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El conejo de Patrizia y el ambulatorio

Suena el teléfono. Es media mañana y estoy a punto de salir a una cita…

-Sí

-Hola soy Patrizia.

-Dime. En este momento me estoy preparando para nuestra cita.

- Es que no puedo ir. Tengo el conejo malo.

Me atraganto. Tenemos confianza, pero jamás he oído a Patrizia hablar de esa manera. Aturdido, busco en el diccionario mental de los reflejos algo que decir. Conozco a Patrizia hace un par de años. Es ese tipo de persona con ideas muy claras y completamente abierta que gusta a una persona como yo que tiene que diseccionar cada día una sociedad que no es la suya; es decir, además de simpática, me da la dosis mundanal perfecta de la que se nutre un corresponsal. No sé qué decirla. El silencio es áspero y extenso. Ella aguarda. Me siento contra la pared y sólo se me ocurre…

-¿Qué es? ¿Alguna infección, frío?

-No sé. Está vomitando- me suelta con una franqueza que erosiona el aire.

- Pero eso se cura con una compresa- le contesto siguiendo el camino de la cruda naturalidad que me ha mostrado.

-¿Cómo? ¿Qué quieres decir con una compresa?

-Que lo que tienes es el periodo, que no es para tanto pero que si te sientes mal, no te preocupes. Ya quedaremos otro día.

-¡Pero qué periodo ni qué leches! Tengo a Brandon, mi conejo, enfermo y no lo puedo dejar solo.

Un fogonazo de rubor me sacudió todo el cuerpo. No sabía que ella tuviera un conejo como animal doméstico. Menos mal que estaba solo y mi interlocutora no podía verme. Sentí un calor desesperante mientras mi piel se recubría de gotas de sudor. En ese momento recordé que, en Italia, al sexo femenino se le llama vulgarmente “patata” y que lo del "conejo" es una cosa nuestra.

Sobrepuesto del incidente verbal, decidí acompañar a mi hijo al médico. Un problema en el oído nos llevo a un ASL (ambulatorio)donde estaba el otorrino. La entrada del edificio, en pleno Lungotevere, es siniestra como un manicomio. Subimos unas escaleras grises de años y al entrar, en el recibidor, un letrero señala “ASL especializada en otorrinolaringología y psiquiatría”. No digo nada. Mi hijo tampoco, pero me aprieta la mano. Lo ha leído.

Como sé cual es el proceso de la sanidad pública en Italia, busco la “Caja” para pagar antes de que nos atiendan. Esta cerrada. Tenemos cita a las doce y media con el especialista. Son y cuarto y la caja está cerrada. Golpeo la ventanilla cegada por el funcionario.

-¿Sí?

-Tengo hora concertada. Vengo a pagar antes de que el médico vea a mi hijo

-Ya, pero está cerrado.

-¿Cómo que está cerrado?

-Si cerramos a las doce

-Pero mi hora es a y media, ¿cómo pueden cerrar la caja mientras aún quedan consultas pendientes?

-Señor, esto está cerrado- repite en un tono que me convence de que está dispuesto a hablar conmigo horas disfrutando de mi desconcierto, pero jamás abrirá la ventanilla.

No dispongo de tiempo ni energía para jugar al frontón con este arlequín del funcionariado que busca entretenimiento. Por eso camino resuelto a la consulta. Tres personas aguardan en la sala de espera. Por fin ,una buena señal- pienso-. Al menos no hay aglomeraciones. La puerta se abre. Intuyo al médico. Un hombre joven que roza la mitad de los treinta. Le veo mientras sale un paciente y entra otro. Más que sentado, el doctor está derrengado sobre la silla como si en lugar del mediodía fuera la madrugada del día después. Ha hecho de la silla de la consulta una especie de hamaca en la que escurre su inapetencia laboral. Además se tira sobre la silla de medio lado como si una feroz almorrana hubiera hecho nido entre sus glúteos.

Antes de que la puerta se cierre delante de mis narices, me alzo y lanzo un SOS apresurado tratando de contar en dos palabras mi problema.

-Vaya a un estanco, señor- me dice la enfermera-. Allí le pondrán un sello como que ha pagado y, entonces, le podrá atender el doctor.

Por fortuna el estanco está cerca. Sin embargo, me empieza a embargar, otra vez, la sensación de pelota a la que las circunstancias llevan de lado a lado sin derecho a protesta. Entro en el establecimiento.

-He estado en el ambulatorio y me han dicho que venga aquí a pagar este servicio.

La estanquera de Prati me observa. Entrecruzamos un feroz duelo de miradas sin terciar palabra hasta que ella dice “ no lo puedo hacer. Esto es un estanco, no una ASL” y se gira displicente.

-Me imaginaba que era un estanco. Con tanta cajetilla de tabaco expuesta ya le hubieran cerrado el kiosko de ser un ambulatorio. Que se ahogue en sus propios humos- digo y salgo dispuesto a contar al médico lo sucedido. Busco, quizás en los milagros que proliferan en esta tierra, que el doctor o la enfermera se apiaden de mí y de mi hijo, y que me atiendan, aunque se metan el dinero en el bolsillo.

