« De Noviembre a Febrero | Portada del Blog | Ofensas, sexo, trabajo y pop... »

POSTRELATO III

Allá va nuestra nueva propuesta para el concurso de Los Postrelatos:

"Por desgracia, el curso preparatorio sí era obligatorio"

CONTINÚALO...

El premio en esta ocasión está muy relacionado, con la persona que ha escrito estas palabras, y que sin haberlo preparado, le ha salido un pareado...

Y sabes tienes hasta el próximo jueves 19 de Febrero para mandarnos tu propuesta a elpostre@rtve.es

13 Comentarios

Gabriela escribió:

Por desgracia, el curso preparatorio sí era obligatorio. Era un latazo tener que ir a las piscinas municipales a hacerlo, pero comprendía que era necesario. Casi todo el mundo sabe nadar, algunos tan bien como ella, sin embargo, sacar un cuerpo del agua es algo muy diferente.
Dos meses y medio. Coincidía con las vacaciones de verano del colegio donde daba clases de inglés. Esa fue la razón por la que la directora le habló de ese puesto de socorrista; por su perfecto inglés y porque nadaba como un pez. Un club exclusivo donde iba lo más granado de la sociedad madrileña, una colonia inglesa y también, a veces, algún actor de cine. Estaría todo el verano al aire libre, dándose algún chapuzón que otro y viendo a ese tipo de gente que nunca se ve junta.
Llegó a casa; como siempre Fermín limpiaba y ordenaba. Era aburrido o se había hecho, daba igual; era aburrido. Quizás fuese porque ya no podía estirarle de aquella barba que tuvo hacía diez años. Estaban juntos, forzosamente unidos por una hipoteca, y a no ser que un rayo partiese la casa en dos y éste trozo para ti y el otro para mí, su unión duraría veinte años. Ni matándolo por descuido, podría solucionarlo. Su madre heredaría.
Disfrutaba viendo aquellos cuerpos, la mayoría de gimnasio en casa; seguro: sin salir, desnudarte, volver a vestirte y correr para llegar a tiempo al trabajo o a poner la lavadora. Las conversaciones que le llegaban, sus poses, sus gestos, sus bañadores caros, su risa, todo le resultaba diferente; hasta su olor. El dinero no hace sólo ricos, crea también hipnotizadores…
Muchos ingleses; pero sólo uno hermoso y fornido, pareciéndose, como una nuez a otra, a William Holden. ¡William Holden! El amor de su madre. Ella fue la que le enseñó a amarlo. Ella le llevó al cine antes de que supiese caminar. Le mostró sus películas en blanco y negro y sus últimas en color. Juntas también las vieron en televisión y más tarde en video. En la cabecera de su cama de matrimonio, tenía un póster de Will con el torso desnudo en “Picnic”. Afirmaba que no existió otro hombre en su vida más que él. Su padre no se pronunció al respecto, nunca lo hizo, se resignó a aquel “ménage a trois”
Lunes y viernes aparecía en la piscina. Sin cara de inglés, ni maneras de inglés, ni color de lechoncito, porque tenía el cuerpo, el color y la cara de William Holden. Las mujeres lo miraban y algún hombre… Tirándose del trampolín alto, entraba en el agua como si cortase mantequilla y, bajo ella, llegaba al otro extremo. Igual que en una terapia, se podía descansar la vista sobre él.
A veces, mientras caía, el bañador se aflojaba. Aquella sugerente cinta de su bañador, se aflojaba. Ella lo observaba. En el trayecto hasta el agua, la cinta se deslizaba y sus caderas, ligeramente, se descubrían. Sin embargo, ese día, la cinta se desabrochó. Su bañador, al rozar el agua, se descorchó y su cuerpo, igual que un buen champán, escapó de su continente. Su bañador quedó flotando mientras él, ignorante, seguía bajo el agua.
Inmediatamente ella se lanzó, tomó el bañador y nadó; nadó vertiginosamente. Cuando llegó hasta él, se lo mostró, él sonrió, ella se sumergió y lo hizo. ¡Lo hizo! Él mirándola a los ojos le dijo: My darling! I love you from the first time! You are so much like Penélope Cruz!
Fermín, la hipoteca…, good bay!

