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Carta a la diabetes de una persona con diabetes tipo II

    lunes 7.mar.2016    por Equipo El Ojo Clínico    1 Comentarios

(Por el Dr. José María Ferrer)

Estimada Diabetes:

Quizá porque siempre estamos juntos, nunca me había planteado escribirte. Pero ya que tengo que compartir mi vida contigo y puesto que vas a estar siempre a mi lado, qué menos que dedicarte unas palabras.

Viniste en aquel invierno del 2011 y te quedaste. Hay enfermedades como la gripe y en muchas ocasiones la depresión o el cáncer, que vienen y después se van, pero tú eres de esas que vienen para quedarse, que difícilmente podemos echar. Recuerdo como fue aquel día en el que nos presentaron. Tengo que decir que no fue uno de los mejores días de mi vida. Había estado una semana antes en la consulta de mi médico de familia. Fui para enseñarle unos análisis del reconocimiento anual que me hacen en el trabajo. Había una nota al final del informe donde ponía que tenía la glucosa (lo que yo llamo azúcar) alta, 132 y que debía acudir a mi médico. Aunque no me hacía mucha gracia, fui a verle.

Revisó todas las pruebas y me dijo que me tenía que repetir el análisis de sangre para confirmar si mi glucosa estaba alta o no. Me explicó que para diagnosticar a alguien de diabetes era tan sencillo como tener dos análisis de sangre con una glucosa mayor o igual a 126. Yo pensé para mí que seguro que sería un error o algo puntual y por otro lado pensé en lo fácil que era tenerte como enfermedad. Pensaba que hacían falta más pruebas para cargar a alguien con algo tan pesado como tú. Diabetes, un diagnostico tan serio pero a la vez tan sencillo. Y allí estaba yo, una semana después, en la sala de espera de mi médico de familia, nervioso, tenso y expectante. Había estado mirando en internet lo que podía implicar tener la glucosa alta y sólo aparecía tu nombre: diabetes, diabetes, diabetes.

Se me ocurrió hablar con las personas que estaban como yo esperando para ser atendidas y creo que me puse peor, ninguna te tenía como enfermedad pero tenían otras cosas y parecía aquello un concurso de a ver quién tiene la enfermedad más grave. Por fin entré en la consulta. Mi médico me saludó afectuosamente con una sonrisa y me dio la mano. Pensé para mí “seguro que están bien, al fin y al cabo no le veo preocupado, si tuviera diabetes estaría más serio, más afectado”. Nada más lejos de la realidad, me informó de que en esa segunda analítica mi glucosa seguía alta: 140, por tanto, tenía diabetes.

Sugar

La verdad es que me derrumbé, se me vinieron a mi cabeza mi abuelo y una vecina que tenía cuando vivía en el barrio de Usera, ambos personas con diabetes, pero de los de insulina (aunque como casi todos empezaran con pastillas). Mi abuelo falleció ya hace unos años sin apenas tener vista. Recuerdo que tenía siempre la glucosa alta, se cuidaba poco y no le daba mucha importancia al hecho de padecer esta enfermedad. Mi vecina anda con el azúcar muy alto por tu culpa y sé que tiene el riñón regular.

La verdad es que aquella primera consulta con mi médico de familia fue muy importante para mí, todavía hoy aunque han pasado cinco años, la recuerdo. Mi médico me miró serenamente mientras a mí se me caía alguna lágrima tras la noticia, y eso que dicen que los hombres no lloran. Lo primero que me preguntó era que por qué estaba así y qué conocía sobre ti. Le expliqué lo que te he contado de mi abuelo, mi vecina, el miedo a la insulina, a las bajadas de azúcar, a que me produjeras ceguera, a que afectaras a mis riñones o a mi corazón, a no poder llevar una vida normal. La verdad es que lo veía todo negro.

A partir de lo que yo le conté sobre ti, él empezó a explicarme todo sobre cómo eres, por qué apareces, cómo debía controlarte para evitar que no me dieras problemas y qué iría pasando a lo largo de los años. Me contó que tú eres diabetes tipo 2. Fíjate, te pusimos hasta apellido. Estás muy relacionada con el sobrepeso y la obesidad como es mi caso, estaba un poco gordito. Bueno, la verdad es que estaba bastante gordito.

Tu hermana la diabetes tipo 1 se da sobre todo en los niños, quienes necesitan insulina desde el principio porque no la tienen. Ellos están más bien delgados. Me explicó que en mi caso todavía tengo insulina. La insulina es esa sustancia necesaria para disminuir el azúcar cuando comemos y es producida por el páncreas, un órgano que tenemos en el lado izquierdo de la tripa. Lo que ocurre es que en mi caso, por culpa de los kilos que me sobran, mi cuerpo se resiste a que esa insulina actúe como debe y por eso me sube la glucosa. Hay una resistencia a la insulina.

