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Cine español en el Kursaal y Tavernier por Alberto Bermejo

(Entrada escrita el 26.9.2013) Entregados mis reportajes sobre el Festival, encuentro de nuevo un momento para tontear en esto de los blogs y los twitter, algo atribulado por la larga jornada de montaje. Montaje es mucho decir por la premura a la que obligan los horarios y la hora de envío y también por la intratable naturaleza de buena parte de los materiales que manejamos, de algunas películas apenas trailers en versión original, con o sin subtítulos, archivos en formatos dudosos, por no mencionar las condiciones de batalla en las que grabamos la locución, en el cuarto de cámaras bajo una toalla que amortigüe el eco. Pero no se trata de lloriquear, que ya sabemos a lo que venimos, sino de contar como están siendo las cosas en el festival. Entre el alubión de entrevistas me quedo con la que me concedió la otra mañana Bertrand Tavernier, un veterano de mente privilegiada y discurso ágil y vehemente, con el que siempre da gusto hablar. Me tocó el primero, así que estaba fresco y con ganas, aunque no recuerdo haberle visto flaquear nunca y esta debe ser la cuarta vez que le entrevisto. Para el estreno de “Quai d’Orsay” prometo exprimir la entrevista al máximo o subtitularla y colgarla completa en la página del programa, no tiene desperdicio. Lástima que Pathé nos la haya jugado y no nos haya facilitado ni una sola imagen de la película. Al final he tenido que cubrirme con algunos planos de rodaje que han aparecido de no se sabe dónde. En cualquier caso, la película es para disfrutarla, muy divertida, aunque maldita la gracia que tiene que los políticos, salvo contadas excepciones, no se entiende si es que no pueden o es que no se dejan ver, constituyan la internacional de la farsa. En cuanto al cine español, parece que sigue teniendo una envidiable mala salud de hierro, a juzgar por lo que va apareciendo en la Sección Oficial. Después de hacer la digestión de “Canibal”, broma de mal gusto, apareció la refrescante “Vivir es fácil con los ojos cerrados”, la nueva de David Trueba, que tampoco está mal dando entrevistas. En general ha caído muy bien y ya tiene su propio club de incondicionales, que reconocen grandeza en su aparente sencillez, en la manera de contar como si fuera fácil. Está claro que fácil no es conseguir emoción desde la observación de un trío de ingenuos que aspiran a escapar de sus respectivos mundos grisáceos y a encontrar aires de libertad. El McGuffin es bonito, nada menos que el empeño de un profesor de inglés de Albacete, que utiliza las canciones de los Beatles como libros de texto, de encontrarse con John Lenon, que por esos días, 1966, estaba en Granada trabajando como actor en “Cómo gané la guerra” a las órdenes de Richard Lester. Todo para pedirle que incluyan las letras de las canciones en los discos, porque él se las ve y se las desea para desentrañar algunas palabras. Tampoco es fácil sacar interpretaciones tan fluidas y convincentes de dos adolescentes con poca o ninguna experiencia como Frances Clomer, que ya estaba estupendo en “Pa negre”, y Natalia Molina. Por supuesto, la película también tiene detractores por aquí, que la acusan de ser más amable y dulzona que “Cuéntame”. La tercera y la última de las españolas en la Sección Oficial es “La herida”, el debut como director de Fernando Franco, el montador entre otras de “Blancanieves”, que se ha empleado a fondo en encogernos el corazón con su retrato de una mujer irreversiblemente infeliz, prácticamente una enferma ensimismada en su dolor y en sus resentimientos. Da qué pensar que un montador resuelva su película en largos primeros planos secuencia, cámara al hombro y a cortísima distancia de su omnipresente personaje. La película se ve sin pestañear, sobrecogidos ante tanto sufrimiento, pero fascinados por la credibilidad extrema que aporta Marián Álvarez, sí, aquella estupenda debutante de “Lo mejor de mi”, que parece merecer ya, sin discusión, la Concha de plata a la mejor interpretación femenina de este año. En realidad, y esto lo pensaba durante la proyección, si “La herida” fuese rumana o búlgara habría ganado ya la Palma de Oro en Cannes, aunque hay quien me ha dicho en Twitter que exagero y lo hemos dejado en Premio Especial de Jurado. Otra pequeña gran película de la Sección Oficial, en la que abundan aunque se eche de menos la gran película deslumbrante que se espera de todo festival, ha sido la mexicana “Club Sandwich”, de Fernando Eimbcke, un relato minimalista en torno también a una madre y un hijo de vacaciones en un solitario complejo turístico en temporada baja. La relación de ellos es relajadamente dependiente y sólo tensa un poco cuando el chaval empieza a tontear con una adolescente de su edad. Ahora que lo pienso, este, el de las relaciones madre hijo, ha sido uno de los temas recurrentes de este festival. Recuerdo ahora “Pelo malo”, de la venezolana Mariana Rondón, y la estupenda “La postura del hijo”, proyectada en la sección Perlas, como ganadora del Oso de Oro en el último Festival de Berlín. Por suerte para Marián Álvarez, la protagonista, la veterana Luminita Gheorghiu no compite, porque está espléndida como madre dispuesta a todo para salvar el pellejo de su hijo. Por cierto, Mariana Rondón me hizo llegar la foto que se hizo conmigo. En un festival pasan muchas cosas demasiado deprisa, así que los más modestos suelen quedarse fuera de la foto, aunque he tratado de que, al menos en nuestro programa estuvieran casi todos. Ahí quedan “El rayo”, entrañable regreso en tractor de un inmigrante a su Marruecos de origen, la coproducción con Argentina “Pensé que iba a haber fiesta”, con Elena Anaya de protagonista junto a Valeria Bertuccelli, “Family Tour”, el documental “El rey de Canfranc”, hecho por gente de la casa, si de TVE, o el de Javier Corcuera, “Sigo siendo”, que recoge la música tradicional de Perú a través de una colección de personas que la conservan y la transmiten. A Corcuera le pido perdón porque finalmente, después de haberle entrevistado, no he podido incluirle en el reportaje una maldita complicación informática de última hora. En fin, encontraremos la manera de hablar de su documental. Ya falta menos para volver a casa, antes de la clausura, “Prisioners”, otra de Dennis Villeneuve, esperemos que más inspirado que en “Enemy”, y el segundo premio Donostia a Huck Jackman, pero eso será mañana. Faltan unos minutos para que empiece Días de cine pero no sé si seré capaz de mantenerme despierto, soy noctámbulo pero no politoxicómano y estoy un poquito tocado, virtualmente hablando.
Categorías: Cine

Alberto Bermejo   29.sep.2013 14:03    

San Sebastián entre peli y peli

Por Alberto Bermejo

Arrasado por el volumen inabarcable de películas y sus correspondientes entrevistas, encuentro un hueco para hilar unos apuntes sobre lo que está siendo este Festival de San Sebastián, cargado y bien cargado de cine español. Por algún sitio habrá que empezar a apreciar esas películas voluntariosas que van sumando cosechas más que notables en los últimos años. Ha pasado “Las brujas de Zagarramurdi” de Alex de la Iglesia, trepidante, divertida, fascinante, en su larga primera parte, y excesiva, cómo no, en su desenlace. Magnífico reparto para una comedia que por momentos puede parecer una película de acción, un puro borbotón en el que, aparte de las habituales de la casa, las enormes Carmen Maura y Terele Pávez, brillan en distintos registros Hugo Silva, lo más parecido al portavoz de las preocupaciones vitales del director, Mario Casas, con una comicidad sorprendente, discreta pero eficaz, y Carolina Bang, que derrocha energía y llega a parecer una bruja reconvertida en superheroína. Gran pretexto para arropar esta misma noche la entrega del merecidísimo premio Donostia a Carmen Maura, el primero de esta edición y el primero a una mujer del cine español, que lo recibe tras Fernando Fernán Gómez, Paco Rabal y Antonio Banderas.

Carmen-maura

En el tercer día de festival, cuarto en San Sebastián porque llegué el jueves por la mañana, ya he perdido la noción del tiempo de la cantidad de entrevistas que conseguido hacer, hasta de cinco películas en un día, con más de una por cada título. Así que a cualquiera que me pongan delante le entrevisto. Que nadie piense que entrevistamos sin ver las películas, eso es inconcebible en Días de cine, muchas las traía vistas por adelantado, que para eso nos han torturado las distribuidoras durante las dos semanas previas, organizando pases de casi todo. He de reconocer que preferiría verlas todas aquí, en el fragor del festival, envuelto en el bullicio de las salas abarrotadas, que eso aquí da gusto verlo.

Entre las cosas más divertidas, y también emocionantes, resultó la entrevista a la venezolana Mariana Rondón, la directora de la muy apreciable y desoladora “Pelo malo, que cuando se enteró que era de Días de cine insistió en hacerse una foto conmigo. El mundo al revés. Espero al menos que me haga llegar la foto a través de Violeta Medina, su jefa de prensa en España.

