economista Carl Weinberg, muy citado este fin de semana en los medios alemanes, la ayuda del Eurogrupo y el FMI no será suficiente y Atenas no tiene otra que suspender pagos y reestructurar su deuda. El NYT respalda la hipótesis.

Lo cierto es que los mercados -¿quiénes son los mercados, quiénes están detrás de los siete puntos porcentuales que cuesta este lunes la prima de riesgo?- siguen el ataque contra Grecia y hacen caso omiso de la advertencia de su ministro de Finanzas. No en balde, el principal pagano del rescate, Alemania, marea la perdiz sobre si se ayuda o no a Atenas. Y Francia se suma a las dudas. Y así no se puede. Es cierto que hay elecciones en Renania-Westfalia el próximo 9 de marzo. Y tanto la población germana como el socio de coalición en el Gobierno rechazan conceder la ayuda y piden expulsar a Grecia de la eurozona. Como si eso solucionara el problema. Los bancos alemanes son los principales interesados en arreglar el entuerto. Si Atenas cae, se desataría otra crisis financiera en Europa. Tan seguro como la muerte y los impuestos.

Pero antes de doblar las campanas por nuestro euro, conviene recordar algunos hechos. Uno, el plan de ajuste que ha presentado Grecia no es creíble. Sus previsiones de ingresos no son realistas, y menos con la recesión que inevitablemente van a sufrir. Es preciso más recorte en los gastos públicos. En particular, en Seguridad Social. Y eso duele. Por mucho que el director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, les diga a los griegos que no deben temer la intervención del Fondo. La medicina va a ser de caballo. Y hasta que el FMI no vea las cuentas claras en Atenas, no dará luz verde al rescate y el Gobierno alemán no se jugará el cuello ante sus electores. En todo caso, Strauss-Kahn ha dicho que el rescate llegará a tiempo. Esto es, a mediados de mayo, antes de que venza la primera tacada de eurobonos. Dos, los 45.000 millones que van a poner el FMI y el Eurogrupo son sólo el primer año. El rescate es a tres. Y según Salgado, están estudiando publicar la cifra total. Es más que una gota en un vaso de agua. Será "absolutamente suficiente" para las necesidades de financiación de Grecia. Y no me cabe duda que los gobiernos que la aportan gozarán de absoluta preferencia en el cobro.

Y tres. Si los especuladores se juegan la camisa, la eurozona arriesga la hacienda. Si cae Grecia, los tiburones querrán más sangre. Irán por el resto. Portugal está en parrilla. Pero también Italia, España, Irlanda y, ojo, Reino Unido. La debacle bancaria arrastraría a Francia y Alemania. El euro saltaría en pedazos. El sueño europeo, al garete. Como un hormiguero pisoteado. Esto no es sólo economía. El problema, como la solución, pasa por la credibilidad, y eso está en manos políticas. En cambio, si se salva a Grecia, las pérdidas para los tiburones serían de órdago y se les quitarían las ganas de intentarlo de nuevo. La puntilla la daría la reforma financiera de Obama, que impulsará reglas similares al otro lado del Atlántico. Como dijo Geithner, que de pequeño sólo tiene la estatura física, "nos movemos, y confío en que el resto del mundo se mueva con nosotros". Estamos en un momento crucial. Nos jugamos mucho más que la camisa. Es la guerra.

La reforma financiera, en capilla

Obama ha dado este jueves el penúltimo empujón a la reforma financiera . Lo ha hecho a pocas manzanas de Wall Street. Ha denunciado los "furiosos esfuerzos" de sus lobbies para descafeinarla o simplemente derribarla. Pero a pesar de los tejemanejes de esta panda de "bandidos", el proyecto enfila su recta final. El Presidente ha bajado a la arena política, como ya hiciera con la reforma sanitaria. Es la señal. El pistoletazo de salida.

