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Angela Merkel y el caos

    jueves 2.jul.2015    por Miguel-Ángel-Berlin    0 Comentarios

 “Si fracasa el Euro, fracasa Europa”.

 Angela Merkel repitió numerosas veces esta frase, allá por 2012, para convencer a los votantes alemanes de que había que prestar dinero a Grecia porque, si no, se rompería el Euro.

Ahora la ha vuelto a repetir, pero dándole una nueva interpretación: “que Grecia se vaya del Euro ya no significaría un fracaso, antes bien, el Euro sería más fuerte. El fracaso del Euro sería mantener a Grecia en el Euro a cualquier precio”.

La frasecita es una más de esas que pueden entrar a formar parte de esa enciclopedia de  los políticos de raza que para mí debería ir encabezada por la memorable frase de Romanones: “les digo, señores diputados, que ¡jamás!, ¡jamás!, ¡jamás!...(voy a aceptar eso), y cuando digo ¡jamás! quiero decir “de momento…”

A estas alturas espero que la frase no acabe mutando a “Si fracasa Angela Merkel, fracasa el Euro” porque en Alemania ya se da a la política europea de Angela Merkel por fracasada, por muchos giros interpretativos que le dé a su eslogan favorito.

Precisamente su política europea, el pilar sobre el que se sustentaba el mito político Angela Merkel,  ya que otras actividades políticas no se le conocen.

Angela Merkel está a punto de pasar a la historia como la dirigente europea bajo cuyo mandato un país tuvo que  –o estuvo a punto de-  salirse de un proyecto que se suponía irreversible, eterno.

De manera injusta, a mi entender, porque si todos los culpables de la tragedia griega cumplieran con el rito literario del suicidio parte de Europa quedaría despoblada. Empezando por el santo varón del Euro, Helmut Kohl, que construyó una moneda con pies de barro, siguiendo por los franceses que presionaron para que “no se dejara fuera del Euro al país de Platón” , sin olvidarnos de Gerhard Schroeder que lo permitió por intereses supuestamente geopolíticos –en realidad económicos, empujado por los lobbies armamentísticos- nunca bien explicados. Y naturalmente, sin olvidarnos de los corruptos y trileros gobernantes griegos que falsearon las cuentas y han mantenido una administración pública clientelar y caciquil durante décadas sólo para perpetuarse en el poder.

Pero lo que estamos viviendo en estos momentos en Grecia no son sólo esos fallos de construcción del Euro.  Comparado con la totalidad de la Eurozona, el PIB de Grecia es tan ínfimo que arreglar el problema griego costaría relativamente poco si se hace desde abajo y de forma radical. O dicho de otra forma, 11 veces menos que Alemania; poco más o menos, Grecia sería como la suma de Andalucía y Comunidad Valenciana.

A lo que estamos asistiendo es al fracaso del giro dado a la Unión Europea y a la Eurozona por Angela Merkel y Nicolás Sarkozy hace 5 años.

Para responder a la gran crisis financiera de 2008 los dos países que forman el corazón de la continental, Francia y Alemania, en lugar de avanzar en el proceso de la unión política, económica y fiscal para responder más fuerte a la crisis, renacionalizaron la política europea.

Asustados de lo que se les venía encima, temerosos de tener que enfrentarse de forma mancomunada no sólo a sus propias crisis financieras, sino también a las de sus vecinos, diseñaron unos mecanismos de rescate que aparentaban ser un cortafuegos a la crisis pero en realidad no eran más que sucedáneos de la verdadera Unión Europea y una auténtica Unión Monetaria.

Sólo una institución europea ha estado a la altura y nos ha salvado del desastre: el Banco Central Europeo, que, cabalgando sobre una delgada línea al borde de la legalidad, ha actuado como un verdadero banco central.  Si Mario Draghi no se hubiera enfrentado a la ortodoxia de los halcones del Bundesbank todos tendríamos algún que otro Euro olvidado en el cajón de las monedas desaparecidas.

La inercia de la integración europea hace ya de todo punto inevitable una Unión Política, con un auténtico gobierno europeo, una Unión Económica, con un Ministro de Finanzas del Euro, una completa Unión Bancaria, con un Fondo de Garantía de Depósitos europeo, una Unión de Bienestar Social, con un seguro de desempleo europeo y prestaciones similares en todos los países y, desde luego, una Unión Fiscal, con unos impuestos armonizados.

En todo el proceso de la integración europea el Tratado de Lisboa se quedó corto, pero era un paso adelante. Lo que hemos vivido estos años es un retroceso inspirado y liderado por los prejuicios neoliberales de Gran Bretaña que han asumido casi todos los países del Continente.

La renacionalización ideológica de Europa ha tenido como consecuencia la implosión de la idea de la Unión Europa y la explosión de sentimientos nacionalistas en todos los países.

Se culpa a la idea de Europa de todos los males cuando en realidad esa sería la solución a sus males.

El gran fracaso de Angela Merkel y de los dirigentes europeos es no haberse dado cuenta de que esa renacionalización de Europa traería consigo dos efectos que serán decisivos en la suerte europea los próximos años. En los países más ricos, el renacimiento de la extrema derecha para “protegerse” ante las amenazas que vienen de fuera. En los países más castigados por la crisis el nacimiento de movimientos de izquierda para “liberarse” de las instrucciones que vienen de fuera.

Dos Europas. En lugar de una Europa de valores comunes, que tanto proclaman los políticos europeos, los valores se alejan cada vez más.

Y en el medio, va quedando un vacío, un “Kaos”, que, como “crisis”, “economía”, “política”, “democracia”, “demagogia” etc…, es también una palabra griega

Miguel-Ángel-Berlin    2.jul.2015 12:39    

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