Por desgracia, el curso preparatorio sí era obligatorio. En eso el cura de Capilla de la Soledad y Perpetuo Socorro fue inflexible, en eso y en pagar el adorno floral que engalanaría la iglesia, Juan se preguntó cuantas veces pagarían las mismas flores las cuatro parejas que coincidirían el mismo día. Inmerso ya en la locura de aflojar pasta esbozó casi si esfuerzo una sonrisa complaciente a su futura. Quién lo iba a decir, alejado por años de misas de guardar y confesiones pueriles de insultos y envidias infantiles, otra vez la Iglesia le salía al paso imponiendo día en que podría contraer matrimonio por rigurosa cola de espera. Por algún misterio que en nada tiene que envidiar al milagro de la de Caná se había obrado la multiplicación de nombres en el libro de reservas abierto ese mismo día para el año en curso. Juan se respondió con voz en off en boca del párroco "los caminos del señor son insondables", resulta que se casarían un mes más tarde y a las taurinas 17:00 en un previsible sofocante junio sevillano. El pistoletazo de salida empezaba con la inscripción del nombre de los dos en la agenda, este acto sencillo era el primer tangible desde el que planificar el resto de acontecimientos, despedida de soltero, banquete, viaje de luna de miel… quizás esto era lo de montar una familia, dejar de ser dos para ser dos y una boda, dos y una hipoteca, dos y decora tu casa, dos y tus padres… Juan hundió su boca en sus labios y se entregó rendido, ya nunca estaría solo ni en la salud, ni en la enfermedad, en el caso que se instalara un frío silencio con Ana, siempre le quedaría la cómoda regalo de boda de su hermano Pedro, las letras del plasma, el ronroneo de la nevera no frost… una apacible vida de comodidades. Una vez más repitió par asus adentros "Sí quiero".

Por desgracia había sonado el teléfono a la 5 de la madrugada. Era la policia que lloraba y le decía a él yo te quiero, pero por favor déjame entrar, estoy en la calle sola, hace mucho frío.
Él adormilado le contestó:
- Déjame, tu fuiste quién te quisiste ir hace dos semanas.
Ella le suplicó una y otra vez y al final regresó al cabo de una hora. Él estaba desnudo y al abrir la puerta ella lo miró como si jamás lo hubiera visto antes así. Las dos semanas que había pasado con su amante la habían destrozado tanto que ya no sabía a quién de los dos quería .Cuando lo miró con la cara llena de lágrimas él la abrazó estrechándola entre sus brazos. Ella sintió una sensación que hacía años ya no sentía. Se empezaron a besar apasionadamente y poco a poco se dirigieron hacia la cama.
Al día siguiente ella estaba cansada y él se levantó y la acarició, ella no se dió cuenta porque dormía profundamente.Seguidamente el se duchó , se arregló hizo las maletas y salió por la puerta.

Por desgracia, el curso preparatorio sí era obligatorio. 20 mínutos soportando la música soporífera de la centralita. Otros 35 esperando en la cola a que la funcionaria de turno volviera del almuerzo en hora punta del día. 1 euro que se tragó el maldito parquímetro, más la correspondiente multa del retraso. Tener que soportar las miradas del viejo verde de turno mirandote el canalillo. La pelea con la funcionaria que me dice que me he equivocado de ventanilla y que debo rellenar la solicitud verde. Otra nueva cola de 35 minutos esperando a que el otro funcionario volviera de su almuerzo. Soportar al listillo de turno que intenta colarse porque tiene el coche en doble fila. Aguantarme el pis durante una hora y cinco minutos por no perder el turno. Morirme por cigarro que no puedo fumar. Una nueva pelea con el nuevo funcionario que no entiende que ese curso preparatorio ya lo hice el año pasado y que me mira con cara de asco infinito. Un cabreo de narices por haber perdido toda la mañana por no entender a la primera que, sí, el curso preparatorio es obligatorio. Desgraciadamente, para mí.

