MIOPIA


Aún me siguen sorprendiendo. No lo puedo evitar. La población religiosa judía me sigue alucinando aunque por el tiempo que llevo aquí ya tendría que estar curado de espanto. En esta tierra se dice que esta es la única democracia en Oriente Medio. Un país donde se tolera la libertad de culto y donde se respetan los derechos de los individuos. Este país no tiene nada que ver -aseguran algunos convencidos- con el territorio árabe donde se abusa de la mujer y sus derechos y donde es imposible honrar otra religión que no sea la islamista.

La miopía es una enfermedad moderna. Es un mal que se desarrolla por mirar de cerca; por no forzar la vista para observar más allá en el espacio y el paisaje, algo muy parecido a como se desarrolla la miopía intelectual. En un post anterior (Sin prisa pero sin pausa) comentaba como los radicales islamistas avanzan en Gaza, como se recortan derechos en aras a la religión y como sin pudor alguno se justifican medidas y ordenanzas medievales. Pues aunque a muchos les parezca mentira por esa miopía intelectual a la que me refería, Israel en cuestiones de carácter social está retrocediendo en libertades y derechos.

Un retroceso, hablemos hoy de eso, que estoy seguro sorprendería a los fundadores del estado judío por la influencia de la religión en la política y por el uso y abuso que de la religión hacen los políticos cuando les viene en gana.

No entiendo la permisividad del estado y sus poderes con personajes como el judío ultra ortodoxo que lanzó gas lacrimógeno a una mujer que andaba por una acera, sólo para hombres, del barrio de Mea Shearim. Claro que también hay que hacer esfuerzos para tratar con normalidad el asunto de la separación de sexos en los autobuses públicos. Algo más de un año y medio ha tardado el Ministerio de Transportes en disponer de un informe que afirma que cada uno puede sentarse en el asiento que le plazca en el transporte público. Los Haredíes -creyentes en dios- ven como una ofensa el que no estén separados hombres y mujeres en los autobuses o que al paso de uno de éstos por las zonas ultra ortodoxas ellas no se desplacen a la parte trasera del transporte.

Este tema, que como ya hemos contado ha supuesto agresiones y vejaciones a mujeres, no es más que otro episodio de la expansión fanático/religiosa que vive el país y que a pocos parece interesar el poner coto.

Con las Patrullas de la Moralidad ampliando su campo de acción desde Mea Shearim a otros barrios no religiosos de Jerusalén -esta semana atacaron a un joven del que decían tenía pornografía en su casa- al gobierno de Benjamín Netanyaju le ha salido un grano de desobediencia y ha sido, precisamente, por la influencia de la religión en la política. Grupos de soldados han protestado por ser enviados a desmantelar asentamientos ilegales.

Y es que, piano piano, se ganan metros y se conquista territorio. Un ejemplo más de la presión religiosa puede ser la campaña de la conocida cadena israelí de ropa joven FOX quién ha decidido retirar una campaña de publicidad por la amenaza ultra. La campaña en cuestión presenta a la modelo israelí, Bar Rafaelli, tumbada en una cama, vestida sólo con pantalones vaqueros y cubriéndose el pecho con un edredón.

Esto ha hecho que al rabino, Mordejai Bloi, líder del grupo ultra-ortodoxo Guardianes de la Santidad y la Educación, se le salten los colores y amenace con iniciar un boicot a los productos de la cadena. Para no calentar más la cosa, Fox, ha decidido retirar las fotos de una modelo que desata tantas críticas como alabanzas en Israel. Baste con recordar la negativa de Rafaelli a cumplir con el servicio militar en un país al que solo le falta la fiesta de Los Quintos para rendir más pleitesía a su ejército.

Que la población religiosa puede convertirse en un problema de gran calado en Israel es un hecho a medio y largo plazo. Su proyección aumenta y su influencia en lo político está en alza aun a pesar de qué algunas encuestas aseguran todo lo contrario. Separar poderes, como puede comprobarse por estos lares, no está de moda y si entre los judíos es un hecho manifiesto aún quedan aspectos que me demuestran que puedo estar equivocado o todo lo contrario. Los contrasentidos son los que a veces nos dan vida o los que nos enseñan que aún quedan esperanzas. Digo esto por una historia que he leído en un periódico israelí y que tiene que ver con un colono judío ultra ortodoxo en Cisjordania y un joven gay palestino.

El muchacho escapó de su pueblo en Cisjordania tras muchas amenazas de muerte por su homosexualidad y se estableció fuera de los territorios con su pareja israelí con la que vive hace diez años. Precisamente por esas amenazas, las visitas a su familia tienen que realizarse a varios kilómetros de su aldea. En una de estas para ver a su padre enfermo y al intentar regresar a territorio israelí le retienen la documentación en un control policial. Por seguridad de Israel le dicen que no puede volver a su casa. Reclama y le extravían sus papeles. El peligro para su vida aumenta y aquí se produce lo sorprendente. La ayuda viene de quien menos se espera. Un ultra ortodoxo judío que vive en un asentamiento en Cisjordania junto a su aldea le asila aun a pesar de que también se expone a un enfrentamiento muy grave con su comunidad por su condición de palestino y por la orientación sexual del joven. Será verdad eso de que “quién salva una vida salva a la humanidad”.

¿Periodismo=Antisemitismo?

Es curioso como pasa el tiempo y se construye la historia. Es sorprendente cómo olvidamos y sólo damos curso a lo que nos interesa. Digo esto al recordar que el 27 de noviembre se cumplirán dos años de los pretendidos acuerdos de Annapolis. Esos que, promovidos por George W. Bush, determinaron que israelíes y palestinos abordarían, antes de terminar el 2.008, todas y cada una de las cuestiones que los separaban respecto a la Hoja de Ruta. Esos separatistas asuntos eran: estatus de Jerusalén, futuro de los asentamientos y retirada de los territorios ocupados en el 67. Y en estas estamos cuando nadie quiere acordarse de Annapolis como tampoco de los acuerdos de Oslo del 1.993 o de la Cumbre de Paz de Madrid en el 91. Israel es especialista en dilatar en el tiempo lo hablado y así, de soslayo, convencer por aburrimiento e inanición. Propone ahora el primer ministro Netanyahu congelar la construcción en los asentamientos entre seis y nueve meses pero antes permite la concesión de 455 permisos para construir nuevas viviendas) y asegura que nunca se detendrá del todo la edificación en las colonias de Cisjordania.

