4 posts de enero 2014

La iguana Juanita

[Foto: Jose Ángel González]

Si de mí dependiera dejaría que esta entrada fuera escrita por Juanita, la iguana.

Juanita, como todas las iguanas, tiene tres ojos —el parietal, en la parte media de la cabeza, es un óvalo pálido como una luna— y puede navegar visualmente distinguiendo formas, sombras, colores y movimientos a grandes distancias.

Esta entrada merece la vista de un lagarto herbívoro de ánimo paciente, escamas sedosas como la falda de la reina de una rave y una retina extra para tramitar el significado de los impulsos circundantes.

Esta entrada es la última de Distrito Latino. El blog cierra por mandato de la empresa que lo acoge en sus servidores y ha pagado mis servicios —textos, fotos y vídeos— desde agosto de 2011. No hace falta un ojo parietal para vislumbrar el motivo: recorte de colaboradores.

Quisiera ser Juanita, que pasea sobre el hombro de su dueño por el barrio de la Misión sabiendo que es admirada y saludada con dulces piropos mientras el hombre que la lleva encima, uno de esos centroamericanos algo pasados de kilos pero con la piel como una corteza de ceiba, muestra su orgullo por estar dónde está tapándose la cabeza con la gorra del equipo local de béisbol, los Giants.

Quizá al dueño de Juanita, como a tantos cientos de miles como él, le toque sudar en una cadena de cocina por un salario por debajo del mínimo legal, porque todo lo que se come en San Francisco —y en pocas ciudades se come tanto y con una pasión casi psicótica— lo preparan los latinos: el sushi, la ensalada birmana, las crepes  y todas las formas imaginables de fast food tapona arterias.

Acaso al hombre del lagarto no le importe la explotación porque allá de donde salió, digamos Guatemala o Yucatán, sólo le esperaba mirar el cielo, sudar sin nada a cambio, postergar la próxima bala... Lo envidio por el milagro de verlo dejando que los niños acaricien a la bella Juanita.

Mis tres años en San Francisco, parte de los cuales han quedado fijados aquí, me han servido para desmontar un gran cliché relacionado con el título de este blog, Distrito Latino.

Los latinos como tal, esa gran familia que corea en los Grammy a Calle 13 y se vende como una y grande en las promociones de las cadenas de televisión para latinos, sólo existen para los censos electorales y para que algunos saquen tajada de esa maldición llamada raza cuando, si algo nos han enseñado la historia y sus tragedias, es que sólo hay una, la de los seres humanos vengan de la tierra que vengan y traigan el color de piel que el azar genético les depare.

Lo cierto es que en los EE UU los mexicanos no soportan a los guatemaltecos, los cubanos desprecian a los salvadoreños, los puertoriqueños —clase aparte: tienen pasaporte yanqui aún cuando pidan la independencia para la isla a la primera cerveza— se alían contra todos los demás...

Lo latino es una entelequia publicitaria para vender planes telefónicos, un montaje de pseudo artistas para solicitar ayudas públicas por volver a cantar la misma guaracha que cantaban sus ancestros en 1950, una mafia de manejadores culturales elevados a categoría de chamanes, una gran y burda mentira para que algunos departamentos universitarios monten meritajes y organicen recitales de poesía de rima fácil donde rotan hasta el vértigo algunas palabras que han dejado de ser palabra para devenir en tótem: maíz, sol, madre, revolución, abuelito, gozadera...

Tribalizados, carentes de  empatía hacia las demás tribus, los latinos a los que he conocido en San Francisco —un par de alertas: hay dos o tres excepciones y quizá la culpa sea sólo un efecto de mi carencia de ojo parietal— obedecen a dos perfiles.

El primero: los mandarines que tocan la conga con engreimiento y se reclaman hijos de una mesoamérica arcádica a la que desbarataron entre los conquistadores españoles primero y después los gringos, a quienes ahora no tienen empacho en reclamar su tajada de dinero público racial.

El segundo: la gente que, como el dueño de Juanita, escapó de una vida miserable y cruzó la raya para ganarse el pan e intentar ejercer el derecho a ser medianamente feliz. A estos, cuyo perfil es de bajo nivel (sin estudios, sin afanes culturales, gente de campo y machete), no los verán nunca en ningún bochinche subvencionado de los primeros.

Mi culpa, mi grandísima culpa, fue mezclarme con aquellos y no con estos, no fijarme en la gente con iguanas en el hombro.

Como decir adiós no me gusta (mentar a las deidades en vano me parece trivial), les dejo con un deseo en letras de caja alta: SALUD.

