5 posts de julio 2012

Un micrófono para cualquiera

[Foto: Jose Ángel González]
La idea del open mike (también puede decirse open mic) responde con bastante textualidad al significado de la expresión: micrófono abierto, a disposición de cualquiera, en espera de uso, dispuesto a amplificar las voces que lo necesiten.

En España las sesiones de micrófono abierto son excepcionales, pero en el Reino Unido —donde desde 2008 se celebra una competición, el Open Mic UK, que ha llegado a congregar a 10.000 participantes— y los EE UU —con el mítico y pionero de todos los lunes en el Nuyorican Poets Café—, son tradicionales y la oferta es amplia.

Los locales ceden el escenario y el micrófono a cantantes, músicos, monologuistas, poetas o performers que necesiten rodaje, busquen experiencia, deseen mejorar o simplemente tengan ganas de lanzarse a la tarima y compartir.

En San Francisco tiene especial fama el open mike de todos los viernes en el Café International, uno de los pocos locales de la zona de Haight-Ashbury en los que todavía es posible apreciar los rescoldos de la fraternal frescura de los años hippies, el laissez faire, laissez passe como norma y horizonte: tiempo por delante, un patio trasero a cielo abierto donde se puede fumar (algo que en los locales públicos California tiene calidad celestial), techos altos, cómodos y viejos sofás, café decente (algo tampoco demasiado común por estas latitudes), cerveza y el alimento que reclame el ánimo, desde un cuenco de sopa a un sandwich.

He asistido a las dos últimas ediciones del open mike del International. Empiezan, con la impuntualidad que en San Francisco es norma, en torno a las siete de la tarde y acaban más allá de las diez de la noche. Cada artista tiene derecho a unos diez minutos de micrófono y la única condición añadida es que el material sea propio.

Las fotos del reportaje son del viernes pasado. Hubo catorce actuaciones de muy diverso pelaje: country, cantautores acústicos, poetas arrebatadas, soul de baja intensidad, punk desenchufado, mix étnico-electrónico y, al final, un par de canciones de Mijo de la Palma, el grupo jíbaro de Puerto Rico de los que ya he hablado en el blog.

[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]

Grafiti en el parque

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[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]

La galería de fotos es de este fin de semana y está tomada en el parque Precita, entre los distritos de la Misión y Excelsior, una zona de predominio latino.

La organización comunitaria Precita Eyes Muralist celebró sobre la pradera del parque la decimosexta edición del Graffitti Arts Festival, un campo de trabajo al aire libre para permitir la libre expresión de cualquier artista o aficionado a la cultura urbana del espray.

No había lugar al temor a la represión policial: los murales y grafitis eran pintados sobre planchas de madera colocadas por los organizadores y el departamento municipal de Parques apoyó el evento exonerando al festival del coste de las tasas.

Fundada en 1977 por Susan y Luis Cervantes, un matrimonio mexicano de artistas aficionados al muralismo, Precita Eyes, administra los dos callejones de la Misión dedicados al arte callejero, organiza talleres y está involucrada en proyectos de intercambio con otros países, entre ellos China y Líbano.

En septiembre, para celebrar los 35 años de la fundación del colectivo, han anunciado una subasta de arte en una galería del centro de la ciudad para recaudar fondos. La gala servirá también para entregar un premio a Susan Cervantes, pionera del muralismo en San Francisco, fundadora de Precita y autora de más de 500 obras en las calles de la ciudad, entre ellas la espectacular decoración exterior del Edificio de las Mujeres.

Women's Building

'Ocuppy' se hace arte

Occupy Bay Area - Eric Drooker [Courtesy of the artist and YBCA]

El Yerba Buena Center for the Arts de San Francisco —un centro dedicado a la cultura y los eventos privados (en EE UU no hay frontera entre ambos mundos)— exhibe hasta el 14 de octubre Occupy Bay Area, una muestra de cartelería y obra gráfica creada bajo la inspiración del movimiento de los indignados de la zona.

Como siempre sucede cuando el arte de protesta llega a los museos, las preguntas son inevitables: ¿está tan domesticado Occupy como para convertirlo en material de exhibición?, ¿son compatibles las demandas del 99% —entre ellas la puesta en duda del sistema financiero salvaguardado con fondos públicos— con las paredes de una institución que vive del erario público?, ¿se ha desacelerado el empuje inicial y sólo quedan las imágenes?...

 El museo que exhibe la cartelería no se aventura con los respuestas ni se pringa con las intenciones de la muestra, que limita al carácter de "documentación" sobre los "objetivos y aspiraciones" de las protestas, que han generado "tanto apoyos como condenas que aún resuenan en la conciencia estadounidense", dicen los organizadores en el tono neutro habitual de las curadorías artísticas.

