« ¿Qué significa 'nosotros' para Mitt Romney? | Portada del Blog | Las ruinas de una casa de baños, una cámara gigante, el vuelo del albatros... »

La pared de muertos de Verónica de Jesús

Escaparate de Dog Eared Books [Foto: Jose Ángel González]

San Francisco es una ciudad de buenas librerías. Intenté explicar en otro lugar de este blog la fascinación que siento por algunas y la sorpresa de haber encontrado aquí lo que en España ha dejado de existir por nuestra grandísima culpa: un mercado barato y amplio de libros usados que sustente la cadena de milagros de la letra que, de tanta mano que la sostiene, nunca muere.

Una de las primeras librerías que se cruzó en mi camino, unos días después de la llegada, fue la de la foto.

Tenía los sentidos presos por la mordaza del jet lag y el descarrío del recién llegado y no me dejé seducir por la elegante casa de trazo victoriano en la esquina de Valencia con la Avenida 20, ni por el singular nombre del establecimiento: Dog Eared Books. Tardé meses en conocer la traducción: libros con orejas de perro son aquellos que, de tanto circular por propietarios y destinos, terminan combados, con sus cubiertas y páginas dobladas en una feliz y flaccida vejez, perdida para siempre la rigidez inicial, la artritis juvenil. Todos tenemos un libro con orejas de perro en casa y quien no lo tenga no sabe nada sobre la parte luminosa de la existencia.

Detalle del escaparate de Dog Eared Books [Foto: Jose Ángel González]
El magnetismo inicial de la librería sobre mí llegó desde la zona derecha del escaparate: una pared de muertos, decenas de dibujos-obituario realizados en una humilde cuartilla blanca y con no menos modestos materiales (bolígrafos de colores, rotuladores y, aquí y allá, leves manchas de acuarela).

Porque soy de los que guardan recortes de prensa con las notas mortuorias dentro de los libros, discos o películas y me gusta cuidar con mino a mis cadáveres preferidos, la cristalera con los dibujos necrológicos me cautivó. Aquella primera vez y todas las demás he dedicado algunos minutos, con la cortesía de quien recorre las lápidas de un cementerio, a repasar el catálogo de muertos.

Encontré a personas muy importantes para mí (el pobre David Foster Wallace, cuyo suicidio sentí como el de un hermano; Alex Chilton, que cantó una de las canciones de mi vida; el jinete negro de la redención, Johnny Cash...) y otras cuyo tránsito sólo me afectó por la bronca del falso duelo mediático (Michael Jackson y J.D. Salinger, por ejemplo).

Alex Chilton [Dibujo: Verónica de Jesús]

Con el tiempo me he enterado que la pared de muertos es cosa de Verónica de Jesús, que llama a su proyecto memorials (monumentos) y se dedica a renovarlo una vez a la semana, cada viernes por la tarde.

La artista, que vive en Oakland, ha editado un primer volumen con los dibujos, Hello Now from Everywhere, y está a punto de editar el segundo. 

Amy Winehouse [Dibujo: Verónica de Jesús]

 En el texto que acompañará el nuevo libro, Regina Clarkinia -que está casada con De Jesús-, dice que estos dibujos de acabado naíf convierten a los muertos en ancestros de todos nosotros resaltando, más allá de la fama o el alcance público de cada personaje, su figura como trazo único e irrepetible, como las líneas de la mano.

La pared de muertos de Dog Eared Books es una de esas pequeñas maravillas que hacen a esta ciudad única, virtuosa, sopresiva...

0 Comentarios

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Jose Ángel González


Crónicas vitales de un periodista español emigrado a la Bahía de San Francisco, en California, el estado con mayor presencia de latinos e hispanohablantes de los Estados Unidos.
Ver perfil »

Síguenos en...

Últimos comentarios