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Nickelodeon: el arte del siglo XX visto desde el XXI

Hace unos meses, fruto de mi afán coleccionista, conseguí por fín una película que llevaba mucho tiempo buscando. “Nickelodeon”, de Peter Bogdanovich. O como se estrenó en España, “Así empezó Hollywood”. Ya digo que tras años buscándola, la encontré hace unos meses ¡por fin! en USA.

 

El problema es que estaba en una edición junto a “Last Picture Show”, película que ya he comprado varias veces. La duda me surgió por el hecho de estar en una versión restaurada y en Blanco y Negro, que es como (teóricamente) la pensó Bogdanovich (tiene sentido siendo un homenaje a los pioneros del cine) y materializó Lazslo Kovacs, el director de fotografía. Confieso que la idea de esa copia restaurada me atormentó durante días. Pero también he de confesar que estoy cansado de recomprar los mismos títulos, y aunque Last Picture Show me gusta mucho, (y la he visto en cine decenas, literalmente, de veces, ya no quiero comprarla otra vez.

 

En esas dudas estaba cuando me puse a rastrear los diversos amazones que en Europa hay. Y me encontré una copia editada en Alemania, por ArtHause y Studio Canal, que tiene la película (eso sí, en color, que es como yo la vi en su día) y con idioma y subtítulos en español. Y también la autoría. Estas cosas me confunden y me fastidian enormemente. ¿Cómo siendo una edición internacional no está disponible en España?. Bueno, tardé décimas de segundo en hacer “one click” y tenerla en mis manos apenas un par de días. Esto mismo, una copia internacional (con español) me pasó hace ya casi 10 años con otra película que me gusta mucho y que aún no se ha editado en España: “Mumford” esa comedia “capriana” de Lawrence Kasdan. Me hago con ella la misma pregunta, aunque yo ya la tenga y haya saciado mi sed coleccionista. Por cierto, ¿he dicho ya que me encanta esta película?

 

Volviendo al tema que nos ocupa hoy, “Nickelodeon”, me sirve para, tomando su historia, que sucede desde primeros del siglo XX hasta más o menos cuando el cine es refundado por Griffith, o cuando menos su lenguaje sistematizado, reflexionar sobre la condición del cine como arte y como industria, pero también como esa fábrica de sueños que fue (¿lo es aún?) y desde luego forjadora de mitos imperecederos. Básicamente la película nos cuenta de forma entrañable los duros comienzos de los pioneros, sus guerras por imponer patentes, las guerras de los grandes contra los pequeños, la creación a golpe de intuición muchas veces de un arte que en sus comienzos fue algo eminentemente popular, su lenta pero inexorable transformación en algo mucho más grande, la creación del Star System, el triunfo definitivo de un nuevo arte, mucho más sofisticado de lo que creyeran nunca aquellos que lo estaban forjando, unido de forma inexorable al fin de los “Nickelodeon”, o sea, las pequeñas salas de exhibición con entradas a 5 centavos.

 

 Sus protagonistas: Leo Harrigan, un tipo que es abogado y acaba siendo director de películas, Ryan O´Neil. Buck Greenway, un actorzucho de barraca de feria que acabará siendo una estrella, Burt Reynolds. Además, Tatum O´Neil en aquellos tiempos que nos deslumbraba con su desparpajo, Brian Keith, un pre-magnate del cine, y la “Señora más señorona del oeste” (como la llamaba Cable Hogue en “su balada”) Stella Stevens. Es muy gracioso ver como se forjan los mitos de la pantalla. Y tan gracioso o más ver como el operador le explica a Leo Harrigan lo fácil que es dirigir: “cualquier cretino puede hacerlo”. Luego, para colmo, una muchedumbre reconocerá a los actores, pero no al director (como no puede ser de otra manera). “Yo soy Leo Harrigan, el director”, dirá el personaje que interpreta Ryan O´Neil con su orgullo (o ego) herido cuando le dice ese público entregado que su cara no la han visto en la pantalla. Una mujer dirá “el sólo las hace”. Una frase definitiva y concluyente. Luego llegó la teoría del cine de autor para poner las cosas en su sitio. Para bien, pero también para mal. Según de quien hablamos.

En definitiva, el cine ha pasado a lo largo de su historia por muchas y variadas crisis. Siempre, en cada una de ellas, se le dio por muerto. El paso del mudo al sonoro, la llegada de la televisión, luego el video... y últimamente, la piratería, y un nuevo orden, o desorden si se quiere, de cosas, que han hecho que todo el entramado industrial bajo el que el cine ha funcionado con ligeras modificaciones durante casi un siglo, se tambalee mucho más que seriamente. Si además no existe realmente un industria sólida, como es el caso de España, y el IVA no ayuda, sino que es una piedra en el zapato, pues tenemos lo que tenemos.

Pero por esas cosas, aunque sea de otras formas, ya han pasado otros antes, como nos lo contaba Peter Bogdanovich en "Nickelodeon", título que tenía que ver con el precio, sin duda popular de las películas en aquellos tiempos. Eso si es diferente ahora. Además, en aquellos tiempos, el cine, mudo, permitía ser un espectáculo de masas para todas aquellas personas que llegaron a América y no conocían el idioma. Me doy cuenta que con ligeras diferencias y modificaciones, el entramado industrial gracias al cual se hacen películas, es básicamente el mismo desde hace un siglo.

En un momento dado, en la película, los personajes asisten a la premiere de "The Clansmen" que es como se llamó originalmente "El nacimiento de una nación", la película de David Wark Griffith. Eso fue en 1915, el 8 de Febrero si atiendo a los datos que ahora son tan fáciles de conseguir en internet.  Durante la proyección, el incipiente director Leo Harrigan se queda sin habla. Acaba de entender lo que va a se el cine como lenguaje y espectáculo. A la salida, el personaje de Brian Keith, H. H. Cobb, que aba de atisbar lo que va a ser el cine en adelante, como espectáculo y como negocio dice 2Los Nickelodeon, los cines de 5 centavos tienen los días contados. Desde hoy, grandes películas, largas, con grandes historias y grandes salas de cine para verlas". Tenía razón, lo que pasa es que el modelo creado más o menos en aquella época, y que ha sobervivido con cambios más o menos para ir adaptándose, pero que sigue siendo básicamente el mismo, hace literalmente aguas en ese siglo XXI del que llevamos ya 13 años.

Hacen falta ya visionarios como aquellos, porque, el problema, es que el siglo XXI llegó hace tiempo con sus propias reglas. Sobre esto seguiremos reflexionando una y otra vez, las veces que haga falta. Mientras, me pregunto de nuevo porqué, Nickelodeon, que aquí en España se título "Así empezó Hollywood, en castellano y con subtítulos, no está editada en nuestro país y si, curiosamente, en Alemania en edición internacional. De forma que quien quiera puede conseguirla sin grandes dificultades y descubrir (o corroborar) dos cosas: la primera que el cine es un arte sustentado en un importante entramado industrial, entonces y ahora. Y la segunda es que es un oficio eminentemente romántico. Para los más exigentes, la copia disponible en Estados Unidos, añade la versión de la película en Blanco y Negro, tal y como la ideó su director, Peter Bogdanovich. Creo que no voy a ser capaz de resistirme.