Aquí se ve de todo y la opinión se divide como en los toros. Unanimidad no ha habido todavía sobre casi nada, si acaso sobre la grandeza personal y profesional de Annette Bening, pocas actrices tan generosas y bien predispuestas en una entrevista de apenas diez minutos, cuando además padecía un torturante pinzamiento en la espalda. También sobre el brillante trabajo de Jim Broadbent y Lindsay Duncan, los protagonistas de la producción británica “Le Week End”, dirigida por Roger Michell, el de “Notting Hill”, con guión de Hanif Kueishi, que encarnan a una veterana pareja de viaje de aniversario en París, descubriendo sus grandezas y sus miserias conyugales

La disparidad de criterios se ha puesto de manifiesto sobre todo con “Enemy”, del canadiense Denis Villeneuve, que adapta libremente “El hombre duplicado” de José Saramago. Algunos la detestan por su hueca artificiosidad y su impostura y otros la veneran como el colmo de la audacia narrativa y la ven ya como Concha de Oro. Yo estoy más cerca de los primeros. De Villeneuve, que traía el crédito de la magnífica “Incendies”, veremos también aquí “Prisioners” para arropar al otro premio Donostia, el de Huck Jackman. Cuentan maravillas de ellas, pero eso, ya veremos.

De momento lo dejo aquí, aunque podría adelantar cosas sobre un buen montón de pelis, pero mejor me concentro en intentar que el reportaje del programa este listo para el jueves. Esto de la vida virtual es muy entregao y para incontinentes hiperactivos. En cualquier caso, seguiremos intentándolo. Prometo reaparecer como poco una vez más y contar algo de lo que no cabe en el reportaje.

Categorías: Cine

RTVE.es   23.sep.2013 10:04    

Katharine Hepburn: Woman of the year

Leía yo la entrada de Raúl en el Blog de Días de Cine, y la reivindicación que hace de Glenda Jackson, (estupenda, si señor: la reivindicación y la actriz) y me daba cierta envidia (sana), porque yo tambien tengo mis mitos cinematográficos femeninos.

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Bueno, el mio particular se llama Katharine Hepburn, y no recuerdo muy bien cuando empezó a serlo, pero si que no recuerdo mi vida sin estár medio enamorado de ella. Hubo una época en que mi habitación (creo que ya era post-adolescente) estaba absolutamente empapelada con fotos suyas, carteles de películas y no se que más, y que veía una y otra vez "La fiera de mi  niña" y que me asombraba lo tremendamente moderna y dispuesta que me parcía.  Como en otras ocasiones, este post no será un recorrido exaustivo por su vida y obras, sino una "evocación sentimental".

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Aquello de "pero David, ¿Con quien vas a pasarlo mejor que conmigo? olía a ser una verdad como un templo. Con una mujer así, ¿quien en su sano juicio no va a querer meterse enun soberano lío?. Yo me imaginaba como ese atribulado David que interpretaba magistrlmente Cary Grant, y nunca pensaba que para mi hubiera sido un sufrimiento Mi cara soñada tenía una permanente sonrisa de oreja a oreja.

 

Las películas menos buenas de Katharine Hepburn me gustan, y las buenas me encantan. Las buenas de verdad me subyugan. Aparte de "Bringing up baby" , dede su aparición en la pantalla en "Doble sacrificio" ya con su amigo George Cukor, "las 4 hermanitas" o esas maravillosas comedias de los años 30 como (además de la de Hawks) "vivir para gozar", "La gran aventura de Silvia", "damas de teatro".. en fin pequeñas grandes maravillas de una chica de rostro anguloso, andares resueltos, (por eso Howard Hawks siempre la filmaba andando) y que en la pantalla sabía relacionarse de una forma muy especial con los hombres.

 

 Cuentan esas crónicas de la época que quedan como registro de  la historia, que a pesar de gustarme a mi mucho, y hacer excelentes películas, no la iba muy bien en taquilla, y se fue a Nueva York  al teatro. Es una larga historia (y muy curiosa), pero el caso es que gracias a eso, (ir a refugiarse al teatro en Nueva York) acabó surgiendo esa maravillosa película que he visto decenas de veces (no es boutade, es cierto) y que cada vez que vuelvo a verla me gusta más: "Historias de Filadelfia". No voy a contar la peli ni nada de eso. El que quiera verla que la vea, no se arrepentirá. Solo una frase: "El alcohol es un gran nivelador, nos hace a todos iguales". Bueno, con perdón, otra: "Basta ya, C.K. Dexter Haven, ¿le pego yo a usted o usted a mi?". Una palabra muy sencilla define esta película de forma ejemplar: MARAVILLOSA.

 

Tampoco es este el sitio para contar a los sufridos lectores (yo tengo incontinencia verbal y digital) sus trayectoria vital con Spencer Tracy. Pero si es el sitio para evocar aquella aparición del muchacho, un intrépido y rudo periodista deportivo de colmillo retorcido (o eso creía el)  en "The woman of the year" en el despacho en el que la intrepida reportera lucíapiernas despampanantes. Enuna de las escenas más hilaranrtes que he visto en mi vida, el tipo duro se desmoronaba ante la presencia de semejante belleza. No me extraña, yo hubiera hecho lo mismo (con menos clase, seguro).

 

Que decir de mi admirada y querida Katharine Hepburn: "La costilla de Adán", "Pat y Mike" "La impetuósa", "Locuras de verano" (pongo los títulos en castellano esforzándome mucho, que yo soy de títulos en original)...

Me doy cuenta que algunas de las películas de mi vida "de verdad" están interpretadas por Katharien Hepburn. Una es "Historias de Filadelfia". Otra es "La reina de Africa".  Recuerdo perfectametne la primera vez que la vi: un viernes a las 12 de la mañana en la sede de la Filmoteca Nacional en lo que entonces era el Museo Nacional de Arte Contemporáneo. Evidentemente aquel viernes me "escaqueé" de la clase que fuera. Y tambienevidentemente no me arrepentí. Com con "El hombre tranquilo" "La Reina de Africa" la he visto decenas de veces. Y siempre la he visto con una sonrisa de oreja a oreja. Hace años compré una copia espantosa enDVD, la primera que se editó en España. Una "caspa". Y hace 3 años la compré en Blu Ray durante unas vacaciones en Nueva York. Luego ya salió aquí en España y... (tambien la compré, lo confieso).

 

Aún recuerdo muchas maravillosa películas de mi admirada y querida Kate: "El león en invierno", una maravilla. "la loca de Chaillot", y una película que recuerda casi todo el mundo (su cuarto Oscar): "En el estanque dorado". Pero yo prefiero otra maravilla: "Love among the ruins" (Amor entre las ruinas), su último trabajo con su buen amigo George Cukor, una maravillosa película junto a Lawrence Olivier sobre un amor que dura demasiado tiempo sin consumar.

 

 El la ama. Y ella le ama. Ah, por cierto, son casi ancianos, pero se amaron de jóvenes, aunque ella se hizo la interesante y sus caminos se separaron. Luego al reencontrarse, ella simula no rcordar, pero es mentira. Y al final la diosa que fue desde "Historias de Filadelfia" se hizo humana y acabaría por reconocerlo. Una preciosa música de John Bary ayudaba a terminar la película con un agradecido "Y fueron felices y comieron perdices".

Categorías: Actores , Cine

Gerardo Sánchez   19.sep.2013 17:57    

Akira Kurosawa es gente

Akira Kurosawa era un gigante. Y no solo del cine, que lo fue, sino porque era excepcionalmente alto para su época, casi 2 metros,  y sobre todo para la imagen que tenemos de los japoneses.

Se cumplen ahora 15 años de su fallecimiento. Algunas de las imágenes más nítidas que tiene mi memoria cinematográfica tanto visual como sonora, corresponden a películas de este tipo que quiso ser pintor, y que dijo en sus memorias algo tan  hermoso (y que desde que leí se quedó grabado en mi memoria)” he olvidado que la creación es memoria”. También dijo una cosa que en esto del cine va a misa: “con un mal guión jamás nadie podrá hacer una buena película”. Estas cosas conviene recordarlas en estos tiempos en los que demasiados creen que con filmar cualquier cosa que se escriba y que se llame guión ya vale. Un tipo tan heterodoxo como él, aunque francés, Chris Marker le dedicó un hermoso documental filmado durante el rodaje de “RAN” que es imprescindible ver:

 

No voy a presumir de haber visto todas sus películas, aunque sí de tenerlas absolutamente todas en mí casa.  Pero hay películas suyas que he visto muchas veces.  “Los 7 samurais”, por ejemplo, “Rashomon”, “Dersu Uzala” y otras cuantas.

 

Hay que decir que buena parte de lo mejor del  cine occidental de los últimos 60 años bebe directamente de la fuerza visual y de la manera de contar de Kurosawa. Y que sus adaptaciones de Shakespeare, ”Trono de Sangre” (Macbeth) o “Ran” (El Rey Lear) son tan fieles al espíritu de la obra original como obras personales y “muy japonesas”.  Uno de los tesoros que tengo en mi casa es el guión (en inglés) de “Ran” con los “satoryboards” del propio Kurosawa, auténticos cuadros por cierto, muy alejado de lo que entendemos comúnmente por “Storyboard”.

LIBRO

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Si “Rashomon” nos enseñaba con una transparencia narrativa única las varias caras de una verdad (Zhang Yimou se apropió de su estructura en “Hero”) “Los 7 samuráis” era una aventura épica que hundía sus raíces en el western clásico norteamericano para devolverle la influencia, formalmente en “Los 7 magníficos” (magnífico remake, por cierto). Resultan inolvidables la música, excelente y por supuesto, ese personaje de Toshiro Mifune.

