Apunta en la agenda: el viernes toca sexo

    miércoles 25.jul.2018    por Arola Poch    2 Comentarios

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Imaginemos… Rebeca y Marcos son una pareja que lleva 10 años juntos. Siguen sintiendo atracción el uno por el otro pero han notado que, aunque les gusta compartir encuentros sexuales, cada vez lo hacen menos. El motivo no es otro que la falta de tiempo. Entre el trabajo, los desplazamientos, el gimnasio de las tardes, los niños y los fines de semana que ven a los amigos y a la familia tienen una agenda repleta. Eso no les deja tiempo para ellos y es algo que les incomoda.

Con la vida estresada que llevamos, es habitual que dejemos la erótica relegada a un segundo (o tercer o cuarto…) plano. Todo pasa por delante del sexo. Y, así, es posible que el deseo también se vea afectado. ¿Solución a esto? Buscar específicamente ese tiempo, es decir, planificar también nuestros encuentros eróticos. Dicho de otra manera, quedar un día para tener sexo.

¡Qué poco romántico!, manifiestan Rebeca y Marcos.

Hay un mito en las relaciones eróticas según el cual estas han de ser espontáneas, pasionales, que surjan. Al inicio de una relación puede ser así, pero cuando pasan los años será poco probable que esto suceda y puede que si esperamos el ímpetu de lo no planificado, las relaciones sexuales no ocurran nunca. Por ello, propongo buscar activamente tiempo para el sexo. Planear esa cita erótica con la pareja, de la misma manera que una noche, por ejemplo, se compran entradas para ir al teatro.

Rebeca y Marcos, ante esto, siguen objetando: ¿y qué pasa si esa noche no apetece? Tenemos la idea de que el deseo es siempre el motor de las relaciones sexuales y, especialmente cuando las relaciones llevan un tiempo, no necesariamente es así. A veces deberemos provocar el deseo. Cuando organizamos un encuentro, preparamos todo y empezamos con caricias, besos, abrazos, masajes… es muy posible que el deseo se despierte. Será necesario que asistamos a esa cita con tiempo, sin prisas, para disfrutar de los juegos eróticos. Y, en cualquier caso, si finalmente no nos apetece una relación sexual convencional, habremos compartido un rato de intimidad con nuestra pareja.

Por cierto, planificar el sexo no significa que este tenga que ser monótono o aburrido porque en un encuentro erótico (sea organizado o no) se pueden hacer muchas cosas diferentes.

En definitiva, se trata de romper con el mito de que los encuentros han de ser espontáneos, que hemos de dejar que el deseo surja y empuje. Porque puede, no lo discuto, que esos sean unos encuentros buenísimos pero también puede que si esperamos a que pasen, no pasen nunca. ¡Busquemos tiempo y provoquemos el deseo!

 

Sobre cómo encontrar tiempo para el sexo hablamos en "Esto me suena. Las tardes del Ciudadano García". Os dejo enlace al podcast (a partir del minuto 15:10).

Arola Poch   25.jul.2018 20:16    

¿Necesitamos aplicaciones para dar consentimiento sexual?

    lunes 16.jul.2018    por Arola Poch    0 Comentarios

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Recientemente se ha anunciado una propuesta para modificar el Código Penal según la cual cualquier acto sexual sin un ‘sí’ expreso sería delito. Esto ha generado titulares, debates y bromas en forma de memes con contratos a firmar antes del encuentro sexual. Pero, más allá de las bromas, estos contratos ya existen, en forma de aplicaciones para el móvil con las que solicitar y dar consentimiento sexual.

A raíz de leyes como la que se ha propuesto aquí y que ya están vigentes en otros países, se han desarrollado este tipo de programas para recoger el sí antes de un encuentro. Un usuario con la aplicación instalada en su dispositivo manda una solicitud de consentimiento ante el encuentro sexual a la otra persona. Ambos usuarios registran el sí y la aplicación guarda la ubicación y cuando se envía y recibe el consentimiento. A partir de este funcionamiento básico, el “contrato” puede incluir más o menos información (si se usará preservativo o se pueden hacer fotos, por ejemplo). También hay algunas variantes. En Estados Unidos existe una aplicación que graba un vídeo de 20 segundos en el que las personas muestran su cara y consienten explícitamente el encuentro. El vídeo se almacena en la nube durante 7 años y se puede consultar en caso de conflicto judicial.