Benjamin Netanyahu se ha convertido en un auténtico equilibrista que contenta a su atomizado gobierno, da la razón a la administración Obama y de paso intenta colocar la pelota en el campo palestino. Mientras tanto, relevantes personajes de la escena internacional, caso de Javier Solana o nuestro ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, intentan convencer a los palestinos de las bondades de sentarse a negociar un nuevo acuerdo de paz. No se puede perder más tiempo, aseguran. Yo me pregunto entonces, ¿qué les queda a los palestinos por entregar?, ¿han de renunciar a lo poco obtenido en las cumbres internacionales? Es cierto que el lenguaje diplomático es enrevesado, que sus silencios son expresiones y que una frase, sólo una frase y dependiendo de quién la pronuncie, puede cerrar o abrir heridas. Pero también es cierto que entre Israel y los palestinos siempre son estos últimos los que tienen que tragar. Padeciendo como padecen la ocupación y padeciendo como padecen a sus dirigentes (los de Gaza a los de Hamas y los de Cisjordania a los de Fatah) los gobernantes palestinos en Ramala afirman que hasta aquí hemos llegado. No sé si les convencerán con más dinero y con más proyectos de cooperación pero me da que al final se sentarán a negociar sin antes mirarse al espejo para no darse vergüenza. Israel conseguirá -lo veremos- hacer lo que le venga en gana y lo hará con las bendiciones de Estados Unidos y Europa. No sigo, que se me calienta la tecla y siempre te sale un pintamonas que te llama antisemita por comentar lo obvio. Es curioso lo fácil que es por estos lares que te coloquen el carné de antijudío, favorable a los árabes y un sinfín de epítetos. Hay veces que siento que el término antisemita te lo escupen esos pintamonas con el mismo odio con el que los nazis esputaban la palabra judío.

Si dices que las calles de Jerusalén (la ciudad más pobre de Israel) están sucias, eres un antisemita. Si cuentas que las mujeres deben ubicarse al final de los autobuses públicos a su paso por los barrios religiosos en Jerusalén y dejar sus asientos a los hombres, eres un antisemita aunque cuentes que pueden ser agredidas por no hacerlo. Si cuentas que miles de ultraortodoxos cierran las calles de Jerusalén en Shabat para que no se abra un parking público, eres un antisemita. Si hablas de los 1.400 muertos, la mayor parte civiles, de la última ofensiva militar en Gaza eres un antisemita. Si cuentas que la ONU habla de crímenes de guerra en Gaza, eres un antisemita. Si relatas que cuatro de los diez soldados de Israel en esa ofensiva murieron por “fuego amigo”, eres un antisemita. Sigues siendo antisemita si no hablas del gobierno de Netanyahu en términos elogiosos. También serás antisemita si cuentas los problemas de las mujeres a la hora de divorciarse ante los tribunales religiosos. Nazi me llamaron hace un mes en la calle por hablar por teléfono en Shabat mientras se manifestaban los ultraortodoxos. Antisemita me llaman por relatar en la radio que los cohetes Qasam que lanzan las milicias desde Gaza tienen poca carga explosiva. Antisemita eres si criticas el que Israel no permita el acceso a la Explanada de las Mezquitas a los menores de 45 años. Vuelves a ser antisemita si no te parece bien que se le pida la documentación a cualquier joven árabe que se pasee por el centro de Jerusalén y sigues siendo antisemita si criticas el abuso y desprecio de cualquier soldado en un control policial a ancianos, mujeres y niños palestinos. Discutir sobre Franco, al que muchos consideran en Israel benefactor de los judíos (algunos también ponderan como “puso en su sitio" a los homosexuales), es ser antisemita. Puedo seguir añadiendo líneas y líneas por las que te pueden insultar en estas tierras de esta manera tan despreciable como es el llamarte antisemita. No lo haré, tranquilos. Es evidente que los fanáticos, afortunadamente, son los menos y que en contra de los intolerantes sólo sirve la educación y la libertad de prensa y expresión.

Foto: Ernest Munt
miradasdesdejerusalen.blogspot.com

Sin prisa pero sin pausa

Hamas, el Movimiento de Resistencia Islámico, cierra Gaza a su imagen y semejanza. La islamización de la Franja es un hecho manifiesto y a la grave situación humanitaria que crea el bloqueo de Israel se suma este nuevo estrangulamiento social para con la población gazatí que Hamas lleva a cabo con algunas de sus normas medievales.

Al mes de hacerse militarmente con el gobierno de Gaza, la primera medida fue contra la prensa. Aún recuerdo las intimidaciones a punta de Kalashnikov, los empujones y golpes de los milicianos para evitar que los medios de comunicación contaran la represión contra los que rezaban fuera de las mezquitas. Una parte de la población, especialmente cercana a Al Fath, no gustaba de los discursos político-religioso a favor de Hamas en la mezquita y optaron por rezar pacíficamente en la calle, el mismo sitio donde muchos fueron detenidos y otros recibieron de lo lindo. Ya en 2008 el Consejo Legislativo Palestino, de mayoría radical, proponía la crucifixión, la flagelación y el corte de las manos entre las penas de la nueva Ley penal a aplicar en territorio palestino.

Pasan los meses y la cosa, desgraciadamente, va a más aún a pesar de que en algunas cuestiones Hamas ha tenido que dar marcha atrás. Es el caso de la medida policial de pedir la documentación a las parejas que paseaban por la calle para comprobar si estaba casados. Otras se siguen aplicando: los hombres tienen prohibido pasear sin camiseta por la contaminada playa de Gaza, las mujeres se han de bañar vestidas y la policía se ocupa de que los jóvenes no estén hasta altas horas por la calle en tiempo de exámenes.