 

Decía George Lucas que sin “los 7 Samuráis” no habría existido “Star Wars”. En agradecimiento Lucas (y Coppola) hizo posible que Kurosawa pudiese filmar “Kagemusha” cuando las compañías financieras en las que acabó convirtiéndose una industria como es la del cine a comienzos de los años 80 le negaron efectivo para que este hombre pudiera seguir siguiendo materializando sus sueños.

 

“Yojimbo”, por ejemplo.. ¿Qué sería de Sergio Leone y su “por un puñado de dólares sin la historia de ese mercenario?, o “Vivir”, “El perro rabioso”, y “Dodes kaden”, película cuyo título era onomatopeya del ruido del discurrir de un tranvía sobre los rieles. La crítica fue inmisericorde con aquella película (creo recordar, porque no quiero ni me gusta consultar IMDB para estas cosas que fue su primera película en color). Aquí os dejo el reportaje que hizo Javier Sales sobre "Vivir":

 

 

  

 

 Tras las malas críticas a Dodes Kaden, Kurosawa intentó suicidarse. A fin de cuentas, era japonés. Tuvimos suerte, porque aquello acabó con Kurosawa haciendo películas hasta casi su fallecimiento.

 

He visto muchas veces una película hermosísima, que coprodujo Japón son la antigua Unión Soviética,  basada en las memorias del capitán Vladimir Arseniev: Dersu Uzala. El personaje de Dersu me emociona como pocas veces me ha emocionado nadie en el cine. Un hombre sencillo, que vive en la taiga, que cree que el bosque, el sol, el agua, o la luna es “gente”. Hoy podría escoger mi secuencia favorita aquella en la que Dersu y el capitán han de pasar la noche a la intemperie y Desu dice “tenemos que darnos prisa capitán, o moriremos”. Eso es puro cine.

 En días de Cine dedicamos, creo, un excelente programa y reportaje a Kurosawa en su centenario, y que hizo mi amigo y compañero Alberto Bermejo (@Alberto_DDC)  que os dejó aquí para que veáis atentamente. Frotaos los ojos. Señoras y Señores: Akira Kurosawa:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/dias-de-cine/dias-cine-centenario-akira-kurosawa/729723/ 

@Gerardo_DDC

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Gerardo Sánchez    5.sep.2013 13:30    

John Ford: una evocación sentimental.

 

 

No recuerdo cuando fue la primera vez que vi una película de John Ford. Me pasa lo mismo con Chaplin,o Hitchcock. En realidad, creo que es porque sus películas siempre han estado ahí, en mi memoria, desde niño. Soy “fordiano” (y chaplinesco, y hitchcokiano) desde hace muchos años. Sus películas me emocionan profundamente por ese “algo” que las hacen personales e intransferibles. Recuerdo que cuando iba a la facultad, el mundillo de estudiantes se dividía entre los que les gustaba John Ford y los que les gustaba Bergman. Nunca entendí esa manía de elegir. A mí me gustan los dos (curiosamente, Bergman consideraba a Ford el mejor director, y Ford consideraba a Bergman un grandísimo director). Tampoco he entendido nunca esa necesidad de elegir entre Chaplin y Keaton, o entre Beatles y Rolling. ¿Porqué elegir si puedes tenerlos a todos?.

De John Ford aprendí eso que en el universo fordiano se conoce como “La gloria en la derrota”. La dignidad de los humildes ante la adversidad. Que la gente sencilla es siempre mejor que los poderosos. Que una familia es mejor que uno solo, y que una de las cosas más dolorosas es perderla. Que la infancia es un terreno lleno de nostalgia, y que en los horizontes del oeste se forjan las leyendas para imprimirlas.

Este 31 de agosto se cumplen 40 años de la muerte de John Ford, ese irlandés vocacional nacido en Maine en 1894. Decir de alguien que es el mejor en su oficio es tan difícil como arriesgado. Decirlo de  John Ford lo es bastante menos.

Entre los años 1917 y 1966 John Ford rodó, según registros oficiales, 144 películas. Una cifra que está a años luz de lo que hoy día puede hacer cualquier director, y sólo al alcance de aquellos que identificamos como “pioneros”. Hitchcock, por ejemplo, rodó 51 películas en su carrera.

Lo cierto es que la obra de John Ford está plagada de obras maestras como en la de ningún otro, y además, de películas  de esas que solemos calificar como “menores” pero que en realidad, no lo son en absoluto, trantando todo tipo de temas: comedias, dramas, de guerra, históricas, sociales, y por supuesto, westerns. Una obra que parece, y es, inabarcable, y así ha sido para el reportaje que he tenido la suerte, el privilegio, y el enorme placer de hacer esta semana en Días de Cine. Tirarse al agua a hacer un recorrido ortodoxo, en 12 o 13 minutos, por su filmografía hubiese sido algo condenado al fracaso, por ello elegí hacer lo que consideré “una evocación sentimental”, apelando a esas sensaciones que me acompañan “sentimentalmente” desde hace años.

Una cosa es cierta: El misterio de la fuerza de su en apariencia sencilla forma de contar sigue siendo inaprehensible en una obra que podría calificar sin duda ninguna Micheleen O´Flynn en “The quiet man”, con aquellas dos palabras: “Impetuous”, “Homeric”.

 John Ford acabó yendo a Hollywood de la mano de su hermano Francis. Hay toda una historia en esa historia. Francis tenía cierto nombre en aquella remota fábrica de sueños en los tiempos en los que Griffith había sentado las reglas del juego. Ford, Jack por aquel entonces, empezó de “property master”, o sea, artrezzista, pero pronto empezó a dirigir. Era finales de 1916, y tenía 19 años...

 Obviamente, el mundo del cine ha cambiado mucho desde que Ford llegara a Hollywood de la mano de su hermano Francis, quien sería director antes que su hermano, y luego, años más tarde, actor secundario recurrente en muchas películas, aunque eso, ya he dicho, es otra historia. De modo que, primero como Jack Ford, y luego ya como John, Ford, el hermano menor de Francis,  llevaba a sus espaldas más de 50 películas cuando rodó la epopeya sobre la construcción del Ferrocarril que fue  "El caballo de hierro": su primera obra maestra.

 Todo lo que conocemos o entendemos los cinéfilos como “Fordiano” estaba ya allí, en “The iron Horse”, y no solo por su capacidad para retratar como nadie los espacios abiertos, los indios o Lincoln, una figura recurrente en sus películas, sino ante todo, y sobre todo, por su transparencia narrativa.

 Dijo en una ocasión Truffaut (en su prólogo del libro de Hitchcock) que si el cine perdiera de repente el sonido, tan sólo dos directores serían capaces de sobrevivir sin él: uno era Hitchcock, y el otro, claro, Johh Ford, quien, cuando llegó el sonoro lo adoptó como algo sin mayor trascendencia, como haría después con el color o el formato panorámico. Y a pesar de lo cual, diría en una ocasión: “cualquiera puede hacer una película en color, pero se necesita ser un verdadero artista para hacerla en blanco y negro”. Y por supuesto, tenía razón

 Lo cierto es que, en el cine sonoro Ford siguió rodando una película tras otra. De aventuras, melodramas, comedias....Ya desde sus comienzos, los cinéfilos (por favor, que nadie se asuste de la palabrota) pueden (podemos) seguir su filmografía, entre otras muchas maneras, por los guionistas con quienes trabajó: Duddley Nichols, Lamar Troti, Nunnaly Johnson, o Frank Nuggent, cada unos de los cuales, aportaba un determinado tipo de historias...

 Para cuando ganó su primer Oscar por "El delator" en 1935, una película bellísimamente fotografiada y un ejercicio de estilo visual, lleno de luces y sombras, sobre  ese “informer” del título, Gypo Nolan (un excelente Victor Mclaglen) que delata y traiciona a un compañero en la lucha contra el enemigo británico para luego atormentarse por ello. Pero antes ya había rodado el melodrama Dr. Arrowsmith, o la la comedia picaresca El Juez Priest, con su buen amigo Will Rogers, de la cual haría casi 20 años despues una especie de remake que sería una de sus películas favoritas. La deliciosa, entrañable y humana "The Sun Shine Bright", o sea, “El sol siempre brilla en Kentucky” . Inolvidable la secuencia en la que el juez se suma, sólo,  al cortejo fúnebre de una prostituta, y como todo el pueblo vence el recelo hacia aquella "pecadora" desaparecida y se suma.

 En "Prisionero del odio" Ford contaba la historia, trágica, del médico que atendió a John WIlkes Booth, el asesino de Abraham Lincoln, sin duda una figura recurrente en sus películas. Le habíamos visto ya  en El Caballo de Hierrro, y después le veríamos en ese emotivo retrato de la juventud del futuro presidente en una película que era favorita de S. M. Eisenstein, y en la que podíamos ver alguno de los muchos emotivos (siempre ejemplares) momentos fordianos ante la tumba de un ser querido...

 John Ford, el hombre que hacía películas del oeste, llevaba muchos años por aquel entonces sin hacer ninguno. La Diligencia aún estaba lejos. "Maria Estuardo" fue un drama histórico más recordado por su tormentosa historia de amor con Katherine Hepburn, y "La mascota del regimiento". Con Shirley Temple y Victor McLaglen, una divertida adaptación de una novela de Rudyard Kipling, o "Huracan sobre la isla" una película de aventuras exóticas...

