5 posts de diciembre 2012

La ciudad de los pájaros

[Foto: Jose Ángel González]

Para alguien llegado a San Francisco desde la aridez biológica de nivel cercano al cero de Madrid, donde la vida extrahumana se limita a las mascotas y su frecuente ridiculez, el esplendor de esta ciudad es casi chocante. Te has acostumbrado tanto a la esterilidad que concibes como un milagro la convivencia con los animales salvajes.

Las aves llaman la atención desde el primer momento por abundancia y pluralidad. En la ciudad hay casi 500 especies.

En este momento los voluntarios de la Audbon Society —la más veterana de las organizaciones dedicadas a la conservación de la riqueza ornitológica— están en pleno recuento de ejemplares, como todas las Navidades desde hace 113 años.

No se trata de un censo al pie de la letra, pero sí de una estimación bastante precisa que cubre todo el territorio del continente. En la costa del Pacífico, decenas de miles de personas participan en la cuenta desde Alaska hasta Chile. Se organizan en grupos de diez voluntarios que cubren zonas con un diametro de 24 kilómetros.

En el recuento de hace un año, los 5.787 observadores del estado de California recorrieron a pie 10.000 kilómetros. En el área de San Francisco avistaron, solamente durante las dos semanas del recuento, 176 especies de aves y 60.704 individuos.

[Foto: Jose Ángel González]

Quizá el amigo alado más inesperado que se ha cruzado en mi camino sea este busardo de hombros rojos, que llegó al patio de casa afectado por una gran desorientación, quizá producida por un golpe, y estuvo quince minutos al alcance de mi mano mientras le hacía fotos e intentaba comprobar si estaba herido. Nada grave le sucedía y echó de nuevo a volar.

Nunca he logrado retratar —no tengo equipo ni soy tan buen fotógrafo como para conseguirlo— a los milagrosos colibríes que frecuentan el lugar donde tendemos la ropa, al lado de una valla de madera donde crecen asilvestradas algunas plantas con flores que atraen al pajarillo. Cada encuentro con esta ave mínima que conjuga el arco iris con la velocidad convierte el día en una fecha imborrable.

Además de varias subespecies de cuervos, a los que admiro por la solemnidad de su estampa y el  desentendimiento que practican hacia las baratas emociones humanas —siempre que adivino las siluetas negras contra el cielo recuerdo la necesidad de aplicarme el certero aserto de Epicteto: "los cuervos arrancan los ojos a los muertos cuando ya no les hacen falta; pero los aduladores destruyen las almas de los vivos cegándoles los ojos"—, San Francisco y sus grandes parques están poblados por pájaros carpinteros, petirrojos, oropéndolas, gansos, cisnes, patos, cormoranes, garzas e incluso especies tan poco frecuentes tan al norte como el sirirí de ambientes tropicales.

La abundancia de aves no es casual, por supuesto. La ciudad, considerada un paraíso para los amantes de las aves, con posibilidad de ver ejemplares de las mitad de todas las especies que pueblan los EE UU, es la única del país que obliga a los constructores de edificios y viviendas a diseñarlas para evitar o minimizar las colisiones de aves contra sus estructuras, accidente que mata a mil millones de pájaros al año.

Acaso ya no tenga edad ni entusiamo para creer, con J.M. Barrie, que los pájaros vuelan por la simpleza de la fe, porque "tener fe es tener alas", pero me sigue llevando hacia atrás en el tiempo —y regresar es una forma de vuelo— la canción que componen los turpiales cada tarde sobre el pentagrama de las líneas eléctricas. Siempre es nueva, siempre es la misma.

[Foto: Jose Ángel González]

La poderosa huella digital del feroz pitbull Charlie

[El pitbull Charlie en su página de Facebook]

Ya quisieran algunos líderes de opinión, promotores de startups que quieren incrustarte alguna pendencia en el móvil, estrellas del pop, posers o wannabes de cualquier pelaje tener una huella virtual tan poderosa como la del pitbull de la foto, que se llama, por cierto, Charlie.