Como consecuencia de esta islamización que se impone a los palestinos, cada vez es más difícil ver a una mujer sin velo en Gaza -algo que también es manifiesto en territorio de Cisjordania- y ya son miles las que en hospitales y empresas trabajan con el cabello cubierto. Desde el inicio de este curso escolar todas las que acuden a centro públicos de enseñanza de entre 14 y 18 años deben estar uniformadas con chilaba azul, zapatos blancos o negros y cabello cubierto. Las protestas no se han hecho esperar y son muchas las chicas que han puesto el grito en el cielo por no poder vestir pantalones vaqueros o ceñidas camisetas. Algunas ya se temen que el segundo paso sea el prohibir las fotos de sus ídolos en las carpetas escolares.

En Gaza donde Hamas gobierna con mano de hierro sobre las ruinas de la última ofensiva israelí se contempla como el radicalismo acerca la sociedad a la antigua y rígida moral islámica. El Movimiento de Resistencia se justifica al asegurar que algunas de sus leyes fueron promulgadas en 1930 -caso del pañuelo para alumnas, funcionarias, fiscales o abogadas- pero entre medias intenta transformar profundamente a la sociedad gazatí. Su interés llega a situaciones tan variopintas como el crear una agencia matrimonial por la que pasan medio centenar de hombres, todos los meses, algunos de los cuales se casarán con viudas de milicianos muertos en las escaramuzas con Israel. Con el paraguas de su programa de gran contenido social es cierto que Hamas desarrolla un amplio programa de atención a los necesitados, pero también es cierto que si no militas o simpatizas con el movimiento radical tarde o nunca recibirás esas ayudas. Esta es la situación en Gaza donde Hamas es intolerante con cualquier movimiento que cuestione su autoridad. Hace semanas acabo de forma sangrienta con el grupo salafista, Jund Ansar Allah (Guerreros de dios) liderado por el clérigo, Abdel-Latif Moussa, mientras que tras la ofensiva de Israel de diciembre y enero pasados ajustició a un numero indeterminado de simpatizantes de Fatha a los que acusó de espías a favor del estado judío.


Y mientras Hamas es inflexible con asuntos como el velo, los rezos o el alcohol, los túneles de Rafah, al sur de la Franja en la frontera con Egipto, siguen suministrando de alimentos básicos, medicinas, motocicletas, animales y drogas y prostitutas a quien puede pagar en Gaza. De todo ello ha empezado a cobrar a modo de impuesto el gobierno de Ismael Haniye y mientras se aplica en el “a Dios rogando y con el mazo dando” Hamas hace proselitismo hasta con los más pequeños. La televisión de los radicales utiliza los programas para los menores para llamar a la guerra santa y buscar suicidas contra el estado judío.

Como no puede ser de otra manera la influencia de lo que ocurre en Gaza se reproduce en otros puntos de los territorios palestinos y, por ejemplo, en la ciudad vieja de Jerusalén, cada vez se ven más mujeres con velos o cubiertas en su totalidad con una chilaba negra de la que únicamente asoman los ojos.

La rigidez parece se la nota dominante en estos territorios donde observar siempre es sorprenderse. En esta ocasión me permito recomendaros el blog fotográfico Miradas desde Jerusalén . Es impresionante e incluso imprescindible para entender mejor estas tierras y a estas gentes. Su autor es el fotógrafo catalán, Ernest Munt, del que os acompaño a modo de ejemplo unas muestras.





Benedicto se fue y la nave va

Se marchó Benedicto XVI y todo sigue igual. Vino ¿para qué? Sus mensajes, ¿sirvieron para algo?. Me parece que no. ¿Tenía que lavarse la cara o dar la razón a los Rabinos?, ¿o era una cuestión personal por su pertenencia a las Hitlerjugend (Juventudes hitlerianas)?. No tengo ni idea, ya que, las interpretaciones de las palabras y movimientos de Benedicto XVI admiten múltiples variables. Tan es así que aún no me he recuperado de la impresión al ver aplaudir, cual locazas eurofans, a muchos de los periodistas que se trajo el Pontífice a su gira por Oriente Medio. Se asomaba el Papa desde la escalerilla del avión en al aeropuerto de Ammán cuando un grupo importante de esos periodistas aplaudían a rabiar a Benedicto XVI. No sé si era por la gracia con la que descendía de los cielos o por el gesto de llevar apretadas las canillas al aterrizar en territorio enemigo. Y todo eso, sin haber llegado a Israel, que era la parte más dura del periplo del Obispo de Roma y donde se preveía un combate de prima donnas entre curas y rabinos

Pues eso, llegó a Israel se metieron con él en la prensa, por la cosa de su parda infantoadolescencia, dio unas misas, calentó la oreja a los palestinos y se acordó de la madre del cordero que es el Muro de Separación. Entre medias y por bitajon-bitajon (seguridad), cabreó a más de medio Jerusalén. Desde los taxistas judíos a sus primos árabes pasando por los mangantes de las tiendas de la ciudad vieja y los turistas norteños que vienen a ver el Kotel (Muro de los Lamentos), todos se acordaron del Papa y de sus familiares. Quizá tanto despliegue policial pretendía eso precisamente, cabrear a los paisanos por la llegada del cristiano, pero lo cierto es que Benedicto XVI ha sido -con la excepción de la misas de Nazaret y Belén- muy difícil de ver para la feligresía. Pero se marchó sin haberse arrastrado por los suelos pidiendo perdón por ser alemán y haber conocido el régimen de Hitler (es lo que tiene el ser mayor). Ese régimen político en el que se pedía la documentación por la calle a cualquiera que fuera sospechoso; en el que se recluía en guetos con altos muros a los diferentes; en el que el racismo era la nota dominante y el que se encarcelaba a cualquiera durante meses sin acusación alguna. Un sistema, que utilizaba su potencia militar mientras el mundo miraba para otra parte o condenaba con timidez las baladronadas de aquel cabo chusquero y zumbado que alguna vez soñó un Reich de tres mil años.

