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Francia profunda

Hasta el 9 de enero, Raymond Depardon expone en la BNF una Francia al margen del circuito del turismo, una Francia profunda que no ha acabado de digerir la modernidad o, más exactamente, satisfecha de su antimodernidad. Hay un gusto por la contemplación. El motivo no es tanto el contraste de una escena bucólica y campestre rota por la señalización de una carretera o unos cables de teléfono, sino la resistencia consciente y deliberada del paisaje contra esa invasión. La escasísima y casual figura humana en las fotos, no engaña porque su presencia en realidad empapa el fuera de campo y el objeto fotográfico mismo.

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Un admirado artista Raymond Depardon, un fotógrafo y cineasta de una sensibilidad perceptible, será de agrado encontrar la oportunidad de poder ser testigos de la muestra fotográfica.
Muchas son las Francias, la moderna, la clásica, la del norte, la del sur, la de la razón, la romántica; se agradece este compromiso del autor por conservar aquello que es especialmente bello, el detalle del estar, el saber vivir de esa Francia que tantos han elogiado y se han inspirado en ella.
Los que tenemos orígenes familiares en el Languedoc, con los colores ocres de sus paisajes, como pintados al pastel, con brisas de aromas de Lavanda cuando florece, aires con sabor a romanticismo sin fechas de caducidad, con deseos de tener tiempo y disfrutar de la calma del pasado encontrando el presente.


La exposición tiene que ser una gozada, seguro. Ole por esa Francia o cualquier otro país que siga satisfecho de su antimodernidad; porque la modernidad supone adelanto en bastantes aspectos, pero afea los paisajes, resta encanto a las edificaciones, etc.

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Luis Miguel Úbeda


Luis Miguel Úbeda, veterano periodista de Radio Nacional, es corresponsal de esta emisora en París. Desde allí escribe esta Bitácora, un blog construido con entradas informativas de la actualidad francesa, muy sugestiva para un observador extranjero cuya función es precisamente servir de intérprete a los que están fuera. El encuentro con lo ajeno produce también saludables interrogaciones sobre lo propio, perspectivas más relativas, menos dramáticas y emocionales.
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