¿Quiere comprobar la potencia virtual del perro? Coloque en el e-rastreador los términos charlie pitbull san francisco: 2.450.000 resultados. El contador de la página de Facebook del bicho tiene, mientras escribo, 6.818 likes; su web en causes.org, 110.800 firmantes; en Twitter, el hashtag #savecharlie va camino de ser trendy...

¿Qué pasa con Charlie? ¿Por qué muerde tanto? Se lo deberían preguntar al caballo Stoney —disculpen si esto empieza a parecer un cuento de Beatrix Potter—, un purasangre de la Policía (Stoney no tiene Facebook, lo siento) que acaba de ser dado de alta hace unos días tras recuperarse de las dentelladas que le metió el pitbull en agosto: trece mordiscos en una pata, con un tendón afectado, y alguno más en el estómago.

El oficial Evans y Stoney [Foto: S.F. Examiner]

El oficial que aparece con Stoney en la foto es Cedric Evans, agente desde hace 23 años de la Policía de Parques de los EE UU. Experimentado entrenador de caballos y de carácter tranquilo, Evans lleva con Stoney desde 2008. Cuando el departamento decidió trasladar al caballo desde Washington a San Francisco, Evans fue trasladado también porque las relaciones de fidelidad entre jinete y montura son rigurosas en el departamento.

Charlie, un American Staffordshire Terrier —pitbull, los perros criados en Inglaterra mediante cruces entre especies agresivas y musculosas para hacerlos intervenir en los hostigamientos públicos de osos populares hasta el siglo XIX—, se cruzó con Stoney y Evans el 6 de agosto pasado en las dulces praderas de Crissy Fields, una zona de recreo al borde de la bahía de San Francisco. Al perro, de 18 meses, lo llevaba sin correa —algo prohibido en el lugar— su dueño David Gizarelli, de 44 años, que se presenta como artista multifacético en su página web.

Al pitbull se le cruzaron los cables cuando vió a Stoney —Gizarelli dice que era el primer caballo con el que se topaba—. Con la fiereza y rapidez habitual en la raza, que suele estar incluida en las listas administrativas de perros peligrosos, Charlie fue a por Stoney y se le lanzó al vientre.

El caballo tiró al jinete al suelo —el agente sufrió contusiones leves por la caída— y escapó al galope, pero Charlie hizo presa en uno de los cuartos delanteros. Los animales recorrieron dos kilómetros y la furia del pitbull sólo remitió cuando intervino un agente de la Policía motorizada que espantó al perro con el sonido de la sirena a todo trapo.

Gizarelli fue detenido y puesto en libertad con varios apercibimientos de sanción. Le dejaron llevarse a Charlie, pero con la condición de que no lo sacase a la calle sin correa. El hombre ha pedido disculpas públicamente, pero insiste en que su perro es un animal pacífico que sólo actuó por un arrebato circunstancial.

No han entendio lo mismo en la Vicious and Dangerous Dog Unit (Unidad de perros peligros y feroces) de la Policía, que considera el asunto un ataque con todas las consecuencias y sin paliativos y cree que no hay posibilidades de rehabilitar a Charlie y hacerlo participar en la entente social sin poner a los humanos en peligro. En una decisión que ha sido recurrida por el dueño de la feroz mascota, las autoridades municipales de la Animal Care & Control (Cuidado y Control Animal) han condenado al pitbull al sacrificio.

Gizarelli ha demostrado una gran capacidad de reacción y ha tocado un punto débil de gran parte de los estadounidenses: la animalitis, esa especie de credo apostólico que pretende elevar a las mascotas a la categoría de ciudadanos.

La causa online Help Save Charlie (Ayuda a salvar a Charlie) ha recibido adhesiones de todos los rincones del país —casi tantas como la que intenta coordinar un minuto de silencio para mañana por la masacre de la escuela Sandy Hook— y el grupo de Facebook en apoyo del pitbull está preñado de mensajes que hablan de Charlie (sin conocerlo) con tono angelical.

La poderosa organización Dogster ha rozado el ridículo al sugerir que la culpa la tiene la Policía por utilizar caballos. No debería extrañar esta salida de tono si se considera que estos integristas del perrismo proponen en su web "siete maneras de hacer que tu perro sea una superestrella de las redes sociales" ("¿tiene tu perro cuenta de Twitter?, ¿no?, ¡entra en el juego!", dicen).

