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Hank Williams para desayunar

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Conviene puntualizar todo lo que hay detrás de las grabaciones (“THE UNRELEASED RECORDINGS”, Time Life/Naïve) que nutren esta edición del AMBIGÚ. En 1951, Hank Williams era tan popular en el mundo rural del Sur de Estados Unidos que una marca de piensos (Mother’s Best) le contrató para protagonizar un espacio radiofónico de quince minutos que se emitía todos los días laborables, a las 7 de la mañana, desde la potente WSM, en Nashville. Naturalmente, estaba pregrabado: Hank andaba de gira constantemente, machacando un cuerpo ya damnificado; moriría al año siguiente, sin hacer ruido, mientras su chofer le llevaba a otro bolo.

No faltan los registros de Hank cantando en la radio pero se sabía que estos programas tenían garra: salió fugazmente al mercado un resumen (“There’s nothing as sweet as my baby”) allá por 1999. Resueltos los obstáculos legales, se publicaron en una edición ejemplar, un estuche con 54 canciones -quedaron fuera otras 89- que incluyen presentaciones y, a veces, la voz del locutor. En EEUU, “The unreleased recordings” fue recibido como si fuera el Santo Grial.

También en Europa se pueden considerar como discos reveladores. Nos han vendido la imagen de Hank como rebelde trágico, alcohólico y morfinómano, adelantado del “rockabilly”; estas grabaciones borran la aureola de heterodoxia que algunos insistimos en atribuirle. Ya sabíamos que tenía un seudónimo -Luke The Drifter- para sus truculentos sermones musicales pero, demonios, casi la mitad de estas robustas canciones lleva mensaje religioso.

¿Condicionantes del patrocinador? Algo de eso puede haber. Esas emisiones iban destinadas a granjeros BLANCOS: aquí apenas hay ecos de su conocida querencia por el blues. De todos modos, Hank se muestra perfectamente cómodo: asombra la exuberancia ambiental, aunque la temática de la siguiente canción sea siniestra o aparezcan referencias a la terrorífica guerra que entonces arrasaba la península de Corea.

Una comercial alegría matutina que se corresponde con la energía sonora de los actuantes. Están maravillosamente grabados sus acompañantes: los Drifting Cowboys –violín, contrabajo, steel guitar, guitarra eléctrica, sin batería- echan chispas. Y Hank Williams canta con aplomo éxitos propios o ajenos (maravilloso su “Cherokee boogie”), trivialidades, piezas obscuras, himnos moralizantes del XIX, mapas de salvación, avisos para pecadores, temas comprados por unos pocos dólares.

Entre el drama existencial y el sentimentalismo llorón, Williams codificaba lo que hoy conocemos como country, en su más noble expresión: música proletaria, que refleja esperanzas y temores. Mientras sonaba Hank, el Sur se preparaba para otra jornada de trabajo.

2 Comentarios

Hola Diego.

Es un placer saludarte y felicitarte por tu programa que escucho en la salida del trabajo.

El pasado viernes tuve la enorme felicidad de escuchar a mi ídolo Hank Williams, para mi el mejor cantante de todos los tiempos. Soy un fanático de la música country en todas sus vertientes, estilo al que llevo enganchado desde hace más de 14 años. Después de escuchar a varios grupos y cantantes considero que Hank Williams es el mejor, por todo lo que ha significado y por las influencias que ha dejado.

Por ello te doy mil por mil gracias por el especial emitido.

Un saludo y a seguir igual de bien.

Despues de varios anos oyendo tu programa desde aqui, Marruecos; despues de criticarte mucho,ponerte por los suelos y solo poner tu programa porque no habia nada mas decente a esa hora, la de despues de Siglo XXI, hace poco entendi el concepto del programa y me trago todo lo que dije.CHAPEAU monsieur Manrique.
Todos los programas son lecciones,menos el que dedicaste al ultimo Sonar; creo que no es tu fuerte la electronica.
De todos modos , de lo mejor de la Radio Mundial.

Fdo. : Uno que se ha tenido que comer sus palabras

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El Ambigú


Preguntado por su biografía profesional, Diego A. Manrique es lacónico: "Escribo sobre música en prensa desde 1972.
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