 En el documetal “The american West de John Ford”, de Dennis Sanders, John Wayne recuerda la primera vez que Ford rodó en Monumental Valley. Es primera vez le llevó con él (por vez primera). Y fue entonces cuando llegó "La diligencia" , la quintaesencia de lo que ha de ser una película del oeste, su primer encuentro con John Wayne, y una historia perfecta perfectamente rodada, basada en el relato "Diligencia para Lordsburg" que a su vez se inspiraba en "Bola de Sebo" de Guy de Maupassant.

A una presentación ejemplar de unos personajes tan arquetípicos como inolvidables, el jugador, la prostituta, la señorita, el comerciante de licor, el banquero corrupto, el médico borracho, y un fugitivo de la ley, (además el mayoral y su ayudante)  se unía una música que permanece en la memoria para siempre, una fotografía luminosa, y algunos momentos irrepetibles, como esa parada de la diligencia por parte de Ringo Kid. La sorprendente perfección formal de la narración se desbarataba en la famosísima secuencia de la persecución de la diligencia por los indios, en la que Ford elegía saltarse todas las convenciones que dicta la ortodoxia.

 Es curioso como alguien a quien años más tarde algunos desorientados (por decirlo suavemente)  llamarían "fascista" filmó algunas de las películas más comprometidas socialmente de la historia, las emotivas e indispensables, "Las uvas de la Ira", "Que verde era mi valle"(su segundo y tercer óscar respectivamente) y "La ruta del tabaco". Si la primera (basada en la novela de John Steinbeck) estaba ambientada en el éxodo de los campesinos de Oklahoma acuciados por la gran depresión, la segunda en las minas de gales,  y la tercera, bajo la forma de una comedia bufa, en el fin de una familia pobrísima de granjeros, en realidad, en las tres estaba omnipresente la destrucción del núcleo familiar como unidad vital.

 Como tantos otros cineastas y actores de Hollywood, cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Ford quiso poner su granito de arena. Dos Oscar dan fe de su buen hacer al servicio del departamento de propaganda por dos estupendos documentales: "7 de diciembre" co-firmada con Gregg Toland, presente con su cámara en el bombardeo japonés a Pearl Harbour, y la emotiva y elegíaca "La batalla Midway".En el terreno de la ficción, De aquella guerra también surgió una película sobre una vieja torpedera y su tripulación, todos ellos prescindibles, (el título original era “they were expendables” ) pero que acabarían siendo importantes en la batalla contra los japoneses. En ella trabajó como guionista con Frank “Spig” Wead, exaviador accidentado,y amigo del alma con el tiempo, a quien dedicaría años después un entrañable biopìc en el que su amigo Ward Bond interpretaría a Ford (como John Dodge) en presencia de los Oscar genuinos del director. Delante de las cámaras, otro amigo, John Wayne, y la siempre luminosa Maureen O´Hara.

 La guerra terminó, pero la caballería, el ejército seguía,  esa otra gran familia fordiana donde hombres sencillos se recogen al calor de algo más grande que ellos y que les protege. Ejemplar su nunca oficial "trilogía de la caballería", "Fort Apache", La legión invencible, y "Rio grande".

 Puede que Ford no hiciese sólo películas del oeste, o que estas no fuesen las más premiadas y reconocidas, pero un western de Ford es algo distinto: En el oeste, la leyenda es la que se imprime. Eso, que veíamos ya en el final de Fort Apache, se verbalizaba en "El hombre que mató a Liberty Valance", el western sobre el final del western con aquella famosa frase: “Este es el oeste, y cuando la leyenda se convierte en realidad, se imprime la leyenda”.

 En el oeste de John Ford, un coronel al que le quedan cuatro horas de servicio activo antes de jubilarse puede ordenar a un soldado que se presente voluntario para una misión no demasiado ortodoxa,  o a un director de fotografía (Winton C. Hoch) se le exige filmar en plena tormenta aunque pusiera en la claquea "protesto" y ganara un Oscar por ello. Las dos cosas ocurrían en  “La legión invencible”, una delante de las cámaras, y la otra detrás.

 En el oeste de John Ford, Wyatt Earp (Henry Fonda) pacifica la ciudad de Tombstone poniendo a ralla a los Clanton y a la figura trágica de Doc Holiday, pero se azara con la hermosa Clementine, o le habla a su hermano asesinado en una escena fordiana pro excelencia filmada tras dar Ford por teminado el rodaje por su productor Darryl Zanuck.

 En el oeste de John Ford. la historia de una caravana de mormones, “Wagonmaster”, una película humilde y de bajísimo presupuesto, puede convertirse en la película favorita del director, y dar lugar a una serie de televisión, “Caravana” medio en el que había debutado en 1955 con "Roockie of the year".

 En el Oeste de John Ford, un hombre, Ethan Edwards, puede aparecer desde el horizonte en unos de los más bellos comienzos de la historia del cine, para volver al hogar familiar, y emprender una enloquecida búsqueda durantre años de su sobrina Debbie tras ser asesinada su familia.  

 En el oeste de John Ford, un Oficial de la Caballería, John Wayne puede lamentar una matanza, y un médico recordarle que en cada profesión va lo que cada uno ha elegido. Era “Misión de audaces”

 Y en el oeste de John Ford, un hombre cínico y descreído puede preferir enfrentarse a los Indios antes que al matrimonio. Eel ejército puede ser el hogar del soldado negro, el sargento Rutledge,  y John Ford puede hacer una película como "Cheyenne Autum" (El gran combate), que es un homenaje sentido y debido al pueblo indio...

 Y nos queda aquel bistec recogido del suelo por Ramson Stoodard, el Oeste que llega, entre las miradas de piedra de Tom Doniphon y Liberty Valance, el Oeste que se va. Y también esa película que es un cuento sobre la infancia perdida y soñada, sobre las tradiciones, sobre los hombres y las mujeres, católicos y protestantes, que es "El hombre tranquilo",  su cuarto Oscar. Y aquel cazador que se enfrentaba a Kelly, Ava Gardner, y a Grace Kelly en “Mogambo”.  Ford eligió, seguramente sin saberlo, para despedirse una historia de mujeres, en una película que evoca necesariamente a Kenji Mizoguchi: Anne Bancroft era una mujer descreída que sin embargo se sacrificaba por los demás en "7 mujeres", su última película y una de las más hermosas...

 Tuvo tiempo Ford antes de irse de mostrarnos el futuro de los políticos en televisión (y algunas cosas más) en "El último Hurra" o como un político marrullero y tradicional, pero honesto, o casi, Skeffington, (Spencer Tracy), deja paso al futuro en forma de un petimetre jovenzuelo que le ganará las elecciones.

 En fín, podría hablar también de los maravillosos personajes secundarios que pueblan sus películas, su hermano Francis, Ben Johnson o Harry Carey, padre e hijo. De la "troupe" de actores estable de John Ford, de sus canciones y sus bailes, de su humor socarrón, de las peleas y del whisky en sus películas, de hombres y mujeres honestos y de mirada limpia,como Ma Joad y su hijo Tom, de Angharad y su velo al viento y de su familia, los Morgan, y de lo verde que un día fue su valle, y de Marty Maher y Mary O´Donell en esa maravillosa película que es “Cuna de héroes”, Ah, y del sargento Quincanon, un borrachín (como Micheleen O´Flynn) y el Padre Lonergan, ese amigo del alma que fue también Ward Bond, y siempre, por supuesto, de Sean y Mary Kate, y de tantos y tantos otros personajes inolvidables que pueblan el universo de John Ford, el hombre que decía que hacía películas del oeste:

  

 

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Gerardo Sánchez   30.ago.2013 09:16    

Buñuel: más allá de los sueños y la razón

        El 29 de Julio se cumplen 30 años de la muerte de Luis Buñuel, por mucho que algunos quieran o se empeñen, nuestro cineasta más importante, e incontestablemente, uno de los más grandes creadores de la cultura española del siglo XX.

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        ¿Qué puedo decir de Buñuel, siempre “Don” Luis, como buen burgués que era. Parece mentira que un tipo tan personal y transgresor en su cine, fuera alguien absolutamente normal y convencional en su vida familiar. O quizás, precisamente lo fuera por eso.

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         No conozco escena más perturbadora en la historia del cine que el famoso corte del ojo de “Un perro andaluz”.

         No he visto en el cine mayores obsesiones insanas que las que he visto en sus películas. Tampoco he visto jamás azotar de igual forma a la burguesía y a la Iglesia Católica que en sus películas.

 

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        Pero Buñuel, que era un burgués, y de férrea formación católica, socavaba sus obsesiones desde dentro, con pleno conocimiento de lo que cuestionaba, y siempre, con mucho humor, y los ojos del niño travieso que nunca dejó de ser, ese que amenazaba a sus compañeros de clase con tanta solemnidad como arrogancia.

         Pero además de ser un autor con mayúsculas, de los pocos que realmente ha dado el cine, Buñuel fue un excelente profesional del cine, alguien que sabía rodar, que sabía dirigir actores, y que sabía lo que importaba y lo que no. Todo eso, en suma, que es imprescindible saber para convertirse en un autor de verdad.

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 En Días de Cine hemos querido rendirle homenaje. Aprovechando una entrevista exclusiva que hizo Raúl Alda a Jean Claude Carriere el año pasado. Hubiese dado para un programa entero, o dos, pero la parrilla y  el verano mandan, y “sólo” hemos podido dedicarle 10 minutos en un programa de 30.

