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Diplomacia sutil

El gobierno francés desea que Florence Cassez, ciudadana francesa condenada en México a 60 años por secuestro, le sea transferida para que cumpla su pena en su país. ¿Cómo lo hace? Con una declaración de la ministra de Exteriores, Michèle Alliot-Marie, hablando de decisiones “inicuas” de la justicia mexicana. Y, luego, otra de Sarkozy, declarando el año de México en Francia como año Florence Cassez, lo que significa recordar su nombre en los 350 actos programados. También precisó el presidente francés que había que distinguir entre el “pueblo mexicano y algunos de sus dirigentes”. Creo que México está a punto de rendirse. Quizá cañoneando sus puertos.

4 Comentarios

No esta mal eso de darles coba a los mejicanos para que te den la razón y se hagan amigos , pero nosotros lo tenemos más facil puesto que hablamos el idioma mexicano, algo raro pero casi igual que ellos.

Clica sobre mi nombre

Luismi no falta demasiado para las vacaciones de Semana Santa, al gobierno frances le va más la diplomacia del turismo de lujo que el de los cañones, seguro que tienen algún ministro dispuesto a pasar unos días disfrutando y por supuesto trabajando sobre el terreno y si no sale bien lo han intentado.

Malditos cuates: se acabó la celebración. Querían traer fotografías de Querétaro. Qué mamones.


Muy inspirados no han estado, no, ni MAM ni NS en lo que han dicho y la ocurrencia del mantra (repetir el nombre de la mujer en esos 350 actos), en fin.
De todas maneras, el caso de Florence probablemente no sea el único (me refiero a francés(a) que esté cumpliendo años de cárcel en otro país) y ese empeño por acercarla a Francia debería hacerse con todos.

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Luis Miguel Úbeda


Luis Miguel Úbeda, veterano periodista de Radio Nacional, es corresponsal de esta emisora en París. Desde allí escribe esta Bitácora, un blog construido con entradas informativas de la actualidad francesa, muy sugestiva para un observador extranjero cuya función es precisamente servir de intérprete a los que están fuera. El encuentro con lo ajeno produce también saludables interrogaciones sobre lo propio, perspectivas más relativas, menos dramáticas y emocionales.
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