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Del campo de 'recolocación' al 'cosplay'

[Foto: Jose Ángel González]

Los japoneses-estadounidenses (japanese americans y nikkei beikokujin, les llaman en inglés y japonés) son un grupo étnico minoritario en los EE UU: hay menos de un millón y medio, incluyendo a los que proceden de familias mixtas formadas con otras razas. La mayor parte de ellos, unos 400.000, reside en California. En San Francisco hay unos 12.000 vecinos con algún porcentaje de ADN japonés en el código.

Aunque sean pocos, los japoneses se hacen notar. Lo suyo no es la opacidad confuciana.

La primera vez que vas a la Japantown de San Francisco, todo te parece tan cool como un baile de neones en la noche: buen sushi, edificios levantados según las leyes estéticas del silencio de los volúmenes -aunque los carteles oficiales desequilibran el satori al advertir que en la construcción fue utilizado asbesto, material cancerígeno-, quimonos de seda, cabinas de pikapika para hacerte las fotos más horteras de tu vida, mucha quincallería pop...

Aunque el brillo se mitiga cuando consultas las etiquetas con los precios, con excepciones limitadas a propietarios de saldos muy bien saneados, la zona es divertida y quizá te alegre la tarde una pandilla de cosplayers jugando a ser héroes.

[Foto: Jose Ángel González]
Resulta sobrecogedor pensar en la alta probabilidad de que los abuelos de estos adolescentes disfrazados de personajes de mangas, animes y videojuegos hayan estado encerrados durante toda la II Guerra Mundial en los campos de prisioneros en los que EE UU recluyó a la fuerza a 110.000 japoneses-estadounidenses de la costa oeste del país, al considerarlos peligrosos tras el ataque de Japón a Pearl Harbour y la consiguiente declaración de guerra.

La consigna de aquellos tiempos era: "A Jap's is a Jap" (Un 'japo' es un 'japo'). La pronunció nada menos que el teniente general John L. DeWitt, administrador del programa oficial de internamiento y arengador de la caza del amarillo: "No quiero a ninguna de esas personas [c0n ancestros japoneses] aquí. Son elementos peligrosos. No hay forma de comprobar su lealtad, aunque sean ciudadanos estadounidenses, son japoneses".

Algunos diarios hablaban con menos retórica. Los Angeles Times editorializó: "Una víbora es una víbora, sin importar donde se abra el huevo. De la misma manera, un japonés-estadounidense, nacido de padres japoneses, se convierte en un japonés, no en un estadounidense".

[Campo de 'recolocación' de Manzanar]
Los japoneses recolocados  -eufemismo elegido para evitar mencionar la verdad: se trataba de prisioneros-  eran en su gran mayoría (un 62 por ciento) ciudadanos estadounidenses. Se les internó en más de una decena de campamentos ubicados en lugares aislados, custodiados por militares y rodeados de alambre de espinos y otras medidas de alta seguridad.

El gobierno costeó una campaña publicitaria -que incluía este grosero cortometraje- para convencer a la opinión pública de que era necesario el confinamiento, la anulación de derechos sin delito previo ("ser japonés es un delito", opinaba DeWitt), el atropello de la dignidad y otras iniquidades morales y quebrantos de la legalidad.

Todo aquello ha sido barrido por la arena del tiempo. También la memoria de las dos bombas atómicas lanzadas por este país sobre población civil de Japón.

En San Francisco, uno de los primeros lugares de los EE UU donde se estableció una colonia japonesa (en 1873 vivían aquí 68 hombres, 8 mujeres y 4 niños), el punto central de Japantown -la ciudad japonesa más antigua y grande del país- se llama Plaza de la Paz y contiene una pagoda muy fea que sólo sirve como hito para marcar la ubicación del centro comercial (promovido por los grandes almacenes Kintetsu) al que se reduce Nihonmachi, nombre en japonés de la zona.

No esperen encontrar en Japantown un pequeño Tokio, pero tengan claro que cualquier accesorio de Hello Kitty estará disponible si les alcanzan los dólares.

[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]

1 Comentarios

Saludos. Me llamo Elena Rivera, locutora de radio Kimochi. Me gustaría contactar algún cosplayer para realizarle alguna entrevista. Muchísimas gracias.

Elena Rivera
Locutora

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Jose Ángel González


Crónicas vitales de un periodista español emigrado a la Bahía de San Francisco, en California, el estado con mayor presencia de latinos e hispanohablantes de los Estados Unidos.
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