Continuará...

@Gerardo_DDC

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Gerardo Sánchez   24.jul.2013 12:43    

La educación sentimental

Siempre me ha parecido que la novela de Flaubert tenía un titulo maravilloso. ¡ y qué razón tenía ¡.

 

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 Las cosas que nos pasan cuando nos tienen que pasar para que nos dejen huella, o sea, en esos años de formación, pasan a formar parte de nuestra “educación sentimental”, que en realidad es eso que nos hace ser personas. Un día de estos aprenderé a no hacer digresiones al comienzo de un post, o dicho en lenguaje llano, a no andarme por las ramas e ir al grano. Por otro lado, creo que si es pertinente hablar de la “educación sentimental” para lo que voy a contar hoy.

Cada día, mientras comemos la gente de Días de Cine, entre bocado y bocado, entre plato y plato, mientras tratamos de solucionar los males que aquejan a este mundo (cosa que solemos conseguir con esfuerzo, lo que pasa es que nada más levantarnos de la mesa, el mundo vuelve a hundirse) hacemos una especie de cineforum continuo de perfil bajo. Nada de grandes frases, ni tono engolado. Ayer recordábamos una de esas películas que forman parte de mi educación sentimental (ya salió el porqué): “El joven Edison”, retrato de la adolescencia del joven inventor, interpretadao pro Mickey Rooney y dirigida por Norman Taurog.

 

Esta es de esas películas que veíamos en lo que se llamaba “sesión de tarde”, los sábados a las 4 de la tarde por “la primera cadena”. O sea, lo que ahora conocemos como “La 1”. Hace muchos años que no la veo, pero tengo un recuerdo imborrable de ella. Recuerdo momentos nítidamente. En aquellos tiempos, siendo yo niño, ni se nos ocurría decir que tal o cual película la había dirigido tal o cual señor. A mí no, desde luego. Aquella era una película de Mikey Rooney. Y punto. Y bien estaba. Recuerdo de aquellas sesiones de tarde algunas maravillosas películas, algunas de las cuales luego vi en el cine, fundamentalmente en la Filmoteca Nacional y que luego conseguí en DVD para aplacar la sed de nostalgia.

 

Siempre he pensado que yo hubiera dado lo que fuera por haber podido trabajar en alguna de aquellas películas: “Capitanes intrépìdos” (La película favorita del recientemente fallecido Elías Querejeta”, “Adios Mr Chips”... en fin, muchas películas que salían de la fábrica de sueños sin otra intención que entretener. Lo que pasaba es que además, eran grandísimas películas. Me gustaría pensar que ahora se hacen las películas pensando en que se hacen grandes películas, y que lo que se quiere es que la gente se entretenga además. No se yo…

 

Por cierto, ayer tarde, cuando salí de trabajar, hice una de mis incursiones semanales “físicas” (otras son virtuales) y compré “El joven Edison”. De Mickey Rooney. Norman Taurog “solo la dirigía”, como decían en Nickelodeon. Luego hubo otra película, una continuación: "Edison the man", pero esa es otra historia.

 Continuará… @Gerardo_DDC

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Gerardo Sánchez   10.jul.2013 12:19    

Sobre Spoilers y otros demonios

Hoy comienzo con un chiste. Espero que no sea muy malo. Va un tipo a un bar y dice “Me da un café”. Y el dueño del bar le dice “¡Es usted bombero!”. A lo que el tipo le contesta: ¿Cómo lo sabe? Y el dueño del bar, sobrado le dice: “El traje azul, el casco, el coche de bomberos en la puerta, la sirena, la manguera, el fuego al fondo…”

Llevo el chiste ahora al “real world”, que decían en Matrix:  cada día al salir de Torrespaña me topo con un cartel de “Star Trek: En la oscuridad” Veo a un tipo de negro, Benedict Cumberbatch con cara de pocos amigos, y el inconsciente, (inducido por los publicistas) me dice que es el malo de la peli. Lo es, ciertamente, y lo sé no por mis capacidades deductivas de Sherlock Holmes (por cierto magnífica serie de la BBC actualizando el detective a nuestros días, y magnifico Bendict Cumberbatch haciendo de “Sherlock”), sino porque, además, he visto la peli.

 

Ya estoy yéndome por las ramas: Todo esto viene a cuento porque de nuevo, nos han acusado de tremendos “spoilers” en Días de Cine a raíz del reportaje de Star Trek (y antes aún, ya desde nuestra nota de prensa, que por cierto hice yo mismo)

En lo que a lo práctico se refiere, diré lo que ya he dicho muchas veces: trabajamos con el material que nos facilitan las distribuidoras. Y en ese material no había nada que pueda ser motivo de queja. Pretender que porque sale el amigo Benedict ya estemos destripando (arruinando) la película me parece un poco pueril.

Y esto me lleva a donde yo quería llegar, que es a esa idea, para mi extraña, sin duda, según la cual puede “reventarse” una película dando algún dato. Nos pasó hace un tiempo con “El Padrino III”. Alguien nos puso a caldo porque “aún no la había visto” y le habíamos destripado la película. Es como si dices que Romeo y Julieta eran de los Montescos y Capuletos, se quieren a pesar de todo y al final mueren. Muy malo tendría que ser Shakespeare para que siglos después la gente siga leyendo y disfrutando su tragedia de los amantes de Verona. Lo mismo puedo decir de Coppola.

Siempre que sale este tema, que es recurrente, pongo el mismo ejemplo: “Un condenado a muerte se ha escapado”, película de Robert Bresson, cuyo título es un pedazo “spoiler” de impresión.  Si ya sabemos que el condenado a muerte se escapa, entonces, ¿no vemos la película? Como yo ya se como acaba “El hombre tranquilo” (entre otras cosas porque la he visto más de 40 veces), ¿no la veo más?.. Lo mismo pasa con otras muchas películas, claro. Evidentemente, sería de locos decir el “intríngulis” de Psicosis, o de otra películas “de intriga”, donde si es realmente importante “como acaba”. Hitchcock, por cierto, hizo untrailer de lo más curioso "insinuando" muchas cosas de las que iban a pasar en la película:

 

Pero sinceramente, respetando todas las opiniones, y asumiendo que algunos dirán que soy bobo, a mi me parece que “el Spoiler” esta muy sobrevalorado. ¿Porqué?. Porque si el cine fuese algo solo eminentemente narrativo no sería cine. Esto también vale para la literatura. Dos directores o escritores pueden contar la misma historia de formas distintas (sin duda lo harán) y aún cuando las dos acaben de la misma forma, apuesto a la forma de contar la historia, tanto en cine, como repito, en literatura, lo cambiará todo.