Lucía dijo:

Por desgracia, el curso preparatorio sí era obligatorio para poder optar a las oposiciones: enseñar a enseñar para que los alumnos aprendan a aprender, en eso consistía. El recién licenciado no entendía o no quería entender nada; se había resignado y ocupaba el tiempo de las clases pensando que él, después de cinco años de estudios de lengua y literatura, también era capaz de formular enunciados de vértigo, grandilocuentes y efectistas, como ese que le vendían en el aula. Siempre creyó que el arte falaz de decir sin decir era exclusivo de la política, pero desde la primera sesión del curso había abandonado esa teoría. Le fastidiaba el tono sentencioso con el que explicaban unos contenidos tan volátiles como la hojita rosa triplicada que sólo le servía para recordarle que había pagado la matrícula de aquel curso tan inútil como necesario, qué paradoja. Una clarísima vocación de docente a ratos puesta en duda por dos meses de curso de pedagogía barata. El futuro profesor se distraía con sus estudios de lingüística; últimamente le había llamado la atención el origen común de dos palabras muy distintas en su significado: opositar y oponerse. Qué dilema.

Por desgracia siempre se oponía a todo lo que no era justo. Cualquier conversación mal sonante le hacía que se le encendiera una lucecita en su cabeza, pensaba y esperaba respuestas a esos interrogantes que se había formulado años atrás.
Nadie mejor que ella sabía a dónde le iban a conducir sus palabras, por eso mismo contaba en raras ocasiones sus pensamientos y sus sospechas.
Tenía muchas opciones de opositar a diferentes cargos si accedia a casarse por interés, pero sus ansias de libertad no le dejaban acercarse definitivamente a ningún desenlace definitivo.
Estaba en juego su reputación y ella sabía que había dicho la verdad en más de una ocasión. Solo le quedaba esperar que aquel apuesto e inteligente hombre quisiera venir a buscarla y empezar una vida nueva en otro lugar lejos de donde había nacido, de donde había sido perseguida y dónde sufrío más de un desengaño.
Le fastidiaba tener que esperar algunos años más , pero al final conseguirá a ese hombre melancólico de mirada azulada que la llevará con él a recorrer el lejano oeste en tren.
Y no tendrá ningún dilema.

Por desgracia el curso preparatorio sí era obligatorio. Con veinte salvajes años yo no tenía ni sospecha de que el mundo fuera tan raro, tan largo y tan ancho. Estuve en la primera trinchera toda mi vida, me he jugado el tipo a pulmón, con el viento en la cara. Me dinamité voluntariamente para ver reventar al planeta, por seguir una luz aunque fuera la de mi propia explosión, la de mis entrañas. A los veintitrés años estaba totalmente enganchado a las drogas más duras que conocimos entonces, el caballo es el infierno en la tierra, un pabellón de terminales al que llegué antes de empezar
Sin treinta años, contra todo pronóstico y por el azar de una guerra que nadie esperaba acabé en un país del que antes no sabía ni el nombre. Quince meses como quince años de frío, nieve y vacío absoluto me salvaron la vida en contra de mi voluntad. Conocí la fiesta de la paz muy cerca de donde se levanta el primer murallón de la montaña más alta del mundo. Yo estaba convencido de que nunca saldría de mi barrio, y hablé hindu durante siete años, hablé y viví en hindu. Y comercié en hindú y me metieron en un pozo negro con miles de otras ratas como yo por leyes escritas en hindu y al que llamaban cárcel en hindu. Y me subí otra vez a un caballo cuyo nombre se pronunciaba esta vez en hindu y no moría porque a los zombis no se nos podía matar. Y una crisis hepática me trajo, según me contaron, directamente al hospital del barrio, y de ahí a mi maldito barrio, y la vida ya había sido más larga que el tiempo, y yo había dejado de ser hombre hace cientos, miles de años, y sin embrago, sin que todavía pueda comprender nada, viendo correr con un cubito a esa criatura que por algún motivo incomprensible me llama abuelo, a mí, que nunca he amado, soy por fin, algo que yo llamo feliz. Por lo menos a él le podré explicar, que sin duda, el curso preparatorio es obligatorio.