Y no es moco de pavo. La reforma promete proteger al consumidor, de los engaños y de su propia temeridad. Sacará a la luz pública y meterá en cintura las armas financieras de destrucción masiva, en palabras de Warren Buffett, el Oráculo de Omaha. Esos derivados financieros como los CDS o los CDO que se han usado insensatamente como apuestas de casino. Limitará el tamaño de los gigantes como Goldman Sachs, JP Morgan o Citigroup. Y sobre todo, permitirá desmantelarlos sin que su quiebra arrastre al resto y el contribuyente vuelva a pagar los platos rotos. Y sí, da más poder a los reguladores y pone coto a las escandalosas primas de los ejecutivos.

Pat Bagley, Salt Lake Tribune

Habrá que ver cómo queda esto negro sobre blanco. Faltan muchos detalles. Hay una versión aprobada por la Cámara de Representantes. La semana que viene, el pleno del Senado debatirá su propio proyecto. Y como ambos son diferentes, habrá que armonizarlos. Igual que en la reforma sanitaria. Con dos novedades importantes. En primer lugar, la oposición republicana hace aguas. Un senador se desmarcó el miércoles de su partido y respaldó el endurecimiento del mercado de derivados. No es el único. La mayoría de la opinión pública en EE.UU. apoya claramente la reforma. Y hay elecciones en noviembre. Tonterías, las justas.

John Sherffius, Da¡lycamera.com

Además, la administración Obama ha aprendido la lección del pasado verano. Esta vez no se han dejado colar las mentiras y propaganda. Han respondido con prontitud. Y manejan los tiempos con maestría. Ahí está la demanda contra Goldman Sachs, para reavivar el recuerdo de lo que nos jugamos. Ahí está el aviso a otros navegantes. No es extraño pues que el secretario del Tesoro, el pequeño Tim, se crezca en la ABC y diga que confía absolutamente en que la reforma saldrá adelante.

Quizás "demasiado pronto", como ha lamentado el director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn. No se trata de que defienda a los especuladores sino que refleja una preocupación más que razonable. Algunas de las medidas que contempla la reforma deben ser adoptadas por todo el mundo para que sean eficaces. De nada vale imponer en EE.UU. cámaras de compensación y garantías para los derivados financieros si Gran Bretaña hace caso omiso. De nada sirve imponer tasas a los bancos para nutrir un fondo de rescate si la eurozona no sigue el ejemplo. Los avispados buscarán refugio en otros puertos y volverán a jugar con sus virus.

Morin, Miami Herald

Las nuevas riendas han de ser mundiales. Pero en contra de Strauss-Kahn, opino que alguien ha de ser el primero en abrir brecha y predicar con hechos. En caso contrario, la reforma se eternizaría, como suele pasar. Ya es demasiado tarde para Grecia. Mejor dejar claro que esto va en serio. Camelot puede tener su ley antes del verano. Sería ideal que la cumbre de Toronto la extendiera urbi et orbi. Como dijo Benjamin Franklin: "os hemos dado una república, ahora veremos si sois capaces de conservarla".

Toles y la cadena de estúpidos, Washington Post

Los cenizos venden más

A veces me llevan los demonios. No puedo evitarlo. Pero me asombra ver cómo se cuecen las noticias. El FMI publica su informe de Estabilidad Financiera. Destaca que "se han atenuado los riesgos para la estabilidad financiera mundial" y que "la salud del sistema bancario está mejorando". Advierte que la amenaza es ahora la solvencia de los gobiernos. Matiza que Grecia es un caso aislado. Recomienda que se presenten "planes de consolidación fiscal creíbles para el público". En resumen: vamos mejor y hay que ir pensando en cómo retirar los estímulos fiscales.