No han anunciado si retransmitirán por la tele el momento en que pongan la inyección letal a Charlie, pero no sería extraño que su dueño, que ha pedido donativos de un dólar en su cuenta de PayPal para afrontar la "defensa legal" del perro, esté negociando los derechos.

Según datos de las propias organizaciones perristas, los pitbull y los rottweiler son los responsables de dos tercios de los ataques de perros a personas, una media de mil al día en los EE UU. Las agresiones son mortales en unos 35 casos al año.

Hagan ustedes lo que quieran con respecto a Charlie, pero quizá convendría que se preguntaran que hubiera pasado si el amoroso chucho que en la foto de abajo retoza en la arena —sin correa—, perdiera el control no ante un noble, fuerte y no menos amoroso caballo, sino delante de un niño en bicicleta, un adolescente sobre una tabla de skate o un vecino de San Francisco disfrazado de Santa Claus.

[El pitbull Charlie en su página de Facebook]

Ha muerto el dulce salvaje 'Spain' Rodríguez

[Spain Rodríguez, a la izquierda, con sus amigos moteros]

El motorista de la izquierda, el único sin la protección —tantas veces discutida por los veteranos— del casco, era Spain Rodríguez. El verbo debe ser conjugado en pasado no solamente por la lejanía de la foto, que corresponde a algún momento de los vivaces años setenta, sino porque Spain acaba de morir en su casa de San Francisco. Tenía 72 años y desde hace seis disputaba una desigual partida contra un cáncer.

¿Quién era Spain Rodríguez? Primero, uno de los mejores dibujantes de cómic de la dorada pandilla que nació del parto múltiple de la contracultura, el détournement y la prensa underground —sí, algo así existió y daba miedo al poder cincuenta años antes antes de que los profetas del procomún 2.0 se otorgasen anteayer la invención de la rebeldía mediática—. Spain fue el señalado por San Robert Crumb como el más brillante y bravo ("un arquetipo, un cruce entre un artista loco, un radical revolucionario y un latino", dijo el maestro).

Segundo, un convencido creyente de que nada tenía sentido —y menos que nada el arte— si no iba acompañado por el ansia de justicia social ("los ricos me caen mal", decía con lacónica precisión).

Tercero, un valiente que fue capaz de editar y distribuir en la tierra del dólar estadounidense una biografía en cómic del ácrata español Buenaventura Durruti.

Cuarto, ya lo estarían ustedes sospechando, Spain era hijo de un emigrante español.

[Manuel 'Spain' Rodriguez]
Nacido en Buffalo (Nueva York) en marzo de 1940, Manuel Rodríguez usó desde niño el apodo Spain, un recordatorio de las raíces. Desde joven fue díscolo, es decir, inteligente: antes que la escuela reglada, prefirió aprender las leyes de la carretera y la vida alegal con los Road Vultures Motorcycle Club, una de las hermandades de motoristas más veteranas del país; antes que la esclavitud de los contratos, dió tumbos entre un trabajo eventual y el siguiente; antes que el aburrimiento, buscaba bronca, robaba algún coche, se metía en líos; antes que el moho de la literatura, optaba por la frescura de los tebeos.

Las normas legales que durante los años cincuenta reprimieron con severidad los cómics por amorales le convencieron de que también las viñetas podían ser un arma de futuro contra la dominación. Movido por la idea, estudió dibujo, se asqueó de los profesores que le invitaban a la abstracción y, primero en Nueva York y después en San Francisco, empezó a dibujar cómics sexuales, irreverentes, anticapitalistas, antimilitaristas y, sobre todo, muy divertidos.

Desde 1969 fue una figura clave del grupo de dibujantes que inventaron la imagen de la contracultura. Amigo, colega y colaborador de Crumb, Gilbert Shelton, Víctor Moscoso, S. Clay Wilson y Bill Griffith, Rodríguez dibujó para todas las revistas del underground —fue uno de los impulsores de la legendaria revista Zap Comix—, trabajó gratis haciendo carteles para huelguistas y manifestantes, fue profesor de historietas en centros gratuitos, anduvo de parranda con el guitarrista de Grateful Dead Jerry García —otro hijo de españoles— y editó decenas de cómics. Una retrospectiva de su obra, Spain: Rock, Roll, Rumbles, Rebels, & Revolution está en cartel hasta el 20 de enero en un centro cultural de Buffalo.

