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Resabios del pasado

El extranjero difícilmente asimila la semana escolar de cuatro días que impera en gran parte de Francia, después de que Sarkozy eliminara la media jornada de los sábados sin compensarla con el miércoles. Hoy, una comisión parlamentaria sugiere la semana de cinco días como quien descubre el Mediterráneo. El objetivo, aligerar las horas de trabajo. Pero para que funcione, el plan debe ser suficientemente complicado para implicar los ritmos de 7 semanas de estudio por dos de descanso, recortar de dos a tres semanas las vacaciones de verano en agosto y simplificar de tres a dos las actuales zonas escolares. Si podemos complicarlo, ¿por qué tendríamos que hacerlo fácil?

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Después de haber sido testigos de noticias tan dramáticas en pasados dias, leyendo lo que intentan hacer con los dias escolares, no podemos más que sonreir; no nos debe extrañar lo que "piensa" la familia Sarkozy, él por ser la Avis raris y su esposa por ser la Avis Irrationalis un poco más de esfuerzo de ellos y serán una nueva especie a clasificar en la zoología social.

El tema de la educación es más complejo en su interacción social de lo que nos quieren hacer creer, todos los países sin importar creencias políticas o religiosas, tienen un similar programa educativo, que su referente del éxito es el modo como se desenvuelve la sociedad (un número mayoritario de seres humanos obedeciendo a una minoría, minoría apoyada por la fuerza totalitaria); tema este de interés que se podría tratar con más extensión y profundidad quizá en algún momento venidero.

jajajajajajajajaja!


Porque hay que hacer ver que quienes "escurren" estas cosas cobran con fundamento, aunque la educación con tanto cambio (en la planificación de días, horas, métodos; en lo que se estudia y demás) no sé si va a mejor.

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Luis Miguel Úbeda


Luis Miguel Úbeda, veterano periodista de Radio Nacional, es corresponsal de esta emisora en París. Desde allí escribe esta Bitácora, un blog construido con entradas informativas de la actualidad francesa, muy sugestiva para un observador extranjero cuya función es precisamente servir de intérprete a los que están fuera. El encuentro con lo ajeno produce también saludables interrogaciones sobre lo propio, perspectivas más relativas, menos dramáticas y emocionales.
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