Declarado el estado de emergencia por sequía en California

El nivel del lago Folsom, que aporta agua a la zona de Sacramento, está en mínimos históricos. El agua está, como se puede ver en la foto de hace unos días, a unos cien metros de la ribera habitual (AP Photo/Rich Pedroncelli)

California está oficialmente en alerta roja por sequía desde el viernes. El 63 por ciento de la superficie del estado —que es casi tan grande como España— está en severo peligro y se ha solicitado al presidente Obama la declaración de zona catastrófica para 27 condados.

La alerta roja, que implica restricciones en el uso del agua, fue firmada por el gobernador Jerry Brown ante la gravedad de la sequía que afecta al estado desde 2013 y que no tiene visos de mejorar en este. "No podemos hacer que llueva, pero podemos estar mejor preparados para las terribles consecuencias de la sequía en California, incluyendo la reducción dramática del agua para nuestras granjas y el aumento de los incendios, tanto en zonas rurales como urbanas", declaró el gobernador al declarar el estado de emergencia y pedir a los 38 millones de habitantes del estado más poblado de los EE UU que "ahorren agua de todas las formas posibles".

[Niveles de sequía en los EE UU en enero de 2014 - Fuente: U.S. Drought Monitor]

Los efectos de la sequía —la más grave de la historia de California desde que existen registros de los niveles de precipitaciones— empiezan  a tener consecuencias económicas y sociales de gravedad: casi mil kilómetros cuadrados de tierras de plantío del fértil valle de Sacramento no serán cultivadas este año por falta de agua para el riego debido a que la reserva natural de la zona, el lago Folsom, está a un 20% de su capacidad.

La situación es igual de alarmante en Sierra Nevada, la cadena montañosa de la que nace el sistema fluvial más importante del estado. En lo que llevamos de otoño e invierno, en la zona sólo ha caído el 20% de la cantidad media de nieve para esta época del año. Mientras la práctica totalidad del resto de los EE UU era barrida por el vórtice polar de las últimas semanas, Sierra Nevada permanecía casi seca, dejando en peligro de desabastecimiento a las 25 millones de personas que reciben agua potable del sistema fluvial y lacustre de la cadena montañosa y los cultivos frutales y hortícolas del norte y el centro de California, que producen al año 35.000 millones de euros en ventas.

[Fotos de satélite de Sierra Nevada en enero de 2013 y enero de 2014. Foto: NOAA/NASA]

La situación es dramática y algunos se preguntan si las autoridades han llegado demasiado tarde o se han dedicado a adoptar medidas cosméticas —en los establecimientos de hostelería de Santa Cruz sólo se sirve agua del grifo al cliente que la pide—.

La revista conservacionista Mother Jones enumera seis temibles consecuencias de la sequía:

  1. En algunas áreas la reducción de las lluvias no tiene precedente. En San Francisco, donde a esta altura del año el paraguas o el chubasquero son imprescindibles, sólo han caído 5,3 centímetros de lluvia. La cifra más baja registrada hasta ahorra era más de tres veces superior: 18,5 en 1850-1851.
  2. Está acabando la temporada de lluvias. La norma es que en California llueva hasta marzo y a partir de ahí se inicie la época seca.
  3. De seguir así las cosas, la energía hidroeléctrica será más escasa y el recibo de la luz se disparará.
  4. Los incendios. En lo que va de enero ya se han registrado 154 incendios. Siete de los diez fuegos más devastadores de la historia de California han ocurrido desde el año 2000. Entre ellos ocupa el tercer lugar el de Rim que asoló en 2013 parte del parque natural de Yosemite.
  5. California produce el 15 por ciento de las cosechas agrícolas de los EE UU y el 7,1 de la producción ganadera. La sequía tendrá efectos en la economía del país.
  6. Las predicciones del Servicio Nacional de Meteorología son malas y no apuntan a que las lluvias lleguen a medio plazo. En el mapa de abajo toda California aparece marcada como un área donde la sequía "se mantendrá o intensificará".

[Predicciones oficiales de lluvias para enero-abril. Fuente:National Weather Service]

Silicon Valley barre a la clase media de San Francisco

[Ingresos medios por hogar según la Oficina del Censo de los EE UU. Gráfico: SF Examiner]

El progresivo deterioro social de San Francisco que les vengo narrando desde hace ya bastantes meses —relacionado con la dominación de la ciudad por el poder económico de las megacoporaciones del cercano Silicon Valley (Adobe, eBay, Facebook, Apple, Cisco, Oracle, Yahoo...)— conduce, de manera inevitable, a la polarización. Esta ciudad, históricamente notable por el liberalismo, la convivencia y la aceptación de todas las formas de vida, se está convirtiendo en un lugar para sólo dos tipos de personas: los inmensamente ricos y los inmensamente pobres. Los demás sobramos.