Se marchó el Papa y todas aquellas intenciones de paz se esfumaron. Benjamín Netanyahu ya le ha dicho a Barak Obama, la semana pasada, que dos estados para dos pueblos ni hablar y el pasado día 21 -jornada que recuerda el glorioso día de la reunificación de Jerusalén- el primer ministro dejaba una perla para su pueblo y la comunidad internacional: "Jerusalén siempre ha sido y será nuestra". Completaba su discurso Netanyahu al asegurar que nunca ha habido tanta libertad de culto en Jerusalén como ahora. Me pregunto, ¿dónde vivirá este señor para opinar así? Quizá es que no conoce cuando en Navidad o Semana Santa se cierran a cal y canto los territorios y los cristianos no pueden ir a sus santos lugares. O cuando, un día sí y otro también, se cierran los accesos a la Explanada de las Mezquitas a los musulmanes mientras el ejército protege a los judíos que van a rezar al Muro. ¿Eso es libertad de culto?

Yo, de momento, me acuerdo de Avraham Burg, el ex presidente de la Knesset, el parlamento de Israel, que, al poco de dejar su cargo tras las últimas elecciones, profetizaba que “existe un riesgo potencial de un grave y sangriento conflicto entre judíos. Israel se dirige a un choque entre el concepto de democracia y el de teocracia judía”. ¿Quiere decir esto que si no tuvieran los judíos a los palestinos, la cera se la darían entre ellos? No sé pero lean el último mosqueo de muchos habitantes de Israel: una de las más altas instancias de la religión judía, el Consejo Religioso, ha decidido dirigirse a los futuros matrimonios con un folleto que es de obligado estudio para aquellos que antes de casarse tienen que asistir a clases preparatorias para el matrimonio.

El documento, no habla de reparto de responsabilidades y sí anima a los maridos a ayudar en las tareas domésticas. Conmina a la pareja a vivir sin estar cerca de la familia de la mujer y especialmente de las suegras, ya que dice el texto, "tienden a meterse en los asuntos de la pareja y pueden arruinar una relación". Tan clarividente folleto explica que el marido nunca debe ser débil ante su mujer: "si ella es irrespetuosa, el marido debe demostrar su enfado y no dirigirle la palabra hasta que ella recapacite". Además, en otra sección, dice que la mujer se parece a la arcilla y es el marido el que debe moldearla para que mejor le complazca, ya que está en la naturaleza de la mujer ayudar al marido.

Los consejos de los religiosos, también dirigidos a los seglares, afirman que el hombre debe comprar regalos a su mujer y nunca criticar su cocina. Debe el hombre, además, felicitar diariamente a la mujer hasta en cinco ocasiones, aunque sea mentira.

“Jerusalén no será dividida de nuevo” dice el pie de la foto que es precisamente la imagen de la división el día en que los judíos festejan la conquista de la ciudad durante la Guerra de los Seis Días.

Foto de portada del periódico Jerusalem Post publicada el día 22 de mayo de 2009. El autor es Bernat Armangue/AP

JUSTICIA UNIVERSAL

Siendo como es este el único país democrático de Oriente Medio, según dicen los israelíes, no estaría mal que tuvieran claro cómo funciona efectivamente una democracia, cuya base fundamental es que sus poderes puedan moverse con absoluta independencia unos de otros. La decisión del juez Fernando Andréu escuece en las estructuras políticas y sociales hebreas. Acostumbrados como están a que no se les rechiste y a hacer de su capa un sayo cuando les viene en gana, la medida adoptada por el magistrado español, con la recomendación negativa de la fiscalía, les duele. Lo curioso del asunto es que aún nadie aquí ha hablado ni explicado cómo funciona el sistema judicial español, que reconoce y respeta el principio de justicia universal.
Para los que no lo sepan, la cuestión que ha levantado ampollas contra España se remonta a julio de 2002 cuando Israel, dentro de su política militar de asesinatos selectivos, bombardeó en Gaza la casa del líder de Hamas, Salaj Shajada. Además de él y su familia murieron 14 civiles más. Shajada, había nacido en Gaza y era el creador de las Brigadas de los Mártires Az Ha Din Al Kassam, el brazo armado de Hamas. El juez Andreu, por tanto, continuará la tramitación de la demanda que presentó el centro palestino de Derechos Humanos, aún a pesar de la opinión en contra de la Fiscalía. Curioso es que este último aspecto es defendido y remarcado en las declaraciones políticas de los dirigentes de Israel quienes se cuidan muy mucho de hablar de la independencia judicial en los países democráticos. Israel, además, exige a España que retroceda en su intento de juzgar a las acciones militares de su país ¿Debemos algo a Israel para que nos pida explicaciones? Quiero creer que Israel y sus habitantes fueron uno más de los que se alegraron cuando Garzón puso a Pinochet contra las cuerdas precisamente gracias al principio de Justicia Universal.

Y como no hay dos sin tres ahora va Naciones Unidas y acusa al ejército de Israel de disparar en forma deliberada contra instituciones de las ONU durante la ofensiva militar de Gaza este diciembre y enero pasados. Hubo 1400 muertos y más de cinco mil heridos y Naciones Unidas sigue a la espera de una respuesta formal del gobierno israelí al informe presentado al Consejo de Seguridad.

Si respecto a la actitud del Juez español Israel dice que todo es una maniobra política que contrasta con los principios básicos de la justicia y que sería bueno para el honor de la justicia española que esta iniciativa se cancelara cuanto antes, para Naciones Unidas también hay leña. Dice el ejercito que los resultados de la investigaciones no coinciden con el informe de la ONU y que el Estado de Israel considera el informe de Naciones Unidas tendencioso y claramente parcial. También dice el gobierno hebreo que la comisión ha preferido las reivindicaciones de Hamas, una organización terrorista y asesina.

No entiendo eso de que la tal maniobra contrasta con los principios básicos de la justicia. Creo que es todo lo contrario, creo que es un canto a la justicia universal para un mundo necesitado de criterios morales. Tampoco dudo de que países como el nuestro, con tribunas abiertas a la justicia, puedan sufrir el abuso de organizaciones que busquen la publicidad y perviertan el sistema. Pero lo cierto es que en el caso que nos ocupa hay catorce muertos, casi todos civiles. También la inmensa mayoría de los muertos en la operación Plomo Fundido eran civiles y el asunto ya ha pasado sin pena ni gloria ¿Se acuerda alguien de los sucesos de primero de año en Gaza?