En resumidas cuentas, creo que restringir el cine a un asunto de “como acaba” es hacerle un flaco favor a un noble arte. Lo importante de la película de Bresson no es que se escape el condenado a muerte, sino lo que hace durante toda la película para escaparse.

 

No sé si se me entiende. En cualquier caso..

Continuará..

@Gerardo_DDC

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Gerardo Sánchez    9.jul.2013 16:45    

Olivia (De Havilland)

Ayer, entre ajetreo y ajetreo nos enterábamos en la redacción de Dias de Cine que Olivia de Havilland cumplía 97 años. Suerte que no hemos tenido que dedicarla ninguno de nuestros especiales “La chambre verte”, que diría François Truffaut. Enseguida me acordé de su hermana, claro, Joan Fontaine, (que nació el 22 de octubre de 1917) ) y de su relación de enemistad desde muy atrás, pero especialmente desde el entierro de su madre en los años 70.

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No será nunca el blog de Dias de Cine un sitio donde se digan cosas que con un simple click puedan saberse a través de Wikipedia o IMDB. Eso es muy fácil. Ahora, con esas herramientas, cualquiera puede hacer creer (no a todos) que sabe de cine. Una vez me preguntaron en una entrevista para una tesis doctoral, que como podíamos saber en Dïas de Cine, que en, por ejemplo, “La noche se mueve”, la película de Arthur Penn de 1975, Harry Moseby, el personaje de Gene Hackman, decía que “ver una película de Rohmer es como ver crecer una planta”. Debo decir que eso lo dice en el doblaje, y no en el original. Paradojas de esas que darían para otra interesante entrada en el blog. Pero hoy no quiero ir por ahí. El caso es que yo le contesté que simplemente porque lo tenía en la cabeza. Si tenemos en cuenta que la estupenda “La noche se mueve”, una de las mejores películas negras del cine americano de siempre, la veía en el Cinestudio Griffith en sus periódicas exhibiciones, puedo concluir que puedo haberla visto fácilmente más de 20 veces (en salas) y unas cuantas más en video, primero, y en DVD, después. (por cierto, nada que ver la copia en DVD USA con la copia en DVD “made in Spain”.

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Una curiosidad, por cierto para quien quiera perder el tiempo de leer un par de líneas. El título original es “night moves”, que es un juego de palabras con “Knight moves”. Pero “Knight” en inglés es el Caballo del ajedrez, que es el hobby de Harry Moseby, el desencantado detective privado post-Watergate que interpreta (como siempre) magistralmente Gene Hackman. No cuento más, pero ese juego de palabras del título tiene todo el sentido en una secuencia de la película.

 

Por cierto, y para colmo, tambien hay una canción de Bob Seger que se llama "night moves"

 

En definitiva, y retomando los vericuetos que llevaba, desde hace ya mucho tiempo es muy fácil ver cuando alguien que escribe de estas cosas que nos interesan tira por un “shortcut” en forma de ese aprendizaje instantáneo que son esas fuentes de información. Maravillosas, por otra parte, y que yo uso con entusiasmo, pero que jamás podrán sustituir la capacidad de relacionar y de interpretar que da la experiencia de haber visto las películas. Eso si, hay quien saca buen partido, aparentemente. Pero no cuela.

Hace años, (unos cuantos) oía a un joven escritor (no diré el nombre) que se reconocía a si mismo como muy cinéfilo hablar y hablar de películas y películas. Se, y sabía entonces que era materialmente imposible que a su edad las hubiera podido ver.

Así, tirando del listado de Wickipedia, Filmafinitty o IMDB, es fácil hacer un listado de películas de Olivia de Havilland. Pero me gusta más pensar en Errol Flyn diciéndola en “Murieron con als botas puestas”:  “señora, pasear por la vida con usted fue un auténtico placer”. Ninguna base de datos o web podrá nunca reelarte la sensación de la mirada de Olivia de Havilland en "La heredera", “Las aventuras de Robin Hood”, o en “Capitán Blood”, o en “Nido de víboras”o en su papel de la dulce Melanie en"Lo que el viento se llevó". O en aquella maravillosa película de Mitchell Leisen que fue “Recuerdo de una noche”, o en “Canción de cuna para un cadáver”.

 

Esta mañana, por cierto, alguien me recordaba esta película, y yo le decía que siendo Aldrich un director que me gustaba mucho, sus dos películas “Grand Guiñol”, esta, y “¿Qué fue de Baby Jane¿” no me gustaban especialmente, y muy en particular esta última, donde Joan Crawford y Bette Davis eran obligadas a extender hasta lo insoportable una trama de odios y enfrentamientos.

 

Pensándolo bien, ¿No hubieran debido hacer las dos hermanas, Olivia De Havilland y Joan Fontaine (en cualquier caso, otra actriz maravillosa…) su particular versión de esa película.

Mejor no dar ideas.

Continuará…

@Gerardo_DDC

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Gerardo Sánchez    2.jul.2013 17:53    

Recordando a Katharine Hepburn

Relajado en sábado, entre tareas y wonders para twitear, camino del vivero descubro que hoy hace 10 años nos dejó Katharine Hepburn, la señora más señorona (con permiso de Stella Stevens, le robo el piropo a Cable Hogue).

 

Como tantas otras cosas, no recuerdo exactamente cuando esta mujer empezó a fascinarme, Me recuerdo a mi mismo toda mi vida fascinado por ella. Hubo unos años, allá por los finales de los 70´s que sus fotos llenaban buena parte de mi habitación. compartiendo espacio sentimental con Los Beatles y alguno de mis otros ídolos de por aquel entonces (que lo siguen siendo ahora)

 

Más que su anguloso rostro, que ya llamaba la atención, lo que siempre recuerdo de ella es su condición de mujer resuelta, independiente. Mujer Hawskiana pues, por excelencia, y por eso la vimos en esa película que tantas veces he visto, "Bringing up Baby", o "La fiera de mi niña" si preferís. Al pobre David, Cary Grant, Susan,Susie, "La veleta" su personaje, le traía a mal traer. Y sin embargo, ella no dudaba en decirle, "pero David, con quién vas a pasártelo mejor que conmigo?". Y nosotros, sin dudarlo, bueno, yo al menos, no tenía la menor duda que estar sufriendo los rigores de su personalidad era lo mejor que podía pasarnos.

 

 

No voy a evocar aquí y ahora su nacimiento, su condición, sus Oscar (la mujer que más tiene, por cierto) etc etc, sino que quiero hacer una evocación sentimental. Recordarla en esas películas que quizás por ella, pero tambien por si mismas, son maravillosas y me gustan desde siempre. Y además, claro, en ellas está Kate.

 

El duro de John Ford se enamoró de ella, cuando hicieron "Mary Queen of Scotland", o sea, "María Estuardo", y luego, años despues, a su protagonista de "The quiet man" l epuso Mary Kate. El Mary por su santa y oficial esposa, el Kate, por su amada amante.