Y sin embargo, los titulares en España tiran por otro lado. Destacan el peor escenario imaginable. Si las cosas fueran rematadamente mal, el Fondo conjetura que la banca necesitaría 22.000 millones para salir del bache. Da igual que para ello, el paro tuviera que superar el 24%. Algo que está muy, muy, lejos de las previsiones del FMI. Da igual que si se conjurarán todos los demonios, haya dinero de sobra para enjugar las pérdidas: el Fondo de Reestructuración Bancaria, el FROB, tiene cuatro veces más de lo necesario. Da igual que el FMI subraye que el sector bancario español ha capeado bien el temporal y saldrá sin dificultades. Sensiblemente mejor que los estadounidenses o los alemanes. Los medios rechazan lo más probable y elevan a categoría de noticia lo más improbable.

Se prefiere la peor conjetura a la previsión fundada. Venden más los cenizos. Da gusto sembrar la alarma gratuita, alentar el pesimismo, generar más desconfianza, especular con la debacle. Justo lo contrario de lo que necesitamos para reanimar el consumo e impulsar a los emprendedores. Quizás eso explique, en parte, porque España tarda más en salir de la crisis. Parece que nos encanta tirar piedras contra nuestro propio tejado. Y si no las encontramos, las fabricamos.

Ya era hora

Ya era hora de que metieran mano a los responsables de la mayor crisis financiera desde el crack del 29. Es inaceptable que se fueran de rositas, con sus primas, sus apartamentos en Central Park y sus yates, mientras que el resto de la humanidad sufre un paro desbocado y los contribuyentes tenemos que pagar el entuerto.

La SEC, el equivalente estadounidense a la CNMV española, ha interpuesto una demanda por FRAUDE contra Goldman Sachs, el gigante financiero de Wall Street, que curiosamente no sólo ha capeado el temporal sino que ha salido fortalecido, gracias a devorar los restos y beneficiarse de las ayudas gubernamentales.

Según la demanda, Goldman Sachs creó en 2007 un activo tóxico, los llamados productos estructurados, los CDO. Una milonga financiera cuya complejidad sólo sirve para ocultar activos de dudosa o nula calidad. En este caso, las hipotecas basura, unos préstamos incobrables porque los que los contrataban carecían de recursos para pagarlos. Pero el envoltorio "estructurado" disimulaba el veneno entre caramelos. Y se lo colaron a bancos, fondos de pensiones, aseguradoras e incluso gobiernos. Sobre todo, europeos.

John Paulson

La clave es que Goldman Sachs contó con la colaboración inestimable de un hedge fund, Paulson & Co., para adornar y crear el paquete. Ambos sabían qué ingredientes eran virulentos. Paulson los escogió. Ambos conocían de antemano que no valían ni el papel en que estaban escritos. Ambos supieron a quiénes se los vendían. Y con toda esa información, Paulson contrató otro derivado financiero, los CDS, para apostar contra los incautos. Un CDS es una especie de seguro contra incendios pero sobre la casa del vecino. Toda una tentación para prenderle fuego. Peor aún. Goldman y Paulson habían vendido la casa al vecino y le habían escondido algunos bidones de gasolina en el sótano. Con temporizador. Si la cotización del CDO se hundía -la casa se quemaba-, tenían el CDS -el seguro- para cubrir pérdidas y embolsarse jugosas ganancias. El vecino se quedaba en la calle sin nada, desde luego.

Sorpresa, sorpresa. Eso fue lo que pasó. Meses después, finales de 2007, las agencias de rating, las mismas que otorgaron la respetabilidad al invento, hundían la calificación de los CDO al nivel de los bonos basura. Y Paulson registraba beneficios en un tiempo récord cobrando los CDS. Casi 4.000 millones, un 600% más. Según la SEC, Goldman Sachs omitió comunicar toda esta información a sus clientes. Nadie sabía que Paulson jugaba en su contra. Con ventaja. Sólo los más selectos estaban en el ajo. Y si Paulson se libra de cargos en la demanda de la SEC, de momento, es sólo porque fue Goldman Sachs quien coló el fraude a los inversores. Un pequeño detalle comparado con lo que hicieron. Pero a Capone le encerraron por no pagar impuestos.