Me quedan muchas dudas respecto al comportamiento de este país que presume de ser la única democracia de la zona y del que han salido a Ginebra, entre los años 2001 a 2006, unas 600 denuncias por torturas que nadie ha investigado. Naciones Unidas desde su Comité contra la Tortura ha denunciado también la existencia de un centro secreto, conoció como la instalación 1.391, en el que se encierra a sospechosos palestinos y se les tortura. El gobierno hebreo asegura que está desmantelado y a pesar de ello no permitió su visita a los representantes del Comité Internacional de la Cruz Roja.

GENEROSIDAD INCONTROLADA

Pueden decir el mundo y los políticos lo que quieran, reunirse cuantas veces lo deseen, agrupar donantes y poner miles y miles de euros pero yo, particularmente, no veo solución a corto, medio o largo plazo al conflicto entre Israel y los palestinos. Lo tiene muy claro Ramón Lobo cuando señala en El País que “la política internacional es una compleja madeja que no obedece a cómodos plazos electorales de cuatro años. A veces, mirar hacia otro lado mata, es obsceno, y a la larga resulta demasiado caro desde el punto de vista político”. No estoy de acuerdo con el final de la frase, por razones obvias para esta región. Aquí, desde el punto de vista político israelí, los muertos dan votos; la violencia, prestigio y la mano dura, gobiernos.

En el tiempo en que los palestinos entierran a sus muertos por la represión de Israel, Occidente lava su conciencia con dinero. Hemos transformado la cooperación y sus presupuestos en detergente mientras Israel consuma su proceso para judaizar a los palestinos. Poco a poco los están convirtiendo en invisibles en su propia tierra. Israel destruye con sus tanques, aviones y excavadoras muchas de las cosas que se construyen con nuestro fondos de cooperación para Gaza o Cisjordania. El mundo, aparentemente escandalizado, pone el dinero y los proyectos, Israel parece dar las coordenadas de lo que hay que recomponer; la cooperación cae en la trampa y aplica su esfuerzo para algo que debería ser tarea de los ocupantes y a la par de los destructores.


No acabo de comprender donde se queda tanto dinero como invierte Europa en Gaza o Cisjordania. Tiene que haber algún listo o lista que se beneficie de tanta generosidad incontrolada. Ramala, capital Fatah, es una ciudad horriblemente organizada, sin transporte público, con escuelas y centros médicos deficientes, sin un ayuntamiento coordinado y con una seguridad ciudadana de cuya policía me fío más bien poco. Gaza, capital Hamas, es tierra devastada mil veces por las bombas de Israel. Muchos edificios de ONG u oficinas o centros de distribución de ayuda están arrasados, incluidos los almacenes de alimentos de Naciones Unidas. Los islamistas gobiernan sobre los escombros y los cementerios y resisten al bloqueo a través de los túneles a los que parasitan con impuestos.

En zona nacionalista el dinero llega a espuertas, ministro de Exteriores que aterriza en la zona tira de cartera. Los palestinos también se encargan de poner proyectos sobre la mesa cuyo precio, qué casualidad, se acerca muy mucho al desembolso que el político tenía previsto. En Hamastán, como son los malos, ni calderilla. Hay que castigar a la población por haber votado a los perdularios. El extranjero ministro o alto cargo que por allí circula llega apenado y para ver, contar y por supuesto no compartir, el drama palestino. A esto se le suma el síndrome de los cuatro portazos es decir, la subida de adrenalina que otorga salir del coche oficial ante la prensa (Paco Cantalapiedra dixit…). Qué placer poner cara de preocupación e interés mientras se escucha él raca raca de las cámaras de fotos y el portazo del chófer, después los de los dos escoltas y finalmente el del propio político que, zapato de tafilete a tierra, se besaría, si le dejara el tufo de las calles, con las escasas farolas que alumbran Gaza. No llevamos dinero pero nos hacemos acompañar de mucha prensa a la que adornamos con chalecos antibalas y cascos de kevlar; si los periodistas vienen desde Bruselas, mejor -luego mandan la correspondiente foto a su madre o pareja vestidos de aguerridos reporteros y la familia da por bien pagada la carrera del chico-. De vuelta, a su entender ya seguro, hablará de que Israel tiene derecho a la autodefensa y de la necesidad de un gobierno de unidad palestino tras unas nuevas elecciones que volverá a ganar Hamas. Tal y como están las cosas, quien de verdad está ayudando a todos aquellos que sufrieron más directamente la operación Plomo Fundido es Hamás, le pese a quien le pese.

La compasión mantiene abierta la herida pero la extrema generosidad tampoco la cura. ¿Se evalúa de verdad en los foros internacionales el trabajo de cooperación y el de los cooperantes en territorios como Gaza y Cisjordania?. Cooperamos, ¿para qué?. Tanto dinero, ¿dónde va?. ¿A quién ayudamos, a los palestinos, o les hacemos el trabajo a los ocupantes? Idénticas preguntas me formulo con el periodismo ante el poderoso estado de Israel y su trato para con todo aquel que no es judío. Al final, ¿sirve de algo nuestro trabajo?

Junto al también dañado Instituto Hispano Palestino de Educación había un orfanato que los tanques arrasaron en la ofensiva de diciembre y enero pasados. Estaba construido con la ayuda de la Agencia Española de Cooperación y apoyado por la Universidad de Barcelona. Sólo es un ejemplo

Toma el ministerio y corre

Bibi Netanyahu ya tiene su propio camarote de los Hermanos Marx. Lo ha conseguido y, además, esta mañana de miércoles negociaba con Hogar Judío -un partido de ultraderecha que agrupa a los colonos- su ingreso en un gobierno que parece una orgía política de todos contra todos y a dos vueltas. No me sorprende un ejecutivo de coalición con el Likud, Ysrael Beitenu, SHAS y Hogar Judío, lo que me extraña es que Avoda, el partido de inspiración socialista, los laboristas que hicieron el estado de Israel, el partido que implantó como sistema de trabajo el cooperativismo de los Kibutz, participe de este gallinero.