 

 

Otro que cayó rendido a sus pies fue el egocéntrico de Howard Hugues. Algo de aquella historia atisbábamos a ver en "The aviator" , en la que otra mujer que adoro, Cate Blanchett, la interpretaba. Bueno, esa es otra historia, la de "El aviador", quiero decir. Dicen por ahí, que fue Howard Hugues quien le compró los derechos de "The Philadelphia Story". YO digo que no es cierto, que a Kate no le hacían falta regalos tan caros y tan tontos porque ella se bastaba para ver lo que tenía delante, y lo que tenía delante fue una obra de teatro maravillosa que interpretó en Broadway tras
retirarse temporalmente de Hollywood. Asi que fue ella quien compró los derechos y fue ella quien puso en marcha el proyecto de hacer una película con su amigo George Cukor en la dirección. El resultado, no hay que decirlo, una película que cuantas más veces ves, mejor te parece.

  

Quiso de forma incondicional a Spencer Tracy, grandísimo actor, católico y alcohólico. Nunca se divorcio de su mujer, pero nunca dejo de amar a Kate. Hace años leí un artículo detestable de una periodista "progre" que ponia de vuelta y media a Miss Hepburn por "el flaco favor a la causa del feminismo" atendiendo de forma abnegada a Mr. Tracy en sus borracheras. Una cosa estaba claro. Bueno, mejor dicho, dos. Kate amaba a Spencer, y esa periodista no sabía de lo que estaba hablando.

 

 

Recuerdo una inmensa felicidad cada vez que he visto las películas citadas. Y esa maravilla que es "The woman f the year", con el amigo Spencer perdiendo la compostura al entrar en un despacho y toparse con sus piernas larguísimas. Luego, que ella fuera una mujer de mundo, sofisticada y queno tuviera ni idea de baseball, siendo el un duro periodista deportivo, no evitaba que se enamorarsen. ¿Y "Adam´s Rib"?, Otro tanto. Cuando vi por vez primera  "The African Queen" sentí lo que decía
un crítico de La guía del ocio la época, convertido con el tiempo en un gurú enfurruñado y empeñado en ir contracorriente. de forma patética. Me sentí trasladado en el cine "a otra galaxia". Rose se las hacía pasar moradas al borrachín Charlie Allnut tirándole todo el cargamento espirituoso por la borda, en una travesía río abajo llena de magia y misterio. He tardado muchísimos años en ver en condiciones "La Reina de África". Habiéndola visto en cine más de 20 veces, ha sido cuando ha sido editada en Blue Ray cuando he visto de verdad la gran fotografía de Jack Cardiff.

 

 

Recorrer una a una sus películas sería interminable. Recuerdo como maravillosas "Alice Adams", "Holiday" o "Stage Door". Estaba entrañable en "Summertime", intrigante en "Suddenly, last
summer" "encantadora en "Guess who is comming to diner",  magnífica en "The lion in winter" y
sencillamente inolvidable en esa obra maestra hecha "para la televisión" que fue "Love among the ruins". Maravillosa además la música de John Barry.

 

 Dicen que una vez en un restaurante un tipo estaba hablando mal de ella. Eu una mesa de al lado estaba Sam Peckinpah, quien se levantó y soltó un puñetazo a aquel fulano. Me gusta pensar que yo hubiera hecho lo mismo.

De momento, en Días de Cine hacemos lo qu epodemos. como este video, que hizo hace un par de años Javier Sales.

To be continued...

@Gerardo_DDC

 

 
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Gerardo Sánchez   29.jun.2013 17:07    

Homenaje al Cine Usera

Las vueltas que da la vida, como bien cuenta Raúl Alda, el hace mucho tiempo desaparecido Cine Usera, resultó ser algo más que un punto en común en la redacción de Días de Cine.

Leo la evocación de Raúl y me parto de risa. Todo me es reconocible. Yo vivía en la Calle Nicolás Sánchez, a escasos 150 metros del Cine Usera, y a otros tantos del Cine Niza. Por algo que se me escapa, al Cine Niza fui relativamente pocas veces. Recuerdo eso sí, que era un cine con mejor presencia. Estaba al lado de un “Night Club” que para la época era algo impactante. Recuerdo bien los olores que salían de ambos lugares, que la butacas del cine Niza eran mejores que las del Cine Usera, y que las fotos de mujeres imponentes (en blanco y negro) que había en la entrada de aquel Night Club siempre me intrigaban.

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El caso es que paseé mi infancia (hasta los 13 años) en aquel barrio cañí, como bien dice Raúl, con amigos que pertenecían (o decían pertenecer) a la “Banda del Triángulo”, jugando al fútbol en el descampado que había al lado del campo del Moscardó, y pasando el verano en la piscina de mismo nombre y yendo a un colegio con apenas 5 aulas y que estaba en un piso. No sé que diría hoy el ministro de educación de mi “excelencia” educativa, pero aquí estoy.

Lo bueno venía los miércoles, que para mí era el día del espectador (años más tarde lo sería de verdad). Para mí y para mis hermanos, desde luego lo era, porque mi abuela Teresa, nos llevaba el miércoles al Cine. Al Cine Usera. Todo lo que pueda decir de aquel cine ya lo cuenta Raúl de forma inmejorable. Pero lo mío tiene truco, porque según llegábamos a la puerta del cine, y mientras veía las fotos y los carteles, (y percibiendo ya aquel inequívoco olor a “cine”) mi abuela llamaba al “Señor Montero”, que no era otro que el acomodador, que, vaya usted a saber porqué, era conocido de mi abuela. Y el buen señor Montero, a quien hoy podría identificar sin ningún problema, nos colaba en el cine.

Y entonces veíamos la sesión continua que tocase. Ya se sabe, entrabas, y si la película estaba empezada, la veías, luego la siguiente, y veías lo que no habías visto de la primera. Si te había gustado mucho, te quedabas a verla entera…  Y así, semana tras semana.

Yo tengo el recuerdo imborrable de haber visto allí varias películas que forman parte de mi educación sentimental pero voy a dejarlo en 2 (bueno, en 3): Una de ellas fue “El Oro de Mckenna”, que me tenía fascinado por su color, por su scope y por la canción de los créditos. Y por la imagen de las alforjas de Gregory Peck a reventar de Oro… bueno, y por tantas y tantas cosas de la peli.

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La otra fue “20.000 leguas de viaje submarino”. Decir que en aquellos tiempos decíamos “la de Kirk Douglas”, no como diríamos ahora, “la de Richard Fleisher”. Divertidisima, maravillosa, inolvidable. Hoy puedo seguir diciendo lo mismo de ella.