Álvaro

"Por desgracia, el curso preparatorio sí era obligatorio", y es que, al contrario de lo que pensáis vosotros los mortales, los Dioses hoy en día también tenemos que recibir nuestra formación, no porque no sepamos las respuestas de todas las preguntas, sino porque normalmente vuestras preguntas son tan absurdas y abstractas que no tienen respuesta.
Cruelmente me tuve que levantar todo un mes los lunes por la mañana y dirigirme a la academia de los Dioses. Después de aprender a cómo crear mundos, a controlar los estornudos para no destruirlos, a infundir miedo y a ser adorado, recibí mi diploma como Dios y un par de daditos para ejercer eficazmente mi profesión.
Probablemente no lo sepáis, pero los Dioses diplomados siempre nos dirigimos a hablar con el más anciano de nosotros, este es un anciano que escribe las crónicas de todo lo que ocurre en los universos.
Cuando llegué ante él, paró su escritura, su nariz me olfateó y sus pequeños ojos saltones me miraron taladrándome, y fue en ese instante cuando me hizo la pregunta que ha marcado mi vida y aún hoy escucho en cada instante:
ANCIANO: ¿Qué clase de Dios quieres ser?
YO: Quiero ser un Dios omnipresente y monoteísta
ANCIANO: ¿Seguro?????
YO-: Si
ANCIANO: Hágase entonces, serás el Dios de los humanos.
Y así fue como me convertí en vuestro Dios, pensé que sería fácil y que no tendría mucho trabajo, pero estaba totalmente equivocado.
Después de un arduo esfuerzo para construir yo solo la tierra, los mares, las estrellas, y otras tantas cosas en seis días, me vinieron a la mente las palabras omnipresente y monoteísta, y recibí un bofetón producido por la revelación de mi idiotez, y me arrepentí tremendamente de no haber dicho que quería ser uno de los Dioses politeístas.
Tras la creación del universo me creía ya a salvo de trabajos cansados o fatigosos, y no fue pequeño mi desencanto, cuando me enteré de que tenía que leerme un “tochaco” de libro lleno de incongruencias que habíais escrito los humanos, y hacíais llamar La Santa Biblía, pero bueno, si quieres que te adoren, también tienes que hacer tus sacrificios.
Pero si solo fuera la biblia……., después vino el Corán y después las suplicas y las oraciones, erais insoportables, todo el día os escuchaba, y cuando ya no lo aguantaba más, os envíe la peste, buscando que os murierais y me dejarais en paz. Eso fue un tremendo error ya que algunos sobrevivisteis y después rezabais el doble, pero he solucionado el problema, os he enviado el capitalismo y ya casi no me molestan vuestros pensamientos.
Sin embargo mis problemas no se han acabado, ser omnipresente es una tortura, mire donde mire me encuentro con mi esencia, me veo, estoy por todas partes, intento escapar de mi mismo, pero me persigo. Me aborrezco
Tengo miedo, un sudor frio recorre mi frente, miró detrás y me veo, estoy por todas partes, mi horrible “yo” me persigue, no puedo escapar de mi mismo, me aterro.
Me odio
Odio ser omnipresente, odio tener que soportaros.
He pensado un millón de veces en el suicidio, pero soy inmortal, si pudiera cerrar los ojos y dejar de existir……
Vosotros suplicáis no morir y vuestro Dios lo desea en cada instante, debe ser una condición de la existencia el inconformismo, ahora procederé a mi séptimo intento de suicidio, mientras me dirijo a este agujero negro, solo me conformo con que me trague, con que paren los gritos y se escuche el silencio…………………

Por desgracia, el curso preparatorio sí era obligatorio. Me anunció la Manuela secándose las manos en el mandil y mirándome con los ojos y las entendederas atravesaos. Y es que cuando a la parienta algo se le pone en mientes, no hay formas. A uno, que lleva eslomao un medio siglo en los campos, que ha recolectao cosechas pa aplacar la sed de toa la comarca, que discierne un tempranillo de un cencibel a ojos tapaos, le viene un endomingao de la capital a darle lecciones de “Viticultura y Enología: el reto español”. ¡Sus cojones, voy a reírle las gracias yo al señorito ése!, le espeté a la Manuela. Pues de cabeza que fui, a riesgo de quedáme sin la mitad del majuelo y la casona.