Goldman y Paulson son viejos conocidos. También han tenido un papel estelar en el último eslabón de toda la crisis: la bancarrota de los gobiernos a cuenta del dinero que han tenido que poner para salvar a sus bancos, empresas y trabajadores. Goldman ofreció swaps, otro derivado, a Grecia para que pudiera seguir endeudándose sin que figurara en las cuentas que remitía a Bruselas. Paulson ha especulado contra Atenas y el euro. Es la ventaja de conocer de antemano toda la cadena de acontecimientos, sembrarla a conciencia de fallas y azuzar a los perros para romperla. ¿Me he olvidado de decir supuestamente? Supuestamente. Presuntamente. Hasta que decidan los tribunales.

"Nuestro trabajo posibilita el crecimiento". Informe anual 2009 de Goldman Sachs

La amenaza fantasma

Me temo que estas cumbres nucleares son un terreno abonado al cinismo, la incredulidad y el desapego. Y no lo digo porque el país anfitrión sea el único que haya lanzado la bomba atómica contra población civil. Dos veces. Uranio en Hiroshima. Plutonio en Nagasaki. Tampoco es porque Israel esté ausente de la cita. Llevan décadas jugando al ratón y el gato a cuenta de su arsenal nuclear. Lo tienen, unas 200 bombas, pero no lo admiten abiertamente. Les basta con que los demás lo sepan. Con el apoyo y protección de su aliado y socio. Una vara bien distinta a la que Washington aplica a Irán. Ni siquiera ha sido invitado.

Me escama mucho más la letra pequeña de los tratados de desarme. El último, el START II firmado la semana pasada entre Rusia y EE.UU., se supone que reduce en un tercio las armas nucleares. Luego te enteras que las tácticas, las que se utilizan en el campo de batalla, supuestamente menos potentes, quedan fuera del acuerdo. O que todas la cabezas nucleares -entre 6 y 16- que transporta un bombardero ahora sólo cuentan como una de cara a ese límite de 1.550. O que se almacenarán cientos de MIRV fuera de los misiles para cumplir el pacto, pero que pueden volver a estar operativos en cuestión de meses, llegado el caso.

Mike Lester, Rome News-Tribune

También me desaniman los "acuerdos de cooperación" con terceros. Por ejemplo, el que firmó Bush con la India, no revocado por Obama, permite a Nueva Delhi dedicar las instalaciones no inspeccionables a elaborar más material para sus bombas. Ajenos a la miseria que devora a su población. El resultado de esta colaboración es una carrera nuclear desbocada con Pakistán. No van a ser menos que los infieles. El país de los puros invierte sus magros recursos en enseñar los dientes al vecino indio mientras Al Qaeda y los talibanes le siegan la hierba bajo los pies.

Sólo con esta música, tocamos a una tonelada de TNT por cabeza en el planeta. Y como el cartero, Pandora llama a la puerta dos veces. Resulta que hay uranio y plutonio de centrales nucleares suficiente para fabricar 120.000 bombas más. Un ectoplasma dispuesto a materializarse al conjuro de cualquier terrorista. Basta engrasar la corrupción y abandono de las ex repúblicas soviéticas. O tener las agallas y la información que desplegaron en el incidente de Sudáfrica, la única nación que por cierto ha renunciado a su arsenal nuclear. No me extraña que Obama considere este fantasma como la "mayor amenaza a corto, medio y largo plazo".

No hay que tener mucha imaginación para ver las consecuencias que tendría semejante atentado en la economía y estabilidad del planeta. Un 11-S multiplicado por el cuadrado de la velocidad de la luz. Por eso, la renuncia de Ucrania a su uranio enriquecido y la predisposición de China a sancionar a Irán, con todos sus matices, son logros objetivamente modestos. Pero puede que sirvan para sembrar la confianza y el sentido común. El único camino real que nos queda para devolver el genio a la botella y evitar el final que dibujaba el diagrama de Lewis Fry Richardson.

Gabriel Herrero


Los periodistas tenemos que contestar al menos cinco preguntas: Qué, Quién, Dónde, Cuándo y Por qué. La última es mi favorita.
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