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Y me reconcome mi memoria una película que vi en aquel cine y que no he vuelto ni a ver ni a saber de ella. Pero me impactó profundamente y recuerdo a la perfección su título: “Asfalto húmero”. Durante años no supe ni quiénes eran los actores, ni quien fue su director, por supuesto, pero juraría que era europea, y desde luego, en Blanco y Negro. Hoy Internet lo pone todo más fácil, pero le quita magia a los recuerdos. Y se por Filmaffinity que la película es de 1959, y que es alemana. No todo ha de ser malo, ahora ya puedo buscar un remoto recuerdo de mi infancia en amazon y conseguir aquella película de la que aún tengo imágenes grabadas en mi memoria.

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Nada más, os dejo con la evocación de Raúl. Sé que la vais a disfrutar tanto como yo la he disfrutado.

@Gerardo_DDC

 

HOMENAJE AL CINE USERA

Por Raúl Alda:

  Para nuestro asombro descubrimos en nuestras charlas de comedor, despacho y aseo que buena parte del núcleo duro del actual “Días de Cine” forjó su cinefilia en el legendario cine Usera, sito en el popular barrio madrileño fundado por la familia de traperos que le da nombre con Marcelo, el patriarca, a la cabeza y patria chica del gran Tony Leblanc.

   Era la época, años 60, en que Madrid era una ciudad plagada literalmente de cines de barrio que a precios populares ofrecían un programa doble en sesión continua. Aunque la televisión ya empezaba a ser la reina del ocio en los hogares no podía competir aún con la pantalla grande. Entre otras cosas porque el blanco y negro con más o menos ruido según se movieran adecuadamente las antenas en forma de cuernos jamás podría hacer sombra a la espectacularidad del technicolor y cinemascope.

   Toda una generación de chavales crecimos asistiendo a razón de una o dos veces por semana a estos programas dobles que se renovaban cada jueves. La España que despegaba, aunque aún notablemente desvencijada, olvidaba temporalmente sus miserias en esas salas donde el cine americano seducía sin remisión.

  Evocar aquellos espacios y en particular el del cine Usera situado en la calle Gabino Jimeno resulta un prometedor ejercicio nostálgico a pesar de que hoy en día sería insoportable visionar películas en las condiciones de  aquel tiempo.

  Para empezar hay que remarcar el enorme trasiego que esos cines registraba. En otras palabras, al mismo tiempo que se exhibía una película en la pantalla había otras que tenían lugar en los distintos rincones de la sala. No voy a mencionar a las parejas que se refugiaban en la última fila, yo no tenía edad aún para adentrarme en ese mundo y por otro lado puedo manifestar con orgullo que lo que realmente me importaba transcurría sobre esa enorme tela blanca a menudo con lamparones y manchas sinuosas quizá precursoras, muy a su pesar, de las exitosas formas futuras del gran Antoni Tapies.

   Decididamente el cine Usera era un escenario emblemático de la España profunda, dicharachera e irresponsable de entonces. El lema que no tardaría mucho en imponer la televisión: “piense en los demás” carecía completamente de sentido en aquel recinto. Frente a las grandes estrellas de Hollywood que cautivaban al personal, personajes de la más pura estirpe nacional competían por alzarse con el protagonismo del momento, compitiendo nada más ni nada menos que con Burt Lancaster o Gary Cooper por poner sendos ejemplos. Macarras, cuasi delincuentes, chulos de verbena no dudaban en hacerse notar a veces, debo reconocerlo, con verdadera gracia y una pizca de fundado temor. Al grito de “¡acomodador, acomódeme un huevo!” seguían otra lista de improperios que me hacen reflexionar con cierta pena del durísimo oficio de llevar a la gente a sus asientos con aquellas linternas que parecían casi lámparas de gas. Hago un inciso para rendir homenaje a esta profesión ya que mi abuelo paterno al cual no conocí trabajó además de empleado de Renfe como acomodador en el Teatro Alcázar sito en la calle Alcalá. Murió de un cáncer de pulmón a pesar de no haber fumado en su vida y es que la humareda del vestíbulo del Alcázar según escuché era legendaria. Esta seguramente es la razón de que siempre haya dado propina a los acomodadores. Otro servicio impagable que nos prestaban aquellos profesionales de uniforme gastado era recorrer a paso firme la sala con un zumbido de fondo. Inmediatamente después del ruido llegaba la otra percepción del sentido olfativo, el precursor remoto del “Ambipur” hacía acto de presencia mediante las ondas expansivas de un chorro a granel. La verdad es que a pesar de la rotundidad de aquellas esencias básicas, tan penetrantes, se agradecía el gesto de enmascarar la gama de olores de aquella España en fase de despegue.

   Hablando de olores una particularidad del cine Usera que sin duda garantizaba movimientos de todo tipo, incluso de naturaleza inconfesable, era que el acceso a los aseos estaba no en el vestíbulo como viene siendo habitual sino dentro de la propia sala. El reflejo intermitente de la luz, el chasquido de la puerta y el sonido de fondo de las goteras anunciaban la presencia ineludible de aquel centro de evacuación. Vi hace unos años una obra de teatro de Sanchís Sinisterra protagonizada por Pastora Vega, una limpiadora que monologaba sobre unos desgarros que ni el aguarrás podía hacer desaparecer y detrás tenía aquellos aseos típicos de azulejos cuadrados y blancos. Como fondo un sonido regular, infinito, de goteras con el eco que un espacio grande añade. Esos incesantes golpecitos acuosos me recordaron inmediatamente al cine Usera. Me pareció un hallazgo soberbio por cuanto define a la perfección aquel tiempo de sueños imposibles y fugas irremediables. Las cisternas siempre estaban arriba y de ahí la expresión que ha perdurado de “tirar de la cadena” a pesar de que hoy en día lo que hacemos es apretar un botón que suele estar por debajo de nuestra cintura. De aquellas elevaciones pendían unas cadenas que según cuentan las crónicas a veces eran objeto de apropiaciones indebidas, probablemente, imagino, para hacer de esas tiras metálicas atrevidos adornos que lucían los emperifollados de la época, mayormente miembros de bandas como la mítica “Ojos Negros” cuyo epicentro delictivo se situaba en la madrileña plaza de Legazpi. Por cierto si algún atrevido productor quisiera ofrecerme dirigir o escribir un “West Side Story” cañí con mucho deleite pergeñaría una historia sobre aquella mítica banda de presunta estética rockabilly más bien cutre y chicas con aquellas sinuosas permanentes llenas de curvas abombadas. Cruzando el río en dirección al barrio de Usera te adentrabas en los dominios de la banda del Triángulo. Nunca pude satisfacer mi curiosidad del porqué de ese nombre a no ser que, imagino, un geómetra frustrado convencido de que la vida siempre tendría tres lados comandara aquel grupo de macarras de buen corazón.

Volviendo a las cadenas de los lavabos del cine Usera no era difícil saber cuáles habían sido sustraídas pues normalmente el apaño sustitutivo consistía en una cuerda estropajosa reconocible al momento.

  Yo tenía que ir al Cine Usera desde las inmediaciones de la Plaza Elíptica donde vivía y aquel viaje que parecía un auténtico desplazamiento lleno de peligros, atravesando descampados y ruinas, era a menudo una aventura inquietante cuya recompensa era disfrutar de otra aventura más segura y  lúdica, la filmada.