 

 

Pero ¿Cómo? ¿Aún hay alguien que no sepa quién es (Don) Luis Buñuel?  Pues…

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 …Todo comenzó un 22 de Febrero del recién estrenado 1900. En España, en Aragón, en Teruel, en el pueblo de Calanda, cuyos tambores haría inmortales, nacíó Luis Buñuel Portolés, hijo de Leopoldo Buñuel y María Portolés y primogénito de 7 hermanos. En 1906, ya en Zaragoza, cursaba sus primeros estudios en el colegio de los Hermanos corazonistas, y posteriormente el bachillerato en el Colegio del Salvador. Fue un buen estudiante, aunque la arrogancia del pequeño Luis quedaba reflejada en los desafíos que mandaba a sus por entonces pequeños enemigos en forma de notas no precisamente anónimas. Era el comienzo de una apacible vida burguesa salpicada de no pocas provocaciones a lo establecido.

JOVEN

             A los 17 años se trasladó a Madrid para entrar en la residencia de estudiantes,  donde conocería a Salvador Dalí y a Federico García Lorca. Dos amistades que le influirían decisivamente.

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             Era el caso que el joven Luis Buñuel quería ser escritor, y esa sería su vocación frustrada, por más que llegara a publicar cuentos y poesías. Paralelamente, y de forma aparentemente contraria al espíritu de poeta, al joven Luis Buñuel le gustaba practicar el noble arte del boxeo, llegando incluso a participar en el campeonato de España de pesos pesados para aficionados. Elías Querejeta, quien le conoció años y trató asiduamente mucho tiempo después, contaba una anécdota según la cual durante el rodaje de Viridiana Buñuel asistía a una tertulia en la que para poder ser parte, había que ser “ex” (cualquier cosa). Él estaba por su condición de exboxeador.

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             Dos hechos iban a cambiar el rumbo de su vida: n 1925 Luis Aragon impartió en la residencia de estudiantes una conferencia sobre el surrealismo. También, por aquella época, pudo ver una proyección de "Las tres luces", la película de Fritz Lang, que le impresionó notablemente. Impulsado por ambos hechos se trasladó a París y al poco ya consigue trabajar como ayudante de dirección de Jean Epstein en "La caída de la casa Usher". AL mismo tiempo, andaba preparando un guión para una película sobre Goya en el primer centenario de su muerte. La película nunca se realizaría, pero a cambio, Luis Buñuel se había hecho un hueco entre los surrealistas. Además, conoció a  Jeanne Rucar, con quien se casaría años más tarde, y que sería su compañera para el resto de su vida.

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             Después de colaborar con la realizadora Germaine Dulac, y con Jacques Feyder, escribe junto por su amigo Salvador Dalí, el guión de la que habría de ser su primera película, inspirada en sendos sueños de aquellos tan brillantes como arrogantes jóvenes. "Un perro andaluz", el resultado de aquella colaboración colocaría el nombre de Luis Buñuel en la historia del cine. La película era una salvaje y poética invitación a lo irracional, y fue escrita según el principio inexorable de no aceptar ninguna idea o imagen que pudiera tener una explicación racional, psicológica o cultural. Sobra decir que casi 90 años después, “Un perro andaluz” sigue teniendo una de las escenas más perturbadoras y terroríficas de la historia del cine. Hace apenas un par de años, fue restaurada y editad en DVD por la Filmoteca española, y lo que son las cosas, hoy puede verse incluso en la web de RTVE.

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             Un hábil sablazo de 25.000 pesetas del joven Buñuel a su madre permitió financiar la película. La mitad del dinero financiaría la película. La otra mitad del dinero materno se fue en juergas parisinas, hasta que Don Luis decidió que ya estaba bien y que, como el burgués de recia formación jesuita que en el fondo era, tenía que trabajar. El rodaje duró 15 días. Con semejante guión, es lógico que los intérpretes, Pierre Batcheff y Simone Mareuil, no se enterasen de absolutamente nada. Las indicaciones del atrevido y primerizo director aragonés no aclaraban además  nada la situación cuando, por ejemplo, indicaba al actor que mirase por la ventana como si escuchara a Wagner.

            Según Buñuel, Dalí se desentendió de la mayor parte del rodaje, no apareciendo por el estudio hasta tres o cuatro días antes de su finalización. Fue el quien embadurnó de pez las cabezas disecadas de los burros. Además, en una de las tomas, era uno de los hermanos maristas que eran arrastrados pesadamente por el suelo tras el piano y los burros.

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             Finalmente, la película, provocativa y vanguardista, estaba terminada. Buñuel siempre proclamó que, tratándose de un sueño, todo irracionalidad, el film no tenía ningún significado, aunque las connotaciones freudianas o sexuales son y eran evidentes. Pero Buñuel tenía buena estrella, y tan solo unos días más tarde le presentaron a Man Ray, que había terminado el rodaje de una película, titulada "Le mistere du Chateau de Dé" y buscaba un complemento adecuado para ella. Unos días después, Man Ray y Louis Aragón asistían a una proyección privada de "un perro andaluz" y quedaban entusiasmados, decidiendo que había que exhibirla cuanto antes.

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            Así, antes de la primera proyección pública de la película, Buñuel fue presentado a los surrealistas en el café "Cyrano". La proyección tendría lugar en "las Ursulinas", el 1 de Octubre, y a ella asistió la flor y nata de la sociedad parisina, aristócratas, músicos, pintores, escritores y, por supuesto, los surrealistas al completo.

             Buñuel se pertrechó (o eso decía al menos en sus memorias) detrás de la pantalla, con los bolsillos llenos de piedras, por si la película no era del agrado de los asistentes y se veía obligado a castigar severamente las posibles muestras de rechazo.  Nada de eso ocurrió, los aplausos fueron estridentes, de modo que las piedras nunca cruzaron la pantalla.

             Cosas de genios, o más bien de egos, su amistad con Dalí empezó a resentirse, aunque aún daría para otra película, "La edad de Oro", en palabras de Buñuel, "Una incitación al asesinato", y cuando menos, una película tanto o más provocadora que "el perro andaluz". Provocador como era, “La edad de oro” estuvo a punto de costarle a Buñuel la excomunión.

 

             Fascinados por aquel joven  provocador, La Metro Goldwin Mayer le contrata por 6 meses. A los 4 meses la Metro rompe el contrato ante la soez respuesta de Buñuel a un alto directivo de la productora al sugerirle que trabaje para una actriz de renombre.  De modo que de la meca del cine a un olvidado rincón de Extremadura. Vuelve a España y rueda "Las Hurdes, Tierra sin pan", un feroz documental sobre la miseria de las Hurdes y sus habitantes.

 

           Despues,  años de trabajo en la sombra, como productor, supervisor y guionista en trabajos industriales, como “Don Quintín el amargao”, “¿Quién me quiere a mi?” o “Centinela, ¡Alerta!”

            Con la guerra civil sale de España. Colabora Andre Malraux en "Sierra de Teruel" y con Joris Ivens en "Tierra de españa", la película en la que también participaron Ernst Hemingway y John Dos Passos. En 1941 ingresaba en el museo de arte moderno de Nueva York, como supervisor de documentales.

            Su trayectoria vital posterior podría haber sido muy distinta tras solicitar la ciudadanía estadounidense. Quiso la casualidad, o quizás no tanto, que Salvador Dalí “Ávida Dollar´s” como ya le llamaba por aquel entonces Buñuel a su examigo, publicara su autobiografía, causa un gran escándalo, y obligándole a dimitir.

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    Así pues, para bien o para mal, su destino había cambiado. En 1946 se trasladaba a México, donde pretendía dirigir una adaptación de "La casa de Bernarda Alba" que, sin embargo, no llegaría a realizarse. Sin embargo, consiguió dirigir "Gran casino", con Jorge Negrete. La película fue un gran fracaso, pero le permitió reencontrarse con el oficio de director de películas. Después rodaría "El gran calavera", pero lo mejor estaba por llegar con "los olvidados", su reencuentro con el Gran Cine. "Los olvidados" ganó el premio a la mejor dirección y el gran premio de la crítica en el el festival de Cannes y volvió a poner a Buñuel sino en  en la historia del cine, si en la industria.

 

             A continuación vinieron años de febril actividad cinematográfica, con títulos que ayudaron a consolidar su nombre. El poso surrealista y provocador estaba en todas ellas,  pero lo sorprendente era el buen oficio de Luis Buñuel, excelente profesional del cine además de autor:. Se suceden, una tras otra "Una mujer sin amor", "Subida al cielo", "El bruto", "El", "Robinson Crusoe", o "Abismos de pasión", adaptación libre de una de sus novelas favoritas, "Cumbres Borrascosas" que le permitió jugar con un tema tan querido al surrealismo y a él mismo como es el amor "fou".

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             Después de del gran éxito internacional de "Ensayo de un crimen" empieza a realizar películas en Francia.  Tras "Así es la aurora", y "la muerte en este jardín", volvía a México para rodar otra de sus grandes películas: "Nazarín", Palma de Oro de Cannes y adaptación libre de la novela de su admirado Benito Pérez Galdós. Francisco Rabal  era el sacerdote puro de espíritu que trataba de vivir, infructuosamente, de la manera más cristiana el Evangelio. “Nazarin” era otro feroz ataque a la moral católica establecida, que paradójicamente, casi le valió el premio de la Oficina Católica de Cine.

