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Zodiac y yo

[Foto: Jose Ángel González]

Elegí emigrar a una ciudad que es un mito, San Francisco. El riesgo era grande porque es menos doloroso que te rompan la nariz a trompadas a que te rompan un mito, pero pude elegir destino, lo cual es un rarísimo privilegio en esta época de órdenes de obligado cumplimiento.

Dices "San Francisco" y el sistema de sonido del alma dispara la letanía: Dashiell Hammett, Jack Kerouac, el último concierto de los Beatles —que nunca supieron tocar en directo hasta que se odiaban tanto entre sí que no valía la pena ponerse con cancioncitas—, el Último Vals de The Band —que sonaban como ángeles iluminados por el santoral completo—, los terremotos, el Golden Gate, el LSD, los hippies...

No crean que vine buscando el resto de un pasado con el aroma triunfal de las hemerotecas y el resbaladizo verdín de los homenajes. Nunca entro en una iglesia por la fachada y conocía, fiel al axioma taoísta de que la verdad está en la suma de la luz y la sombra, algunos de los pecados de la ciudad y las peripecias de algunos de los mayores pecadores.

También llegué a San Francisco acompañado de monstruos. Dos de ellos habitarán siempre mis pesadillas y los rincones de mi morbosa curiosidad: el prófeta torvo Charles Manson, que cautivó en las praderas del Panhandle a quienes se convertirían en sus muchachitas asesinas, y El Cuervo Jim Jones, líder fanático del Templo del Pueblo, que tuvo una de sus mayores congreciones en la ciudad —donde era admirado y apoyado por personajes con tan buena fama hollywoodiense como el concejal gay Harvey Milk—, antes de que Jones, definitivamente enloquecido y paranoide, se llevase a sus fieles a las selvas de Guyana,  para hipnotizar a más de novecientas personas que bebieron Kool-Aid con cianuro.

Aterrizas en una ciudad y necesitas oler la ropa sucia, comprobar el alcance de la mancha en el pañuelo, abrir la cicatriz y cerciorarte de la supuración...

[Dibujo policial del disfraz utilizado por Zodiac en uno de los crímenes]

El tercero de mis arácnidos de San Francisco no sólo es temible por su ferocidad —cinco asesinatos atribuidos por la policía entre 1968 y 1969 y 37 más en grado de sospecha entre 1966 y 1981—, sino porque carece de facciones: Zodiac, el asesino nunca capturado ni identificado que más pavor despertó en el área de la ciudad y sus contornos.

Hay algúnos retratos robot; las vagas descripciones de los escasos testigos a los que dejó con vida, que hablan de un hombre de movimientos "pesados" (cuando tenemos miedo encontramos el adjetivo correcto a la primera); el bosquejo del atuendo que utilizó en uno de los ataques: una capucha de verdugo con agujeros para los ojos, un babero negro con el símbolo reticular que utilizaba como firma; varios libros inspirados en el sujeto y unas cuantas películas sobre el caso. Dos, ambas rodadas en San Francisco, son inolvidables: Harry El Sucio (Don Siegel, 1971), donde el policía Harry Callahan (Clint Eastwood) hace papilla el Código Penal para detener a un maníaco, y Zodiac (David Fincher, 2007).

Había visto las dos películas antes del brinco de casi 10.000 kilómetros entre España y San Francisco. La de Fincher abrió mi apetito por el libro en el que está basada, Zodiac, que nunca ha sido traducido al español. Lo escribió, en un estado de febril neurosis, Robert Graysmith, que trabajaba como caricaturista político para el San Francisco Chronicle, se prendó del caso y dedicó varios años a una investigación que le costó un matrimonio y bastantes amenazas —llamadas anónimas de Zodiac incluidas, asegura— pero, con el tiempo, le convirtió en millonario.

No había pensado en comprar el tomo en inglés (¡hay tanto que leer en esta ciudad-literaria y de infinitas librerías!), pero lo encontré en una acera, abandonado entre otros libros de los que ni siquiera me acuerdo. Mi ejemplar de bolsillo de Zodiac fue mi compañero de insomnio durante días. En la foto que aparece en la apertura de esta entrada no sólo retrato el lugar de la reclusión, mi lado de la cama, sino también la única luz admisible para leer sobre la muerte dictada por el azar de asesino sin pauta ni patrón: la lámpara halógena de luz dirigible, de ráfaga cerrada pero exacta como un arma de fuego.

[Carnet de conducir de Arthur Leigh Allen, principal sospechoso de ser el Zodiac]

¿Conclusión? Ninguna, desde luego, en lo que se refiere a la identidad de Zodiac —han sido señalados varios sospechosos, entre ellos un miembro de la Familia Manson y un colaborador de prensa contracultural hippie—, pero sí en torno a las malas artes periodísticas de Graysmith, que modela a su conveniencia los hechos para que el dedo señale a Arthur Leigh Allen, su candidato favorito.

Las escasas certezas de que dispongo son de otro tono: cercanas, palpables, me competen y me gusta pensar que dictan un mensaje cifrado como los que tanto empleó Zodiac.

El único crimen del escurridizo asesino en el término municipal de San Francisco fue a unas cinco cuadras de mi casa, en los lindes del oscuro Parque Presidio; en el bar de la esquina tienen colgado, al lado de la máquina de discos —de monedas: si no pagas, te quedas sin música—, un óleo de Zodiac en traje de faena; el gran periodista Paul Avery, el mayor experto en el criminal, que llegó a amenazarle de muerte, murió, con los pulmones rotos por un enfisema y el espíritu quebrado por la tristeza, en una house-boat de Sausalito que tanto me gustan...

Finalmente, una confesión... El ejemplar del libro sobre Zodiac que rescaté de la acera tenía signos de haber estado mojado. Cuando empecé a leer comprobé que olía a orín. Quizá les parezca una aberración o una simple cochinada, pero a mí no me importó. Me pareció apropiado. Si lees sobre cloacas, lee en la cloaca.

5 Comentarios

the SF myth makes a person homesick....and it's not even home....

¿que es mas estupido?,tener fe o perderla. a tu cuerpo di mi amor pasajero de los vientos,que no encuentra la estacion donde detenerse un momento mas.

¿porque lo ultimo tiene que ser lo mejor?.esta es una reflexion vivencial al igual que las tuyas y me da igual lo que te moleste,recuerda que a veces el mejor desprecio es no hacer aprecio.

la verdad es que este par de cagadas no me hacen justicia,no puedo recomendar nada de todo lo que e escrito sin seudonimo y no espero ni quiero que lo hagas tu.

Gran Artículo el tuyo, yo lo vi en un documental , a día de hoy con las pruebas de ADN ( ácido desoxirribonucleico) no habría durado la investigación ni dos meses.Entonces tenían menos medios, lo mas cercano al asesino del Zodiaco es la película de David Fincher.En el documental se pudo ver cómo se suponía la identidad "del supuesto... en un concierto ; .Pero nunca más se supo de él.Muy buen trabajo Jose Ángel.

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Jose Ángel González


Crónicas vitales de un periodista español emigrado a la Bahía de San Francisco, en California, el estado con mayor presencia de latinos e hispanohablantes de los Estados Unidos.
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