2001-odisea-del-espacio-img-30209

  Y ahora hablo y evoco las películas que vi en el cine Usera con algunas anécdotas francamente irrepetibles. Como contaba en la introducción del libro que escribí sobre “2001: una odisea del espacio” que un editor mediocre y sinvergüenza me publicó hubo una coincidencia de esas para la historia. En aquel momento a las radios portátiles con pilas se las llamaba transistores. No era infrecuente que se escuchara el sonido de fondo de  algún transistor. Sospecho que esas melodías de canciones o de partidos de fútbol procedían de la cabina de proyección. No es descabellado ponerse en el lugar del proyeccionista, probablemente un pluriempleado de la época al que el cine le importaría relativamente poco con tal de llegar a fin de mes. Pues bien, el momento mágico, vuelvo a decir único e irrepetible, se produjo cuando “Moon-Watcher”, el eslabón perdido de la humanidad futura mira extasiado el monolito objeto de tantas interpretaciones, en ese instante la luz del sol empieza a colarse por el lateral del monolito mientras en el transistor ilocalizable del cine Usera suena la canción del verano de los Diablos “Un rayo de sol” cuyo estribillo, si recuerdan los más mayores rezaba así: “un rayo de sol, oh, oh, oh”. Las risas de la sala no hacían otra cosa que certificar la apropiación indebida de un mito universal por la España de pandereta. Un “Moon-Watcher” incuestionablemente castizo de repente adquiría una dimensión completamente inesperada. Me pregunto qué diría mi admiradísimo Stanley Kubrick de aquella contingencia. Un hombre, como sabemos, obsesionado por controlar hasta el último detalle. Espero y supongo que de tener conocimiento de este hecho el gran perfeccionista que era hubiera tirado la toalla al admitir sin fisuras que la vida es realmente incontrolable.

 MONOLITO

  Más allá de esta sustanciosa anécdota debo reconocer que el visionado de “2001: una odisea del espacio” en el cine Usera marcó un antes y un después en mi percepción del cine y de hecho a partir de esa experiencia tuve claro que de un modo u otro mi vida tendría una relación directa con el cine, algo más que un entretenimiento, un arte capaz de transmitir emociones y pensamientos de altura. Y desde luego el tiempo se encargó de hacer evidente la enorme osadía que suponía programar “2001” nada más ni nada menos que en el cine Usera. Pensándolo bien, sería un ejercicio inútil siquiera imaginar la figura del programador en un cine de aquellas características.

Hatari


  Otra película que descubrí con sumo agrado a pesar de las condiciones de proyección de aquellos cines, vuelvo a decir inasumibles en el mundo de hoy,  recordemos las rayas y chasquidos sonoros que anunciaban el cambio de rollo con supresión de fotogramas que incluso alcanzaban escenas enteras, era el delicioso film de Howard Hawks “Hatari”. Nunca se me olvidarán aquellas impactantes imágenes del rinoceronte embistiendo al jeep de John Wayne.

EL DORADO

 Hablando de John Wayne y de Howard Hawks, otro film memorable de uno de mis géneros favoritos, el western, lo disfruté varias veces en aquella sala, “El Dorado”. Mucho tiempo después en el que fue el cuartel general de “Días de Cine” en el festival de Venecia durante la época de las vacas gordas, el Hotel Villa Mabapa situado en la parte oriental de la isla del Lido bajo la imponente e impredecible presencia del icono del programa durante unos cuantos años Antonio Gasset, Maribel Verdú acompañada de su pareja Pedro Larrañaga nos contaba mientras degustábamos por la noche el famoso “Bellini” en la agradable terraza del hotel que había coincidido con James Caan en un rodaje en Canadá. Caan un tipo agradable que figuraba en uno de los repartos más inolvidables de la historia del cine, el de “El Padrino” y cuyo personaje lo recordamos en “El Dorado” por su impronunciable nombre que tantos quebraderos de cabeza ocasionaba al tratar de verbalizarlo a John Wayne le contaba a Maribel que Robert Mitchum era un auténtico señor, un caballero que ayudó al primerizo Caan mientras que Wayne era un tipo de trato difícil, endiosado y de ideas, como ya sabemos, demasiado conservadoras, que más que una ayuda fue un lastre para el desenvolvimiento del futuro protagonista de “Rollerball”. Sin desmerecer en absoluto a ese gran icono que tanto nos cautivó, el familiarmente llamado “Duke”, esta percepción de la que no dudamos en absoluto plantea un asunto que trasciende este artículo, la correspondencia entre realidad y ficción. Todos los que trabajamos en este medio la hemos sufrido y desde luego sería materia de otra extensa reflexión.

  Este era el cine Usera, probablemente el más popular y entrañable del barrio. Otros como el Niza situado en la misma calle de Marcelo Usera con sofisticadas y fallidas resonancias evocadoras de la Costa Azul, como los que se hallaban muy próximos entre sí, más abajo en la zona de Almendrales, como el Lux, con reminiscencias higiénicas o el Copacabana con pretensiones de samba y nocturnidad, nunca llegarían a alcanzar el carisma del cine Usera, hoy un supermercado de una conocida cadena de tamaño mediano.

 Desde aquí le rendimos homenaje porque aún habita en nuestro recuerdo y a pesar de todo contribuyó decisivamente a que amáramos el cine.

 

Categorías: Actores , Cine , Directores

Raúl Alda   25.jun.2013 12:28    

Woke up this morning..

 

Así empezaba la sintonía de Los Soprano, con esa canción de Alabanma 3 y viendo a un tipo conduciendo resuelto un coche y fumando un puro mientras de fondo vemos el sueño américano.  

Esa canción es lo primero que me ha venido a la cabeza esta mañana cuando me he enterado, al levantarme y echar el primer vistazo del día al mundo a través de esa ventana que es ya el Smartphone, que Tony Soprano, bueno, mejor dicho, James Gandolfini, había fallecido.

Mientras me ponía como loco a buscar material en casa para poder hacer en Días de Cine hoy la pertinente reseña, (así es como podemos responder en el programa, por nuestros fondos documentales y nuestra disposición, “at any time”) recordaba, en aluvión, imágenes e imágenes de Gandolfini.

Debo decir que yo era de esos que consideraba la ficción televisiva como algo menor. Una especie de divertimento para gente “menos inquieta” que yo. Pero como también soy muy inquieto, decidí dar en su día una oportunidad a esa serie de la que todo el  mundo hablaba. Carlos Boyero, incluso, decía que en su lista de las 10 mejores películas de la historia del cine, figuraba Los Soprano.

Y la vi. Y por supuesto, cambié de opinión. Y ya nada volvió a ser lo mismo. Me encanta el cine, faltaría más. He visto miles de películas. Pero reconozco que eso que tienen las grandes series, como “Los Soprano”, no parece estar al alcance de la mayor parte del cine que vemos últimamente. Pero esa es otra historia, (sobre la que otro día hablaremos). y al César, lo que es del César.

