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Un día de hospital

“Siga la línea gris y tome el ascensor a la séptima planta”. Así empezó mi primer contacto con un hospital italiano. Tenía la hora concertada, pero al llegar a la consulta me piden el ticket sanitario ( afortunadamente lo tengo), la tarjeta azul ( ya empiezan los problemas), el carné del hospital ( se añaden contrariedades) y, posteriormente, el pase por caja para hacer efectivo el pago del servicio.

Antes de la consulta, primero he de ir a la planta 3 ,que está justo bajo la entrada de la calle. He dejado de hacer preguntas hace tiempo. Sí, sé que estáis pensando ¿eso quiere decir que la entrada está en la cuarta planta? Sí. No quise saber por qué. Sólo me guiaba un propósito: salir de aquel laberinto.

En la planta tercera, bajo la entrada del hospital, hay una gran sala, alargada y estrecha como un mal sueño, que se alimenta de seres en busca de impresos. Cojo número para que me atiendan: el 77. Miro las enormes pantallas colgadas del techo de esa sala estrecha como una alucinación. Van por el 42. Respiro hondo. Busco donde sentarme y me cubro de una gruesa capa de paciencia.

Pocos minutos después, entre mi silla y la pared, un celador arrastra una cama. Observo alimentado de hastío. En la cama, un enfermo al que han rapado la cabeza, es transportado absorto con un gota a gota acoplado al lecho y dos vendas en la cabeza. Tiene más pinta de enfermo que de haber sufrido un accidente. Sigo con la mirada esa peculiar comitiva que desfila ante la indiferencia general, hasta que salen de la sala.

Pasa media hora y apenas ocho personas han circulado por ventanilla. Sigo esperando. El destino aún me deparaba un nuevo aprieto. Me entran ganas de ir al baño. Me falta poco para hacer contorsiones como Peter Sellers en “El Guateque”. La lentitud con que se despacha desde la ventanilla, me permite la libertad de buscar un baño. Con espíritu aventurero, me alejo de la larga estancia. Como el marinero que deja atrás el puerto, vuelvo la vista y veo aquel enjambre propio de “El camarote” de los hermanos Marx. Unos se levantan, alguno acude a una ventanilla, otros se sientan, otro da vueltas a la sala siguiendo las aspas de los grandes ventiladores colgados del techo. ¡Qué suerte, al menos hoy no hace calor!- pienso.

Cuando regreso, miro la pantalla. Llaman al número 60. Sólo quedan 17. Busco otro aposento y contemplo la nada, con la mente obstruida de vacío y los sentidos embotados. En poco tiempo, me empieza a vencer el sueño. Las conversaciones son murmullos que cortejan el inconsciente. Trato de disimular, pero las pestañas son demasiado pesadas. De repente, un militar, vestido de camuflaje atraviesa la estancia. No puedo decir si iba o no armado. Para cuando abrí los ojos sólo pude ver el destello de su sombra. No me extrañaría nada que en este campo de batalla fuera necesaria una misión de rescate.

Trato de relajarme, pero una niña se ha sentado a mi lado. Habla como lo hacen los niños: a voces. Deja en cada palabra la última de sus fuerzas. Afortunadamente para ella, infelizmente para mí, recupera inmediatamente la energía para prorrumpir con nuevo vocablo. Casi siempre es lo mismo “Ma mamma, quando andiamo via?"

Me siento prisionero como Tom Hanks en “La terminal”. Tal vez para liberarme tenga que actuar como Michael Douglas en “Un día de furia. La burocracia campa de espaldas a la eficacia. No obstante, si has llegado hasta aquí, perdona por haberte hecho partícipe de esta desazón. Contar la experiencia , era un exorcismo necesario. La secuencia que sigue se aproxima mucho a mi experiencia. Mr Bean, a veces parece italiano, hasta en la formar de aparcar...

11 Comentarios

Que bonita frase "el destello de su sombra". Aún me quedan esperanzas entonces para volver a destellar...

Iñaki, como dicen los italianos: "Tutto il mondo è paese"

He vivido 14 años en Italia y me creo lo que dices, pero por desgracia aquí vamos por el mismo camino (aunque de momento no pagamos aún el ticket sanitario).

La diferencia que veo entre un ciudadano italiano y uno español, es que ellos, a pesar de sus problemas, siguen con la cabeza bien alta y sin complejos, mientras que aquí se respira una atmósfera de disgusto continuo, promovido también por muchos medios de prensa y políticos.

Pues yo te cuento otra de hospitales: ¿cómo es posible que hayan en algunos hospitales españoles médicos extranjeros ( a mi me ha pasado en particular con una traumatóloga cirujana polaca) que no sepan hablar español?me atendió hace 2 años la 1ª vez, y hace 15 días la 2ª vez. Sigue sin saber hablar despues de 2 años. Esta segunda vez al ver una enfermera el apuro de ella y el nuestro por que no nos entendíamos vino y me dijo: " la doctora es buenisima, pero no la quiere nadie por que no sabe hablar..." dicho lo cual no dudo de que es buenísima, ya que me operó una rotura de femur y me lo ha dejado estupendamente, pero madre mia.......