Son pocos los que ven futuro en este ejecutivo de ultraderecha que agrupa a partidos con planteamientos para con los palestinos que hacen palidecer a cualquier demócrata. Claro que los argumentos para relacionarse con los vecinos árabes hacen temblar de miedo a cualquiera. No sé qué pensarían los 1400 delegados laboristas que el martes por la tarde votaron a favor de coaligarse con Netanyahu, pero está claro que se les olvidaron las dificultades que pasaron, para bien o para mal, sus padres y abuelos para crear un estado como el de Israel. La escisión en este partido laborista de nuevo cuño se acerca de forma inexorable. La escandalera del congreso extraordinario que aprobó la coalición con el Likud pasará a los libros de historia del partido; Barak tampoco olvidará fácilmente los insultos que le dedicaron, pero, mudan los tiempos y nosotros con ellos, pareció pensar el todavía Ministro de Defensa y director de la ofensiva militar que acabó con la vida de 1400 personas entre diciembre y enero pasado en Gaza. La realidad pone de manifiesto que la deriva laborista y su permisividad con los asentamientos o el militarismo a ultranza, les ha pasado factura. ¿Se habrá preguntado Barak lo que pensarán aquellos votantes que entregaron su decente y humilde voto para combatir a aquellos a los que ahora se alía? Con su decisión, el líder laborista pervierte el sistema democrático, hunde un poco más a su partido y separa de la política a los excépticos que le apoyaron y que, según las encuestas, querían evitar a la ultraderecha en las pasadas elecciones.

Ya conté en el anterior post que en el variopinto gobierno que tiene que estar constituido antes del próximo 3 de abril estará, entre otros, Avigdor Lieberman, el líder de Yisrael Beitenu, un personaje que ocupará la cartera de Exteriores y del que Egipto, a consecuencia de sus desprecios y comentarios racistas, dice que no dejará entrar en su territorio. Habrá que ver si este nuevo gobierno obliga a los árabe/israelíes a jurar lealtad al estado tal y como propugna Lieberman ¿Si no, qué? ¿Van a expulsar del país al 20% de la población? Los interrogantes son muchos y habrá que ver quién será el encargado de responder en este gobierno que aún debe designar a su número dos. Más alucinante sería que fuera Barak ese vice primer ministro. De momento, él y sus correligionarios dispondrán de cinco carteras ministeriales, incluida la de Defensa.

El laborismo, incapaz de aglutinar al centro y a la izquierda en Israel -quizá por su belicismo y deriva desde hace años a posturas conservadoras-, no tendrá ocasión de refundarse. La ocasión de actuar como un partido de oposición con ideas propias para combatir a los ultras, sean del sector que sean, la han perdido al unirse, precisamente, a los que tienen que combatir. Barak aseguraba que “quieren ser el contrapeso”, los que den cordura y sensatez a un ejecutivo con partidos que enseñan los dientes a los árabes en cuanto pueden. Mucho me temo que la vaguedad del acuerdo Likud-Avoda en asuntos como asentamientos, negociaciones con la Autoridad Nacional Palestina o respeto a los acuerdos internacionales se van a quedar en papel mojado.

Si ante los ojos de la comunidad internacional, especialmente Estados Unidos, Netanyahu quería presentar este guirigay como un gobierno de corte liberal sin dependencia de la ultraderecha, no lo está consiguiendo por mucho coche oficial que ofrezca a Barak.

LA PAZ, COMO SIEMPRE, UN INTERROGANTE

Agobiante muro en Cisjordania

Israel asiste impertérrito en estos días a la consumación de sus deseos electorales mientras una parte del mundo ve con preocupación el fin del proceso que situará a Benjamin Netanyahu en el sillón de Primer Ministro. Es precisamente ese colectivo el que entiende que, a partir de ahora, cualquier esperanza de paz duradera entre palestinos e israelíes puede esfumarse. Mientras tanto, el zoco político israelí vende, compra y reparte puestos para un gobierno, que a estas alturas del partido, se presume duro, variopinto y breve. En tierra de profetas, donde siempre es de osados hacer pronósticos, nunca fue más cierta la frase de aquel escritor británico que aseguraba que los políticos se preocupan mucho más de la seguridad de sus puestos que de la seguridad de su país.

Lo más colorido de lo que parece ser el embrión del futuro y atomizado gobierno ultraderechista de Israel se llama Avigdor Lieberman. Sus compañeros en el Parlamento le han dado en llamar “pirómano en serie” por sus incendiarios discursos o simplemente “irresponsable u hombre peligroso e imparable”. Lieberman ha pedido en varias ocasiones -y así lo defendió durante la pasada campaña electoral- que los árabe/israelíes sean expulsados de Israel si no hacen un juramento de fidelidad al estado hebreo. Valga también como ejemplo de diplomacia del que será canciller israelí lo que aconsejó recientemente al presidente egipcio, Hosni Mubarak: “se puede ir al infierno si no visita Israel”. Después de que el Presidente Peres pidiera perdón al estratégico socio que Egipto es de Israel, volvió a la carga y calificó las disculpas como las explicaciones de una esposa maltratada.

Lieberman, al que la policía este mes de marzo ha solicitado que se investigue por presunto blanqueo de capitales y evasión fiscal, nació en la ex Unión Soviética. Según algunos medios, en su Moldavia natal, trabajó de portero de discoteca, de ahí se dice que viene su fuerte carácter. A los 20 años emigró a Israel, donde hizo el servicio militar y estudió Ciencias Políticas y Relaciones Internaciones en la Universidad de Jerusalén. Niegan a Liberman la autoría de la frase “tendrían que probar la bomba atómica en la Franja de Gaza” pero es evidente que sus intenciones para con Jerusalén y los árabes no desentonan con otros partidos que, aunque están enfrentados a su Yisrael Beintenu (Israel Nuestra Casa), mantienen un nexo común de odio para con los árabes. Por la personalidad de éste y de otros políticos que han conseguido escaño en el parlamento, los recientes comicios han puesto de manifiesto que estamos en un momento peligroso para la paz en la zona.