 

             1961 supuso su regreso a España para dirigir Viridiana. De nuevo Palma de Oro de Cannes, Y de nuevo los fantasmas de Buñuel de desataban. La religión, el sexo, el fetichismo, encontraban un terreno abonado en esta película presentada por España al festival de Cannes y luego prohibida en nuestro país por blasfema. Curiosamente Franco comentaría de ella, tras verla en proyección privada, que la película era tan solo "chistes de baturros". Para la historia, aquella secuencia al ritmo del “Hallelujah” de Haendel o el famoso final impuesto por la censura, que lo convertía en más perverso aún al sugerir un “menage a trois”

            

  La década siguiente la pudo afrontar Buñuel con garantías de sacar adelante cualquier proyecto. "El ángel exterminador", análisis surrealista y freudiano sobre la burguesía (con una escena deliberadamente repetida de la que contaba, tras ser preguntado el porqué, que así la película duraba más), esa película divertidísima, apenas un mediometraje que fue “Simón del desierto”,  o, de nuevo en Francia, "Belle de Jour", otra vez con el sexo y el fetichismo como temas principales,  y "La vía Láctea", donde de nuevo se volcaba en su obsesión por la religión católica, en un surrealista recorrido por las herejías del cristianismo.

 

             1970 le trajo de nuevo a España, y otra vez de la mano de su muy querido Benito Pérez Galdós, alguien a quien Buñuel ponía a la altura de Leon Tolstoi. En “Tristana” volvió a trabajar con Fernando Rey, como el decadente Don Lope, y con Catherine Deneuve. Algún tiempo después, en la famosa reunión en Hollywood en casa de George Cuckor con motivo del Oscar por “El discreto encanto de la burquesía” Alfred Hitchcock, otro multiobseso, le diría una y otra vez: “esa rodilla” en referencia al muñón que lucía Catherine Deneuve.

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    Sobre estas y otras cosas nos hablaba recientemente Manuel Hidalgo, a propósito de su libro "El banquete de los genios":

    

 

 

         Después, ya en Francia, la ya comentada,  "El discreto encanto de la burguesía", con la que conseguiría el Óscar a la mejor película extranjera, y  "El fantasma de la libertad".

 

         Ya en 1977 rodaría la que iba a ser su última película: "Ese oscuro objeto del deseo", película sobre el deseo inalcanzable de un hombre maduro por poseer a una mujer que parecían dos, interpretadas por Carol Bouquet y Ángela Molina por motivos que en realidad sólo Buñuel podría saber, por más que haya muchas teorías al respecto.

Trailer Ese Oscuro Objeto del Deseo (1977)

         Después, ninguna película más. Tan solo sus hermosas memorias, publicadas en 1982 con un título premonitorio: "Mi último suspiro". En ellas, además de decir muchas cosas, algunas, tremendamente divertidas, otras, provocadoras, y  otras, ambas cosas a la vez,  manifestaba su deseo, tras morir,  de levantarse de cuando en cuando de la tumba, comprar unos periódicos, echarles un vistazo, y tras escandalizarse con sus titulares, volverse unos años de nuevo a su tumba.

Mon dernier suspir

         El 29 de Julio de 1983 moría, a la edad de 83 años en Ciudad de México Luis Buñuel Portolés, aragonés, arrogante, provocador, fetichista, ateo gracias a Dios. Católico y burgués, cineasta personalísimo siempre,  escritor, divertido y locuaz, pesimista por naturaleza, amigo de sus amigos y enemigo de la fama y de la información. Amante también, de los buenos cócteles y de una buena conversación, incluso, o aunque fuese, con un cura. Desde entonces, más allá de los sueños y la razón descansa Luis Buñuel. 

Luis-bunuel MAN RAY

 Continuará...

@Gerardo_DDC

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Gerardo Sánchez   26.jul.2013 09:21    

Nickelodeon: el arte del siglo XX visto desde el XXI

Hace unos meses, fruto de mi afán coleccionista, conseguí por fín una película que llevaba mucho tiempo buscando. “Nickelodeon”, de Peter Bogdanovich. O como se estrenó en España, “Así empezó Hollywood”. Ya digo que tras años buscándola, la encontré hace unos meses ¡por fin! en USA.

 

El problema es que estaba en una edición junto a “Last Picture Show”, película que ya he comprado varias veces. La duda me surgió por el hecho de estar en una versión restaurada y en Blanco y Negro, que es como (teóricamente) la pensó Bogdanovich (tiene sentido siendo un homenaje a los pioneros del cine) y materializó Lazslo Kovacs, el director de fotografía. Confieso que la idea de esa copia restaurada me atormentó durante días. Pero también he de confesar que estoy cansado de recomprar los mismos títulos, y aunque Last Picture Show me gusta mucho, (y la he visto en cine decenas, literalmente, de veces, ya no quiero comprarla otra vez.

 

En esas dudas estaba cuando me puse a rastrear los diversos amazones que en Europa hay. Y me encontré una copia editada en Alemania, por ArtHause y Studio Canal, que tiene la película (eso sí, en color, que es como yo la vi en su día) y con idioma y subtítulos en español. Y también la autoría. Estas cosas me confunden y me fastidian enormemente. ¿Cómo siendo una edición internacional no está disponible en España?. Bueno, tardé décimas de segundo en hacer “one click” y tenerla en mis manos apenas un par de días. Esto mismo, una copia internacional (con español) me pasó hace ya casi 10 años con otra película que me gusta mucho y que aún no se ha editado en España: “Mumford” esa comedia “capriana” de Lawrence Kasdan. Me hago con ella la misma pregunta, aunque yo ya la tenga y haya saciado mi sed coleccionista. Por cierto, ¿he dicho ya que me encanta esta película?

 

Volviendo al tema que nos ocupa hoy, “Nickelodeon”, me sirve para, tomando su historia, que sucede desde primeros del siglo XX hasta más o menos cuando el cine es refundado por Griffith, o cuando menos su lenguaje sistematizado, reflexionar sobre la condición del cine como arte y como industria, pero también como esa fábrica de sueños que fue (¿lo es aún?) y desde luego forjadora de mitos imperecederos. Básicamente la película nos cuenta de forma entrañable los duros comienzos de los pioneros, sus guerras por imponer patentes, las guerras de los grandes contra los pequeños, la creación a golpe de intuición muchas veces de un arte que en sus comienzos fue algo eminentemente popular, su lenta pero inexorable transformación en algo mucho más grande, la creación del Star System, el triunfo definitivo de un nuevo arte, mucho más sofisticado de lo que creyeran nunca aquellos que lo estaban forjando, unido de forma inexorable al fin de los “Nickelodeon”, o sea, las pequeñas salas de exhibición con entradas a 5 centavos.

 

 Sus protagonistas: Leo Harrigan, un tipo que es abogado y acaba siendo director de películas, Ryan O´Neil. Buck Greenway, un actorzucho de barraca de feria que acabará siendo una estrella, Burt Reynolds. Además, Tatum O´Neil en aquellos tiempos que nos deslumbraba con su desparpajo, Brian Keith, un pre-magnate del cine, y la “Señora más señorona del oeste” (como la llamaba Cable Hogue en “su balada”) Stella Stevens. Es muy gracioso ver como se forjan los mitos de la pantalla. Y tan gracioso o más ver como el operador le explica a Leo Harrigan lo fácil que es dirigir: “cualquier cretino puede hacerlo”. Luego, para colmo, una muchedumbre reconocerá a los actores, pero no al director (como no puede ser de otra manera). “Yo soy Leo Harrigan, el director”, dirá el personaje que interpreta Ryan O´Neil con su orgullo (o ego) herido cuando le dice ese público entregado que su cara no la han visto en la pantalla. Una mujer dirá “el sólo las hace”. Una frase definitiva y concluyente. Luego llegó la teoría del cine de autor para poner las cosas en su sitio. Para bien, pero también para mal. Según de quien hablamos.

En definitiva, el cine ha pasado a lo largo de su historia por muchas y variadas crisis. Siempre, en cada una de ellas, se le dio por muerto. El paso del mudo al sonoro, la llegada de la televisión, luego el video... y últimamente, la piratería, y un nuevo orden, o desorden si se quiere, de cosas, que han hecho que todo el entramado industrial bajo el que el cine ha funcionado con ligeras modificaciones durante casi un siglo, se tambalee mucho más que seriamente. Si además no existe realmente un industria sólida, como es el caso de España, y el IVA no ayuda, sino que es una piedra en el zapato, pues tenemos lo que tenemos.

Pero por esas cosas, aunque sea de otras formas, ya han pasado otros antes, como nos lo contaba Peter Bogdanovich en "Nickelodeon", título que tenía que ver con el precio, sin duda popular de las películas en aquellos tiempos. Eso si es diferente ahora. Además, en aquellos tiempos, el cine, mudo, permitía ser un espectáculo de masas para todas aquellas personas que llegaron a América y no conocían el idioma. Me doy cuenta que con ligeras diferencias y modificaciones, el entramado industrial gracias al cual se hacen películas, es básicamente el mismo desde hace un siglo.

