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El azote

El azote al niño apasiona. Bernadette Chirac sostiene que un “buen bofetón” a un niño odioso no le hará mal. Aurélie Filipetti sugiere que « quizá habría que establecerlo en el PSF », refiriéndose al correctivo que en su opinión merece Ségolène Royal. Hay una proposición de la diputada Edwige Antier (UMP) para proscribirlo. Una encuesta de Ouest France indica que el 82% de los franceses rechaza la idea. El 67% admite habérselo dado a su hijo en algún momento. El azote es más bien de derechas y tiene como virtud el aprendizaje de la autoridad. El 45% lo piensa así (60% de derechas, 38% de izquierdas).

5 Comentarios


También soy de las que cree que una bofetada cuando el ñiño o la niña se ponen "estupendos" y si no hacen lo que quieren les entra la pataleta, te dicen lo que se les ocurre, etc., no perjudica.


Hola Luis Miguel Úbeda que tal bien?
soy normando,brasileño y 5 años vivo en españa ,donde trabajo cómo chef de cociña,gustaria de saber lo que tengo que hacer para publicar un artigo en lo peridico sobre mio trabajo en españa.mostrar un poco da miña vida aqui en españa,da miña profisiciòn.abraso

Luis Miguel:
No sé muy bien qué te motiva a obsequiarnos diariamente con un post en tu blog. Hablar de todo y de nada, y tratar lo irrelevante de acontecimiento carece de sentido. Eso me pregunto, dónde se encuentra tu buen sentido. Probablemente esté sumergido en ese océano de la "Francia profunda" que dices nos quieres descubrir. Muy buenas intenciones las tuyas, Luis Miguel, pero, por favor, prodígate menos por el blog.

Gracias, Cristina: una palabrita de ánimo siempre viene bien.

Hola luis no creo que una bofetada nunca venga bien creo más en la educación que en la violencia

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Luis Miguel Úbeda


Luis Miguel Úbeda, veterano periodista de Radio Nacional, es corresponsal de esta emisora en París. Desde allí escribe esta Bitácora, un blog construido con entradas informativas de la actualidad francesa, muy sugestiva para un observador extranjero cuya función es precisamente servir de intérprete a los que están fuera. El encuentro con lo ajeno produce también saludables interrogaciones sobre lo propio, perspectivas más relativas, menos dramáticas y emocionales.
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