Muchas personas se interrogan por el resultado electoral, pero es evidente que los interesados mensajes de miedo que los gobiernos de Israel han lanzado en los últimos años a la población, con la colaboración de los adoctrinados medios de comunicación, han calado. No hemos de sorprendernos porque hayan sido muy pocos los israelíes que se han echado las manos a la cabeza por la reciente matanza en Gaza y sus más de 1.300 muertos. A la hora de votar, además, lo han hecho por la vuelta de tuerca; por la disciplina represiva, por tensar aún más la cuerda que aprieta a los palestinos en una tierra que, aun habitándola desde hace miles de años, están perdiendo, porque les están borrando su carácter árabe. Dice un religioso que vive en Belén que Israel aplica a los palestinos tres técnicas represivas de probada eficacia: el modelo de apartheid de Suráfrica, el sistema de muros de la extinta República Democrática Alemana y la práctica americana de las Reservas Indias. Nada más parecido a la realidad y nada más preocupante para el futuro, ya que, gobierne la ultraderecha, la derecha, o los laboristas y el centro, el patrón a seguir no es diferente y, a pesar de la diversidad de los mensajes, los partidos políticos mayoritarios son epígonos unos de otros.


Niños en la reserva palestina de Gaza

Lieberman puede ser, efectivamente, un problema para la paz, pero vistas las intenciones de laboristas y centristas -ahora en la oposición y con carita de moderados- el resultado puede ser siempre el mismo. El que la paz en la zona sea un interrogante se sustenta en la actitud del que será primer ministro en sustitución de Ehud Olmert. Hace meses ya se mostró partidario de atacar Irán y destruir su programa nuclear. Bibi Netanyahu -tal y como se le conoce en Israel- abandonó en 2005 el gobierno de Ariel Sharon cuando éste aprobó la salida de tropas y colonos de la Franja de Gaza.

Desde los partidos ultraconservadores a los religiosos o laicos, hasta los centristas y moderados laboristas, todos, excepto la minoritaria izquierda (totalmente desbordada y desorganizada) se oponen al reparto de Jerusalén. Todos apoyan la extensión de los asentamientos. Todos quieren respuestas rápidas y contundentes en Gaza... Con honrosas excepciones, empiezo a ver un país de pensamiento único que no tiene excusa alguna para el incumplimiento sistemático de los acuerdos internacionales mientras se disfraza, armada hasta los dientes, de débil victima.

Gaza y Cisjordania nuevos territorios para el apartheid

*Todas las fotos de este blog son de Paco Forjas

A contracorriente en Israel.

Yonatan Shapira un buen hombre.


Me cuenta Yonatan Shapira que han pasado siete años y aún no se ha hecho justicia. El 22 de julio de 2002 una bomba israelí de una tonelada mató en Gaza a 14 personas a hirió a 140 mientras dormían. Era lo que en el argot militar se denomina un asesinato selectivo. Buscaba Israel a Salah Shehadeh, un presunto terrorista y comandante de los radicales islamistas de Hamas, pero la muerte encontró más victimas, nueve de ellas eran niños. Es posible que Shapira, ex-piloto militar de helicópteros, llegara a participar en aquella misión. Ni lo confirma ni lo desmiente pero considera responsable a cualquiera que viva dentro del sistema: “el que lanza las bombas, el que pone combustible al avión o el que apoya a los que disparan contra inocentes…”

Fue en ese momento y tras ese suceso, el mismo por el que la Audiencia Nacional española ha abierto procedimiento por un presunto crimen contra la humanidad, cuando tomo conciencia y dijo “basta. Se acabó. No más muertes de inocentes”. De igual manera, me relataba en Tel Aviv, que los judíos estuvieron y están llenos de ira “por el silencio que guardó el mundo mientras nuestras familias y nuestros abuelos eran asesinados en Europa, creo que hay que decir a los líderes israelíes que ya es suficiente”. La recomendación, por sorprendente que parezca a muchos de sus compatriotas, dice Jonatan “no es antiisraelí, ni antipalestina, ni va contra el Ejército”.

Los sucesos de julio de 2002, imitados y aumentados en victimas y heridos en diciembre de 2008 y enero de este año, pueden llevar al banquillo de los acusados al exministro de defensa y actual ministro de infraestructuras, Benjamín Eliezer. Otros seis cargos militares a sus órdenes en aquella época también pueden ser encausados, entre ellos está el también actual ministro de seguridad interna y ex-jefe del Shin Bet, Avi Dichter. Pero un asunto como este, en el que la justicia española, amparándose en la legalidad internacional ha recibido duras críticas desde el país judío, es para Shapira y el movimiento pacifista una oportunidad única. Hace siete años ya presentaron una denuncia ante los tribunales de Israel. “Nunca más se supo de ella por el fracaso de la justicia de Israel”, según Shapira. Además junto a veintisiete pilotos militares reservistas, algo que les costó su expulsión de las Fuerzas Armadas y el rechazo de gran parte de la población (Yonatan también fue despedido de su trabajo), presentaron una carta a las autoridades en la que anunciaban que no participarían más en acciones militares que pudieran causar la muerte de civiles.

Es refrescante hablar en Israel con un personaje como este pacifista después de haber escuchado hasta la extenuación y desde muchos puntos diferentes que los israelíes son las victimas. Dice el ex-piloto que “no puedes justificar proteger a civiles matando a civiles. Lo que fomentas en realidad es matar a civiles estén donde estén. Este es el resultado de una política agresiva y completamente estúpida por parte del gobierno israelí basada en el miedo, la ignorancia y el deseo de venganza”.