Después pasó a comentar qué tenía que hacer para que no me complicases la vida y mi futuro: debía bajar de peso, algo fundamental porque en parte es por eso por lo que tu apareciste. Debía comer de forma adecuada y hacer ejercicio, con media hora todos los días estaba bien. Para todo esto me ayudó mucho mi enfermera, Paloma. Paloma para mí ha sido y es muy importante, es como mi gran aliada para vencerte, siempre me anima. Me da consejos para comer mejor, reducir peso y me controla la glucosa periódicamente. Forma un equipo perfecto con mi médico. También aunque dio muchísima importancia a la alimentación y al ejercicio, me habló de los medicamentos para controlarte, la importancia de tomarlos todos los días y me informó de que a medida que pasaran los años iría necesitando probablemente más. Me explicó que esto sucedía porque mi páncreas se iría agotando de alguna manera y necesitaría más armas para vencerte. Me habló también de la gran temida insulina, la de los pinchazos. Me explicó que es un gran medicamento que ha salvado la vida a muchas personas. Me contó que es muy posible que en algún momento la necesite y que la pondremos sin problemas. Que no hay que tenerle ningún miedo, pero que si hacemos muy bien las cosas, ese momento tardará unos cuantos años.

Diabetes prueba

Así que siento decirte diabetes que te estás enfrentado a un ejercito muy bien formado y armado hasta los dientes. A veces oigo decir a mis conocidos que tienen miedo de ir a su enfermera o a su médico por si les regañan... ¡qué cosas!. Me llama mucho la atención porque a mí no me ha pasado nunca. Pienso que ellos no están allí para regañar, están allí para ayudar a que estemos mejor, para ayudarnos entre otras cosas a mejorar nuestra salud y a enfrentarnos a enfermedades como tú.

También recuerdo que un día acudí a mi médico. Era una época de mucho estrés, el trabajo, los exámenes de mis hijas, y me relajé en tu control. Dejé de alimentarme de forma ordenada, me pasé en las cantidades, se me olvidaba tomar el tratamiento algún día y te hiciste fuerte. Me empezabas a ganar algunas batallas. Resultado, en la analítica que me hago periódicamente vimos que me subió mucho la glucosa. Me dieron un aparato para medir mi glucosa en casa durante unos días, traje mis medidas después de una semana y la verdad es que eran un desastre, la mayoría de los días estaba fatal, de hecho estuve a punto de no ir pensando que de alguna manera había fallado a mi enfermera y a mi médico y porque no decirlo, por vergüenza por esos resultados. Me senté en la consulta, mi médico de miró y me dijo, “la verdad es que tienes cifras que no son tan buenas como hace 6 meses, pero fíjate este día (me señaló el único día que te había conseguido controlar) ese día estaba fantástico”. Me preguntó qué hice ese día, qué comí, si hice ejercicio. Se lo conté para acto seguido oirle darme la enhorabuena y hacerme ver que hacer las cosas como ese día, eran la clave para controlarte.

Entré avergonzado y salí reforzado, con ganas de vencerte todas las batallas.

Pues bien, querida diabetes, para finalizar esta tu carta debo decirte que llevamos ya cinco años juntos y de momento te tengo muy controlada. Quiero decirte que no te guardo rencor alguno porque al final, hasta voy a tener que despedirme dándote las gracias por haber venido. Gracias a tu llegada en aquel invierno del 2011 me he dado cuenta de lo importante que es cuidarse, mantener un peso adecuado, una alimentación sana, el ejercicio. Como dice el refrán “no hay mal que por bien no venga”. Siempre pedimos salud, decimos que lo primero es la salud. Pero la salud también hay que pelearla, trabajarla y hacer todo lo posible para conservarla.

Con cariño para José, Antonio, Severina, Paloma, Lourdes, Jesús y todos esos pacientes, enfermeras y médicos que con su esfuerzo consiguen que la diabetes cada vez esté mejor controlada y dé menos complicaciones.

Categorías: Ciencia

Equipo El Ojo Clínico    7.mar.2016 01:05    

1 Comentarios

DIANA GARCÍA
Hola;tiene usted toda la razón la salud requiere de cuidados y la mayoría de las veces nos damos cuenta cuando ya tenemos alguna aflicción en nuestro cuerpo, mi madre sufre de diabetes, se cuida mucho ase días viene tomando los consejos de este articulo http://bit.ly/2KzlALC se le ve y se siente bien, todos estamos muy contentos con su mejoría. les dejo el enlace por si quieren darle un vistazo.
Gracias por compartir con todos su experiencia

lunes 24 jun 2019, 17:11

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El ojo clínico

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Cristina Torres, Bárbara Pagán, José María Ferrer y Fernando Mora forman el equipo médico de El Ojo Clínico. En este blog comparten sus experiencias profesionales, ofrecen valiosos consejos y amplían los puntos de vista sobre las enfermedades que se abordan en el programa. Todo ello, desde una postura positiva y optimista.
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