Hace unos meses salió una aplicación en España de este tipo. Generó bastantes quejas en las redes sociales y Google la retiró de su tienda. Porque... ¿qué se firma en concreto? Un encuentro sexual puede implicar muchas prácticas concretas y puede apetecer hacer una cosa y no otra. ¿Qué pasa si se cambia de opinión? Lo que antes era un sí, puede convertirse en un no. O al revés.

El consentimiento sexual - que no es otra cosa que una relación entre dos personas con la complejidad que ello conlleva - no es algo tan simple como para que pueda establecerse solo en un sí o un no. Depende de muchos factores y, sobre todo, depende de dos personas que se comunican, se escuchan, se respetan y empatizan. Limitar el consentimiento a firmar un documento será muy legal, muy correcto y dará garantías, pero limita y pierde la humanidad del encuentro. Por ello, quizás nos entenderíamos mejor si, en estas situaciones, habláramos menos de consentir (permitir que algo se haga) y más de consensuar (adoptar una decisión de común acuerdo entre dos o más partes). Matices del lenguaje.

En cualquier caso, sí es positivo que se hable de los límites de un encuentro, aunque además de leyes, deberíamos también apostar por una educación sexual que nos acerque entre sexos, que nos ayude a entender y manejar las relaciones eróticas. Por supuesto no lo resolverá todo, está claro que necesitamos leyes, pero no deberíamos necesitar contratos.

 

De aplicaciones sobre consentimiento sexual hablamos en la sección de sexo de Esto me suena. Las tardes del Ciudadano García. A continuación encontráis el podcast, a partir del minuto 30:14.

Arola Poch   16.jul.2018 10:08    

¿Qué son las microinfidelidades?

    lunes 9.jul.2018    por Arola Poch    3 Comentarios

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Una psicóloga australiana ha acuñado el término “microinfidelidad”, que ha definido como pequeñas acciones que indican que una persona se enfoca emocional o físicamente en otra persona fuera de la relación de pareja. Añade que son acciones que se hacen a escondidas de la pareja.

Traducido a acciones concretas se trataría, por ejemplo, de escribir mensajes a alguien a través de Whatsapp o redes sociales procurando que la pareja no lo sepa, arreglarse especialmente o tener bromas particulares con otra persona, pedir consejos personales a otra persona que no sea tu pareja o dar me gusta a las fotos de otra persona en redes sociales, entre otras.

Una vez definido, debo decir que es un concepto con el que estoy en desacuerdo porque creo que no aporta nada sano a una relación.

La fidelidad se define como ser leal, no romper la confianza de la pareja. ¿Leal a qué? Pues a lo que cada pareja defina. Por lo tanto, cada pareja definirá los límites de su relación, definirá qué considera infidelidad y qué no. Ahora bien, si pensamos en una relación sana, marcar hasta este punto qué podemos o no hablar con otras personas me parece excesivo, primero porque el hecho de estar en pareja no significa que la atracción por otras personas desaparezca y segundo, porque cada persona necesita su parcela de individualidad. Por supuesto no defiendo que se hagan ciertas acciones a escondidas ya que la sinceridad es la base de toda relación pero el concepto de microinfidelidad me parece que solo sirve para crear paranoias en las parejas. Estas acciones por si mismas no significan nada, habrá que ver  en qué situaciones se producen y qué intenciones tienen. Pero etiquetarlas como “microinfidelidad” pueden suponer una losa muy pesada por la propia connotación de la palabra infidelidad y generar una desconfianza innecesaria en muchas ocasiones.

Este concepto de “microinfidelidad” refleja la necesidad de ser el centro de interés único de la otra persona. Se basa en el mito de la media naranja según el cual cuando se encuentra la otra mitad, ambas se complementan al 100%. No podemos olvidar que las parejas son dos personas individuales que construyen otra entidad formada por esas dos individualidades y que es necesario que cada una mantenga su espacio, no para ocultar nada, sino para tener su propia vida.