Peo volvamos al principio. A James Gandolfini, el  actor. La primera vez que le ví fue en un papel secundario en una película que me encanta. “True Romance”, o “amor a quemarropa” entre nosotros. Lo de mi empeño en poner siempre los títulos originales (que es algo que me pregunta mucha gente) es por una especie de manía. Simplemente me gustan más (la inmensa mayoría de las veces). En “true romance”  hacía de un matón que daba una paliza inmensa a Patricia Arquette. Y ya entonces mostraba maneras únicas. Un tipo con poco pelo, más bien gordo (no tanto como llegó a estar) pero con algo que atraía nuestra mirada. La voz, la forma de hablar, de moverse. El desparpajo para argumentar su condición de matón…

 En el cine siempre se recluyó en unos papeles que eran más secundarios que principales, pero siempre los marcó a fuego con su presencia. No recuerdo una mala interpretación suya en ninguna de sus películas. Ya fuera totalmente fugaz, ya con más papel. Le vimos en “Perdita Durango”, donde le dirigió Alex de la Iglesia, y también en papeles de mayor o menor entidad, en “All the president´s men” “A civil action”, “Fallen”, “lonely Hearts”,  y más recientemente en “In the loop” y “Zero dark Thirty” o “Killing them softly”-. Recuerdo que en esta última, una película que me encantó el pasado año, le veía ya inmensamente gordo, haciendo el  papel de asesino a sueldo, y bebiendo como un cosaco y pensaba que me parecía enormemente real su actuación. Me preguntaba si no sería así en la vida real y si no sería esa gordura inmensa algo que pudiera darle un disgusto.

Tengo pendiente de ver una de las últimas películas donde apareció: “Not fade away”, dirigida por el creador de Los Soprano, David Chase, para HBO. Me interesa mucho por tener como tema la evolución de un conjunto de New Jersey en los años 60 que tiene a los Beatles y a Los Rolling Stones como inspiración. James Gandolfini es el padre de uno de los chicos. Siendo como soy Beatlemano irredento, Stoniano vocacional, y un rockero fustrado (en realidad, lo que soy es una estrella del rock and roll no reconocida) ¿Qué más se puede pedir?

 

Los Soprano, y HBO, redefinieron, creo, lo que era contar una historia. Como bien le dice el psiquiatra de la psiquiatra, esto es el personaje de Peter Bogdanovich a la Doctora Melfi, Tony Soprano es un sociópata. Un gánster de New Jersey al que vemos, y eso es lo sorprendente, en su vida cotidiana. No es solo que tenga ataques de pánico por ansiedad. Es que además. Le vemos enfadarse con sus hijos por no cumplir en el colegio. Si tras una bronca por faltar a clase hay que cargarse a alguien, pues va Tony Soprano y se lo carga.  

Vemos en los Soprano a un tipo amoral hasta extremos insospechados, y que a la vez es el único capaz de decir a un fulano en un restaurante que no es educado comer con la gorra puesta. O sea, lo que todos querríamos poder haber hecho alguna vez. Un tipo (casi) leal con sus amigos, y con esa doctora Melfi, Lorraine Bracco, a la que confía su alma llena de vericuetos de maldad, y aunque para ello la hable a través de metáforas que reflejan su vida cotidiana. Sus amantes, sus asesinatos, sus trapicheos, sus trapos sucios. Será Tony Soprano, el único capaz de hacer justicia cuando la doctora sea violada salvajemente. Y será ella quien decidirá no dejarse contaminar por esa justicia deseada, pero sin duda imposible de asumir.

Tony Soprano no eligió ser un gánster. Heredó el cargo de su padre, Johnny, igual que otros heredan una notaría, una ferretería, una panadería o una empresa de pompas fúnebres. Y en eso es como Vito Corleone,o mejor, como Michael. Mucha es la gente que depende de él. Y no puede uno apartarse del camino. Como los héroes clásicos, no hay otra, y es lo que es.  A fin de cuentas, no hay que ser demasiado inteligente para darse cuenta que las batallas de su clan contra el de Johnny Saks u otros mafiosos, no difieren mucho de las actuaciones de otras instituciones de mejor nombre, supuestamente hablando. Lo que me recuerda a Michael Corleone diciéndole en El Padrino a su chica, Kay Adams  “¿quién es la ingenua?”.

Larga vida a James Gandolfini, un gordo genial. Sus compañeros de fatigas en Los Soprano, Chris Moltisanti (a pesar de todo), Pauli, Silvio Dante (El gran Steven Van Zandt), Carmela, su hija Medow, tan idealista como pragmática, y su tarambana hijo, Anthony Junior, tendrán un pensamiento para él.

Yo me iría a tomarme una copa a su salud al Bada Bing, a impregnarme de ese olor a juego sucio. También al Crazy Horse, ese local que puso la novia de Chris a mayor gloria de mi admirado Neil Young.

Cuando Little Stevie dejo la E Street Band (banda de New Jersey, of course) Bruce Springsteen le despidió poniendo en el disco “Born in the USA” una frase que voy a robar vilmente para despedirme de James Gandolfini:

 Buon viaggio mio fratello

Aquí, y ahora, el reportaje de anoche de Días de Cine.

 

 

@Gerardo_DDC

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Gerardo Sánchez   20.jun.2013 10:58    

Une partie de campagne

Ese era el título de un maravilloso mediometraje de Jean Renoir rodado en 1936. Toda una evocación impresionista del “bon vivre”, o sea, del buen vivir.

 

Pues ayer estaba yo en esas, un particular “día de campo”, con la guardia cinéfila baja, fruto del mucho y buen comer, y el calor, cuando los más sensatos de la familia, o sea, los más pequeños, mi hija y mis sobrinos, hablaban de “Monsters University”, de su inminente estreno y de las muchas ganas que tenían de verla.

 

 

Esa apasionada conversación, nada cinéfila, pero muy interesante, puso de manifiesto de forma empírica, lo que se racionalmente: que el cine es un espectáculo hecho para que sea visto por la gente, y que forma parte de un entramado industrial que hace que unos locos manejando grandes y aparatosos medios técnicos y artísticos, pongan en pié esta forma de  sueños materializados mediante una proyección que es el cine.

Y supe inmediatamente que todos esos potenciales espectadores que estaban entusiasmados ante el hecho de poder ir el siguiente fin de semana al cine, serían los que harán que los datos de taquilla sean significativos en 10 días.

Lo mismo, imagino que pasará con “El hombre de acero”, la revisitación de Zack Snyder  de Superman, ahora que el personaje cumple 75 años. Por cierto, cuanto nos gustaría poder hacer un largo y completo reportaje sobre ese súper-héroe y sus bodas de platino, pero como siempre, el programa va hiper-super-mega (que diría Burt Simpson) cargado de contenidos.