Quizá quien mejor ha resumido la calidad de este ser humano que de vez en cuando dibujaba, y mejor que nadie, cómics salvajes, haya sido Art Spiegelman —el único ganador de un Pulitzer por un tebeo, Maus—:"Le conocí en una manifestación y me amedrentó. Parecía el tipo de persona que te daría una hostia antes que un consejo, pero tras una amistad de años me enteré de lo dulce que era Spain".

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Dónde están las compresas y otros misterios estadounidenses

[Foto: Jose Ángel González]

La pureza de ensueño, una bofetada mística, de una silueta contra la luz yacente del atardecer, una silueta mejorada por el humo cargado de vaho y atufando a subsuelo que brota de un canal de ventilación. 

La foto, que hice hace unas semanas en el centro de San Francisco con una de mis aliadas más devotas, la cámara plástica y gloriosamente analógica Holga —que en los EE UU cuesta un 50% menos que en las tiendas cool españolas—, me viene que ni pintada para elaborar una metáfora, seguramente injusta y parcial pero no menos válida que cualquier otra, para hablar de esta ciudad, mi acogida, mi sandez urbana, mi escenario cotidiano, el altar del milagro de la supervivencia, un lugar donde bajo la dorada superficie también hay monstruodidad.

Hace unos meses, cuando celebré el primero de mis cumpleaños aquí, resumí doce conclusiones iniciales sobre lo que he encontrado. Ahora, un poco más quemado por la veteranía, extiendo la exploración.

He de advertir que me duelen las manos por algo que quizá sea una incipiente artritis, que el sol se pone cada día a eso de las cinco de la tarde y que las lentejas que preparé este mediodía para comer me llenaron el estómago y el alma de melancolía española, de manera que:

  • Llevo en los dedos la carga del malestar. Quizá las palabras sufran de amargura.
  • La decrepitud de la luz me conduce a un cierto simbolismo formal.
  • Esta gente está loca.

Van pues unas cuantas perplejidades de un extranjero que está en San Francisco pero que todavía no sabe qué demonios es una onza, es incapaz de decir su altura en pulgadas y, sobre todo, se pregunta con desconcertada insistencia por qué siguen teniendo la tensión eléctrica a 120 y disfrutan con el béisbol y el fútbol americano, esas formas bastardas de deportes para homínidos.

1. ¿Dónde están las compresas? Los media no anuncian ni compresas ni tampones. Es como si los artículos de feminine care (tibia expresión digna de Emily Dickinson, cuidado femenino) fuesen tabú. La feroz competencia de los spots españoles con muchachas en microfaldas bailando samba mientras menstrúan felices es impensable. La gente de los anuncios publicitarios de aquí es feliz comprando coches de tamaño ciclópeo o comiendo fast food que parece menstruar. Perdón por la cruda incorrección pero no me he pasado . Juzguen por ustedes mismos y aguarden al final del anuncio para comprobar uno de los grandes axiomas de la publicidad estadounidense: la gota siempre cae.

Nota: Si se han quedado, como yo, fascinados por el anuncio, vean el cómo se hizo.

2. ¿Dónde están los perfumes? Todas las campañas prenavideñas que pueblan mi memoria están fundadas en la hipótesis del continuum del anuncio de un perfume que finalmente siempre es el mismo. Aquí no hay forma: no se anuncian colonias o fragancias, es como si permaneciesen en la misma cámara secreta donde residen las compresas. Aunque la parte burra de mi animalidad me lleva a pensar que o ellos/ellas huelen muy bien o nosotros/nosotras olemos muy mal, en mis excursiones al Walgreens —el gran centro de investigación de campo para profundizar en la etnografía estadounidense— he encontrado muchas marcas de body spray para mujeres y hombres. Nada de limitarse al sobaco: desodorante integral para cada pulgada cuadrada de piel del homínido que hay en ti. En suma: también ellos/ellas huelen mal, pero acaso no confían en la bondad purificante de la ducha diaria.

