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Los padrinos literarios

    lunes 12.may.2014    por Asier Ávila    0 Comentarios

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Es obvio que para conseguir un puesto de trabajo, además de un vistoso currículum nunca sobra alguna “ayudita”, algo que saque nuestro nombre del montón de pretendientes y nos coloque entre los elegidos. Un enchufe, vaya.

Ser un escritor desconocido en la desalmada jungla de las novedades editoriales puede ser absolutamente desalentador. Normal, entonces, que muchos necesiten el apoyo de otros autores más reconocidos y famosos que, a modo de “padrinos”, les ayuden a abrirse camino en esto de la literatura. Como hicieron a su manera Samuel Becket con James Joyce, Sherwood Anderson con Faulkner, Saul Below y Philip Roth, Juan Benet y Javier Marías o Gil de Biedma con Juan Marsé.

Y es que casi siempre, tras el éxito de un joven escritor, están los consejos de otros con más experiencia. Ley de vida, supongo.

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En la acepción clásica del término se entendía que los padrinos eran consejeros, guías curtidos en el pantanoso terreno de la literatura. Actualmente eso de la relación maestro discípulo se ha perdido y no se estila demasiado lo de tener un mentor que te enseñe el oficio. Quizás por eso proliferan tanto las escuelas de letras. Y quizás por eso ya no quedan ni tertulias literarias donde refugiarse.

Hoy en día los debutantes pasan del anonimato a las mesas de novedades sin más dilación. Eso sí, una vez allí, pocos son los que se quedan y muchos los que regresan al lado oscuro.

Lo que darían muchos escritores noveles por contar con el apoyo de un autor destacado que leyera su manuscrito y le marcara el camino a seguir. Pero la realidad se impone, no todos están por la labor, aunque de vez en cuando soñar dé sus frutos.

Índice

No hay que desesperarse si no encontramos a un escritor de prestigio que nos ayude. Siempre queda el recurso de pedirle una frase elogiosa para poner en la faja promocional, que sirva como cebo para pillar al lector. Sólo hay que echar un vistazo en las mesas de novedades para comprobar que es un recurso que funciona, aunque debo confesar, que si me dieran un euro por todas esas fajas con frases grandilocuentes que tiro a la basura antes de empezar la lectura, ahora no estaría escribiendo este post.

Yo no me apunto a esa máxima de “piensa mal y acertarás”, y aunque reconozco que en el marketing editorial prima el éxito comercial por encima de todo, me resisto a creer que tras una frase halagadora y a veces rimbombante, se esconde una impostura.

Categorías: Libros

Asier Ávila   12.may.2014 23:14    

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El impostor

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Página 2 cuenta esta temporada con la inestimable colaboración de un bloguero muy peculiar y transgresor, que todas las semanas redacta un post televisivo donde aborda cuestiones literarias no siempre sujetas a la actualidad. Escribe de lo que quiere y como quiere. Pero eso sí, para complementar su opinión, pide la ayuda de diversos invitados. Este post se ve, se escucha y también se lee, ya que todas las semanas aparecerá publicado en la web del programa. Por cierto, semejante individuo sólo podía ser: El impostor.
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