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Santuario mundial de los tranvías

 

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Quizá la idea dominante en el exterior es que los tranvías de San Francisco no son eléctricos, de los que usan catenarías, sino de tracción por cable: una deliciosa anacronía reservada a turistas con ganas de deslizarse cuesta abajo montados en el estribo de un vehículo de madera del siglo XIX, un medio de transporte de escasa utilidad práctica para la movilidad urbana diaria.

Algo de eso hay: la ciudad es la única del mundo junto con Nueva Orleáns con líneas de tranvías cable (cablecars) activas: tres, que sirven sólo como atracción a los visitantes y utilizan coches declarados patrimonio histórico (el parque móvil es de sesenta), unidos a un potente motor central de 510 caballos de potencia.

Pero San Francisco es también el santuario mundial de los tranvías eléctricos (trolleys) para el transporte de viajeros.

Desde los años sesenta, la empresa pública San Francisco Municipal Railway, a la que todos conocen como MUNI, se ha dedicado a hacerse con los tranvías deshechados por otras ciudades del mundo, restaurarlos y devolverlos a su diginidad original, que sólo puede desarrollarse sobre los raíles y acarreando personas allá a dónde quieran o necesiten ir y no en un museo o soportando la intemperancia de los domingueros.

Lo primero que cautivó mi corazón cuando llegué a esta ciudad no fue la luz de cromo de los días soleados, la violencia de las nieblas imprevistas que se desprenden del Pacífico y huelen a novela de Joseph Conrad o las casitas europeizante de colores pastel y volutas victorianas. Mi primer amor en San Francisco iba sobre ruedas, estaba pintado de amarillo, avanzaba por la calle Market con una sinfonía de chirridos, vibraciones metálicas y timbrazos y tenía un no se qué gótico en la silueta de nave espacial retrofuturista.

  [Foto: Jose Ángel González]

Tras el poderoso pasmo inicial -un tranvía es evocación pura, un puñetazo contra el progreso fundado en el chip, un viva a la limpieza de la maquinaria, un poema futurista en movimiento-, puedes comprobar como cada uno de los vehículos es de su padre y de su madre: rojo, azul, naranja, verde, violeta..., todos contradictoriamente distintos en estos tiempos en los que prima el color corporativo entendido como el poder es mío según el metalenguaje de los iconos.

Luego caes en otra de las particularidades de esta red de paradojas: los tranvías lucen logotipos de otros lugares. Pueden ser de Milán, Dallas,Chicago, Nueva York, Boston, Los Ángeles, Zúrich, Hiroshima, Melbourne, Detroit, México DF, Minneapolis, Toronto...

Los casi 50 vehículos históricos que tiene en uso la ciudad (en la Línea F del MUNI, que circula a lo largo de la calle Market, el eje que vertebra la ciudad, desde Castro, el barrio gay, hasta Fisherman's Wharf) han sido remodelados con respeto exquisito en el interior, pero no adaptados al diseño y color del MUNI en el exterior. Siguen teniendo el mismo traje que cuando sirvieron con nobleza a los ciudadanos de otros lugares.

En una muy curiosa decisión -no imagino a ningún alcalde español resistiéndose a apropiarse de los tranvías vistiéndolos con los colores locales-, los viejos trolleys de San Francisco mantienen el aspecto con el que circularon en sus primeros destinos. La Línea F se convierte así en una especie de demostración práctica del error de condenar al desguace a un medio de transporte que no sólo funcionó, sino que puede seguir funcionando (en este mapa puede verse en directo dónde está cada tranvía en cada momento y coordinar tus movimientos por si te entra el capricho de montarte en uno u otro modelo).

  [Foto: Jose Ángel González]

MUNI, la séptima empresa de transporte de los EE UU por número de viajeros (200 millones al año), es una de las agradables sorpresas de esta ciudad. Das por supuesto que el transporte público en el país es malo o inexistente y encuentras una red de 75 líneas y un millar de vehículos -casi todos limpios, de cero emisiones- que te traslada a cualquier rincón de San Francisco durante las 24 horas.

La velocidad no es la mejor -la media no llega a los 20 kilómetros por hora-, la salud de la flota deja bastante que desear -el 70 por ciento de los vehículos tiene fallos graves de mantenimiento, corrosión y ¡frenos! (en la ciudad donde algunas calles no desmerecerían como puertos de montaña de categoría especial en el Tour)-, las finanzas agregan incertidumbre a la ecuación -el déficit es creciente y rondó los 29 millones de dólares (21,7 millones de euros) a finales de 2011-, estudian planes de despidos en la plantilla -2.200 trabajadores-...

El transporte público es casi tan utilizado como el privado en San Francisco (36 por ciento frente a 34) y las tarifas son razonables: 2 dólares (1,5 euros) por viaje con derecho a una hora y media de márgen para cambiar de línea de autobús, metro o tranvía. (Recomendación a visitantes: no opten por el abono. Es preferible comprar el billete a los conductores, que tienen discrecionalidad -el tique es manual- a la hora de fijar el límite del transfer y casi siempre alargan el tiempo, sospecho que por buena voluntad o por fastidiar a la empresa y su política de despidos y recortes).

Sé que puede parecer un poco frívolo reivindicar la belleza de viajar en un tranvía vintage con rótulos en italiano, pero, a la hora de elegir el modo de moverme, comparto la idea enunciada por Marlon Brando interpretando, con una camiseta tres tallas más pequeña, al bruto Stanley Kowalski en Un tranvía llamado deseo: ¿Recta? ¿Qué entiendes por recta? Una línea puede ser recta, o una calle, pero ¿el corazón de un ser humano?

[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]

3 Comentarios

casi huelo el aroma de los tranvías. preciosas fotos para un buen articulo.

Como un enamorado de los tranvías, hecho de menos los tranvías de las series que circulaban en los años 60 por Madrid, agradezco un artículo como el tuyo que me ha descubierto algo que desconocía de San Fco. Un saludo afectuoso y muchas gracias.

Por cierto, olvidé decir que las fotos me parecen bastante buenas, artísticas y creativas, con personajes geniales. Un saludo.

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Jose Ángel González


Crónicas vitales de un periodista español emigrado a la Bahía de San Francisco, en California, el estado con mayor presencia de latinos e hispanohablantes de los Estados Unidos.
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