Shapira, contrario a cualquier tipo de terrorismo, volaba en un escuadrón de Blackhawk, los helicópteros encargados de transportar tropas y participar en misiones de rescate y ahora saluda la decisión de la Audiencia Nacional española , ya que, como ciudadano de Israel, ex piloto de las Fuerzas Aéreas y activista, cree que “el sistema de Justicia en España o en otros lugares del mundo hará un gran favor a su país y a sus ciudadanos al aceptar enjuiciar el caso. Sabemos que no va resolver los problemas que tenemos porque el juez en España o Bélgica no acabará con la ocupación o cambiará al gobierno, pero lo que es seguro es que izará esta bandera”. La situación actual para con los palestinos, asegura, es un proceso que está envuelto también en la deshumanización de un pueblo entero y “de esta deshumanización lo que recibes es racismo, que se asienta más y más en el núcleo de tu gente, de tu cultura”, dice Shapira para quien si los medios israelíes “invirtieran más tiempo, energía y atención por cada niño palestino muerto, de igual manera que lo hacen por cada niño israelí muerto, la gente no estaría tan desconectada de lo que está pasando en Gaza o Cisjordania”. Relajadamente condensa la situación en la consecuencia derivada de un gobierno “que ha perdido el rumbo, sin liderazgo, vacío de ideas y de inspiración y que elige la ignorancia y el odio por encima del diálogo y la reconciliación”. Por ello, con la misma tranquilidad con que relata una situación que en ocasiones produce asco por el dramatismo que exhala, asegura que Israel necesita de la intervención internacional. “Desde que soy un creyente y un activista de la no violencia, creo en cualquier acción que no incluya la fuerza o la violencia. Pero quiero que el mundo fuerce a mi país a comportarse como lo deben hacer los seres humanos”. Palabra de hombre de bien.

GAZA + HORROR = FANATISMO

Yabalia, sus gentes y escombros después de 23 días de bombardeos

En la Franja de Gaza más que ganarse una guerra se ha conquistado un cementerio que diría el Capitán Alegría. Se ha redestrozado a un pueblo y se ha humillado aún más a sus gentes. Lo perimetral de la ocupación israelí en Gaza ha dado paso al pisoteo de los más elementales derechos de las personas. Hay paz dicen, pero las patrulleras de la armada disparaban este jueves pasado contra los pescadores en la playa de Gaza. El día antes, habían matado “preventivamente” a dos hombres del mar que, entre otros muchos, desde hace años, no pueden salir a faenar por el control de seguridad de la Armada israelí.

La ruta de los horrores o un paseo por las tinieblas. Se puede elegir el camino por el que recorrer la Franja y siempre nos encontraremos con lo mismo: destrucción y muertos, polvo y casas en ruinas. Cementerios en los que se trabaja con excavadora, chabolas y cascotes; limoneros y olivos pisoteados y destrozados por los buldózer y los Merkava -que contrasentido en hebreo significa carro de lujo tirado por caballos- hambre para los próximos años y rabia enquistada en los genes de las mil próximas generaciones de palestinos. La electricidad va y viene, hay un porcentaje altísimo de viviendas sin agua y la depuración de las residuales no funciona. Las escuelas abren por fin sus puertas este sábado. Muchas de ellas, gestionadas por Naciones Unidas, han servido de refugio a miles de personas durante los bombardeos, algunos de los cuales no han respetado las siglas de la ONU. En Gaza la tragedia no abandona. Al silencio de las bombas de Israel le ha seguido el ahogado grito de los represaliados. Ahora son los nacionalistas de Al Fatha los que acusan a Hamas de matarlos acusándolos de espías y de servidores del sionismo. Como si no hubiese suficiente dolor.

Pero Gaza esta dispuesta a sobrevivir por encima de cualquier cosa o cualquier situación. Beit Lahia, Yabalia o Beit Hanoun, en el norte, parecen la Zona Cero. Los puntos más cercanos a la valla de seguridad son, efectivamente, un paseo por las tinieblas; Khan Yunis y Rafah, en el sur, son la ruta de los horrores. El ejército se ha cebado en la destrucción y no parece estar nada claro eso de respetar a los civiles y las monsergas fascistas de las Leyes de la Guerra. Y entre medias de ese horror: los niños.

Gustavo Martín Garzo escribía el domingo 18 de enero en El País que “la muerte o la mutilación de un niño es uno de esos límites que no se pueden cruzar sin que todo lo que hemos construido, nuestro mundo y nuestros valores, se derrumbe como un castillo de naipes”. En el hospital de Shifa, en Gaza, entraba en la mañana de este viernes un muchacho de doce años. Llevaba los intestinos fuera literalmente y media cara destrozaba por la metralla. Falleció al poco de ingresar. Su delito había sido ayudar a desescombrar su casa destrozada por un bombardeo. Un proyectil latente explosionó cuando trabajaba con su familia. Esto es lo que se llama tregua o alto el fuego. Estos muertos no son de esta guerra, no son victimas. Son eso, daños al entorno. No figurarán en las estadísticas y seguro que tampoco entrarán en el grupo a indemnizar por Hamas quien proclama la victoria ante Israel encima de miles de toneladas de escombros y muertos. Son civiles en su mayoría, muchos de los cuales murieron abrasados, según los médicos, por las bombas de fósforo. El cretinismo, la vía más directa al fanatismo, ya fue reconocido como enfermedad. Pocos comentarios hay que hacer.

Pero Gaza sobrevivirá. No sé cómo, pero lo hará. De estas tierras de Filisteos se marcharon también el jueves medio centenar de españoles con la inestimable ayuda del Consulado General de Jerusalén. Quieren paz y rehacer su vida, seguro que lo van a tener difícil. Al menos ya no vivirán en el centro penitenciario de Gaza, un lugar al que se asoma el mundo, estoy convencido, tapándose la nariz.

Los españoles después de días de espera abandonaban Gaza

El niño, con un tiro en la cabeza y el pescador, en muerte cerebral fueron atacados en tiempo de alto el fuego.

Miguel Molleda


Miguel Molleda Rábago es el corresponsal de Radio Nacional en Jerusalén. Periodista de amplia trayectoria profesional en Radio Nacional de España, donde ingresó por oposición en 1986, se ha especializado en relaciones internacionales y ha informado para la radio pública de los principales acontecimientos ocurridos en las postrimerías del siglo pasado y comienzos del siglo 21. Después de un breve periodo de corresponsal en Bruselas fue enviado especial en Rumanía tras la caída del Muro de Berlín. Informó desde Bucarest de la desaparición del régimen de Ceaucescu y las transformaciones que siguieron en Europa Central y Oriental.
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