 

Y esto nos lleva de nuevo a un tema recurrente: la necesidad acuciante que tiene el negocio del cine de hacer buenos resultados de taquilla. La pasada semana se coló “Sightseers” (Turistas, un estreno “apadrinado” por Días de Cine) como la película con el mejor resultado por copia, con unos 2. 500 euros. Leía esta mañana que el mejor resultado de este fin de semana era “Stuck in love (Writers)”, o como la ha titulado para su estreno en España, “Un invierno en la playa”. La diferencia es que esta ha hecho poco más de 1.500€ por copia.

 

 

Y esto, de nuevo nos vuelve a llevar a otro tema recurrente. Algunos piensan que esto del cine es algo así como pensar o escribir un libro, algo muy artístico y que no conlleva coste alguno por parte de quienes lo hacen. Y que, por lo tanto, ¿por qué pagar por ver una película?. Pues por el mismo motivo que pagamos por un libro, por un disco o por un cuadro. Si, ya sé que no  todo el mundo paga pro estas cosas. Por desgracia.

Hace apenas un rato estábamos chequeando en nuestra infrautilizada (por falta de tiempo) sala de visionado "L´Argent" , de igual título que la de Bresson, aunque  muy anterior, una película portentosa, muda, de Marcel L´Herbier. Una edición francesa, de esas que hacen que se nos caiga la baba y digamos eso que decimos siempre, que aquí  no se editan las películas así. Bueno, se editaban y lo hacía Versus, pero desde que la gente ha dejado de comprar películas ya no se pueden permitir el lujo de hacerlo para vender 1.000 unidades.

 


Tournage de L’Argent de Marcel L'Herbier (1928) por ESTETTE 

Echando un vistazo a la película, lo primero que me ha venido a la cabeza es "El Gran Gatsby", la versión Luhrman. Por los decorados y algo más. Y lo segundo, es que, además de la película, uno de esos portentos que conviene ver de cuando en cuando para recordar la elocuencia del cine mundo, viene eso que desde hace tiempo llamamos “un making of”, ‘ ¡de la época¡, del mismo 1928, y en el que con todo lujo de detalles (pero evidentemente mundo, aunque con una narración en of de 1971) se muestra el portentoso trabajo que es hacer una película, entonces, y ahora. En ese "asi se hizo" (o como se diga en fáncés), sale muchas veces el director, claro, Marcel L´Herbier, siempre con gafas de sol. Y ¿a quien se parece mucho mucho?. Pues a otro "enfant terrible"

Godard

En fín, todo esto e algo demasiado serio como para no apreciarlo. ¿Y donde hay que apreciarlo? Ante una pantalla.  Y pensando: “es de necios confundir valor y precio”

Continuará...

@Gerardo_DDC

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Gerardo Sánchez   17.jun.2013 16:41    

10 años sin Gregory Peck

Veo en la web de TVE, con un vídeo de Días de Cine, que hoy se cumplen 10 años de la muerte del gran Gregory Peck.

 

 Lo pongo en nuestro facebook,  e inmediatamente un seguidor pone “Horizontes de Grandeza”. Yo recuerdo con nitidez el día que por primera vez vi "Horizontes de Grandeza". The Big Country en original (tengo una enfermiza manía por los títulos originales).

 

Fue en la Filmoteca Nacional, un verano (¿del 80?) en el que tocaba un ciclo sobre el Western (otro verano fue el cine negro y otro el musical americano), y cada día veía 3 o 4 de esas maravillosas películas. Había días especiales, claro, si tocaban peliculones como este. El scope que le venía como un guante, la música de Jerome Moross que se te queda grabada para siempre, esos actorazos, Gregory Peck, Charlton Heston, Jean Simmons, Carrol Baker, Burl Ives o Charles Bickford. Y además estaba una realización asombrosa de William Wyler, un director fabuloso a quien debo una de mis películas favoritas (tengo muchas) de siempre como es “The best years of our lives”.

 

Wyler ha sido con frecuencia infravalorado, por nada más que confundirle con otro grande como fue Billy Wilder.

Todo esto viene a cuento porque creo que fue la primera vez que yo veía en una sala de cine llena a reventar, aplaudir a rabiar al final durante un buen rato. Los buenos ganaban, y el plano final con aquella música te dejaba sin aliento.

Sólo puedo decir que no recuerdo una mala película de Gregory Peck. Y que su Aticus Finch y “To kill a mockingbird” es otra de esas películas que tengo metidas en lo más profundo de mis recuerdos.

Continaurá

@Gerardo_DDC

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Gerardo Sánchez   12.jun.2013 19:23    

Esther Williams: La sirena del Technicolor

Los jueves: Milagro. Bueno, en lo que toca a Días de Cine el milagro es acabar el programa a una hora razonablemente pronto. Pero está escrito que Días de Cine no descansa nunca, porque hoy, que terminábamos sorprendentemente pronto, tras haber disfrutado en el volcado del programa a una hora razonable del Universo de Busby Berkeley.

 

 

Puede ser casualidad, o  quizás no, pero es el caso que hoy, cuando dábamos por terminado el programa, sorprendentemente pronto para los usos y costumbres de Días de Cine, y tras haber disfrutado enormemente con el universo de Busby Berkeley, nos enteramos del fallecimiento de Esther Williams, sirena y algo más en algunos de  aquellos musicales de la Metro en technicolor que ayudaron en los años 40 a que las vidas de los espectadores de las salas de cine fueran más luminosas. Lo más curioso es que cuando la veíamos en el reportaje nos hemos hecho la pregunta que para bien o para mal nos hacemos ocasionalmente en Días de Cine: ¿está viva?

 

 

Siguiendo la estela de Johnny Weismuller, fue nadadora antes que actriz, mujer de belleza atlética y estilizada, a la que pudimos ver en multitud de títulos tan escapistas e intrascendentes como encantadores. Hoy, el destino, ha querido unir en Días de Cine a dos mitos del Hollywood más dorado y alegre, Busby Berkley y Esther Williams. Hoy trabajamos ya contrarreloj por poder incorporar al programa una nota de despedida para esta sirena Metrocolor.

 

 

Yo recuerdo nítidamente lo bien que lo pasé en el cine viendo, muchas veces, "Escuela de Sirenas", con un tan bobalicón como entrañable Red Skelton. Hasta tengo la banda sonora., Siempre me ha encantado ese tipo de cine tan imposible como entusiasta. Son esas sensaciones de extraña e inexplicable felicidad las que hacen del cine algo especial. Gracias a gente como Busby Berkeley o Esther Williams.

Continuará...

@Gerardo_DDC

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Gerardo Sánchez    6.jun.2013 20:33    

Dias de Cine

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Días de Cine comienza su temporada 22. A partir del 6 de Octubre, entraremos en el año 23 DDC. Esto se debe a que el programa comenzó su emisión un 6 de Octubre de 1991. Como decía una película: "Hace mucho tiempo, enuna galaxia lejana, muy lejana".
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