Suena casi dramático. Menos mal que Mr Bean siempre termina por poner el lado simpático de una situación comprometida. POr cierto ayer vimos a dos Mr Bean cara a cara en Italia. Lástima que casi todo lo que nos ha quedado de la cumbre fuera lo de Berlusconi ,sus mujeres y sus putas. ¿Es porque os obligan los periódicos, radios.. a hacerlo o porque los periodistas (algunos) no saben nada más que tirar de la cadena y hablar de las depravaciones sexuales del primer minsitro italiano? Me hubiera gustado no tener que buscar tanto, entre frases casi escondidas, los acuerdos sobre autopistas, inkigración...

He de decir que esta situación me recuerda a la casa de los locos de "Las doce pruebas de Astérix".

Bueno, al final no te salió tan mal tu primera experiencia hospitalaria en Italia. Según leía tu rocambolesca historia pensé que cuando fuiste al baño te habías perdido en el laberinto y esto aún lo escribías desde allí..
A mí lo más extraño que me ha sucedido, fue una vez que fui a una comisaría de Madrid a renovar el DNI. Las fotos me las iba a hacer en un fotomatón y como soy muy previsora llevé unas tijeras pequeñas de punta redondeada (de esas para cortar las uñas a los bebés) para recortarlas. Mientras estaba en el mostrador con los trámites saqué la tijera, la funcionaria casi se parapetó detrás del mueble mientras me decía: "Cómo se le ocurre entrar en una comisaría con un arma, eso es un delito, tiene que entregarla ahora mismo!". Me quedé tan perpleja que sólo se me ocurrió decirle "quédese con las tijeras y aquí tiene también las fotos". Salí de ése sitio con la sensación que había estado en la comisaría de Torrente. ¡Cosas absurdas que pasan, Iñaki!
Recibe un saludo muy afectuoso desde Madrid.

Lo mas patetico fueron las medias sonrisas de los alli presentes ante un matto semejante! saludos a todos

Vaya hombre !qué raro! lo raro del todo es que no se presentara por obra y magia potagia del espírito santo Mazinger Zeta y te diera un pase vip Iñaki.El video genial.Saludos.

Gracias Iñaki por el video! Y contestando a Carlos, yo también he vivido en España 10 años, y esa diferencia entre los dos pueblos, de que los italianos van siempre con la cabeza bien alta a pesar del desastre de pais que tenemos, no creo que sea tan buena. Eso en realidad es resignación, y gran capacidad de adaptación, buena estrategia de supervivencia, eso sí. Pero nadie reacciona, nadie se indigna ya, sino que el que puede sigue la corriente, e intenta hacer su agosto con cualquier situación. Por lo menos en España la gente se indigna, y eso hace que no se llegue a límites que aquí ya se han sobrepasado con creces. Lo que yo he vivido, y sigo experimentando todos los días, desde que hace año y medio atropellaron mi madre en un paso de peatones al lado de mi casa (en Roma), se podría definir como 'kafkiano'. No se lo deseo ni a mi peor enemigo. Confio en que la capacidad de indignarse y protestar sirva al pueblo español para que nunca se llegue a lo que estamos viendo hoy en este pais desgraciado.

Hola Iñaki y hola a todos. Ya se que llego tarde pero no puedo reprimir mis carcajadas tras leer tu post y rematarlo con MR Been. Sinceramente me he trasladado contigo a ese "maravilloso" hospital italiano , una pena que no te llevaste tu MP3, tu libro recien comprado y un buen picnic para pasar el tiempo. Creo que como dices, y para terminar con el elemento cinematográfico, tenías que haber optado por convertirte en Michael Douglas en la hamburguesería de "Un día de furia" para poder poner a cada uno en su sitio. Un abrazo.

Hola a todos:
hay algunos que me han mostrado cierta inquietud por lo que pudiera pasarme. Nada grave. Lo peor de toda la experiencia hospitalaria fueron las vueltas, lo cual dice mucho a favor de mi salud. Me llevé el libro, pero las hojas eran sábanas en las que cobijar mi sueño. Lo alimentaron, en un juego perdido entre las líneas donde se equivocan realidad y ficción.
Y sí, Teresa, MAdrid, encontrar el baño fue toda una Odissea 2009. No había ninguno en aquella planta. Me metí en la zona oncológica sin querer, pasé a traumatología y no conseguí encontrarlo. POr eso, unrato después tras, muchas vueltas y algunos saltos porque la necesidad apretaba, opté por el servicio del bar de la entrada ( en la planta 4). Pero no quise aburriros con más peripecias. Creo que es el POst más largo y ya me parecía abusar bastante de vuestra paciencia. Gracias a todos

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Iñaki Díez


Iñaki Díez es el corresponsal de Radio Nacional en Italia, un país que conoce perfectamente y que analiza con gran habilidad.
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