En un momento dado, en la película, los personajes asisten a la premiere de "The Clansmen" que es como se llamó originalmente "El nacimiento de una nación", la película de David Wark Griffith. Eso fue en 1915, el 8 de Febrero si atiendo a los datos que ahora son tan fáciles de conseguir en internet.  Durante la proyección, el incipiente director Leo Harrigan se queda sin habla. Acaba de entender lo que va a se el cine como lenguaje y espectáculo. A la salida, el personaje de Brian Keith, H. H. Cobb, que aba de atisbar lo que va a ser el cine en adelante, como espectáculo y como negocio dice 2Los Nickelodeon, los cines de 5 centavos tienen los días contados. Desde hoy, grandes películas, largas, con grandes historias y grandes salas de cine para verlas". Tenía razón, lo que pasa es que el modelo creado más o menos en aquella época, y que ha sobervivido con cambios más o menos para ir adaptándose, pero que sigue siendo básicamente el mismo, hace literalmente aguas en ese siglo XXI del que llevamos ya 13 años.

Hacen falta ya visionarios como aquellos, porque, el problema, es que el siglo XXI llegó hace tiempo con sus propias reglas. Sobre esto seguiremos reflexionando una y otra vez, las veces que haga falta. Mientras, me pregunto de nuevo porqué, Nickelodeon, que aquí en España se título "Así empezó Hollywood, en castellano y con subtítulos, no está editada en nuestro país y si, curiosamente, en Alemania en edición internacional. De forma que quien quiera puede conseguirla sin grandes dificultades y descubrir (o corroborar) dos cosas: la primera que el cine es un arte sustentado en un importante entramado industrial, entonces y ahora. Y la segunda es que es un oficio eminentemente romántico. Para los más exigentes, la copia disponible en Estados Unidos, añade la versión de la película en Blanco y Negro, tal y como la ideó su director, Peter Bogdanovich. Creo que no voy a ser capaz de resistirme.

Continuará...

@Gerardo_DDC

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Gerardo Sánchez   24.jul.2013 12:43    

Cuaderno de bitácora: Días de Cine, año 22.

No, esto no es Star Trek, aunque tengamos en el programa tambien muchos seguidores.

Llevaba días queriendo escribir algo a modo de reflexión sobre esta temporada que termina, la 22. Aunque el programa sigue todo el verano (en formato reducido, que somos los que somos, y llegamos a donde llegamos), lo cierto es que podemos dar como terminada la 22 temporada de Días de Cine. Por esas cosas de la programación de las cadenas, las temporadas televisivas empiezan oficialmente el 15 de septiembre. Nosotros, que somos unos raras avis daremos comienzo oficialmente al curso en esa fecha (o la que diga RTVE) pero sentimentalmente siempre lo haremos el 6 de octubre, que es el día en que se cumplirán 23 años este 2013 de la primera emisión de Días de Cine. Para quienes no tuvieseis ocasión de verlo, os dejo el reportaje especial que hicimos con motivo de los 20 años de programa, que, cosa curiosa, ocurrió un 6 de octubre jueves.

20 años de Días de Cine

En Días de Cine sabemos que somos un programa pequeño (de presupuesto) pero grande de inquietudes y expectativas. También sabemos que para mucha gente del cine es muy importante nuestra presencia, y así su presencia en nuestro programa. Ello sólo hace que actuemos con responsabilidad. No somos ni queremos ser en primera instancia una especie de gurús creando tendencias y diciendo lo que vale o no vale. Sé que al escribir esto algunos pensarán que no es así, o que no debería ser así. Y sé además que muchos de otros medios creen realmente que actúan así y que es así como ha de actuarse. Yo sin embargo creo que si pensásemos que es así como debemos actuar estaríamos haciéndolo mal, primero porque es solo podrá hacerse cuando se hacen las cosas bien, o sea, siendo rigurosos. Dicho de otro modo: nuestro trabajo de cada semana solo tendrá sentido y podrá tener alguna relevancia en ese sentido si lo hacemos con humildad y profesionalidad.

 Yo soy de los que creen que hacer una crítica “destroyer” por defecto es muy fácil, (mucho más fácil que una crítica razonada) y desde luego el camino más sencillo para tener aluvión de fans. Sin embargo, me consta que Días de Cine tiene un gran número de fans. Tengo que pensar en esto. Esta temporada hemos tenido menos sobresaltos que otras. Bueno, salvo si no entramos a considerar el eterno tema del horario del programa, con el cual, sigo discrepando. No voy a dar ahora la lata con esto, pero cada vez hemos ido más tarde, y por consiguiente cada vez no ha visto menos gente en la emisión del jueves. Tenemos espectadores muy fieles, pero los héroes no existen, y la gente (aunque haya 6 millones de personas sin trabajo en España) tienen que dormir a una hora razonable.

 

 

Lo bueno es que nuestra página web (www.rtve.es/diasdecine) es muy visitada. De hecho tras insistentes pesquisas logré saber un dato que llevaba tiempo persiguiendo: en lo que va de año, los usuarios únicos de la web de Días de Cine son 1.000.000. Lo pongo en número para que tenga más empaque. Es una cifra muy respetable. Debo decir que cuando yo llegué a la dirección de Días de Cine, en enero de 2009, el programa no tenía presencia en Internet más que por los reportajes que algunos fans del programa habían puesto para descarga. Estaba claro que había que poner en marcha una página web, y hubo que insistir mucho. De hecho, y no quiero molestar a nadie, pero es así, si la página web empezó a funcionar al poco tiempo fue por mi insistencia personal en que había que ponerla en marcha “ya”, sin esperar a un siempre futuro portal de cine de TVE (que aún estamos esperando) dentro del cual estaría alojada la página del programa, y desde luego, también por la colaboración de Jesús Jiménez, “nuestro hombre en la web” quien creyendo en la oportunidad dejándose llevar por mi insistencia, hizo posible que se pusiera en marcha. Ese mismo año, ambos presentamos la web del programa en el Festival de Sevilla. Esto se lo debemos agradecer a ese buen tipo que es Javier Martín Domínguez, por aquel tiempo Director Artístico del Festival. No voy a negar que nuestra página web tiene muchas cosas mejorables, poero tambien tiene un archivo impresionante de reportajes y programas.

programas anteriores

reportajes

 Me gustaría poder actualizarla no en función del programa que hacemos, o sea de la emisión de los jueves por la noche, sino en función de los contenidos que podemos generar día a día y a los que tenemos acceso. Es complicado. Nuestra redacción no anda sobrada de personal, y hacer televisión (que es lo que hacemos) es muy divertido, pero también es mucho más complicado (no digo que sea más “guay”) que hacer radio, escribir para un periódico, una revista, un blog o una web. De modo que nuestros esfuerzos en el día a día se centran forzosamente en hacer el programa. Hay que hace entrevistas, escribir, recopilar materiales, digitalizarlos o ingestarlos al Avid, leer, montar, sonorizar, mezclar, rotular. Por cierto, que me corrijan si me equivoco (que no me equivoco) Días de Cine es el único programa de televisión española en el que los redactores montan “de la a a la z” sus reportajes. Eso, que es muy gratificante, es un trabajo adicional. Poco después de poner en marcha la web “de aquella manera” pensé que también era llegado el momento de estar presente en eso que se llaman “redes sociales”. Lo primero fue crear un perfil en Facebook.

Días de CIne en Facebook

Hoy lo siguen casi 30.000 personas. Como quien alimenta ese facebook es básicamente mi persona, (aunque he dado mucho la lata a la gente del programa para que “participen”) y tengo muchas cosas que hacer, tardé un tiempo en crear una cuenta del programa en Twitter (@DiasDeCine). Lo hice finalmente ante la insistencia de un seguidor del programa. Y debo decir que es un éxito, con 15.460 followers a fecha de hoy.

Días de Cine en Twitter

Creo que tras “Redes”, la que más de la 2 (que perdonen si me equivoco). Además, diversos blogs del programa permiten dar rienda suelta a la incontinencia verbal de alguno de sus miembros. Digo esto con tanta vehemencia para ver si convenzo a los que tienen cuenta, y la usan poco, Raúl Alda y Alberto Bermejo, de usarlo más. Yo, a la vista está, no lo desatiendo.

Blogs Días de Cine

También falta que se sumen los demás. Creo que potenciaría mucho el programa. O sea, que lo que quiero decir es que para bien o para mal, en ese 2013, Días de Cine es ya algo más que un programa de televisión, habiéndose convertido, ¿puede decirse? en algo así como una franquicia. Lo que se publica en Facebook va directamente a nuestra web, y a la vez, al twitter. Lo que se publica en los blogs va directamente a nuestra web, y además lo publicamos en Facebook. Peo no me negareis que nada de esto tiene sentido sin un contenido que ofrecer. Y en esas estamos. Cada semana tratamos de elegir los mejores contenidos para ofrecer. Estrenos, claro, aunque el mundo del cine con su ritual de estrenos en sala haya cambiado de forma radical desde que Días de Cine se asomó por vez primera a la pantalla hace casi 22 años. Pero también, y eso creo que nuestros seguidores lo saben bien, entrevistas, noticias, y reportajes de esos que si se me permite decir, no se ven mucho por ahí. Los estrenos son fáciles, los dicta el calendario y la agenda de las distribuidoras. Lo otro, los reportajes que me gusta pensar son “marca de la casa” (o marca DDC como está de moda decir ahora), surgen de mil ideas, fechas, aniversarios, obituarios (demasiados siempre, y es una pena) o el síndrome “aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid”, o sea, porque realmente queremos hacer cosas que nos gustan y nos apasionan. Como muestra: tres botones hechos en diversas circunstancias: Entrevista, Obituario, y Reportaje "de fondo"

 

 

 

 