 

Sobre microinfidelidades hablamos en Esto me suena. Las tardes del Ciudadano García. Puedes escucharlo en el siguiente podcast, a partir del minuto 29.30.

Arola Poch    9.jul.2018 18:16    

El (aún) desconocido orgasmo femenino

    miércoles 4.jul.2018    por Arola Poch    4 Comentarios

"¿Por qué hay mujeres que solo pueden tener orgasmos cuando tiene contacto exterior, es decir orgasmo clitoriano, y no lo tiene vaginal?

Esta pregunta me la planteó una oyente en mi sección semanal de sexualidad dentro del programa Esto me suena. Las tardes del Ciudadano García

Tradicionalmente se habla de orgasmo vaginal y clitoriano. Parte de la culpa de ello la tiene Sigmund Freud que clasificó a las mujeres como maduras si su orgasmo se producía por penetración, es decir, de forma vaginal, e inmaduras si se producía por estimulación del clítoris. Cabe de decir que el padre del psicoanálisis no acertó demasiado en su teoría. Primero porque no hay diferentes tipos de orgasmos, el orgasmo es uno que podemos alcanzar de diferentes maneras. Y segundo porque obviamente la forma de conseguir orgasmos no define nuestra madurez sexual. Hay también otro punto interesante que es a dónde quiero ir a parar para responder a la pregunta de la oyente: los orgasmos femeninos se consiguen mayoritariamente por estimulación del clítoris.

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El clítoris es un órgano que solo sirve para el placer femenino. Es nuestro principal aliado en la consecución del orgasmo. En total puede tener un tamaño de unos 13 centímetros aunque solo vemos una pequeñísima parte, el resto se encuentra en el interior del cuerpo. Su punta mide normalmente entre 0,5 y 1 cm en excitación y tiene más de 8.000 terminaciones nerviosas (similar al pene, lógico si pensamos que ambos órganos se desarrollan a partir de la misma zona embrionaria). Por otro lado, las ramificaciones internas del clítoris rodean a la vagina con lo que también se llega a estimular a través de ella. Es decir, mediante la penetración podemos sentir placer porque internamente podríamos estar estimulando el clítoris. Cierto es que hay mujeres que refieren tener una zona más sensible en la vagina y hay escritos sobre el punto G y las glándulas de skene (que provocarían la eyaculación femenina). Los científicos no se ponen de acuerdo con todo esto y no quiero yo negar la existencia del orgasmo a través de la estimulación únicamente de la vagina, simplemente remarcar que el principal órgano para el placer femenino no está ahí, sino en el clítoris.

Como el modelo sexual que tenemos se basa en la reproducción y en el placer masculino, se sigue con la idea de que el acto principal para el placer es el coito. Es lo que conocemos como coitocentrismo. De ahí que haya mujeres que  consulten, con más o menos preocupación, por qué no consiguen orgasmos de la forma "normal". Cuando, realmente, lo normal es no conseguir orgasmos mediante la penetración.

En definitiva, la mayoría de mujeres (hay cifras que apuntan a un 80%) consiguen sus orgasmos a través de la estimulación externa del clítoris. Y, en cualquier caso, mi punto de vista es que no debemos clasificar los orgasmos en vaginales, clitorianos, de pezones o de cuello (por decir algo), sino disfrutar sea por donde sea que nos venga el placer. Al fin y al cabo el orgasmo se va a ubicar en un mismo punto: el cerebro.

A este pequeño gran órgano que es el clítoris dedicamos una sección en Esto me suena. Las tardes del Ciudadano García. Puedes escucharla en el siguiente podcast, a partir del minuto 31:33.

 

Arola Poch    4.jul.2018 12:53    

¿Qué es la educación sexual?

    jueves 28.jun.2018    por Arola Poch    7 Comentarios

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De vez en cuando – con más frecuencia de la que yo creo que debería– aparecen noticias sobre programas de educación sexual en colegios que han sido cancelados porque no tenían la autorización de asociaciones de padres o escucho decir cosas como "a saber qué le van a decir a mi hijo, prefiero hablarles yo de sexo". La educación sexual sigue teniendo un cierto estigma, como si con ella fuéramos a animar a los chicos y chicas a hacer cosas, como si les fuéramos a despertar la libido, como si el objetivo fuera enseñar determinadas prácticas. Nada más lejos de la realidad. 