La gentrificación, el aburguesamiento invasivo y excluyente del modo de vida derivado de la influencia de los 400.000 trabajadores techies de las empresas del 2.0, la mayoría de los cuales vive en San Francisco —a una hora por carretera de Silicon Valley— y gana una media de 145.000 dólares al año (106.000 euros, más que el presidente español Mariano Rajoy, que tiene un sueldo bruto declarado de 78.000), lleva camino de convertir en un terreno exclusivo para millonarios a uno de los lugares simbólicos del equilibrio social.

Según los datos cruzados de la Oficina del Censo de los EE UU y el Ayuntamiento de la ciudad, publicados por el SF Examiner, la clase media de la ciudad está desapareciendo a una velocidad creciente: entre 2008 y 2012 descendió un diez por ciento.

Los estrafalarios aumentos de los precios de la vivienda, en alquiler o propiedad, tienen buena parte de la culpa [aquí y aquí resumí cómo San Francisco se ha convertido en el lugar con los hogares más caros de los EE UU y en qué se traduce la situación: desalojos de familias y personas de clase media que, al no poder pagar los precios que los caseros suben por la demanda techie, se ven obligados a mudarse de la ciudad], pero no toda: la política del alcalde Ed Lee —que exonera de impuestos a las empresas de Internet que se instalen en la ciudad (Twitter, por ejemplo)— se rige por un lema nacido con una sola clase social en mente: hacer de San Francisco "la capital natural de Silicon Valley".

Mientras la media nacional de ingresos de un hogar de clase media en los EE UU es de 53.000 dólares (38.7000 euros), cantidad suficiente para vivir con holgura pagando vivienda, educación, sanidad, ropa, comida, transporte, ocio e imprevistos, y en el estado de California sube hasta 61.000 (44.6000), en San Francisco es de 73.000 (53.4000). Por debajo de ese umbral, eres pobre y pasarás apuros para sobrevivir.

Sólo la tercera parte de los hogares sanfranciscanos (114.960 sobre un total de 341.721) se sitúa en el terreno medio de la estructura social mientras que la media estadounidense es del 44 por ciento. El problema es tangible: la brecha social se agranda por momentos y la situación barre del mapa demográfico a las unidades familiares de la parte media de la escala de ingresos. La polarización roza ya los tintes de un país subdesarrollado: el 66 por ciento de los hogares de San Francisco son muy pobres o muy ricos. Cada vez hay menos espacio para el término medio.

Viejos autobuses reconvertidos en duchas para 'homeless'

[Imagen lavamae.org]

San Francisco es una de las ciudades con más homeless de los EE UU. De los más de 633.000 ciudadanos del país más poderoso del mundo que viven en la calle —casi siempre porque no tienen otra posibilidad, aunque también hay personas que lo hacen por voluntad propia y razonada—, entre 7.000 y 10.000 han elegido esta ciudad, considerada con frecuencia la capital de los sin techo estadounidenses.

¿Qué motivos explican que la pequeña San Francisco (900.000 habitantes) tenga más homeless que Nueva York? Hablando en general, dos: los programas sociales del Ayuntamiento, que ofrecen desde pequeñas ayudas económicas hasta alojamiento en refugios, y la tolerancia casi genética de los vecinos hacia las formas de vida marginales.

De la población de sin techo de San Francisco, la mitad se niega a aceptar alojamiento y opta por los rincones más escondidos para pasar la noche. Para esas personas la dignidad de lavarse y vivir aseadamente es casi nula. Sólo ocho establecimientos sociales de la ciudad tienen duchas públicas para los al menos 3.500 homeless que viven en la calle.

[Mapa de residencia de los sin techo de San Francisco. Los lugares marcados con el símbolo de una gota son las duchas. Imagen lavamae.org]

La organización LavaMae —el nombre, dicen, viene del español "lávame"—, montada por "ciudadanos de a pie que creen que el acceso a una ducha y un cuarto de baño nunca debe ser un lujo", ha formulado una propuesta razonable: reconvertir autobuses retirados de servicio por MUNI, la agencia local de transporte público, en unidades sanitarias sobre ruedas que puedan recorrer la ciudad y ofrecer un lugar para el aseo personal a quienes están desposeídos de ese derecho primario. Cada autobús tendría un par de cabinas de duchas, otros dos aseos y una zona de vestuario.

Los responsables municipales han anunciado que donarán cuatro vehículos y LavaMae ya ha recolectado 200.000 de los 340.000 dólares necesarios para el acondicionamiento de los vehículos. En marzo, anuncian, el primer autobús-ducha estará operando.

Jose Ángel González


Crónicas vitales de un periodista español emigrado a la Bahía de San Francisco, en California, el estado con mayor presencia de latinos e hispanohablantes de los Estados Unidos.
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