Y allí nos presentamos tós los manigeros de la comarca, en el salón de la cooperativa, renegaos y rejodíos. Y allí el zangolotino, con pajarica al cuello, antiparras relumbrantes y ojillos desviaos... el izquierdo del derecho, y el derecho que se va pal anca la Manuela. Y yo que lo veo, y la Manuela engalaná como pal día de la Señora de las Viñas, con los zarcillos del casorio y las pestañas disparás. Y yo que la miro, que le hace reojos, que se pone paloma y le palomea. Que sí por aquí, Don Gonzalo, que si lo que usté desee, que pa servile en lo que a bien se le antoje. Y yo que me nublo y me descompongo, y que me siento arder las sienes y palpitar la mimbre del cuello.

“¿Algún voluntario que se preste a hacer una demostración?”, dice el sabidillo, con una vid consumía de postín sobre lo alto el mostrador. Allá que me lanzo, navaja en mano, pa mostrále yo lo enólogo que soy cuando me tientan la moza. Y la Manuela que se huele el drama, se echa mano a la boca, y no ha dicho ni un ay, cuando le despampano el índice al Don, de un tajo limpio y seco, zas, ¡ahí va el pámpano¡ grito. Y la sala enterita estalla en aplaudires y silbíos de admiración. ¡Tú sí que preparas de lo bien, Gervasio! dicen los vecinos. Y yo les sonrío agradecío.

Por desgracia el curso preparatorio era obligatorio.Y ya han pasado siete años y siete años son los necesarios para cada cambio en la vida.A los siete años pasas de la inocencia y la ignorancía a otra forma de infancia más realista.A los catorce te vas dando cuenta de que el niño se va quedando atrás y de que tu cuerpo reacciona a estímulos que ya se pueden considerar de adulto,esa época que se llama adolescencía.Cuando llegas a los veintiuno el niño se marchó en la penumbra de la importancia de toda realidad,ahora solo te queda crecer interiormente.
Ahora he llegado por fin a los veintiocho y reconozco en mi pasado los cambios transcendentales y astrales que pasé y que actuarón sobre mi cuerpo y mis sentimientos.Ahora puedo comprender que significa madurar,como la fruta en un árbol tomas forma,te formas en tu exterior y llegado un punto ya no puedes hacerlo más y solo queda crecer interiormente,para así dar forma a la semilla que en un infinitesimal ciclo devuelve la vida de nuevo a su lugar.Pero reconozco que aunque es obligatorio el curso preparatorio,el final no es lo importante en sí mismo,sino simplemente el camino.Porque en ese mismo instante sucede un transcendental momento cuando descubres la gravedad del suelo que antes mantenía en la ilusión una rama robusta que te sostenía sin esfuerzo.Ahora se nota la gravedad y el miedo.
Todavía quedán más controles preparatorios,lo intuyo y también son obligatorios pero es lo diferente lo que lo hace tan interesante.Lo diferente es que llegado esté momento soy más consciente del presente y no se pierde por niño,ni por adolescente,ni siquiera por maduro,cada segundo puede ser el último o ninguno.
Que cursos más hermosos y que examén de uno mismo en cada dia que vivimos.Obligatoriamente a no cesar,a no descansar de revisarnos cada dia en el presente para no morir a cada instante sino renacer eternamente.FIN

Por qué unos tienen sólo una silueta con una interrogación dentro de ella y otros un posible postre o dibujo o lo que sea?, como veis es una pregunta. Si me respondeis..., gracias, gracias

Hola Marian:

Los que tienen el icono de nuestro programa los hemos puesto nosostros, ya que su postrelato nos lo han enviado a nuestro correo.
Los otros han enviado, como tú, directamente su comentario al blog.

Saludos!

¿qué pasó con el fallo del concurso?
¿Habemus papa?
Un abrazo postrero

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

El Postre


Es un informativo cultural con la filosofía de Radio 3: dinamismo, curiosidad, olfato y desparpajo sin descuidar el rigor periodístico ni la profundidad. El Postre al final de la jornada: de lunes a jueves, de 22:00h a 24:00h.
Ver perfil »

Síguenos en...

Últimos comentarios