Nota: El Playboy Vegas —la unión de arquetipos multiplica el impacto— se ofrece en aromas a té, lavanda, jazmín, albahaca y manzana.

3. Microorganismo, te vas a enterar. Lleven como lleven la piel de las zonas interiores, lo incontestable es que tienen las manos más inmaculadas que el Papa de Roma —es un decir—. Los hand sanitizers, esos geles supuestamente antibacterianos que han inventado las farmacéuticas para venderte jabón patanegra, son omnipresentes y, según creo, obligatorios desde la maternidad hasta la tumba. Los llevan en el bolso, adaptados al cinturón por adminículos ad hoc, en los bolsillos y en el alma, y he visto a personas aplicándolos a una barra del autobús o al carrito del supermercado antes de contaminarse las manos con los gérmenes que, están seguros, pueblan el universo para matar a inocentes estadounidenses. Disculpo parcialmente la neurosis porque toda precaución es poca antes de tener que ir al médico y empeñarte en un préstamo millonario para que te curen unos hongos.

Nota: La locura higinenista de los geles, toallitas y líquidos para vivir incólume a los peligros de los microorganismos está llegando a su fin. Ahora se imponen los escáneres desinfectantes de rayos ultravioleta, que, según sus fabricantes, matan "el 99,9 % de bacterias y virus". Y se quedan tan anchos.

4. Éxtasis vitamínico. Vuelvo al lugar del crimen. La cadena Wallgreens (8.300 tiendas, y un beneficio neto este año de 1.630 millones de euros) tiene en su portal online una subportada dedicada en exclusiva a suplementos vitamínicos. Los hay para todos, niños, mujeres y hombres, y, según dicen sus fabricantes, para todo excepto para espantar al Tea Party. Más de la mitad de la población del país cree el mensaje, toma al menos una vitamina o complejo al día y gasta cada año 15.500 millones de euros en la búsqueda del éxtasis vitamínico. No hay quien les convenza, como alertan algunos estudios, de que la vitaminosis está basada en buena medida en el efecto placebo y que los excesos conllevan riesgos que pueden ser mortales. Aunque hay que considerar, otra vez, el temor a los médicos —en los EE UU es preferible ser atracado que entrar en una consulta de bata blancas—, también se debe tener en cuenta que la media de consumo de frutas y vegetales, el más efectivo y barato aporte vitamínico, es más baja que en ningún otra nación desarrollada y que la administración federal todavía insiste con campañas para aumentarla.

Nota: Como uno de los principios fundacionales del imperio es el hedonismo y NUNCA se debe sufrir, tienen un creciente éxito las vitaminas con forma y sabor de gominolas. ¿A quién le amarga un caramelo?

5. Diamantes comunistas. Otro de mis desconciertos navideños corrobora que esta es una sociedad que estima lo dulce como obligatorio. Zales lanza los diamantes-caramelo bajo el reclamo de los colores vivaces de los envoltorios de candies y con el jingle tomado de I Want Candy (The Strangeloves, 1965), que es lo más cerca que los yanquis han estado de adaptar a su forma de vida el Manifiesto Comunista.

Nota: Otra empresa del ramo de la joyería anuncia diamantes estos días. El lema es: "diamantes por sólo 9 con 99 dólares". No se trata de 9,99, sino de 999 y la fluctuación les debe parecer un contrapunto gracioso cuando en el país hay unos cuantos millones de personas que pasan hambre y que nunca colocan la coma decimal en el lugar incorrecto.

  [Foto: Jose Ángel González]

Llegan a San Francisco los twitter-apartamentos

Vista cenital (generada por ordenador) de uno de los micropisos [Imagen: Panoramic Interests]
Apartamentos tan escuetos como un mensaje de 140 caracteres. Tienen 20,4 metros cuadrados útiles, una superficie habitable del tamaño de cinco mesas de ping pong colocadas una tras otra. Los pisos cuentan con muebles hidráulicos para aprovechar espacio, están pensados para que los habiten, con apreturas evidentes, dos personas y los empleados de Twitter son el objetivo.

