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Fiscales defensores

El papelón jugado por los dos fiscales franceses del caso de los empleos ficticios de la alcaldía de París ha sido antológico. La acusación pública, es decir, el Ministerio de Justicia, no ha visto delito alguno mientras un juez independiente instruía el caso contra viento y marea. La requisitoria final de los fiscales Michel Maes y Chantal de Leiris la podría haber pronunciado la defensa: en esencia, los empleos ficticios no eran fraudulentos. Entonces, ¿por qué Chirac y su partido han pagado 2,2 millones de euros al ayuntamiento de París por daños y perjuicios? ¿Por qué Alain Juppé se pasó un año en Canadá inhabilitado tras ser condenado por un caso conexo? Lo mejor de la farsa judicial ha sido la carta al tribunal del imposibilitado Chirac, escrita en un momento de lucidez, animando a celebrar un juicio del que él mismo estaba eximido. Su argumento, entre el cinismo y el simple pitorreo, demostrar que "todos los ciudadanos son iguales ante la ley".

3 Comentarios

¿Y por qué no verlo más como el clásico héroe acusado de un crimen que no cometió? Mmmmm..., mejor no. He dicho una tontería.

Yo de leyes no entiendo, se puede ser fiscal y defensor a la vez? o es ser fiscal con lo ajeno y defensor con lo propio.


Estos dos fiscales en su día debieron hacer pira de alguna clase de derecho, y lo del fraude y tal no les suena, porque no lo dieron y no les salió en los exámenes; o se les ha olvidado.
Lo de los 2,2 millones, Luis, fue porque aquel día se levantaron generosos, vieron que tenían un pellizquito sobrante y, en lugar de darlo a una Ong, pensaron que mejor -dónde va a parar-al ayuntamiento. Y lo de Juppé un ¿año sabático?

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Luis Miguel Úbeda


Luis Miguel Úbeda, veterano periodista de Radio Nacional, es corresponsal de esta emisora en París. Desde allí escribe esta Bitácora, un blog construido con entradas informativas de la actualidad francesa, muy sugestiva para un observador extranjero cuya función es precisamente servir de intérprete a los que están fuera. El encuentro con lo ajeno produce también saludables interrogaciones sobre lo propio, perspectivas más relativas, menos dramáticas y emocionales.
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