En la exposición están representados 25 artistas del área de la Bahía de San Francisco, que tiene una bien merecida fama como zona de novedosos movimientos gráficos. Para probarlo (lo cual también es una forma de convertir el presente en historia, de matar una protesta al clasificarla), el museo añade material de campañas políticas y sociales tan antiguas como el Movimiento por la Libertad de Expresión de la Universidad de Berkeley (1964-1965) y la fundación del Partido Pantera Negra (1968).

"Aunque estos movimientos ciertamente difieren en estrategia de Occupy, son el resultado de un profundo deseo de personas marginadas de ser representadas y tratadas con justicia", se ven en la necesidad de alertar los organizadores —sin mencionar, pero mencionando tácitamente, que los Black Panther, por ejemplo, defendían la autodefensa a mano armada y conviene no citarlos como ejemplo—.

Ya reseñé en el blog mi visión de Ocuppy [aquí y aquí] y también hablé de la profunda diferencia socioeconómica entre San Francisco y Oakland. En la primera ciudad, los indignados parecen haber desaparecido casi por completo —con excepción de algunos sabotajes de Anonymouys al BART, el sistema de trenes de cercanías del área—. En Oakland la pobreza es tan dramática que la mecha parece que todavía está encendida y la ciudad no tiene ni siquiera museos que conviertan los carteles en memoria. Para esa labor de olvido está San Francisco.

[Anonymous]
[Cristy Roads]
[Dignidad Rebelde]
[Jon Paul Bai]
Occupy General Strike [Rich Black]
Occupy [Chuck Sperry]

 

 

Fillmore, donde San Francisco es 'soul'

[Foto: © Jose Ángel González]

"Corazón y alma de San Francisco". El lema del distrito de Fillmore suena mejor, más descriptivo y realista, en inglés: "Heart and Soul of San Francisco".

Ninguno de nosotros, los pálidos, tiene derecho a atribuirse cada una de las muchas acepciones de la palabra soul. Algunos de los significados —el principio de la vida, la zona espiritual de los humanos, la parte inmaterial de la persona...— podemos entenderlos con nuestra pobre racionalidad judeo-cristiana, monoteista, nacida en la seca e infértil arenisca de los desiertos, pero otras —el refugio de las emociones y los sentimientos, la certeza de los lazos de sangre y piel— son demasiado lejanas, pertenecen a las sabanas y las selvas, a las bodegas-mazmorra de los barcos de esclavos, al trabajo en grupo bajo la solana inclemente de los algodonales, a los ritos panteistas a la luz de las fogatas...

Los mejores momentos desde que llegué a San Francisco los he pasado en el barrio de Fillmore. Ya he hablado en el blog de mi club favorito, el Rasselas, un lugar que arde como el infierno, y de la Iglesia de San John Coltrane, donde cada domingo ofician una liturgia con el jazz como evangelio. Ambos lugares están en la calle Fillmore, que vertebra el distrito, donde reside parte de la comunidad negra de la ciudad.

Este fin de semana se celebró la 28ª edición del Fillmore Jazz Festival, un evento callejero que organizan los comerciantes  y las asociaciones comunitarias del barrio. Asistieron más de cien mil personas.

  [Foto: © Jose Ángel González]

Además de poder profanar en todas las formas posibles las premisas de una dieta sana —avisté un nuevo hallazgo para la relación de las espectaculares perversiones gastronómicas estadounidenses: calamares fritos regados ¡con azúcar glass!—, el festival ofrece actuaciones musicales en tres escenarios, situados a lo largo de las diez manzanas de la calle dedicadas al evento. También hay un mercado callejero, performers de la improvisación y mucha fiesta.

Lo mejor, para mi gusto, fue sentirme otra vez como un etnógrafo fascinado, y comprobar la manera en que el barrio mantiene la esencia vital de los años cuarenta del siglo XX, cuando Fillmore era el Harlem del Oeste y en los clubes de jazz —entre ellos el mítico Jimbo's Bop City, que abría todos los días de 2 a 6 de la madrugada y cobraba a un dólar la entrada a todos excepto a cualquier músico, que era admitido gratis a cambio de que participase en la jam session eterna que se celebraba en la tarima— podías encontrar a Coltrane, Count Basie o Charlie Parker compartiendo la misma descarga por el placer de sudar en comunión bajo los mismos focos.

Queda bastante de aquel sentido de hermandad en Fillmore. Es fácil emborracharse, bailar con un estilo ridulamente blanco ante la inigualable perfección de los negros, reafirmarse en que Prince, George Clinton o Kanye West son avatares de la misma deidad rítmica y entrar en el rito panteista de la danza, siempre abierta a la admisión de nuevos fieles.