Tras subir las escaleras, llego a la sala de espera. Vacía. La puerta de la consulta medio abierta. La empujo. No hay nadie. Tengo a mi disposición el escaso material médico del doctor gandul que había visto unos instantes antes. Miro a derecha izquierda, vuelvo la mirada atrás… Nada. Nadie. El ambulatorio está vacío. ¡El médico se ha ido de la consulta pese a que me había dicho que fuera a pagar al estanco antes de atenderme! Con lo a gusto que se le veía en su postura de holgazán hastiado, se ha volatilizado absorbido por su propia vagancia. Mi hijo y yo somos dueños del ambulatorio abandonado por una legión de funcionarios esclavos del reloj que marca sus horas. Desconcertado, miro al chaval y en su cara veo la pregunta “¿y ahora, qué?”. Si esto me ha ocurrido en el ala de otorrinolaringología, no quiero pensar qué puede pasar en psiquiatría. El médico y la enfermera han volado y yo más que un cuco, soy un incauto.

Tomo a mi hijo del brazo para volver a casa. En silencio desandamos el pasillo y los escalones grises por los años. Al salir a la calle, brota de nuevo la vida, el bullicio y los coches. Me acuerdo entonces del conejo de Patrizia. Tal vez los veterinarios sean, con sus pacientes, más considerados que los médicos. Se lo preguntaré a ella la próxima vez que nos veamos. Sé que tendré que esperar un tiempo. Por lo menos, hasta que su conejo se reponga.

16 Comentarios

Ay, Iñaki:

Gracias por hacerme reir a estas horas de la mañana. Ni te imaginas lo bien que me lo he pasado imaginando caras y miradas.
.
Y ahora, una pregunta: ¿Patrizia deberá emancipara a su conejo cuando cumpla los 18? ¿O eso sólo lo tendrás que hacer tú con tu hijo?
Un abrazo y gracias de nuevo.
J.H.

Sabía que los melones a veces se materializaban para encarnarse en personas. Incluso que muchos tendemos a caer en las situaciones más ridículas por un malentendido o mal expresado pero en este caso, los dos interlocutores parecíais acertados en vuestras exposiciones. No me habría gustado estar en tu lugar. Ánimo hay cosas peores. Imagina el día que te diga alguien que tiene las patatas en el horno o que se le ha pegado la misma.
Puede pasar a cualquiera, aunque seamos perfectos.

Ya te vale!!!! ¿pero cómos se te ocurrió pensar que se refería a ese "conejo"? al leerlo me he ruborizado yo y todo, con que no me quiero imaginar tu cara en ese momento!! y lo del doctor de tu hijo...con el cartel " psiquiatria y otorrino"...uff qué miedo, debía ser el tipo éste muy peculiar..casi mejor que no os atendiera, yo no me hubiese fiado!!! un saludo!!

Aupa Iñaki¡ Me he reido un poco si pero enseguida me he dado cuenta que la naturaleza humano-funcionaria es bastante semejante donde quieras que lleves tus zapatos.saludos.

aunque no entre en tema... en la noticia escrita por ti sobre lo del milagro de pio XII hay un pequeño fallo sobre lo de "beatos"... en lugar de eso tendría que poner "venerable" que es de lo que se trata. El texto que habría que corregir es:
"Hace unas semanas fue declarado beato (hay que poner venerable) por Benedicto XVI.

Lo hizo, casi a hurtadillas, aprovechando que ese mismo día se beatificaba (hay que poner que hizo venerable a Juan Pablo II) a Juan Pablo II. Ahora, el Vaticano ha esperado a solventar la visita del Papa a la Sinagoga para confirmar la existencia de este presunto milagro atribuido al Papa azote de la conciencia judía."

Supongo que el comentario no será publicado pero al menos así sirve para mejorar la información de rtve.es, que, por cierto, es buenísima siempre. Un saludo y muchas gracias. Por cierto la entrada del blog de hoy es tal cual... ¡romanos jaja!

A "el detallista". Tienes toda la razón. Hoy hace un mes se reconocieron las virtudes heróicas de Juan Pablo II y PIO XII. El sábado 19 de diciembre, todos estábamos esperando que se oficializara lo que en Vaticano se decía muchas semanas antes: Juan PAblo II es declarado "Venerable" por Benedicto XVI. Y la sorpresa fue que en esa misma firma, también rubricó el primer paso del camino a los altares de PIO XII. Un mes después he cometido el error que, cortesmente, me has referido. Muchas gracias, detallista. Me he puesto en contacto con los compañeros de la redacción electrónica para que subsanen el fallo. Lamento que haya estado publicado unas cuantas horas en la página de noticias de RTVE y confío en que, en breve, sea modificado gracias a tu atenta ayuda.
UN abrazo

Hola a todos
Qué risa, ay qué risa! es que no puedo ni escribir, vamos de verdad, mira que pasan cosas en las que de verdad le entran ganas a una de que se la trague la tierra, mira que pensar en el periodo, en fín...
Una cosilla de ese estilo le pasó a una amiga y a mí : entramos en una tienda y había dos personas mayores esperando y ella tan pancha le dice : qué, qué dice el matrimonio? y eran dos personas que no tenían relación la una con la otra de ninguna clase, mira yo me salí a la calle con un ataque de risa, que no podía ni entrar de nuevo, y ella: Ay no, que me he equivocao, y mira así son todas las que le pasan, cae una y otra vez, y yo: niña callaté.
Un saludo.