A fin de cuentas no tiene sentido, al menos para mí, hacer algo en lo que no crees, o no poner todo lo que puedes para hacer lo que tienes que hacer de la mejor forma posible. Esto es algo Hawskiano, o me gusta pensar que lo es. En este tiempo de programa corto el programa cambia necesariamente de formato. Además, la mitad del equipo está de vacaciones. Pero hay cosas que si puedo prometer. La semana que viene, ofreceremos un reportaje sobre Luis Buñuel con motivo del 30 aniversario de su fallecimiento, el 28 de Julio de 1983. Raúl Alda lo acaba de terminar, y para ello ha contado con una entrevista exclusiva que hicimos el pasado año a Jean-Claude Carriere. A finales de julio, haremos un homenaje a un cineasta puro como pocos: Jean Pierre Melville. Virginia García esta pegándose con todo el material. Seguro que queda estupendo. Tambien ofreceremos en agosto un reportaje sobre el cine Low Cost que está haciendo mucha gente en España. Muy interesante y sorprendente. También por Raúl Alda. Y tras el reciente periplo de Alejo Moreno en Los Ángeles ofreceremos otro sobre cineastas españoles, jóvenes y no tan jóvenes, que han decidido probar suerte en Hollywood dado el panorama de la industria (y por tanto de las oportunidades de trabajo y éxito) que hay en España. Y para la temporada que viene, ¿Qué puedo decir?. Prometo que toda la gente del programa lo haremos lo mejor que podamos. Y más aún (o “and beyond” que decían en 2001). Que trataremos de dar una vuelta más para reinventar lo que haya que reinventar. Que lo que funciona siga funcionando, y que lleguemos a aquellas cosas a las que puede que a veces nos cueste llegar. ¿Quién sabe? Quizás haya sorpresas en Días de Cine la próxima temporada. Una cosa si puedo decir, tenemos la misma ilusión que siempre, aunque las cosas, no voy a engañar a nadie, no están precisamente bien. Pero afrontamos la 23 temporada, esa en la que el programa cumplirá, allá por Mayo de 2014, sus 1.000 emisiones. Algo haremos, lo prometo. Yo, como soy un optimista nato, creo que como decía la canción, “the best is yet to be”.

 

Continaura…

@Gerardo_DDC

Gerardo Sánchez   18.jul.2013 13:09    

Un post muy pop

Hoy recordaba junto a mis amigos Antonio Moreno y Alberto Bermejo (que andan con una entrevista a cuenta del cine “pop” español, para un programa que se emitirá antes de fin de año y que será una maravilla, seguro), aquel final de aquella película de los Bravos que se llamó “Dame un poco de amoooooooor”, por la canción “Bring a Little lovin´”. Una joya, por cierto, de ese pop español que no se mereció su escasa presencia en el panorama internacional (pero esa es otra historia y no es para hoy)

 

Todo el mundo da por hecho que Richard Lester es el inventor del cine “pop” con sus películas con los Beatles. “A hard day´s night” y “Help!” Tambien está más o menos establecido como oficial que eso que conocemos como “videoclip” surgió de las secuencias musicales de esas películas. Luego, claro, hubo otros acercamientos.


El mismo Antonioni firmó una de las cumbres del cine pop, aunque dada su condición de autor, fue, claro, algo más “Blow up”, con aquella fantasmagórica aparición de los Yarbirds tocando “Stroll On”, una especie de auto-versión de “Train Kept A-Rollin'. ¡Qué buenos recuerdos me trae esa película maravillosa, llena de silencios asfixiantes y con esa secuencia antológica.

 

Pero a lo que iba. “Bring a Little Lovin´” es una de esas canciones fantásticas que grabaran Los Bravos en Londres.

 

Esa canción dio título a su segunda película. La primera, “Los chicos con las chicas”, estaba firmada por Javier Aguirre.

 

Esta segunda, también hecha a imagen y semejanza de las de los Beatles, estaba firmada por José María Forqué. La película está editada en DVD por Divisa, de modo que aconsejo a cualquiera que la vea. No solo las canciones son estupendas (la historia, no voy a engañar a nadie, es una tontería), sino que en la película hay unas secuencias animadas que son de lo mejor que el pop ha dado al cine, no solo dentro de nuestras fronteras, sino de todo el mundo. 

 

Aquellas secuencias, que hoy siguen asombrándonos, las firmó Francisco Macián, a quien también debemos aquellos dibujos con los que nos invitaban a ir a la cama la familia Telerin (Ojo, en TVE).

 

 Aquella técnica la bautizó el español que fue Francisco Macián como  Technofantasy, técnica que tras ser adoptada por el cineasta americano Ralph Bakshi para su adaptación animada de “El señor de los anillos” se conoce en el mundo entero como “Rotoscopia”.

 

No quiero dejar de hablar en esta “popentrada”, que no “postentrada”, de la joya del cine pop español: “1, 2, 3 al escondite inglés”, de Iván Zulueta. Este si que era “pop” de verdad, a diferencia de Javier Aguirre y José María Forqué. Y esa película queda como el brillante retrato musical de una época que incluso en España fue irrepetible.

 

 

 

¿Sabéis cual es la diferencia entre España y otros países “de nuestro entorno”?. Pues además de que el ejercicio de la dimisión y la transparencia en la política no se nos da igual de bien, en cualquier otro país, USA, Reino Unido, Francia… esta película sería conocida masivamente, habría conocido una edición en DVD y Blu Ray como se merece.  Pero España... ha sido y es diferente. Ya me lo estoy imaginando. Un jugoso digipack, lleno de fotografías y diseños de Iván Zulueta, con una copia restaurada en un color maravilloso, y por supuesto con la fabulosa Banda Sonora de la película, que es, si me permitís decirlo (como diría Sam Goldwin) en dos palabras: Impres- Cindible.

Aún confío en que España algún dìa será como  creemos que debería ser. Como decía otro, “Puedes pensar que soy un soñador, pero no soy el único”.

 

Continuará…

@Gerardo_DDC

Categorías: Cine , Directores , Música

Gerardo Sánchez   17.jul.2013 10:12    

La educación sentimental

Siempre me ha parecido que la novela de Flaubert tenía un titulo maravilloso. ¡ y qué razón tenía ¡.

 

Education_sentimentale_flaubert
 Las cosas que nos pasan cuando nos tienen que pasar para que nos dejen huella, o sea, en esos años de formación, pasan a formar parte de nuestra “educación sentimental”, que en realidad es eso que nos hace ser personas. Un día de estos aprenderé a no hacer digresiones al comienzo de un post, o dicho en lenguaje llano, a no andarme por las ramas e ir al grano. Por otro lado, creo que si es pertinente hablar de la “educación sentimental” para lo que voy a contar hoy.

Cada día, mientras comemos la gente de Días de Cine, entre bocado y bocado, entre plato y plato, mientras tratamos de solucionar los males que aquejan a este mundo (cosa que solemos conseguir con esfuerzo, lo que pasa es que nada más levantarnos de la mesa, el mundo vuelve a hundirse) hacemos una especie de cineforum continuo de perfil bajo. Nada de grandes frases, ni tono engolado. Ayer recordábamos una de esas películas que forman parte de mi educación sentimental (ya salió el porqué): “El joven Edison”, retrato de la adolescencia del joven inventor, interpretadao pro Mickey Rooney y dirigida por Norman Taurog.

 

Esta es de esas películas que veíamos en lo que se llamaba “sesión de tarde”, los sábados a las 4 de la tarde por “la primera cadena”. O sea, lo que ahora conocemos como “La 1”. Hace muchos años que no la veo, pero tengo un recuerdo imborrable de ella. Recuerdo momentos nítidamente. En aquellos tiempos, siendo yo niño, ni se nos ocurría decir que tal o cual película la había dirigido tal o cual señor. A mí no, desde luego. Aquella era una película de Mikey Rooney. Y punto. Y bien estaba. Recuerdo de aquellas sesiones de tarde algunas maravillosas películas, algunas de las cuales luego vi en el cine, fundamentalmente en la Filmoteca Nacional y que luego conseguí en DVD para aplacar la sed de nostalgia.

 

Siempre he pensado que yo hubiera dado lo que fuera por haber podido trabajar en alguna de aquellas películas: “Capitanes intrépìdos” (La película favorita del recientemente fallecido Elías Querejeta”, “Adios Mr Chips”... en fin, muchas películas que salían de la fábrica de sueños sin otra intención que entretener. Lo que pasaba es que además, eran grandísimas películas. Me gustaría pensar que ahora se hacen las películas pensando en que se hacen grandes películas, y que lo que se quiere es que la gente se entretenga además. No se yo…

 

Por cierto, ayer tarde, cuando salí de trabajar, hice una de mis incursiones semanales “físicas” (otras son virtuales) y compré “El joven Edison”. De Mickey Rooney. Norman Taurog “solo la dirigía”, como decían en Nickelodeon. Luego hubo otra película, una continuación: "Edison the man", pero esa es otra historia.

 Continuará… @Gerardo_DDC

Categorías: Actores , Cine , Directores , Libros

Gerardo Sánchez   10.jul.2013 12:19    

Dias de Cine

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Días de Cine comienza su temporada 22. A partir del 6 de Octubre, entraremos en el año 23 DDC. Esto se debe a que el programa comenzó su emisión un 6 de Octubre de 1991. Como decía una película: "Hace mucho tiempo, enuna galaxia lejana, muy lejana".
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