Los promotores, la empresa Panoramic Interests y su división Smart Space, citan con mucho garbo un principio inspirador de Lewis Munford, uno de los urbanistas del movimiento de la ciudad entendida como jardín: "Las ciudades no existen para que circulen los automóviles, sino para cuidar de la cultura y de los seres humanos". Cualquiera estaría de acuerdo con el enunciado.

La realidad no es tan nívea. Los microapartamentos que van a construir en la calle Harriet, en pleno centro de la ciudad, rompen por primera vez las normas municipales de San Francisco en cuanto a la mínima superficie habitable necesaria para que los promotores de viviendas obtengan permiso de edifición. Hasta ahora el umbral mínimo era de 28 metros cuadros útiles y ningún piso con menos área recibía el visto bueno de las autoridades.

Gracias al apoyo sin concesiones del supervisor (concejal) Scott Wiener —el mismo que se ha empeñado en reprimir el nudismo urbano en la ciudad—, la construcción de 375 microapartamentos acaba de ser aprobada por el municipio. La unanimidad en el pleno del consistorio fue casi total: diez votos a favor y solo uno en contra, el de John Avalos, el único supervisor que se atreve a hacerle frente a la dictadura encubierta que ejercen en la ciudad las grandes empresas de tecnología.

La idea de las colmenas para seres humanos —aunque, como puede verse en las proyecciones por ordenador, presentadas como cool y con "todas las comodidades" (excepto quizá la de poder moverte a gusto o incluso inhalar a plena capacidad pulmonar)— está directamente relacionada con Twitter, la macro corporación para la que el alcalde de San Francisco, Ed Lee, el demócrata más republicano de los EE UU, aprobó un plan de relanzamiento del área en que está instalada la empresa—con sede central en el magno Edificio Mart de la calle Market—. La empresa de los 140 caracteres ahorrará unos cuantos millones en impuestos gracias al proyecto del regidor.

El alcalde Lee y su delfín Wiener tienen buenos motivos para pensar que todo esfuerzo es poco para que Twitter se sienta cómoda. De ser ciertas las proyecciones económicas birladas en 2009 a la red social, y no desmentidas por ésta, por François Cousteix Hacker Croll —detenido pero puesto en libertad porque, según la justicia, usó una contraseña que encontró en una cuenta de correo, es decir, "entró en una casa cuyo dueño había dejado la puerta abierta"—, Twitter está a las puertas de convertirse, entre 2013 y 2014, en un gigante trasnacional con 5.200 empleados, una facturación de casi mil millones de euros anuales y beneficios netos de 85 millones por ejercicio.

Las unidades habitacionales —una expresión orwelliana pertinente para los twitter apartamentos, como se les ha empezado a llamar en la ciudad— daría cobijo a la mano de obra tecnológica en una ciudad donde la vivienda de alquiler es el problema primario. ¿Quién necesita espacio privado en casa cuando debe trabajar durante jornadas estrafalarias y, además, en unas instalaciones laborales tan trendy y buenrollistas como Twitter?

El concejal Wiener se ha apurado a vestir con disfraz a las casitas liliputienses, que, dice, también serán adecuadas para estudiantes y jubilados. La promesa se deshace como azúcar en un vaso de agua cuando a continuación precisa que el alquiler estimado de los apartamentos será de entre 1.200 y 1.400 dólares al mes (de 920 a 1.000 euros).

La San Francisco Tenants Union (Unión de Inquilinos de San Francisco) ha replicado: "Lo que la ciudad necesita es una oferta de viviendas familiares asequibles. Este proyecto no va de eso. Está dirigido a empleados de empresas tecnológicas que necesitan un alojamiento temporal".

Los twitter apartamentos —que en Europa son una vergüenza cotidiana desde hace años— han despertado el asombro en los EE UU. Las de San Francisco serán las viviendas legales de menos tamaño de todo el país. La otra ciudad que encabeza el ranking de los alquileres más dolorosos, Nueva York, también está a punto de aprobar microviviendas.

¿Ciudad Jardín? Parece que lo adecuado sería Ciudad Maceta. A precio de azafrán.

Jose Ángel González


Crónicas vitales de un periodista español emigrado a la Bahía de San Francisco, en California, el estado con mayor presencia de latinos e hispanohablantes de los Estados Unidos.
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