Gracias hombre jaja... y volviendo al tema del asunto en cuestión: lo de Italia la verdad es que no tiene ni nombre. Eso de hacer una cola de una hora para llegar y decir que te cierran la taquilla o el dispensario, o la tienda, o la ventanilla de una oficina pública porque el personal se va a prendere un café es la caña... son únicos pero para mal. Y nunca he entendido lo de la in-salud pública italiana como para fiarme de ellos jj... casi te sale más barato coger un avión y visitar al médico de cabecera en España que pillar un hospital italiano jaja

no lo entiendo soy enfermera en este pais (españa) y eso no ocurriria nunca aqui o me estas tomando el pelo

jajajajajaja difícil añadir algo ... la unión "otorrino psiquiatría" resume a la perfección Italia, problemas de oído y mentales, de ahí el vacío ASL .... lo del conejo ... simplemente genial!
Je n'ai jamais pensé un vomissement lapin pourrait être rattaché à un médecin fatigué

Merci. He pasado un buen rato con la lectura

La bella Italia!! Y yo que pensaba que el neorealismo italiano era ya cosa de cinemateca!!!!
Leer lo ocurrido desde aqui, hace reir, vivirlo puede que haga llorar. Pero, miremoslo por el lado positivo. Puede que el oido de tu hijo, aunque dolorido, tenga una vida más larga sin que haya mirado en él, semejante "profesional". Y, además, ¿que se podía esperar de un día que comienza con un conejo de doble sentido? Pues eso, el absurdo.
Que Italia no consiga cambiarte y FELICIDADES, por una respuesta tan adecuada a una estanquera maleducata

y lo de Roma y el transporte público no tiene nombre. Te pueden suceder unas cuantas cosas:
1. Que el autobús, del que nunca sabes la frecuencia, no pase en tres horas a pesar de saber que tiene que pasar cada 15 minutos.
2. Que pasadas tres horas pase no uno de tu línea, sino tres.
3. Que el primero de los tres esté hasta reventar.
4. Que el segundo esté a la mitad.
5. Que el tercero esté vacío pero con las siglas "DEP" que no es que las ha cascado (que bien podría atribuírselo) sino que va al depósito.
6. Que te metas en el primero por miedo a que el segundo no te deje y que tengas que empujar a 4 o 5 que les encanta la puerta de salida.
7. Que como no llegas al sitio donde se marca el ticket del autobús no lo hagas (pero no porque no quieras, sino porque no puedes).
8. Que en la siguiente parada se suban los revisores (así funciona italia y roma, existen revisores de tickets de autobús, no hay puerta de entrada y salida, son todas de entrada, no hay colas para entrar, se entra a mogollón, el conductor no pica los tickets, sólo conduce, etc. etc.).
9. Que el revisor te pida el ticket y compruebe, entre apretones ,que no lo tienes picado.
10. Que te eche del autobús (sin motivo y con cara de circunstacia y un cabreo de mil demonios) y encima te ponga una multa por no picarlo.

Consecuencia: en Roma yo ya nunca cojo el autobús. Llego antes andando jj.

Hola querido Iñaki, conociéndote un poco no me extraña nada lo del conejo. Me imagino tu cara de pillo recordando el incidente. Genio y figura.
En cuanto a tu nueva experiencia con la sanidad italiana, precioso relato en la línea de los que llevas muchos años cultivando y algunos amigos tenemos la fortuna de haber leído. Un abrazo.

Precioso relato.
Què fantàstica morada tiene la magia de hacerme reir y llorar: tus letras.
Eskerrik asko por abrirme la puerta.
Y yo que odio sentarme a la tribuna de la adulaciòn....sentada aquì a estas...
Muaaaaaaaaaa, MA

Iñaki.- maravilloso comentario el de la coneja....vaya rollo en el que te metistes....fué muy bueno. Leyendo el artículo me parecía estar nuevamente en España que amo tanto....Gracias por deleitarnos con tan buenos comentarios y no se diga el comentario de los bostezos del marido de Madonna.......Madonna mia!
Saludos y espero continuar con las lecturas amenas...

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Iñaki Díez


Iñaki Díez es el corresponsal de Radio Nacional en Italia, un país que conoce perfectamente y que analiza con gran habilidad.
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