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"Si empiezas en Viena, conquista Viena."

    domingo 16.jun.2013    por Dori Toribio    3 Comentarios

 

Lo decía Napoleón. Que no hay duda está en las antípodas de Barack Obama. Después de escuchar esta cita en varias tertulias dominicales esta mañana aquí, certifico que las críticas llueven sobre la prudencia internacional del actual presidente de EEUU. Una vez más.

Esta que empieza puede ser la semana de Siria. Washington ha confirmado que ya tiene pruebas sólidas sobre el uso de armas químicas por el régimen de Bashar Al-Assad. Y que la respuesta la consensuará con el G8 y la ONU estos próximos días. Dos años, 93.000 muertos (según la ONU) y meses de investigación después. La confirmación pública de la Casa Blanca llegaba en el más raro de los formatos: era el segundo de seguridad nacional y en conferencia telefónica quien aseguraba que Assad "ha cruzado la línea roja". Ni rastro de Obama. Pese a su año de intensas advertencias sobre el peligro que supondría traspasar esa línea imaginaria trazada inicialmente por su administración. Y en medio de la polémica sobre la filtración del programa de vigilancia de comunicaciones ciudadanas del gobierno estadounidense.

Lejos de cualquier cortina de humo, Obama no tiene claro qué hacer con Siria. Y esa indecisión de estos últimos dos años, se ha dibujado también en la manera en la que anunció que ha cambiado de postura. Se resiste a cualquier intervención. Cree que puede ser un error. No quiere precipitarse a otra guerra cuyo éxito y finalidad acabe entre interrogantes. Como ha repetido sin inocencia durante su primer mandato, quiere pasar "al lado bueno de la historia". Quiere ser el presidente que puso fin a una década de guerras en el mundo, no el que inició nuevos conflictos. "Ya no somos el policía del mundo" nos dijo ya hace un par de años respecto a Libia, en un discurso que marcó el cambió de su estrategia exterior desde Fort McNair. Donde puso negro sobre blanco la llamada doctrina Obama. Una filosofía de defensa que combina la prudencia, el multilateralismo diplomático y la crisis económica. EEUU ya no se puede permitir nuevos conflictos, tras una década de sangría en Irak y Afganistán. Humana y económica. Pero de la prudencia a la debilidad hay un pequeño paso. Y la factura puede ser histórica.

Obama ha acabado cediendo tímidamente a las presiones respecto a Siria. No son sólo las armas químicas. Es el avance militar del régimen de Assad, la injerencia de Hizbulá y Al Qaeda, Irán reclamando su papel y Rusia insistiendo en sus eternas diferencias con EEUU. También han sido meses de presiones en casa. El ex presidente Bill Clinton no dudaba en pedir a la administración mayor decisión y acción hace unos días, utilizando la palabra "lame", en algún lugar entre "floja" y "patética" si no cumplía con sus advertencias. "No podemos asistir impasibles a esta brutalidad", reclaman los republicanos en el Congreso. Celebran que Obama haya dado un paso adelate, al tiempo que manifiestan sus reservas sobre si es demasiado tarde y si armar a los rebeldes es suficiente.

Obama sigue sin decir esta boca es mía. Parece esperar a que las piezas se recoloquen solas en el tablero geopolítico. Recabar todo el apoyo posible y dejar que otros ocupen la primera fila. "Leading from behind." Liderar desde atrás, frase que se le atribuye aunque él insiste en que no es suya. Y que tantas críticas le ha generado en Washington. Un liderazgo débil y una pérdida de poder americano en el mundo, dicen algunos. Un respeto a la comunidad internacional y al juego multilateral que se había perdido durante la anterior administración, dicen otros. Obama asegura que el liderazgo estadounidense es el mismo. Lejos del puño sobre la mesa, sentado ante las reglas del juego multilateral. Lo hizo con Libia. Parece querer hacerlo ahora. Pero es la palabra de Obama la que está en duda. Suya es la "línea roja que no debe cruzar" el régimen sirio. Y sobre sus hombros el peso de la mirada de Irán. Al Qaeda. Rusia. Pendientes de si cumple su advertencia. Obama se enfrenta a la eterna dicotomía de la primera potencia del mundo. Haga lo que haga, soportará críticas. Si interviene, ya está otra vez EEUU... Si no da la orden, deja morir a inocentes... Si la da, ha tardado demasiado... El peor de los arrepentimientos es el de "no hacer nada" repite siempre Clinton, cuando confiesa que Ruanda fue su gran error. Obama se resiste a encajar en lo que muchos esperan del manual de un presidente de EEUU. Entre la decepción, la sorpresa y la duda de si ese nuevo liderazgo es en realidad debilidad y doble discurso. Pero es la historia lo que él tiene en mente. Y Siria puede convertirse en la gran prueba de su presidencia.

Dori Toribio   16.jun.2013 18:28    

Dori Toribio

Bio Desde USA

Llevo más de 10 años trabajando en RNE. Ahora, descubriendo EEUU, como corresponsal en Washington. Este país también vive la radio pública con pasión. Y lo ha hecho a lo largo de su historia. El presidente Franklin Roosevelt allá por la década de los 30, inició sus “Charlas junto a la Chimenea”. Se dirigía por radio a los ciudadanos estadounidenses. Tono íntimo, palabras tranquilas, mensajes de confianza. Nunca hubo ira, ni chistes malos, ni uno tono más alto que otro. Se ganó a la opinión pública, pese al difícil momento político, sacando a Estados Unidos de la Gran Depresión, poniendo en marcha el New Deal y anunciando una Segunda Guerra Mundial. “JUNTOS NO PODEMOS FRACASAR”, fue su mensaje.
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