La educación sexual consiste en dar información sobre nuestra naturaleza como personas sexuadas, conocer nuestras particularidades y nuestras diferencias, saber expresarnos como hombres y como mujeres lejos de los estereotipos, aprender a conocernos, a aceptarnos y a aceptar a los otros. La educación sexual hablará de identidades sexuales y de orientaciones del deseo pero esto no despertará ningún interés en ser, por ejemplo, homosexual. Esto servirá para conocer qué opciones existen y cuando ese chico o chica se enfrente a sus deseos sepa qué hay y no tema no encajar en la norma (si fuera el caso).

Cuando pensamos en educación sexual muchas veces nos viene a la cabeza cuestiones relativas a biología y prevención: que los chicos y las chicas conozcan los órganos genitales y el sistema reproductivo y cómo cuidarse ante posibles infecciones de transmisión sexual. Esto está muy bien y es lo que básicamente han tratado los plantes educativos. Debe mantenerse con la misma importancia pero no es lo único de lo que deberíamos hablar. Debemos avanzar porque la sexualidad saludable no es solo procrear y no tener enfermedades, es vivirla de forma plena, consciente y satisfactoria.

Entonces, ¿qué ideas deberían estar presentes en los programas educativos? Además de la prevención, creo que sería interesante transmitir que:

  • La sexualidad nos acompaña durante toda la vida, desde que nacemos hasta la vejez. 
  • Hombres y mujeres debemos enfrentarnos de la misma manera a la sexualidad. Todos tenemos deseo, necesidades y derecho al placer.
  • Los roles de género también han de ser superados en la sexualidad. Los hombres y las mujeres no tienen que ajustarse a ningún estereotipo.
  • Hay diferentes orientaciones sexuales: heterosexual, homosexual, bisexual y asexual, entre otras. Y ninguna es mejor que otra.
  • La base de toda práctica sexual es el consentimiento explícito de todas las partes. Por ello, es fundamental hablar de qué se quiere, qué gusta y cómo. Y hablar antes de entrar en faena.
  • La sexualidad ha de servir para reafirmarnos de forma libre, sin prejuicios, sin estereotipos ni autocensuras.
  • Las prácticas eróticas son una vía de comunicación entre dos o más personas. Quizás cuando más sinceros somos es cuando compartimos nuestra intimidad con otro.
  • La sexualidad no está solo en los genitales. Tenemos un cuerpo entero que nos puede dar mucho placer.
  • El coito no es lo único ni ha de ser el centro de la actividad sexual.
  • Explorarnos servirá para descubrir qué nos gusta, qué partes son más erógenas para nosotros y así conocernos mejor a nosotros mismos.
  • Debemos fomentar el respeto hacia otros gustos. Puede que no nos interesen, y está bien que así sea, no tenemos que probarlo todo ni nos tiene que gustar todo. Pero nadie es raro por ser diferente.
  • Todas las personas somos seres sexuados, independientemente de nuestras facultades físicas o psíquicas. Quiero decir, las personas con diversidad funcional tienen, por supuesto. derecho a desarrollar su sexualidad.

La educación es responsabilidad de todos, así que el primer sitio donde tratarla ha de ser en la familia. La sexualidad forma parte de nuestra vida, no la mantengamos en un plano aparte. Hablemos de ella como de cualquier otro tema. De esta manera, los jóvenes podrán enfrentarse a contenidos sexuales (que inevitablemente encontrarán en un sitio u otro) con información y criterio.

Arola Poch   28.jun.2018 19:29    

Arola Poch

Bio Sexuados

La sexualidad es una parte fundamental de la salud de las personas. Pero muchas veces no se le ha dado la importancia que tiene y hablar de sexo ha consistido en mantener estereotipos, fomentar titulares llamativos, continuar con trastornos y perversiones, limitar el tema a prácticas o posturas, etc. El sexo es mucho más que lo que nos han contado. Es conocernos, aceptarnos, respetarnos y expresar nuestra naturaleza sexuada de forma que nos haga felices.
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