Dejo un reportaje fotográfico. No estoy seguro de que resuma la intangible belleza de Fillmore y su gente, pero esa fue mi pretensión al disparar.

[Foto: © Jose Ángel González]
[Foto: © Jose Ángel González]
[Foto: © Jose Ángel González]
[Foto: © Jose Ángel González]
[Foto: © Jose Ángel González]
[Foto: © Jose Ángel González]
[Foto: © Jose Ángel González]
[Foto: © Jose Ángel González]
[Foto: © Jose Ángel González]
[Foto: © Jose Ángel González]
[Foto: © Jose Ángel González]
[Foto: © Jose Ángel González]
[Foto: © Jose Ángel González]
[Foto: © Jose Ángel González]
[Foto: © Jose Ángel González]
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[Foto: © Jose Ángel González]
[Foto: © Jose Ángel González]
[Foto: © Jose Ángel González]
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[Foto: © Jose Ángel González]
[Foto: © Jose Ángel González]

Hermes Ayala: "La mayor mafia de Puerto Rico está en el Capitolio"

Hermes Ayala [Foto: Jose Ángel González]

"Hago editoriales que a veces riman". Hermes Ayala (Puerto Rico, 1977) se gana la vida como periodista pero el salario vital se lo proporciona el idioma en mutación del spoken word, al que pueden ustedes llamar rimas, rap, hip-hop, performance poética. Tienen permiso de Hermes para elegir denominación: "Yo prefiero no llamarlo, prefiero que lo llamen otros como quieran".

Cincuenta por ciento del dúo Tráfico Pesado, Hermes acaba de visitar San Francisco para actuar con Mijo de la Palma. La foto de arriba le muestra en una de sus declamaciones de sangre y fuego.

"Siempre he escrito mis cosas desde pequeño, pero performance como tal empecé a hacer a finales la década de los noventa, cuando se mueve un poco el movimiento del spoken word, aunque en Puerto Rico siempre hubo de eso, es un país en el que tú das una patada a cualquier árbol y caen quince que se hacen llamar poetas o les dicen poetas...".

— Eres cronista por vocación como periodista, y cronista por afición, rimando... ¿Tiene una condición algo que ver con la otra?
— Yo creo que sí...Cuando empecé hacía un tipo de escritos que tenían bastante que ver con las crónicas deportivas, una poesía llena de imágenes, como si estuviera cubriendo un partido... Me imagino que van de la mano: lo que no puedo hacer en mi profesión, un poquito de editorializar la cosa, lo hago acá.

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Pobladas de fracaso y redención, de héroes de la canasta y malvados sentados en los sillones del Capitolio de Puerto Rico, a Hermes le pesan el pasaporte de los EE UU en el bolsillo y la extraña condición jurídica de su tierra.

— ¿Qué es un "estado libre asociado"?
— Le pregunté eso mismo hace unos días en una entrevista a mi pana René Pérez y me dijo algo que yo también había pensado... Es como un shemale heterosexual, un oximoron de los más grandes que existen, porque o eres libre o eres asociado, ¿entiendes?... El estado libre asociado se convierte en calabaza a las doce, los dos se convierten en calabaza... No existen... Lo que existe es una casqueta, una paja, un bukake que tienen los pitiyanquis en Puerto Rico con los gringos, eso una mentira...

— El año pasado fue muy violento en Puerto Rico...
— En el narcoestado conocido como Puerto Rico, sí...

— ¿Es cierta la versión oficial sobre la isla como trampolín de la cocaína que viaja de Colombia a los EE UU?
— Sí, yo pienso que sí.

— ¿Hay miedo? ¿Ha calado el miedo en la vida cotidiana?
— Lamentablemente veo una generación que ya lo asimila. Es como un Cali de principios de los noventa. La droga siempre ha existido en Puerto Rico, pero antes quizá había algún tipo de código en la calle. Ahora, si tú eres un gángster y vas por la autopista con tu bebé atrás y el enemigo se pone al lado, te va a rociar con la ametralladora sin importarle matar también a tu hija... Eso antes no sucedía... No es que yo vaya a ser ahora el más Tupac de la calle, pero ese cambio se nota y lo que se ve es al Estado tapándolo o a veces uno piensa que el Estado lo auspicia, que le conviene que sea así... Creo que la mafia más grande en Puerto Rico ahora se encuentra en el Capitolio, la Casa de las Leyes y en la Gobernación.

Jose Ángel González


Crónicas vitales de un periodista español emigrado a la Bahía de San Francisco, en California, el estado con mayor presencia de latinos e hispanohablantes de los Estados Unidos.
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